PERFIL José Bono “Me siento español hasta los tuétanos” Le llaman “populista” quienes ven en él la continuidad de una línea en el socialismo y la izquierda progresista y, por lo tanto, un peligro para sus proyectos insolidarios, y disolventes |
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| José Bono, el ministro con mayor peso político del gobierno, el más popular, el mejor valorado en todas las encuestas durante sus dos años en el ministerio de Defensa, el político español que tiene en su haber el mejor resultado electoral obtenido por un presidente autonómico en toda la historia de la democracia, reelegido cinco veces por mayoría absoluta, ha sido el primero en dejar el gobierno de Zapatero. Sin embargo, tanto la “opinión
publicada” en casi todos los medios, desde el grupo Prisa al ABC,
La Razón o las tertulias radiofónicas, como en las “opiniones
de cierta izquierda, le ha despedido como le recibieron, colocándole,
para intentar desacreditarlo, el cartel de “populista”. Populista
como sinónimo de “demagógico”, algo “casposo
y reaccionario”, incluso equivalente para una cierta izquierda a
“españolista”, equiparando su defensa de la unidad
de España frente al nacionalismo como una herencia del franquismo. Bono suma 37 años como militante socialista; y el mismo se ha definido en una de las últimas entrevistas: “He sido estudiante rebelde, abogado contra la Dictadura, diputado a Cortes, presidente de Catilla-La Mancha y ministro. No puedo pedir más. Estoy en deuda con los ciudadanos”. En 1969, con apenas 19 años, ingresó en el Partido Socialista Popular (PSP) de tierno Galván con el que fue elegido, en las primeras elecciones democráticas, como diputado por Albacete. En 1983, ya como militante del PSOE fue elegido como el primer presidente de la recién constituida comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, puesto en el que fue reelegido cinco veces por los ciudadanos y que dejó para ser ministro de Defensa en el gobierno de Zapatero. Dejando atrás su etapa como presidente de Castilla-La Mancha, quizás haya que remontarse a su aparición como firmante del manifiesto No es cierto, pocos días antes del 11-M, para empezar a entender por qué tanto interés en desacreditarlo. Manifiesto en el que se hacía toda una declaración de principios en torno al problema fundamental del momento: “No es cierto que la unidad de España esté enfrentada a su pluralidad. No es cierto que avivar las diferencias y enfrentarlas a lo que nos une sea sinónimo de libertad. No es cierto que la defensa de la unidad de España sea patrimonio de elites reaccionarias. Ni tampoco contraria a los intereses populares o a un pensamiento avanzado y progresista”. A quienes rechinaron con el manifiesto, ¿cómo iba a gustarles su misma toma de posesión?, a la que junto a los representantes oficiales y de su partido invitó a una representación tan plural como la que va de José María Fidalgo (CCOO) y Cándido Méndez (UGT) a Baltasar Garzón (martillo de ETA y su entorno); de Antonio Gala a Concha Velasco, Raphael o Miguel de la Cuadra Salcedo; del director de El Mundo Pedro J. Ramírez al arzobispo de Madrid. “Se le fue la mano… más al aire de una boda”, decía El País de su toma de posesión, coludiéndose con todos aquellos que veían un peligro en que la idea y la unidad de España defendida por Bono, tuviera tanta influencia en la estrategia de Zapatero que impidiera el avance de sus planes secesionistas. ¿”Populismo y patrioterismo” o defensa tanto de la pluralidad como de la unidad? Bono no vaciló cuando llegó el momento de cumplir con la principal promesa electoral de Zapatero. Él fue quien aconsejó a Zapatero el regreso inminente de las tropas españolas de Irak y se encargó de cumplirlo, haciendo frente a las presiones de Estados Unidos, defendiendo la autonomía de España en la política internacional: "Queremos contribuir al orden mundial, pero sin servilismos ni extravagantes protagonismos y con autonomía…, España es un país soberano”. Ni tuvo escrúpulos en criticar la actuación de la OTAN en la misión de ayuda por el terremoto de Pakistán, defendiendo la actuación de los soldados españoles: “Vuestro trabajo vale más que el de todos los burócratas juntos”. ¿Entonces por qué ese interés en “desacreditar” a quien a defendido la autonomía en las decisiones internacionales? Pero si los ataques de “populismo” han sido ya especialmente virulentos ha sido en todas aquellas manifestaciones en las que José Bono ha manifestado su desacuerdo, tanto con los proyectos abiertos de los nacionalismos excluyentes, como con el fondo del Estatuto y cualquier concesión en el proceso del final de ETA que implique pagar un precio. ¿”Populista” porque empezó criticando a los nacionalismos insolidarios y a los de su propio partido como Maragall “que quieren separarse de la mesa común para comer más; o predican que pagar más impuestos o haber tenido un fuero hace tres siglos otorga más derechos”? ¿Porque dijo que se sentía incómodo cuando, en contra de lo que Zapatero había prometido (que dejaría el Estatuto limpio como una patena) el término nación quedó incluido en el preámbulo del Estatuto para Cataluña? ¿O porque espera “que gane España y pierdan los criminales”, y califica a Otegui como “un tipo que me produce repulsa por su pasado de secuestrador y pistolero de que no se ha arrepentido. No iría con él ni a misa”? ¿O quizás se “ha ganado” lo de “demagogo y españolista” cada vez que ha defendido que: “Existe una única nación indisoluble, que es España. Otras consideraciones deben quedar limitadas al ámbito de los sentimientos, la historia o la poesía”. Cada vez que, como en su despedida del ministerio se declaraba identificado con Indalecio Prieto: “Me siento cada vez más español. Siento a España en mi corazón y la llevo hasta el tuétano mismo de mis huesos”? Que no nos engañen. A José Bono le han llamado “populista” todos aquellos que han visto en él la continuidad de una línea histórica en el socialismo y la izquierda progresista de nuestro país, (a la que intentan descalificar como “viejos rasgos del PSOE ya superados”) y, por lo tanto, un peligro para sus proyectos insolidarios, excluyentes y disolventes de la unidad del pueblo de las nacionalidades de España. Han aprovechado las formas, para atacar el fondo; porque lo que les revienta es su conexión profunda con las clases populares, con esa piedra de granito que está en el sustrato de la nación española. Por eso, no nos engañemos, seguirán atacándole cada vez que intente asomarse a la realidad española, porque temen, como los vampiros a la luz, que pueda mantenerse en “la reserva” y “volver”, no sería el primer caso en la historia, para ponerse al frente de un proyecto nacional. Porque, como el mismo ha dicho en su despedida: “Dejo la actividad política, pero no ni la militancia en el PSOE, ni las ideas y principios que han inspirado mi actuación”. M. Murcia |
"Me siento español hasta los tuétanos" José Bono
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