NACIONAL

Las reacciones en el PNV ante el nombramiento de Rubalcaba como ministro del Interior
Todos menos uno

En el nuevo escenario dominado por el estatuto catalán y el alto el fuego de ETA es precisamente la línea que representa Imaz la que representa un mayor peligro

Todos los jerarcas del nacionalismo étnico vasco se han alegrado del nombramiento de Rubalcaba –al que muchos señalan como el cerebro gris del “proceso de paz”- como ministro del Interior. ¿Todos? No. Ha sido precisamente Eguibar –sucesor de la línea personificada durante años por Arzallus- quien se ha desmarcado de la positiva recepción que el PNV ha brindado a Rubalcaba. Y lo ha hecho advirtiendo enigmáticamente que el nuevo ministro del Interior es “un maestro a la hora de dividir partidos políticos”.

¿Por qué mientras Imaz y sus seguidores brindan, Eguibar se lamenta e Ibarretxe mantiene un prudente silencio? Parece lógico que los nacionalistas –y entre ellos particularmente la cúpula del PNV- valoren positivamente la salida de Bono del gobierno, y el nombramiento, en un ministerio tan sensible como Interior, de un Rubalcaba que, en palabras de Josu Erkoreka, portavoz del PNV en el Congreso, y refiriéndose al proceso de conversaciones con ETA, “ya estaba dirigiendo la nave desde tiempo atrás, desde la sombra”.

Rubalcaba mantiene un fluida relación con Imaz y ha sido, desde que este último ocupa la dirección del PNV, pieza clave en el acercamietno de posiciones entre el PSOE y el nacionalismo vasco.  Y eso es precisametne lo que Eguibar, y también Ibarretxe, teme. La línea personificada por Arzallus y el plan Ibarretxe hace tiempo que encalló. E Imaz representa la alternativa dentro del PNV para recolocarse en una nueva situación donde el principal ariete soberanista es el estatuto catalán.

Cuando Eguibar advierte de la maestría de Rubalcaba en “dividir partidos”, expresa su temor a quedar definitivametne relegado del timón de mando del PNV, en beneficio de los sectores alineados con Imaz. Y paradójicamente, eso también representa un peligro para la sociedad española. Desprendiéndose de su vertiente más abiertamente dura, representada por Eguibar y el plan Ibarretxe, el régimen nazifascista busca aprovechar el alto el fuego de ETA para perpetuar su poder y obtener réditos políticos. Y eso es precisamente lo que tenemos que evitar.

J. Arnau

Rubalcaba mantiene un fluida relación con Imaz y ha sido, desde que este último ocupa la dirección del PNV, pieza clave en el acercamietno de posiciones entre el PSOE y el nacionalismo vasco.