REPORTAJE CENTRAL Dos
años del 11-M, por la verdad, toda la verdad |
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Dos años después del mayor atentado terrorista de la historia de España, con el sumario del 11-M sin cerrar, pero con los autores directos detenidos o suicidados, las cosas no sólo no están más claras, sino que seguimos sin saber lo fundamental: quién y dónde diseñó y ordenó el atentado. ¿Debemos conformarnos con que la verdad del 11-M empieza y termina en la célula terrorista, de radicales islamistas locales, vinculada a Al Qaeda, que ejecutó el atentado. Tal y como se sostuvo en la cerrada Comisión de Investigación, y proclama el presidente Zapatero al recalcar que “sobre el 11-M está todo descubierto”? ¿O por el contrario, el 11-M respondió a una planificación estratégica con unos objetivos claros, no sólo cambiar el rumbo de la política española y el gobierno que la seguía, sino golpear también a Bush en uno de sus aliados principales? Este es el punto de partida. El encarnizado enfrentamiento entre el PP y el PSOE por sacar partido del atentado, por encima de los intereses del país y del interés general, está impidiendo que la verdad se abra camino. Por el contrario, dos años después el 11-M vuelve a ser munición de grueso calibre al servicio de los objetivos políticos, y de los proyectos que hay detrás del partido que hoy gobierna y del que gobernaba el 11-M del 2004. Es preciso despejar el terreno y dejar sentadas las cosas que los hechos han demostrado, para podernos plantear las hipótesis por confirmar y exigir que se investiguen los “agujeros negros” que ocultan las verdades fundamentales, aquellas en las que nos va la vida y nuestro futuro colectivo. Primero. El grupo de radicales y delincuentes comunes de Lavapiés pudo ejecutar la masacre, pero no es posible que fueran ellos también los “autores intelectuales” de un golpe que exigía un conocimiento profundo de la estrategia y la realidad política española., para diseñar con precisión una operación de tan hondo calado político. Segundo. Es insostenible mantener que el 11-M fue fruto de la “venganza” de un grupo de fanáticos islamistas, más o menos vinculados a Al Qaeda, ante la política de Aznar y la foto de las Azores. La fecha elegida, a sólo tres días de las elecciones, los tiempos mercados y las pistas, incluida la reivindicación islamista del atentado, para que tuviera la máxima incidencia posible en la jornada electoral, demuestran los objetivos políticos de la operación. ¿Quién puede negar que el atentado influyó en el resultado electoral? Tercero. Desde algunos sectores policiales, vinculados al viejo aparato socialista, se suministró al entorno del grupo Prisa informaciones, incluso falsas, como la que hablaba de la presencia de suicidas entre los autores de los atentados, que estos se encargaron de transformarlas en la campaña “el gobierno miente”, en el momento clave donde se estaban decidiendo las elecciones. Cuarto. El PP, si no mintió, sí gestionó la información y la dosificó en función de sus intereses electorales; se empeñó en mantener la autoría de ETA, temiendo, como así ocurrió, que al confirmarse la autoría islamista acabara por provocar el vuelco electoral por el rechazo popular a su apoyo a Bush en la guerra de Irak. Hoy sabemos también los graves errores que cometió el gobierno de Aznar, al no tomar las medidas necesarias de prevención, ante el creciente peligro de atentados de este tipo, sobre todo a raíz del atentado de Casablanca (Marruecos) en la Casa de España, los asesinatos de miembros del CNI españoles en Irak y la detección de células islamistas en nuestro país. Si estos son los hechos más evidentes, ¿cuáles son los agujeros negros donde se pierde lo que pasó el 11-M?, ¿qué enigmas quedan por descifrar?, ¿cuáles las pistas por investigar?, ¿cuáles las hipótesis por confirmar? España eslabón débil Detrás del 11-M había una estrategia global, un conocimiento y un estudio de la situación política española, y unos objetivos perfectamente definidos La utilización del terrorismo por los servicios de inteligencia de las potencias imperialista no son “teorías conspirativas”, sino hechos históricamente demostrados. ¿Quién duda hoy de la intervención de la CIA y los agentes del Departamento de Estado norteamericano en los golpes de Chile o Argentina? ¿O de la intervención norteamericana en el atentado de ETA a Carrero Blanco para acelerar la sustitución del régimen franquista?. Como decíamos con ocasión del primer aniversario del 11-M, “detrás de los radicales locales, hemos encontrado siempre la intervención de las potencias globales”. Pero lo que es evidente en estos casos ¿por qué no aplicarlo al 11-M? Estamos ante un acontecimiento con repercusiones nacionales e internacionales de calado, que ha servido para remover un gobierno, reconducir la política española, incluso para privar a la Administración Bush de uno de sus socios de Las Azores. Ningún medio ha vuelto a recordar al cumplirse los dos años de la masacre, un documento dado a conocer por los servicios secretos noruegos, que circuló en las semanas anteriores al 11-M, atribuido a Al Qaeda, pero que podría corresponder a cualquier servicio secreto, en el que se analizaba por qué Bagdad era el punto decisivo donde incidir en la situación internacional, pero cómo España era “el punto más débil” de la coalición encabezada por Bush; “por el rechazo popular a la política de Aznar” Y añadía: “España puede soportar dos o tres golpes antes de retirarse de Irak (…), debemos aprovechar la cercanía de las elecciones en España”. Detrás del 11-M había una estrategia global, con un conocimiento y un estudio de la situación política española, y unos objetivos perfectamente definidos. Nada de esto encaja con la limitada capacidad del grupo de radicales y delincuentes de Lavapiés que ejecutaron los atentados. Pero seguramente sí está en la base de por qué hoy, dos años después hay tantas preguntas sin responder, sobre todo aquellas que se ligan con las pistas que conducen a servicios de inteligencia, nacionales y extranjeros. Implicados que eran seguidos por las fuerzas de seguridad españolas, e infiltrados de confidentes, pero sin que nadie haga nada por parar el atentado. Terroristas que aparecen vinculados al atentado de Casablanca, Marruecos, y al 11-M. Implicados fichados “como terroristas” por los servicios franceses y alemanes. Pistas que parecen estar colocadas en los primeros días del atentado para “guiar” a la policía y reivindicar la autoría islamista de la masacre: la mochila bomba que no estalla, el coche con la cinta coránica, la reivindicación del video, el misterioso suicidio de Leganés… Sabemos quienes fueron los autores materiales de la obra, pero falta la respuesta más fundamental: ¿quién fue el director? El tercer pasajero Con tantos confidentes y servicios secretos de por medio, es imposible que los preparativos del atentado no llegaran a conocerse en determinados ámbitos Uno de los interrogantes más inquietante
por resolver es por qué, si muchos de los implicados eran conocidos
por la policía, estaban sometidos a vigilancia, sus teléfonos
intervenidos e infiltrados por confidentes, no se pudo evitar el atentado? Según algunos estudios, con los mismos datos recogidos en el sumario, en la ejecución de los atentados confluyeron cuatro tramas. Los delincuentes de Lavapiés, detenidos en un primer momento tres marroquíes y dos hindúes; sólo uno, el dueño del locutorio donde se pudieron vender las tarjetas permanece detenido, Jamal Zougham, vinculado con el ataque a la Casa de España en Casablanca, y con los grupos que asesinaron en Irak a agentes del CNI. Los suicidas de Leganés, formada por “chorizos” ligados al narcotráfico, convertidos en fundamentalistas, articulados por Jamal Ahmidan (El Chino) que, con cuatro más estaban entre los suicidas de Leganés. La trama asturiana, compuesta fundamentalmente por confidentes policiales y trabajadores de las minas en Asturias, con Emilio Suárez Trashorras y su mujer Carmen Toro, como centro de la trama que suministró, al menos, parte de la dinamita. Como contacto entre esta trama y la de los suicidas aparece Rafá Zouhier, otro confidente. La cuarta trama, conocida también como el núcleo duro del 11-M, islamistas articulados en torno a los hermanos Almallah y otras personas de origen sirio, vinculadas a la trama española de Al Qaeda. Fue el encargado de alquilar la casa de Morata de Tajuña donde se prepararon las mochilas-bomba. Como enlace de este grupo con el de los suicidas de Leganés aparece El Tunecino, muerto en Leganés junto con Lamari, también de esta cuarta trama, y el resto del tercer grupo. De este grupo es también Mohamed el Egipcio. Pues bien, veamos cuál
era la situación de todas estas tramas en las semanas anteriores
al atentado, y si no es más que inquietante. La UDYCO (Unidad de Drogas y Crimen Organizado) tenía controlado al grupo de narcotraficantes articulado en torno a El Chino, incluyendo al propio Jamal Ahmidan, a Otman El Gnaoui, a Lofti Sbai y a Abdelilah Ahmidan. La UCIE (Unidad Central de Información) tenía controlados desde el año 2002, a través del Juzgado Central de Instrucción de Baltasar Garzón, a los hermanos Almallah, a El Tunecino, a Mohamed El Egipcio, a Fouad El Morabit, y otros. El CNI tenía controlado a otro de los suicidas de Leganés (Allekema Lamari). La trama que suministró, al menos una parte de los explosivos utilizados, era dirigida por un confidente policial (Emilio Suárez Trashorras); y las armas suministradas por un confidente de la Guardia Civil, Rafá Zouhier. Muchos de los implicados en la masacre tenían intervenidos sus teléfonos: Fouad El Morabit, El Tunecino, los hermanos Almallah, Mohammed El Egipcio…, que además estaban siendo seguidos hasta semanas antes del 11-M. Zougam, vinculado a través de Cheij Mader con grupos integristas franceses, estaba fichado por la inteligencia francesa. Tres de los detenidos por los atentados estaban catalogados como «terroristas potenciales» por los servicios secretos alemanes. Entre las huellas halladas en el piso de Leganés aparecieron en un libro las de Mustafá Maimouni, el cuñado de El Tunecino, en una cárcel marroquí desde 2003 por su relación con los atentados de Casablanca… Y, a pesar de todo ¿nadie fue capaz de evitar la masacre? Con tantos confidentes y servicios secretos de por medio, es imposible que los preparativos del atentado no llegaran a determinados ámbitos. ¿Hasta dónde llegó la información que pasaban los confidentes? ¿Alguien dentro de los aparatos de inteligencia conoció que algo se preparaba y dejó hacer en función de sus propios objetivos políticos? ¿Cómo es posible que la participación de los marroquíes pasara inadvertida a los servicios secretos marroquíes y franceses? ¿Por qué se retiró o relajó la vigilancia sobre los islamistas semanas antes del ataque? ¿Por qué desde varios servicios secretos, los franceses, el mismo CNI en España, se confirmaba la autoría islamista desde el primer momento, cuando aquí aún se dudaba? ¿Por qué se reivindicó el atentado casi instantáneamente, práctica no habitual de Al Qaeda, y las pruebas islámicas parecían colocadas para que la autoría islámica quedara clara antes del día de las elecciones? Y los suicidas de Leganés, ¿se suicidaron o los suicidaron para cortar las principales vías de investigación que podrían acercar las investigaciones al centro o centros donde se planificó la operación, al director o directores de la obra? ¿Quién les dio la orden de no entregarse sino inmolarse, cuando no lo habían hecho en los trenes? ¿A quién llamaron momentos antes de “suicidarse” en Marruecos? No sería la primera vez que se elimina un eslabón intermedio para cortar la cadena de investigación, como se hizo, por ejemplo, con la eliminación, en la misma comisaría y ante la prensa, de Lee H. Oswald, acusado del asesinato de Kennedy. ¿No son demasiados
enigmas para que queden sin respuesta? El compromiso con las víctimas,
y la defensa de las libertades y la democracia en nuestro país
exige saber la verdad. Toda la verdad. F. Huertas En homenaje a las víctimas
Juan Carlos
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