SOCIEDAD La
reforma del IRPF Sobre las rentas del trabajo recaen las tres cuartas partes de los impuestos que sostienen el Estado, mientras la oligarquía y monopolios sólo contribuyen con la cuarta parte |
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| No hay peor mentira que una verdad a medias. La reforma del Impuesto de la Renta aprobada por el gobierno nos la venden como una “auténtica rebaja de impuestos para todos los contribuyentes”. Así,casi todos los medios han titulado: “Los contribuyentes pagarán un 6% menos de impuestos a partir de 2007, y el Impuesto de Sociedades bajará una media del 20%”. Pero bajo la coartada de bajar los impuestos a todos, lo que siempre se oculta es que se favorece descaradamente las mayores rentas del capital. Los mismos medios afines al gobierno, reconocen que la reforma del IRPF es realmente “un ajuste modesto”. O lo que es lo mismo mientras las medidas apenas tienen repercusión en los bolsillos de las rentas más bajas del trabajo (seguiremos pagando más o menos lo mismo, o sea ¡mucho!, con una presión fiscal de más del 35%), las rentas más altas se verán significativamente favorecidas. Por la sencilla razón de la “cuenta de la vieja”: el 6% de 1.000 euros apenas son 60, pero en un millón de euros son ya 60.000; y si se trata del Impuesto de Sociedades, con una rebaja del 20%, ese millón de euros significa una rebaja de 200.000 euros. La reforma fiscal aprobada por el gobierno rebaja del 45% al 43% el tipo máximo del impuesto sobre la rentas más altas, mientras que para las más bajas subirá del 15% actual al 24%. Aumenta las deducciones personales y familiares pero sube del 15% al 18% la tributación sobre el ahorro, y empeora la desgravación por la vivienda habitual en los dos primeros años de su compra.. Y rebaja a las empresas el impuesto de sociedades, baja el tipo general del 35% al 30%, que llega al 25% para las pymes Hay una primera “verdad a medias”: al decir que “baja la presión fiscal para todos”, no se dice que este retoque en el IRPF se da en un marco de subida general de los impuestos indirectos, sobre todo los que gravan los combustibles y las bebidas, y varios tipos de IVA, subida que recae sobre todo en las rentas populares. Nuestra contribución al Estado no sólo viene de los impuestos directos, del IRPF, sino también de esos impuestos indirectos que pagamos independientemente de nuestro nivel de renta. Y aquí está la verdadera madre del cordero: las rentas del trabajo pagamos las 3 cuartas partes del la recaudación por IRPF y la mayoría de los impuestos indirectos. Es decir, somos los que sostenemos el peso del Estado pero no los que más beneficios obtenemos. Mientras la oligarquía y las grandes empresas monopolistas vienen ganado un 25, 30 ò 40 por ciento de beneficios, las rentas del trabajo perdemos 2, 3 ó 4 puntos de salario real. Ellos contribuyen con la cuarta parte y nosotros con tres cuartas partes al sostenimiento de un Estado que, al fin y al cabo, no es sino el gestor de sus intereses oligárquicos y monopolistas, ya que son ellos quienes tienen en su poder los resortes fundamentales, económicos, políticos, militares, medios de comunicación, etc. del mismo. Las promesas de tarifas progresivas, para que contribuyan más los que más tienen, han quedado en el baúl de los recuerdos electorales. En el horizonte de los objetivos obreros y populares claro que hace falta un nuevo tipo de Estado popular, que recaude progresivamente de los que más beneficios reciben, que redistribuya la riqueza y la gestione en función e los intereses de la inmensa mayoría de la población y no de un puñado de monopolistas. M. Murcia |
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