EDITORIAL NACIONAL

El enigma del 11-M

Si hay auténticos pozos negros del 11-M son aquellos en los que aparecen y desaparecen las pistas que conducen a las conexiones con los servicios secretos y centros de inteligencia

“Golpe a Bush”. “El 11-M había mucho más en juego en el mundo, que un cambio de gobierno en España”. Estos y otros titulares similares de la prensa internacional, traídos dos años después a nuestra memoria, nos vuelven a situar el marco del 11-M, disparatadamente emborronado por la agitación del PP y el PSOE sobre las negligencias y los evidentes errores policiales y sobre si hubo o no alguna relación de ETA con el atentado.

Ni los dirigentes del Partido Socialista en el Gobierno, ni los del PP en la oposición parecen tener la menor intención en buscar toda la verdad del mayor atentado en la historia de España. La dirección del PSOE, jaleada por el grupo PRISA, está centrada en que lo fundamental de la investigación está resuelto, como ha dicho la vicepresidenta De la Vega, en que “lo sabemos casi todo sobre el 11-M”; sus autores materiales, los islamistas radicales suicidados o detenidos.

Por su parte el PP, se agarra como a un clavo ardiente a las publicaciones de El Mundo, sobre las posibles negligencias policiales y, sobre todo, a las tesis de una posible colaboración más o menos directa o indirecta de la banda terrorista ETA Para el PSOE, el PP sometido al dictado de Aznar sigue mintiendo. Para el PP, el PSOE no quiere que se investiguen las posible conexiones etarras y la agitación del día de reflexión. Sólo les interesa “su verdad”, aquella que les sirve y que gira, sobre todo, en tono a los autores materiales de la masacre. Sin embargo, la auténtica envergadura del 11-M no viene determinada sólo por las consecuencias electorales de un cambio de gobierno en España, sino principalmente por sus repercusiones en la correlación de fuerzas a escala internacional. “Golpe a Bush”, titularon varios medios de comunicación internacionales, que se quedaba sin uno de los tres pilares de la coalición levantada en las Azores. Y con ello también, quedaba sepultada la política de Aznar que mantenía bloqueados los proyectos del eje franco-alemán en la Unión Europea, con su boicot a la Constitución Europea o al nuevo reparto de los fondos.

Como se decía en uno de los documentos que circularos en las semanas previas al 11-M, dado a conocer por los servicios secretos noruegos, se escogió a España porque “era un eslabón débil de la coalición internacional”, debilidad que nacía del divorcio existente entre la política prohegemonista, pronorteamericana, de Aznar y el rechazo popular, concentrado en el rechazo por el 90% de la población a la guerra de Irak; y porque además ese divorcio podría traducirse en las elecciones a punto de celebrarse. No por casualidad se decía en el documento: “España puede soportar dos o tres golpes antes de retirarse de Irak (…), debemos aprovechar la cercanía de las elecciones en España”.

¿Quién tenía los conocimientos políticos de la situación internacional y de la política española, la capacidad y los recursos, para poner en marcha una estrategia con objetivos políticos de tal envergadura?
Desde luego, no podían se las tramas de islamistas y delincuentes de poca monta que actuaron como verdugos. Si hay auténticos pozos negros del 11-M son aquellos en los que aparecen y desaparecen las pistas que conducen a las conexiones con los servicios secretos y centros de inteligencia. Sería la primera vez que con más de una docena de implicados en los atentados controlados por los servicios secretos españoles y el CNI, no llegara información a los servicios secretos norteamericanos. Pero tampoco esta vez fue así, como se recoge en el sumario del juez Del Olmo, según un testigo protegido, un colaborador de la embajada americana tenía conocimiento previo de los atentados. ¿Y qué decir de los servicios secretos franceses, cómo podrían no tener algún tipo de información si la tuvieron los servicios marroquíes, habiendo confidentes e implicados en los atentados de la Casa de España en Casablanca, implicados también en la preparación del 11-M? Hasta los servicios secretos alemanes tenían catalogados como “potenciales terroristas” a varios de los implicados.
La utilización del terrorismo por los centros de poder imperialistas para intervenir en España son tan viejos como la voladura del Maïne que justificó la guerra de EEUU contra España en Cuba; o la voladura por ETA de Carrero Blanco, por no citar el comportamiento de la embajada norteamericana el 23-F. ¿Entonces por qué negarlo cuando se trata del 11-M o descalificar esta hipótesis como “teorías conspirativas?

El papel de los servicios de inteligencia pudo ser por acción u omisión, o por ambos, para permitir que la preparación del golpe avanzara. Este es el auténtico enigma del 11-M. Y no las negligencias policiales en la custodia de la mochila. Encontrar los hilos, parte de los cuales se rompieron “suicidando” a los terroristas de Leganés, que lleven a los centros de inteligencia que hay detrás, al director o directores de la obra, y no la posible colaboración etarra con los verdugos, es el auténtico reto en la búsqueda de la verdad pendiente. Por eso, es mucho más intolerable la actitud del PSOE y del PP, que está impidiendo poder avanzar en avanzar en resolver el enigma fundamental.

Por el respeto y la memoria de las víctimas; pero sobre todo, porque está en juego la libertad y la independencia de nuestro país, hay que exigir el fin del enfrentamiento partidista para concentrarse en buscar y desenmascarar las vías de intervención de las potencias que intervienen en nuestro país para someterlo o reconducirlo a su conveniencia.