ECONOMÍA

La expansión del capital monopolista español en el mundo

La fortaleza y sus límites

El grado de acumulación y concentración de capital de la clase dominante española en estos último 10 años sólo puede calificarse, teniendo en cuenta su raquítico punto de partida, de extraordinario

El anuncio realizado la pasada semana por la constructora española Ferrovial de que aspira a comprar la empresa británica BAA, el mayor operador de aeropuertos del mundo, ha vuelto a poner en primer plano la cada vez más abierta carrera de los grupos monopolistas españoles por abrirse paso en el mercado europeo. Un hecho verdaderamente insólito si tenemos en cuenta que, al comenzar los años 80, era imposible encontrar una sola gran empresa española capaz de maniobrar con éxito fuera de nuestras fronteras. O que, hace tan sólo 20 años, la oligarquía española tuvo que aceptar la reconversión y la venta de gran parte del tejido productivo e industrial español a los grandes monopolios europeos e iniciar un proceso de acumulación y concentración de capital para poder acometer su expansión en un modesto mercado regional menor e inestable como el iberoamericano.

Sin embargo, 10 años después asistimos a un proceso en el que las grandes empresas españolas no sólo son capaces de competir con los monopolios europeos, sino que se atreven a disputarles su propio mercado. ¿Cuáles son las bases de este fortalecimiento de la posición de la oligarquía española en el mundo, y en particular en Europa? ¿Hasta dónde puede llegar esta expansión, cuáles son sus límites?

Una rápida acumulación

El grado de acumulación y concentración de capital de la clase dominante española en estos último 10 años sólo puede calificarse, teniendo en cuenta su raquítico punto de partida, de extraordinario. De formar parte del furgón de cola de las burguesías monopolistas europeas, la oligarquía española ha pasado a contar con dos bancos entre los 10 mayores de Europa, con un gigante mundial de las telecomunicaciones (Telefónica), con la octava petrolera del mundo (Repsol), si finalmente llega a buen puerto la OPA de Gas Natural sobre Endesa poseerá el tercer grupo energético mundial, las grandes constructoras españolas y sus grupos inmobiliarios (Ferrovial, ACS, FCC, Sacyr, Acciona,...) asustan en los mercados europeos por su agresiva e irrefrenable expansión, las grandes cadenas de distribución textil (Zara, El Corte Inglés, Mango,...) cuentan sus tiendas en Europa por miles, no hay una sola gran ciudad europea en la que uno no pueda dormir en uno o varios grandes hoteles de capital español,... El mercado norteamericano empieza a estar en el punto de mira de algunos de los grandes “tiburones” monopolistas españoles (Botín, Repsol).

Si a lo largo de todo el siglo XX el gran capital español tuvo que contentarse con poder salvaguardar una parte de su propio mercado interno para sí, desde la última década del siglo se ha convertido en el segundo exportador de capital a Iberoamérica al tiempo que pugna por abrirse un hueco en Europa. Un acelerado y brusco proceso de concentración en determinados sectores cualitativos (banca, energía, construcción, telecomunicaciones,...), unos nuevos rasgos de competitividad y dinamismo ajenos al parasitismo que durante décadas la caracterizaron, un arriesgado pero certero proceso de expansión internacional unido a la revalorizada posición política de España en el mundo tras la entrada en la UE están en la base de este fortalecimiento de la oligarquía española. Aunque nada de esto tampoco habría sido posible sin su necesario “reverso tenebroso”. Es decir, el aumento de la explotación sobre la clase obrera, española o extranjera, el paro y la precariedad laboral, el endeudamiento de las familias con la banca, sus dificultades para llegar a fin de mes o la exclusión y marginación de amplios sectores sociales condenados a vivir bajo el umbral de la pobreza. Los grandes monopolios españoles pueden hoy codearse con sus colegas y rivales europeos, pero a costa, entre otras, de que la sanidad o la educación pública, las pensiones, los salarios o los subsidios en España sigan estando a la cola de los países europeos.

El capital y la fuerza

Sin embargo, determinados acontecimientos de los últimos meses empiezan a mostrar que este proceso de fortalecimiento y expansión del capital monopolista español está en trance de encontrar sus límites. El fracaso del BBVA en Italia –amplificado todavía más al conocerse que finalmente será el francés BNP-Paribas el que se quede con la BNL–, el frenazo impuesto a Botín por los fondos de inversión norteamericanos en su tramposo intento de compra “a plazos” del Sovereign Bank, la amenaza de enjuiciamiento a Brufau por falsear la información sobre sus activos reales –que se suma a los insistente rumores de una OPA hostil por parte de alguna gran petrolera europea sobre Repsol tras las medidas adoptadas por el nuevo gobierno de Evo Morales– o la brusca desaprobación del Financial Times al intento de compra de Ferrovial, ironizando acerca de la pesada digestión que para un enano puede resultar querer comerse a un gigante, son todos síntomas de un mismo problema. Para competir en la lucha por el reparto económico del mundo es condición necesaria poseer un gran volumen de capital extraordinariamente concentrado. Pero eso sólo, por sí mismo, no es suficiente. Las burguesías monopolistas más poderosas del mundo se reparten el mundo “según su capital, según su fuerza”, fuerza política, diplomática, militar. Y es precisamente en este punto donde la oligarquía financiera española y su Estado presentan su flanco más débil. El punto donde no ha roto –ni hay perspectiva de que lo haga– sus sólidos y profundos lazos de dependencia con las potencias imperialistas más fuertes. El punto que condena su relativa fortaleza económica a unos límites que, hoy por hoy, no está en condiciones de franquear.


La batalla de Europa

Tras una década de inversiones masivas en Iberoamérica, hacia finales de los años 90 las grandes empresas españolas comenzaron a poner sus ojos en el mercado europeo. El grado de concentración y el volumen de capital acumulado por los principales monopolios españoles crearon las condiciones para que, por primera vez en su historia, el capital monopolista de nuestro país pudiera competir con sus rivales europeos; y hacerlo además en terreno ajeno. Estas son algunas de las inversiones más significativas.

Banca

SCH es propietario del Abbey Bank británico, del Totta & Azores portugués así como de un 8.5% de la cuarta banca italiana, San Paolo-IMI.

Sector industrial

El Grupo Mondragón MCC, la primera corporación del País Vasco, dispone de plantas de fabricación en Alemania, Francia, Italia, Polonia, Reino Unido, República Checa y Rumania.
La catalana Industrias Roca fabrica en Portugal e Italia.
La también catalana AUSA, primer fabricante de pequeños volquetes del mundo, posee subsidiarias en Perpiñán (Francia), Rochdale (Reino Unido) y Meerbusch (Alemania).
Y el fabricante de óptica Indo tiene filiales en Francia y Portugal.

Hoteles y Turismo

Meliá, NH Hoteles y AC Hoteles cuentan con hoteles en los principales países europeos
La mallorquina Riu ha tomado también participación en el capital de uno de los grandes mayoristas de turismo del mundo, el alemán TUI.

Distribución

El diseñador, fabricante y distribuidor textil gallego Inditex, está presente prácticamente en toda Europa con más de 2.200 tiendas de sus distintas marcas (Zara, Bershka, Massimo Dutti...).
El Corte Inglés está ya en las mayores ciudades de Portugal y prepara su desembarco en Roma.
Mango posee decenas de tiendas en diversos países europeos.
Y Neck & Neck, grupo español de confección infantil, cuenta con tiendas en Países Bajos, Italia, Portugal y Suiza.

Energías renovables

Gamesa y Acciona, líderes europeos en aerogeneradores y otras tecnologías de energías renovables, operan parques eólicos en Portugal, Italia, Grecia, Francia...

Alimentación

SOS Cuétara multiplicó por cuatro su facturación internacional al adquirir a finales del pasado año la envasadora y distribuidora italiana de aceite de oliva Minerva Oil.
El grupo de empresas Calvo posee, por su parte, la firma italiana Nostromo, una de las principales conserveras del país.
Campofrío tiene presencia en Francia, Rumania y Rusia.
Nutrexpa, el fabricante de Cola Cao, tiene filiales en Polonia y Rusia.

Construcción

Inmobiliaria Colonial, del grupo La Caixa, posee una de las principales inmobiliarias francesas, al igual que Metrovacesa.
Recientemente, otra gran empresa de servicios española, Abertis del grupo ACS de los March, se hizo con la concesión de una de las grandes autopistas francesas de peaje privatizadas.
Y la constructora Ferrovial, de la familia Del Pino, puja por hacerse con el grupo británico BAA, el mayor concesionario de gestión de aeropuertos del mundo.

Telecomunicaciones

Tras comprar la checa Cezsky Tel, Telefónica ha comprado la segunda operadora de móviles del Reino Unido y cuarta de Alemania, O2.


A. Lozano

Los grandes monopolios españoles pueden hoy codearse con sus colegas y rivales europeos, pero a costa, entre otras, de que la sanidad o la educación pública, las pensiones, los salarios o los subsidios en España sigan estando a la cola de los países europeos.