NACIONAL - CATALUÑA ¡Vivan los ciudadanos! (Intervención de Arcadi Espada, en el acto de presentación de “Ciutadans de Catalunya”) |
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| Recordarán que entre los insultos preferentes que se nos dirigieron figuraba el de intelectual. Cataluña debe de ser el único lugar del mundo donde se intenta descalificar a alguien llamándole intelectual. Porque sin duda, en boca de nuestros críticos, se trataba de un insulto, y no de la descripción objetiva del trabajo de algunos de los integrantes de Ciutadans de Catalunya. Un insulto por un doble motivo. En primer lugar porque no podía caberles en la cabeza que un intelectual, uno solo, una cabeza de alfiler de intelectual, pudiera declararse, y orgullosamente, antinacionalista. Tenían sus motivos empíricos, naturalmente; porque en veinticinco años la abrumadora mayoría de los intelectuales catalanes (a diferencia del ejemplo vasco, representado hoy aquí por el querido Fernando Savater) han imaginado, suscrito y defendido las mentiras nacionalistas. (…) “España, y por lo tanto también Cataluña, es una trama de afectos” Tenemos otra tarea. La sutura. Creo, gravemente, que los dos últimos años marcan el período más irritado de las relaciones entre españoles (quiero decir entre catalanes, vascos, gallegos, extremeños, andaluces) que hayamos visto. (…) Nunca había visto un rechazo semejante a lo catalán y a los catalanes. Yo había sido ya testigo del paso de la admiración a la indiferencia. Es decir del paso de las primeras horas de la transición, cuando todo lo catalán parecía modélico, atractivo y seductor, a los plomizos años pujolistas, cuando la mediocre cantinela catalana sumía en el más profundo sopor a las multitudes y a los individuos(…) El rechazo es nuevo. Y han empezado ya a hacérnoslo saber. Los empresarios y algunos políticos catalanes parecen estar empezando a comprender, algo lentamente, que un mercado es una trama de afectos. Y que uno elige, desde luego, por la calidad, el precio, por la relación entre ambos, pero también por las relaciones de cordialidad que compradores y vendedores son capaces de establecer. La trama de afectos vale igualmente para explicar otro singular olvido. Cuando desde Cataluña se dice con esta delicadeza que nos ha hecho legendarios (y dicho, además, por un político de izquierdas), que a la solidaridad se le ha de poner límites; y cuando eso se traduce al lenguaje gangsteril y se vocifera que los extremeños comen de nuestra mano, no sólo se está insultando a los extremeños. En relación a lo que nos afecta se está insultando, sobre todo, a catalanes. Es decir a alguien que es hijo, nieto, hermano o sobrino de extremeños. Porque España, y por lo tanto también Cataluña, es una trama de afectos donde al igual que en esas abigarradas madejas de lana de mi niñez, es muy complicado distinguir el color de los hilos, y aún más complicado separarlos. Es desde esta perspectiva que cabe enfocar asuntos como el de las balanzas fiscales, y su inutilidad ética y técnica. Ética y técnica, no étnica. Étnicamente, no cabe duda de que son muy útiles. La sutura, decía. A mi juicio, restablecer la confianza y la complicidad entre españoles debería ser una tarea prioritaria en estos momentos para cualquier partido político. También aquí Ciutadans tiene mucho que hacer. En primer lugar, por la extrema e irresponsable pasividad de los otros. Los dos partidos mayoritarios cifran precisamente toda su esperanza electoral en el arrinconamiento del otro, y en su humillación. (…) Nuestro proyecto ha sido
recibido con gran cordialidad. Una cordialidad transversal. En Nou Barris
y Girona, desde luego, pero también en Bilbao, Zaragoza, Sevilla
o Valencia. Es decir en cualquier lugar de nuestra nación de ciudadanos. “Yo les llamo a desobeder al nacionalismo” Quiero plantearles, por último, la que, a mi juicio, ha de ser, una actitud central de los ciudadanos que apoyen este proyecto que nosotros hemos llamado posnacionalista. Esta actitud es la desobediencia. Seguramente habrán reparado ustedes, más de una vez en esa curiosa forma de denominar a algunos partidos, y muy particularmente a los partidos nacionalistas, que consiste en llamarles “partidos de obediencia nacionalista”. Es muy apropiado. Para estos últimos es realmente apropiado. Porque el nacionalismo es, en efecto, y por encima de cualquier otra cosa, una obediencia. Una obediencia debida. Una obediencia debida a un ser superior (…) El nacionalismo sólo
puede obedecerse… O desobedecerse. Otro caso flagrante de obediencia ha sido el de la redacción del Estatuto. El nacionalismo sabía que ni los intereses ciudadanos ni el interés del sentido común justificaban esa lamentable operación política. ¿Por qué se ha arriesgado entonces? Porque confía en la obediencia… Hemos de alzar un muro de indiferencia y de rechazo ante los planes grotescos de esta lamentable generación de políticos catalanes. “El objetivo es la reconquista del espacio público” El primer reto de un objetivo mucho más ambicioso. El objetivo es la reconquista del espacio público y la expulsión del nacionalismo del espacio público. El nacionalismo debe retornar a la alcoba, junto al crucifijo, allá de donde no debió salir, sopena de incurrir en lo que ha acabado incurriendo. Es decir en esta singular Teocracia cuyo muecín asardanado no ha dejado de sonar en estos veinte años. (…) Ahora, roto el velo, la intimidación
va a consistir en decir que somos pocos. En convencernos de que somos
pocos. Yo no lo creo. Yo creo que
somos muchos. Yo creo. Pero hemos hecho esto para dejar de creer. Para
saber, para comprobar, que somos muchos. Aquí dentro. En la calle.
En Cataluña entera. Un lugar como cualquier otro. Donde la vida
no merece estar a cargo de los muertos. |
Fracesc de Carreras y Arcadi Espada en rueda de prensa.
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