CULTURA 125
años de su nacimiento y 25 del regreso del Gernika Picasso fue un pintor español que renovó la pintura universal y, al hacerlo, actualizó y modernizó la grandiosa tradición en que se forjó. |
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| Dos aniversarios, cogidos un poco por los pelos –el 125 de su nacimiento y los 25 años del retorno del Guernica a España– nos invitan, a lo largo de 2006, a volver la mirada una vez más sobre la figura y la obra, sobre el inagotable mundo y el insondable genio de Picasso. Mucho es lo que se ha dicho, escrito e indagado ya sobre la fecundidad creativa de Picasso, sobre su capacidad no ya de asimilar sino de crear “vanguardias”, sobre su facultad de improvisar formas pictóricas y abrir horizontes nuevos en cada una de sus etapas, lo que lo convierten en la semilla más fecunda del arte del siglo XX. Pero ese trascendental papel de artista universal, de genio pictórico, oculta a veces, hasta hacerlo casi irreconocible, hasta convertirlo en una pequeña cita a pie de página, la esencial y permanente fidelidad de Picasso a sus raíces, a la tradición pictórica hispánica en que se formó y su afán constante de recrear y actualizar los mejores logros creativos de esa tradición. Picasso fue un pintor español que renovó la pintura universal y, al hacerlo, actualizó y modernizó la grandiosa tradición en que se forjó. El Greco, Velázquez, Goya, cobran nueva vida, adquieren vida actual, se hacen contemporáneos del siglo XX en la mano y el pincel de Picasso, que trata de refundar en términos de vanguardia el material pictórico de sus maestros. Fue proverbial la capacidad de Picasso para formular y resolver en formas pictóricas todo lo que veía. Así, hay en su pintura fibras de toda la historia universal del arte, desde los primitivos africanos, el arte ibérico y los clásicos griegos hasta sus contemporáneos: Van Gogh, Cezanne, Matisse, Braque... Como genio universal, Picasso dio cabida en su obra a todo lo que consideró valioso y útil, y lo tradujo en su peculiar lenguaje pictórico. Pero por debajo de todo ese magma universal una profunda raíz hispánica alienta y nutre la obra picassiana. Y ello se traduce no sólo en el permanente recurso a motivos típicamente españoles –el toro, la guitarra...– o sus recreaciones de Goya o Velázquez –Las Meninas, los fusilamientos,...–, sino en fustes más hondos y generales, como su fidelidad a la tradición figurativa, incluso en sus etapas cubista y surrealista –lo que podríamos llamar “realismo moderno”– o la conmovedora emotividad de su pintura, alejada de la fría representación. Picasso resolvió magistralmente los lazos que deben anudarse entre tradición y modernidad, entre identidad y vanguardia. Un tema “mayor” para este año de aniversarios múltiples. J. Albacete
Corrida
(1934)
Matanza
en Corea (1951)
Las
Meninas (1957) |
Pablo Ruiz Picasso
(1881-1973)
Copa, ramo de
flores, guitarra y botella (1919)
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