INTERNACIONAL

UE-Ex-Yugoslavia

La muerte de Milosevic y el genocidio en la ex Yugoslavia
Los genocidas vivos son más peligrosos que los muertos

Las potencias que encendieron la mecha del polvorín balcánico siguen en activo. De ellas proviene el peligro de que surjan, en el futuro, nuevos Milosevic

Muerto el perro no se acabó la rabia. La muerte de Milosevic durante su encarcelamiento en La Haya no entierra el fantasma de los genocidios étnicos en los Balcanes. De la misma manera que la desaparición de Pinochet no alejaría el peligro del golpismo en Hispanoamérica. Este ha vuelto a reaparecer cuando, en Venezuela o Bolivia, se han cuestionado intereses fundamentales norteamericanos. Mientras que -¿casualidad?- las matanzas balcánicas han coincidido –bien en la IIª Guerra Mundial a manos de los ustachi croatas, o bien tras la reunificación alemana- con la irrupción de un proyecto de hegemonía germana sobre Europa.

Detrás de los Milosevic o Pinochet siempre existe una potencia global que alienta o consiente sus desmanes locales. La responsabilidad de Milosevic en los genocidios perpetrados en los Balcanes es meridiana para todos, aún cuando a causa de su muerte no se haya podido emitir un veredicto de culpabilidad. Lo que no está tan claro es la responsabilidad de las grandes potencias -países como Alemania que siguen detentando un peso decisivo en Europa- que azuzaron el avispero balcánico hasta llenarlo de sangre.
Hay que ajustar cuentas con los Milosevic, pero es necesario recordar que los genocidas vivos y en activo son más peligrosos que los que han muerto o perdido el poder.

La muerte de Milosevic, cuando permanecía recluido en el Tribunal de La Haya y a pocas semanas de finalizar su juicio, está todavía envuelta en la sospecha. Un análisis independiente ha confirmado la presencia en la sangre del genocida serbio de rifampicina, una sustancia que neutralizaba los efectos de la medicación contra la hipertensión que tomaba Milosevic.

Aún cuando el tribunal de La Haya ha adelantado que fue el propio Milosevic quien se la administró para precipitar un agravamiento y forzar un traslado médico a Moscú, no es descabellado pensar que, como ha sucedido otras veces, alguien ha cortado el hilo para evitar que se avanzará más de lo permitido.

Hay quien está interesado en que toda la responsabilidad de los horrendos crímenes de los Balcanes quede reducida a un genocida local como Milosevic.

Sin embargo, la realidad es otra. La monstruosa naturaleza de Milosevic y del genocidio balcánico ha sido engendrada por los intereses imperialistas de grandes potencias.

No es extraño que Rusia haya sido hasta hoy el único respaldo internacional del ex dictador serbio. Milosevic, y toda la infame camarilla dirigente serbia, son uno de los productos del socialfascismo soviético. Milosevic perteneció a los círculos más negros de la burguesía burocrática yugoslava, y fue escalando posiciones hasta encaramarse en el poder. Y desde allí destrozó la herencia de Tito, acercándose a Moscú y mezclando el fascismo brezneviano con el nacionalismo panserbio.

No existen dudas sobre los genocidios perpetrados por la élite serbia, apoyándose en caciques o jefes militares serbo-bosnios o serbo-croatas. Pero para Pierre-Marie Gallois, general francés que vivió en primera persona el genocidio en la ex Yugoslavia, también “la política de Bonn es responsable del incendio en los Balcanes, de decenas de miles de muertos y de más de dos millones de refugiados en busca de asilo”.

Lo que desde estas mismas páginas hemos denominado una “trama bávara” se gesto para azuzar las contradicciones internas en la ex Yugoslavia, hacerla explotar e incorporar al área de influencia germana las repúblicas más industrializadas. Desde antes de la implosión soviética, el capital alemán venía trabando una sólida relación con las élites dirigentes de Croacia y Eslovenia. Una vez reunificada Alemania, Bonn procedió a propiciar el bocado. El ministro de exteriores alemán, Genscher estimuló, a través de contactos directos con el gobierno croata, la secesión. Fuerzas independentistas financiadas por Fundaciones alemanas y apoyadas por el servicio secreto alemán ganan las elecciones en Eslovenia y Croacia y declaran la independencia.

Desde ese momento, Alemania presionó a la UE para que reconociera a las nuevas repúblicas, aún cuando era consciente de que eso incendiaría la zona. La voracidad alemana tras la reunificación extendió el etnicismo más atroz, y transformó la modélica convivencia que regía durante la Yugoslavia de Tito en un infierno. Milosevic, y todos sus cómplices criminales, pertenecen por suerte al pasado. Deben apresarse y juzgarse los que aún queden en libertad, para hacerles responder de sus crímenes. Pero no disponen ya de ningún poder, no son un peligro. Pero las potencias globales que encendieron la mecha del polvorín balcánico siguen en activo. De ellas proviene el peligro de que surjan, en el futuro, nuevos Milosevic.

Francesc Ten

Hay quien está interesado en que toda la responsabilidad de los horrendos crímenes de los Balcanes quede reducida a un genocida local como Milosevic. Sin embargo, éstos no habrían sido posibles sin la intervención de potencias como Alemania.