INTERNACIONAL

Las revueltas contra las caricaturas de Mahoma y la efervescencia del mundo islámico
En el nombre de Mahoma

Si las viñetas contra Mahoma han provocado un incendio, es porque a través de un envoltorio religioso se están dilucidando conflictos centrales del poder mundial

Quien piense que las revueltas surgidas como reacción frente a las caricaturas de Mahoma son producto de un choque religioso o cultural, comete el mismo error que quienes valoraban las disputas religiosas durante el feudalismo al margen de los conflictos y luchas por el poder terrenal. Si las viñetas de un periódico danés –donde se reproducía a Mahoma con un turbante en forma de bomba–, ha provocado un incendio político en todo el mundo islámico, desde Indonesia y Afganistán hasta Egipto o Marruecos, es porque a través de un envoltorio religioso se están dilucidando conflictos centrales del poder mundial. Por un lado, la emergencia de sectores islámicos –desde Al Qaeda hasta el régimen iraní– que utilizan Alá como bandera de un proyecto político frente a EEUU. Y por otro, los planes de expansión imperial norteamericanos, que tras Afganistán e Irak, dos países islámicos, parecen haber colocado a Irán en el blanco de sus ataques.

¿Un conflicto casual?

¿Se trata de una casualidad que el escándalo de las caricaturas de Mahoma explote justo en el momento donde todas las informaciones apuntan a que los círculos más duros de la burguesía norteamericana están ya preparando un ataque contra Irán? Era fácil suponer que una ofensa contra el profeta generaría una furibunda reacción de un mundo islámico ya suficientemente convulso tras el 11-S.

Lo que podía haberse quedado en un mero conflicto local danés, ha sido mantenido y alimentado. Y cabe preguntarse quién, precisamente ahora, puede estar interesado en exacerbar y radicalizar al mundo islámico. Condolezza Rice se ha apresurado a señalar a Irán, acusándole de exacerbar la reacción del mundo islámico en el asunto de las caricaturas.  Hace meses que Irán aparece como la nueva posible escala en la guerra permanente abierta por el complejo militar industrial tras el 11-S. La presión política, acusando a Irán de fabricar uranio susceptible de ser usado en armas atómicas, estaba en marcha. Y parece que ya está preparada la opción militar.

Donald Rumsfeld había asegurado unos días antes que no había que descartar la opción militar en la resolución del conflicto nuclear con Irán. Al mismo tiempo, el periódico británico Sunday Times asegura que el mando estadounidense ya tiene preparado el plan del ataque aéreo contra Irán. El dispositivo norteamericano lo conforman las bases aéreas establecidas al oeste de Afganistán, al este de Irak, en Turquía, Qatar y el sur de Omán. Citando fuentes militares, el Sunday Times informaba que Sharon (antes de entrar en coma) ordenó a las Fuerzas Armadas de su país prepararse para un posible ataque contra Irán en marzo próximo.

Todo está al parecer en marcha. Y cabe hacerse la pregunta de por qué ahora. Una Dinamarca que participó en la guerra de Afganistán e Irak, con un gobierno alineado tras la estela de Washington, arroja las caricaturas de Mahoma. Y en Australia, país cuya vinculación con EEUU es directa, la televisión pública saca a la luz nuevas fotos de Abu Grahib, guardadas por el Pentágono desde hace dos años.   Ambas maniobras iban a provocar una enfurecida reacción en el mundo islámico.

El producto resultante agudiza la confrontación del conjunto del llamado “mundo occidental”, especialmente de una Europa desde donde han surgido las caricaturas, con el mundo islámico, sobre todo con un régimen iraní especialmente activo en la respuesta. EEUU no quiere repetir la situación de la guerra contra Irak, donde su acción militar contó con la oposición internacional. Y cabe pensar que esté interesado en forzar al resto de “aliados” a posicionarse junto a Washington en un eventual conflicto con Irán. La imagen de un tercer mundo islámico radicalizado, como así está sucediendo, contra Europa es inquietante para las burguesías alemana o francesa. Y puede permitir un margen de manipulación de la opinión pública. Cabe hacerse la pregunta, porque los intereses norteamericanos confluyen con los resultados obtenidos.

Un conflicto terrenal

¿Por qué, en pleno siglo XXI, el planeta se enfrenta de nuevo a conflictos vehiculados a través de la religión, una etapa que creíamos olvidada? Porque hay fuerzas muy modernas que los alimentan. De la misma manera que el hegemonismo norteamericano utiliza determinadas banderas ideológicas y políticas –“la exportación de la democracia”, “la guerra contra el terrorismo”–, determinados sectores del mundo islámico usan la religión como la tapadera perfecta.

Detrás de Al Qaeda o del régimen iraní de los ayatolas, encontramos a sectores árabes emergentes, gestados al calor de las inmensas riquezas petrolíferas, y que se rebelan contra el sometimiento político a Washington de sus Estados.  Buscan acabar con las decadentes oligarquías locales, que han aceptado un lugar marginal en el mundo a cambio de que EEUU les permita disfrutar de una opulenta situación, y pretenden que esos enormes recursos se destinen a conquistar la fuerza política que les permita defender sus intereses en el mundo. Ése es el proyecto que materializó la revolución islámica en Irán, y el que persiguen los sectores de los países árabes que respaldan a Al Qaeda.

Encuentran en la religión un envoltorio perfecto para el mensaje antinorteamericano, capaz, como ha demostrado la crisis de las caricaturas, de encuadrar y movilizar a millones de personas en decenas de países. Asistimos a la emergencia de un mundo islámico que EEUU ha contribuido, desatando la guerra en Asia Central y Oriente Medio, a radicalizar.

Los caminos cegados

Esos sectores emergentes dentro del mundo islámico disponen de una enorme base de masas: los millones de desheredados que malviven en Marruecos, Egipto, Indonesia o Irak. ¿Pero cómo es posible que los pueblos respalden enfervorecidos, en manifestaciones como las surgidas contra las caricaturas de Mahoma, una alternativa como el islamismo, que constituye una auténtica regresión histórica? El conjunto del mundo islámico ha sido objeto de innumerables agresiones por parte de las sucesivas potencias imperialistas. Primero el Imperio británico, más tarde EEUU o la URSS. Partiendo pueblos, edificando Estados títeres, organizando golpes de Estado, genocidios, guerras... El sentimiento antiimperialista mayoritario entre los pueblos árabes es una consecuencia inevitable de esta historia, que continua siendo hoy una sangrante realidad.

¿Y de qué forma es posible expresar esta rebelión? Las vías normales fueron cegadas por el imperialismo. Los intentos modernizadores y democráticos de burguesías nacionales, como el caso de Nasser en Egipto, que planteaban una alternativa de progreso para el mundo árabe, fueron aniquiladas por EEUU.  Mientras que la URSS se dedicó a intervenir los movimientos revolucionarios, transformándolos en satélites soviéticos, y provocando el rechazo de los pueblos. Las dos vías posibles de modernización del mundo árabe, la democrático-nacional y la revolucionaria, fueron destruidas por unas superpotencias que no admitían el menor margen de autonomía.

Cegados los caminos naturales, los pueblos del mundo islámico se encuentran ante el callejón sin salida de tener que optar por el islamismo como única manera posible de expresar el sentimiento antiimperialista. Quedando encerrados entre el dominio de Washington o la opresión de las oligarquías islamistas. Ésta es la contradicción que las revueltas contra las caricaturas de Mahoma han puesto otra vez de manifiesto.

J. Martínez.

¿Se trata de una casualidad que el escándalo de las caricaturas de Mahoma explote justo en el momento donde todas las informaciones apuntan a que los círculos más duros de la burguesía norteamericana están ya preparando un ataque contra Irán?

Las dos vías posibles de modernización del mundo árabe, la democrático-nacional y la revolucionaria, fueron destruidas por unas superpotencias que no admitían el menor margen de autonomía.