NACIONAL

España: 300 años de intervención imperialista
La venda en los ojos

Ocultan al imperialismo en el siglo XIX para que no sepamos distinguirlo en el XXI.

Se subvierte el pasado para justificar el presente. La historia es territorio propicio de manipulación, de falsificación. Algo que venimos comprobando de forma particularmente aguda en España. La extensión de una visión deformada de nuestro pasado –por parte del nacionalismo, pero también desde algunos ámbitos de la izquierda- no hace sino plagar de minas un terreno ya sembrado de confusión.
Contribuir a dilucidar las sombras sobre nuestro pasado, adquiriendo un conocimiento que es fundamental para comprender el presente sin caer en las permanentes trampas que nos acechan, es el objetivo del serial sobre la historia de España que, desde el anterior número del De Verdad, venimos publicando. Y en él queremos enfrentarnos a lo que hemos denominado “la venda en los ojos” que ha distorsionado la visión de la izquierda.

El mismo movimiento obrero español ha manifestado desde su mismo nacimiento una extraordinaria combatividad, radicalidad y capacidad de desplegar su energía revolucionaria a cada ocasión que se le ha presentado. Pero al mismo tiempo, todas las fuerzas progresistas y revolucionarias españolas han sido incapaces de comprender que España se había convertido en un territorio de intervención de las grandes potencias extranjeras, en un país intervenido por el imperialismo. Y por tanto, han carecido de la claridad y conciencia acerca de quienes son nuestros verdaderos enemigos, de quienes son los principales explotadores y opresores, y por tanto están decidiendo el rumbo y el destino español: las potencias imperialistas más fuertes en cada momento.

Salvo contadas excepciones, el movimiento obrero y la izquierda española, para luchar contra el oscurantismo ha perseguido al cura, pero nunca se ha cuestionado el poder del Vaticano sobre nosotros; en la lucha contra la explotación ha ido contra el gran industrial o contra el pequeño patrono local, pero olvidándose de los grandes capitales franceses e ingleses en el siglo pasado o de las multinacionales americanas o alemanas de ahora; contra la represión se ha combatido al guardia civil, al general africanista o al legionario, olvidando el papel de las fuerzas de intervención extranjera.
Liberarse de esta venda, dilucidando el papel de las potencias imperialistas en la historia de España, y las múltiples luchas populares contra sus proyectos de explotación, es el objetivo último de este serial.

La nula conciencia sobre el decisivo papel de la intervención imperialista en España ha sido una venda en los ojos de la izquierda española

Terreno de disputa

Espartero se convirtió durante años en la España decimonónica en el personaje más influyente del país, y así aparece reflejado en los libros de historia. Como figura militar de primer orden e impulsor de diferentes pronunciamientos, cabeza del partido liberal, e incluso regente, su participación fue decisiva en esos convulsos años de nuestra historia.
Pero una sola pintada de una mano popular anónima dibujada en la fachada del palacete que habitaba nos aclara lo que el personaje de Espartero esconde. Este graffiti del siglo XIX decía. “aquí vive el que manda en España, Espartero el regente. Y el que manda sobre él vive en la casa de enfrente”. La “casa de enfrente” era la embajada inglesa.
Efectivamente, el exaltado “duque de la victoria” tenía como mentor político al embajador inglés, los pronunciamientos militares que encabezaba se diseñaban en la delegación diplomática británica, y se exiliaba en Londres cuando un triunfo moderado le obligaba a abandonar España.

El personaje más importante del país mantenía un hilo de dependencia hacia una potencia extranjera. La conciencia popular lo sabía, y lo pintó en su misma casa, pero las fuerzas progresistas permanecían ciegas.

Lo mismo ocurrirá con Mendizabal, presentado como una referencia de modernización de España, a través de las desamortizaciones, y que encontramos reflejado de esta forma en la correspondencia del embajador inglés con su superior en Londres. “Mendizabal es nuestro hombre en España. Debemos sacarle el máximo partido”.

Esta es la historia de los últimos 300 años de la historia de España. Detrás de todos los acontecimientos y personajes decisivos encontramos la intervención de una u otra potencia imperialista.
España, que será hasta mediados del XVII la potencia hegemónica, se convertirá en un breve lapso de tiempo en terreno de disputa en influencia de los principales centros de poder extranjeros.

Ya en la guerra de Sucesión, Francia e Inglaterra, desgarrando con ello el país, se disputarán la corona española y el mando sobre el país. El triunfo galo y la entronización de la dinastía borbónica convertirán España en un virreinato de facto francés. Más tarde, sólo la intervención de París permite explicar la fulgurante ascensión de un personaje como Godoy, muñidor de la traición que permitió a las tropas napoleónicas penetrar en España. Durante todo el siglo XIX, la disputa entre Francia e Inglaterra condicionará de forma decisiva el rumbo del país. Las embajadas inglesa y gala serán los centros de los sucesivos pronunciamientos militares que reconducirán el destino del país, sobre moderados y liberales se extenderá la influencia de París y Londres, las principales riquezas del país pasarán a manos extranjeras... Con el desastre del 98, España probará la voracidad de la emergente potencia norteamericana, y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas provocará una aguda crisis en la conciencia nacional. Pero incluso entonces, las múltiples propuestas regeneradoras cogerán como blanco el corrupto régimen de la Restauración, sin tener en cuenta que era precisamente la intervención y el saqueo imperialista el principal factor que explicaba el atraso español.

Acontecimientos tan decisivos como la independencia de las colonias americanas en las primeras décadas del siglo XX adquieren un nuevo significado. El primer ministro inglés lo expresó así en 1823: “decidí que si Francia tenía a España, no iba a ser España con América. Desperté al Nuevo Mundo para restablecer el equilibrio en el Viejo. Hispanoamérica es libre, y si no manejamos mal nuestros asuntos es inglesa”.

Efectivamente, Inglaterra alentará las ambiciones independentistas de las oligarquías locales americanas, respaldará militarmente los levantamientos, minará la capacidad de resistencia del Estado español, despachará con los lideres independentistas, utilizará logias masónicas como Gran Reunión Americana o Tautaro como centro de las conspiraciones, impondrá la más absoluta fragmentación para crear pequeños Estados débiles...

Frente a la idea, ampliamente difundida, de que las causas del atraso hispanoamericano tienen sus raíces en el periodo de domino español, la renta per capita de las colonias americanas era similar a la de los Estados Unidos. La intervención de las grandes potencias permanecerá invariable durante el siglo XX. ¿Es que puede entenderse la victoria franquista en el 39 sin el respaldo hitleriano y mussoliniano? ¿O la pervivencia durante cuatro lustros del fascismo sin la intervención norteamericana? Y más recientemente, ¿puede comprenderse el transcurso de la transición o el 23-F sin tener en cuenta los intereses de Washington y el papel que tenía reservado a España como peón de la guerra fría? Las potencias imperialistas se van a incrustar en la vida española, no como un elemento de presión externo, sino como el auténtico centro de poder interno, en alianza con la oligarquía local.

Este hecho fundamental ha sido borrado de la conciencia de la sociedad española, precisamente porque no se trata de un acontecimiento del pasado. España continúa siendo hoy en día un país intervenido y dependiente de las grandes potencias mundiales. Es necesario ocultar al imperialismo en el siglo XIX para que no sepamos distinguirlo en el XXI. Nuestra tarea debe ser exactamente la contraria.

Joan Arnau

Las potencias imperialistas se van a incrustar en la vida española, no como un elemento de presión externo, sino como el auténtico centro de poder interno, en alianza con la oligarquía local.