| Dos años justos después
de la elección de Zapatero, el primer ministro francés,
Dominique de Villepin, el delfín de Chirac, el enviado del “brujo”,
volvió a Madrid, en una fecha tan señalada como crucial,
para respaldar a su “aliado estratégico” en España,
en dos temas vitales en que está en juego su supervivencia política:
la pacificación de Euskadi y la OPA de Endesa. Villepin respaldó
a Zapatero en sus esfuerzos por la paz y le invitó a consensuar
la política energética.
Es difícil resumir en pocas palabras la importancia
vital que España tiene para la burguesía monopolista francesa.
Sin el control político y económico que Francia ejerce hoy
en España la mayoría de los monopolios galos apenas si tendrían
el tamaño y las condiciones para resistir la competencia en el
mercado mundial, y es más, si ese control y la fusión de
intereses entre ambos países no se hacen aún más
intensos, es muy posible que Francia se vea obligada a renunciar a jugar
un papel mínimamente destacado en el mundo de potencias gigantes
que viene.
Sin controlar arterias decisivas de la vida económica española,
sin que sus monopolios “dupliquen” su tamaño gracias
al peso que tienen en España, sin que España siga siendo
su principal mercado importador, la decadencia imparable de Francia se
aceleraría a velocidad de vértigo. Esto es algo que París
se sabe de memoria.
Con el feliz advenimiento de Zapatero el 14 de marzo de 2004, el reloj
de la política española comenzó a ponerse en sintonía
absoluta con París. Zapatero dió el do de pecho por la Constitución
Europea de Giscard siendo el primero en aprobarla. Ha abandonado por completo
al Polisario para apoyar sin fisuras al Rey de Marruecos, aliado preferente
de Francia. En todas las cumbres europeas, Zapatero ha dicho sí
a todo lo propuesto por Chirac, hasta el punto de que en EEUU no consideran
importante hablar con la diplomacia española: si conocen la posición
de París, ya saben la de Madrid. El señor Botín,
aliado y promotor de Zapatero, vendió a France Telecom Amena, la
tercera compañía de móviles, para hacer aún
más intensa la presencia de los monopolios galos en sectores estratégicos.
Y el gobierno Zapatero se ha implicado en la transferencia del grueso
del sector energético español a la burguesía catalana,
encarnada en La Caixa, cuyos lazos y relaciones con los monopolios franceses
son bien conocidos.
Es natural que un “socio” así, que un “aliado”
así, que un “amigo” tan fiel y leal reciba de vez en
cuando el calor y el apoyo de París, sobre todo en efemérides
señaladas, y más si está en apuros. O más
aún, si ambos tienen “apuros” comunes.
Zapatero ha quemado en sólo dos años la mitad de su prestigio
con el Estatuto catalán. Y podría acabar chamuscándose
por completo si “no salen bien” las otras dos grandes operaciones
en que se ha metido: la “pacificación vasca” y la OPA
sobre Endesa. Si Zapatero se chamuscara, París tendría un
problema.
Por eso la visita de Villepin, el enviado del “brujo”, tiene
su importancia. Francia tiene una (o varias) de las llaves de ETA, no
en balde ha sido tierra de asilo primero y luego santuario clandestino
del terrorismo etarra durante 40 años. Francia controla cada paso
de ETA, cada comando de ETA, detiene etarras cuando le conviene y cobra
por esa “colaboración” el precio que le parece adecuado.
De ahí que ahora que Zapatero se ha comprometido ante los españoles
a conseguir la paz y acabar con ETA, haya tenido que pedir “ayuda”
a Villepin. Villepin ha dicho que sí. Pero esto no va a salir gratis.
El precio fue, en efecto, el tema siguiente de su conversación.
El mercado energético europeo. Zapatero y Villepin coincidieron
en que hay que crear “grandes grupos energéticos europeos”,
pero eso sí, a través de acuerdos políticos amistosos
( y qué amistad mayor que la de la Francia de Chirac y la España
de Zapatero) y no por medio de Opas hostiles (o sea, sin que Alemania
imponga unilateralmente sus intereses por la fuerza). Sentadas estas premisas,
tan razonables y tan ciertas, Villepin puso un ejemplo: sería como
“el grupo Airbus”. Villepin, por supuesto, no aclaró
que en ese grupo Francia y Alemania se reparten equitativamente la parte
del león, la dirección y la gerencia, y España participa
como socio sumiso con el 5% del capital. ¡Ese es el proyecto! ¡Ese
es el precio! El sistema eléctrico y energético español,
integrado en un megagrupo europeo dirigido por Francia, o por Francia
y Alemania. Se puede ser más discreto, pero no más claro.
La OPA de Gas Natural sobre Endesa no sería pues el final del camino
emprendido, sino un paso transitorio para que alguien tan proclive a los
acuerdos estratégicos con Francia como La Caixa negocie el acuerdo
final de integración en Europa.
Todo esto podría frustrarse si la quiebra de Zapatero llegara a
más. Pero el enviado del “brujo” ha venido con la pócima
que permita mantener en pie al gran “amigo” español.
J. Albacete
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Zapatero y Villepin
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