INTERNACIONAL

Aumentan los problemas para EEUU en Afganistán
La “iraquización” de Afganistán

Con la creciente “iraquización” de Afganistán se pone de manifiesto como la línea Bush es incapaz de estabilizar políticamente las numerosas contradicciones abiertas

“Iraquización” ha pasado a ser el término más usado para definir la situación de Afganistán. Allí donde se pensaba que EEUU ejercía un dominio incontestable, en comparación con los crecientes problemas sufridos en Bagdad, empieza a aparecer un polvorín.
Con Irán en el punto de mira, e Irak instalado en el caos, EEUU se ha visto obligado a volver al principio, impulsando una ofensiva diplomática que ha dado como resultado la ampliación de la misión de la OTAN en Afganistán, acordada con aliados como Alemania, que tras la sustitución de Gerhard Schroeder por Angela Merkel parece avanzar hacia una nueva relación con Washington.

Las revueltas desatadas a raíz de las caricaturas de Mahoma publicadas en un diario danés han sido la chispa que ha acabado de incendiar Afganistán. Las manifestaciones se han sucedido en todo el país, dirigiéndose hacia las instalaciones militares norteamericanas y de los países de la OTAN. Varios de los manifestantes han sido asesinados cuando policías afganos disolvían a tiros las concentraciones.

Pero antes de esta explosión, diseminada por todo el mundo islámico, la balanza en Afganistán estaba empezando a cambiar. Tras varios años donde las acciones de los restos de los talibanes se limitaban a emboscadas y ataques contra cuarteles, asistimos a un incremento de los atentados suicidas –hasta media docena en las dos últimas semanas–.

Mientras que las fuerzas norteamericanas controlan, mal que bien, la capital, así como el norte y el este del país, la situación se agudiza en el sur y el este, feudo histórico de los talibanes, virtualmente en guerra, donde proliferan los atentados suicidas y han muerto centenares de civiles en los últimos meses.

Con la creciente “iraquización” de Afganistán se pone de manifiesto cómo la línea Bush puede encadenar victorias militares, pero es incapaz de estabilizar políticamente las numerosas contradicciones abiertas, aún cuando en un principio parezcan, como en el caso de Afganistán, de fácil resolución. Con la crisis iraní abierta –Teheran es el objetivo declarado de la parte más dura de la línea Bush–, se hace necesario para Washington atender a la estabilización de Afganistán. Y a ello ha dedicado una ofensiva política desplegada en varios frentes. Exigiendo a los países de la OTAN un aumento de su participación militar.

El resultado ha sido la ampliación, desde 9.000 a 16.000 hombres, de la misión de paz de la OTAN en Afganistán, que pasará a patrullar en la zona sur del país, la más conflictiva y peligrosa. Aunque las tropas serán aportadas, en lo fundamental, por Reino Unido y Canadá, la nueva misión ha sido acordada con el resto de países presentes en Afganistán, especialmente Alemania, que aunque no ha ampliado sus tropas sí ha ejercido su influencia para hacer posible el envío de soldados por parte de Holanda. La ampliación de la misión de la OTAN supone un pequeño respiro para EEUU. Abre las posibilidades de cooperación con una Alemania post Schroeder, que está dispuesta a respaldar internacionalmente a EEUU –no sólo en Afganistán, sino también en la crisis iraní–, a cambio de obtener la necesaria tranquilidad en Europa que le permita ampliar su dominio sobre el viejo continente, sin que ello implique un enfrentamiento abierto con Washington.

Pero, a pesar de todo, los problemas se amontonan para una línea Bush que cada vez está más metida en el papel de aprendiz de brujo, incapaz de dominar las fuerzas que invoca.

F.T.

EEUU ha conseguido la ampliación, desde 9.000 a 16.000 hombres, de la misión de paz de la OTAN en Afganistán, que pasará a patrullar en la zona sur del país, la más conflictiva y peligrosa.