NACIONAL

Conversaciones entre Fidalgo (CCOO) y Sevilla (PSOE)
¿Puede un “charnego” presidir la Generalitat?

Surgió [en una conversación privada] el nombre de Montilla [como sustituto del actual presidente de la Generalitat, Pasqual maragall]. Pero Sevilla lo descartó, asegurando que : “Aún es demasiado pronto para que un charnego pueda llegar a la Generalitat”.

¿Puede un “negro” ser Presidente de los Estados Unidos? ¿Puede un “turco” ser ministro en Alemania? ¿Puede un “magrebí” ser diputado en Francia? Como es sabido, la existencia de un régimen democrático no es óbice para que en muchos países y regiones del mundo existan “vetos” implícitos que imposibilitan a ciertos sectores sociales, minorías étnicas o grupos raciales entrar en el sancta santorum del poder político del país del que “teóricamente” son ciudadanos de primera, iguales a los demás y, por tanto, hipotéticamente con los mismos derechos y posibilidades.
El desliz de una conversación privada hecha pública estos días ha destapado lo que ya se sabía “in pectore”, pero ahora se ha verbalizado explícitamente: también en Cataluña funciona uno de estos “vetos”, el que cierra las puertas de la Generalitat a un inmigrante español.

El “desliz” se produjo en el curso de una conversación privada entre el ministro de Administraciones públicas, Jordi Sevilla, y el secretario general de Comisiones Obreras, Fidalgo. A propósito del cambio de pareja efectuado por el Gobierno central y la posibilidad de un acuerdo general entre el PSOE y CiU, se suscitó la cuestión de la “necesidad” ineludible de sustituir a Maragall como candidato del PSC y presentar una opción con un perfil menos nacionalista y menos proclive a los acuerdos con ERC. Surgió entonces inevitablemente el nombre de Montilla, actual ministro de Industria y secretario de los socialistas catalanes. Pero Sevilla lo descartó, asegurando que : “Aún es demasiado pronto para que un charnego pueda llegar a la Generalitat”.

Que Sevilla manifestó en privado lo que es una creencia indiscutible quedó demostrado días después, cuando después de los inevitables desmentidos, matizaciones y disculpas, resultó que nadie, desde Cataluña, criticó la sustancia de lo dicho por el ministro (o sea, la existencia del “veto”), sino como mucho la utilización de un término que se considera en “desuso” y que es políticamente incorrecto: el de “charnego” (que en la terminología del nacionalismo catalán designa despectivamente, desde finales del siglo XIX, al inmigrante español en Cataluña). Según lo políticamente correcto hoy, en Cataluña ya no hay “charnegos” –aunque los haya–, sino “sólo catalanes”, sea cual sea su origen. Esto es lo que dice la ley. Lo que ocurre en la realidad, ya es harina de otro costal.

Y la realidad es que entre las castas dominantes en Cataluña, para la sacrosanta burguesía catalana, el “charnego”, por asimilado que esté, por dócil que sea, por los buenos servicios que preste o pueda prestar, pese al grado de identificación con sus intereses que manifieste y haya alcanzado, sigue y seguirá siendo un “charnego”, uno que “no es de los nuestros” y que, por tanto, no puede tener acceso a los puestos que simbolizan el poder de esa clase. Más asimilado, dócil, servicial y con mejor “hoja de servicios prestados” (y ahí está para refrendarlo su espléndido y descarado trabajo en favor de La Caixa en la OPA sobre Endesa), hombre más identificado con la causa que Montilla es difícil de encontrar. Pero tiene una “mácula”. Nació en Córdoba. No es “enteramente” catalán, no es “enteramente” uno de los suyos. Se le pagarán espléndidamente los servicios prestados. Pero no podrá ostentar la máxima representación de Cataluña. Pujol y Maragall, hijos notables de la burguesía catalana, sí: ellos sí pueden. Montilla, “todavía”, no. El criado no puede aún ocupar el lugar del amo.

Lo mismo ocurre el el País Vasco, donde las cosas se expresan siempre con un poco más de “franqueza”. Allí, un diputado del PNV, ante la eventualidad de que Mayor Oreja llegara a ser lehendakari, afirmó sin el menor rubor: “El hijo del criado no puede gobernar la casa”.

Este espíritu de casta excluyente es el que domina en la ideología de las burguesías nacionalistas, y es el santo y seña de su voluntad de poder, diga lo que diga la ley. Y ese poder es el que tratan ahora de refrendar, ampliar y exclusivizar aún más a través de las reformas estatutarias en curso. ¿Es con estas castas reaccionarias, excluyentes, xenófobas, con quienes Zapatero quiere organizar una “España plural”? ¿Con unas castas que todavía funcionan con el esquema ideológico del amo y del criado, de los papeles que “eternamente” deben desempeñar el amo y el criado, y para quienes los “españoles” (o sea, los “no catalanes” o “no vascos” de origen) debemos jugar el papel de criados? ¿Son esas clases y esas castas los “aliados naturales” de la izquierda para un proyecto de progreso para España?

Antes de continuar con la reforma del Estatut, Zapatero debería responder públicamente a esta interesante y reveladora cuestión: ¿Puede un charnego dirigir la Generalitat hoy?

J. Albacete

José María Fidalgo (secretario general de CCOO) y Jordi Sevilla (ministro de Administraciones Públicas)