INTERNACIONAL

Francia
Crecen las movilizaciones contra los contratos basura de Villepin
La amenaza del “modelo social europeo”

Mientras Villepin y Chirac mantienen todos los escandalosos privilegios que el Estado otorga a los grandes bancos y monopolios, desmantelan los derechos sociales y laborales

“Mi vida será mucho peor que la de mis padres”. Así resumía un manifestante en París los sentimientos de la sociedad gala ante la avalancha de reformas económicas antipopulares impuestas por el gobierno de Villepin. La implantación de una drástica reforma laboral –cuya medida estrella es un “contrato de primer empleo” que posibilita el despido libre para los jóvenes trabajadores- prosigue la demolición de los llamados Estados del bienestar. Y ha provocado una oleada de revueltas –desde la paralización de las universidades hasta más de un millón de manifestantes- que está colocando contra las cuerdas al gobierno. Personificado en un tándem Villepin-Chirac cada vez más desacreditado, que cosecha estrepitosos fracasos en todas las empresas que acomete: desde el referéndum sobre la constitución europea, hasta la represión de las revueltas de los suburbios o ahora las reformas económicas. Asistimos a un reflejo más de la profunda crisis de régimen que vive Francia. Donde los Villepin y Chirac no saben sino descargar sobre las espaldas del pueblo sus pecados.

“Contrato de precariedad" y exclusión", “contrato "basura" o "contrato kleenex para empleos desechables", así se referían las pancartas de los manifestantes al Contrato de Primer Empleo (CPE) que el gobierno Villepin pretende imponer a los trabajadores galos. Se trata de contratos concebidos para jóvenes menores de 26 años que se incorporan al mercado de trabajo, y que permite el despido libre, sin que la empresa deba justificarlo, durante dos años. La carta blanca de despido otorgada a la patronal obligará a la juventud trabajadora francesa a aceptar las condiciones laborales que el empresario imponga.

Es una más de las medidas de flexibilización laboral impuestas por el gobierno, y que ya provocaron el octubre pasado una masiva manifestación a favor del empleo y el poder adquisitivo. Ahora, la revuelta social ha sido más prolongada. Las universidades están paralizadas y tomadas. La Sorbona fue ocupada por primera vez desde mayo del 68. Y las movilizaciones convocadas por los sindicatos han congregado ya a más de un millón de personas en todo el país.

El programa de reforma laboral de Villepin tiene su origen en los movimientos que amenazan con dejar a Francia fuera de juego de un mundo marcado por la irrupción china y la desbordante competitividad de las economías emergentes. La estructura económica gala, burocratizada y dependiente del manto de protección del Estado es incapaz de competir en este nuevo panorama. En estas condiciones la burguesía gala necesita “liberarse” del lastre que implica mantener los gastos sociales y las garantías laborales heredados de los Estados del bienestar. Tal y como también está haciendo la burguesía alemana.
La crisis económica provocada por esta plutocracia ha sumido a la sociedad francesa en una de las tasa de paro más altas de Europa, el 10%, que llega hasta el 26% entre los jóvenes. Pero los Villepin y Chirac, incapaces de desmantelar un régimen decrépito pero que es base imprescindible del poder de la plutocracia gala más decrépita y parasitaria sólo saben cargar el precio de los cambios sobre las espaldas del pueblo.  Y así, mientras mantienen todos los escandalosos privilegios que el Estado otorga a los grandes bancos y monopolios, desmantelan los derechos sociales y laborales.

Una reforma laboral que contribuye a deslegitimar todavía más al régimen republicano entre la población, al quebrar las reglas laborales que hasta ahora cimentaban la misma estabilidad social. Villepin, respaldado por Chirac, ha mostrado su cara más antipopular y clasista. Imponiendo las reformas por decreto, despreciando a los manifestantes. Aparece claramente el contenido del modelo social europeo: exclusión total para un sector de la población –como reflejó la revuelta de las bangelius, al dejar al descubierto el infierno que los hijos y nietos de argelinos o marroquíes viven en los suburbios de muchas ciudades galas- y para el resto pérdida de derechos sociales y mayor explotación.

Francesc Ten

El modelo social europeo que vemos en Francia es exclusión total para un sector de la población –como reflejó la revuelta de las “banlieues” - y para el resto pérdida de derechos sociales y mayor explotación.