NACIONAL

Desde Pablo Iglesias e Indalecio Prieto a Bono o Rosa Díez: la verdadera tradición socialista es la defensa de la unidad
Los dos PSOEs

“Nadie del Frente Popular reniega de España (...) aunque internacionalista, me siento cada vez más profundamente español. Todas mis luchas, todas mis energías, las he consagrado a España”.
(Indalecio Prieto)

En su salida del gobierno, José Bono ha medido las palabras para lanzar, desde las mismas bases de la tradición socialista, un mensaje de hondo calado político. Por eso ha repetido permanentemente durante estos días una defensa de la unidad de España –“cada día que pasa me siento más profundamente español”- que se corresponde milimétricamente con la utilizada por Indalecio Prieto hace setenta años. Pero al mismo tiempo, nos encontramos con que, desde el mismo seno del gobierno de Zapatero se respalda un estatuto catalán insolidario y excluyente, o que dirigentes del socialismo vasco no tienen reparos en participar en una mesa de partidos acaudillada por Ibarretxe. ¿Cómo es posible que posiciones tan antagónicas coexistan en un mismo partido? ¿Cuál es la base de estos dos PSOEs?

En lo relativo a la defensa de la unidad, la manipulación parece no conocer límites. Por eso, desde diversos círculos, se acusa a Bono –máximo exponente político de la defensa de la unidad desde la izquierda– ... ¡de coincidir con la derecha! Las generaciones jóvenes, a las que se les ha hurtado la memoria histórica, pueden suponer que la posición del socialismo se corresponde con un desprecio a la unidad de España.

Nada más lejos de la realidad. La verdadera tradición socialista no es identificar la unidad de España con lo más reaccionario, sino esta frase de Pablo Iglesias: “restaurad la historia de España, estableciendo el principio de la soberanía nacional, reunido el pueblo en un solohaz, la fuerza resultante hara retemblar de alegría el suelo de la patria”. La posición histórica del socialismo español no es la disolución de España en Europa que preconiza González, sino lo que en 1936 expresaba Indalecio Prieto, y ha recordado Bono estos días: “nadie del Frente Popular reniega de España (...) aunque internacionalista, me siento cada vez más profundamente español. Todas mis luchas, todas mis energías, las he consagrado a España”.

La contemporización con el nacionalismo étnico de Ibarretxe está en las antípodas de estas palabras de Indalecio Prieto: “una Euskadi controlada por el PNV sería un pequeño Paraguay, gobernado dictatorial e inquisitorialmente desde Loyola y Deusto. Estos quieren convertirse en un Gibraltar vaticanista”.

Esta es la verdadera tradición socialista. ¿Por qué entonces encontramos, desde Maragall a Montilla, dirigentes del PSOE que respaldan, o cuanto menos concilian, derivas soberanistas?

Este es un abismo político que recorre el conjunto del PSOE. Mientras en las bases de simpatizantes, afiliados y militantes, domina de forma espontánea una posición de defensa de la unidad de España desde la izquierda, conforme se sube hacia arriba hacia la cúpula del partido las posturas conciliantes con la disgregación van haciéndose hegemónicas.

Y es que estas dos naturalezas del PSOE tienen orígenes distintos.
Entre las bases del PSOE, y aún más si incluimos a sus votantes, se encuentra una parte importante de la mayoría social progresista del país. Una base social obrera y popular, que aglutina el mayoritario apoyo del PSOE a nivel local. Y que es heredera de las mejores tradiciones históricas del socialismo: la fundación del primer partido obrero en España por Pablo Iglesias, la participación en el Frente Popular, la defensa de la República frente al fascismo, la lucha antifranquista, la militancia sindical en la UGT, el combate de los obreros vascos frente a la burguesía aranista...

Por el contrario, sobre las cúpulas se ha producido una permanente intervención por parte de los centros de poder hegemonistas. Luis Solana, hermano del que luego se convertiría en secretario general de la OTAN, contaba más tarde como era el encargado de recoger los maletines de dinero con que el SPD alemán, con la aprobación de la CIA, financiará una operación que buscaba construir, para la futura España democrática, una izquierda a la medida del imperialismo.

Sólo desde aquí puede comprenderse el abismo existente entre los dos PSOEs. Mientras que las bases, y una parte de la estructura de cuadros. se mantiene fiel a la tradición socialista de defensa de la unidad del pueblo español, en las cúpulas tienen el poder los sectores más prohegemonistas, que han inoculado todas las teorías de la disgregación.

Aún maniatado por un sector de la dirección, ha sido imposible extirpar de las bases del PSOE la tendencia espontánea a la defensa de la unidad.  Por eso surgen permanentemente –desde las cabezas del movimiento antifascista vasco como Rosa Díez o Maite Pagaza, hasta importantes dirigentes como Bono, Guerra o Vázquez- cuadros del PSOE que reflejan esa posición. No debemos confundirnos. A pesar de toda la propaganda, la posición mayoritaria entre las bases dde izquierdas –en el PSOE, pero también en IU– no está con los Maragall sino con los Bono y la defensa de la unidad.

Joan Arnau

La verdadera tradición socialista, y que es mayoritaria entre las bases de militantes y votantes, es la defensa de la unidad que recoge Bono a través de las palabras de Indalecio Prieto.