HISPANOS

La revuelta hispana en EEUU
“Somos inmigrantes, no criminales”

“Si porque soy mexicano dicen que soy ilegal revisa la historia real pues estoy en mi tierra natal”

Los hispanos representan el 71% del total de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos, de ellos casi 6 millones son mexicanos. El 20% trabaja en agricultura, el 17% en limpieza y mantenimiento, 12% en construcción, 11% en alimentación, 8% en industria y 5% en transporte. Durante 2005 murieron casi mil trabajadores ilegales en accidentes laborales,

La reforma de las leyes de inmigración en Estados unidos, ha puesto en pie de guerra a la comunidad hispana en EEUU, y en algunos medios se habla del “despertar de ese gigante que son los inmigrantes hispanos”. La reacción a la aprobación en el Congreso de la conocida como “HR 4437” o más como “ley Sensenbrenner”, ha dado lugar a la convocatoria de manifestaciones históricas en Los Ángeles, Denver, Chicago o el mismo Nueva York.

La propuesta aprobada en diciembre en la Cámara de Representantes, pendiente ahora de conciliación con el debate que se está dando en el Senado, criminaliza a los indocumentados (cerca de 12 millones de inmigrantes) y a quienes les apoyen.
– Convierte la inmigración irregular en un delito, en lugar de una falta como está considerada ahora. Incurrirán en delito tanto los grupos humanitarios que los ayuden como los empresarios que los contraten, para quienes se proponen severas medidas.
– Aprueba la ampliación de la valla fronteriza actual, unos 180 kilómetros, con la construcción de un auténtico muro de más de 1.000 kilómetros, reforzado con medios técnicos, sensores, cámaras y torres de vigilancia.

Al grito de “Somos inmigrantes, no criminales”, las manifestaciones se han extendido ya por más de quince Estados de la Unión, en una movilización histórica, jamás conocida hasta ahora, contra la ley que castiga a los inmigrantes indocumentados, y exigiendo una reforma humanitaria y justa.

En Los Ángeles, el pasado 25 de marzo, más de medio millón de manifestantes saturaron todas las vías del centro de esa ciudad estadounidense. Y así otras protestas que se llevaron a cabo los días anteriores, lo mismo en Chicago, con 100 mil manifestantes, 50 mil en Denver, o los 30 mil de Milwaukee, en Phoenix, más de 15 mil, o en Atlanta, donde se realizó un boicot en los barrios hispanos. Otras ciudades comoCharlotte en Carolina del Norte, Sacramento en California, Kansas City en Missouri o Dallas en el Estado de Texas.
Este primer ciclo de movilizaciones se ha cerrado con la gran marcha de casi dos kilómetros sobre el emblemático puente de Brooklin en Nueva York, donde miles de hispanos gritaron “sí se puede” y ondearon las banderas de México y Estados Unidos hasta el Edificio Federal en Manhattan, sede de las oficinas migratorias de Estados Unidos, en vísperas de la reanudación del debate en el Senado de la reforma migratoria.

Las pancartas han marcado el tono de una movilización que, como se ve en ellas, va más allá de la lucha contra la reforma que se pretende imponer. Desde un “¡Ya basta Bush!”, hasta “Si porque soy mexicano dicen que soy ilegal, revisa la historia real, pues estoy en mi tierra natal” , pasando por “USA es un país hecho por inmigrantes”, “Soy inmigrante, no terrorista” o “¿Mis impuestos son ilegales?”.

El poder hispano

Por primera vez asistimos a una movilización donde no sólo están implicados los 11 millones de “indocumentados”, sino la comunidad hispana en su conjunto, que supera los 40 millones. Este es el otro factor que hace especial esta movilización. En su gestación ha hecho acto de presencia multitud de organizaciones que reflejan la fuerza del mundo hispano en Estados Unidos.

Desde la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), cuyo presidente Héctor Flores declaraba “la imposibilidad de deportar a millones de personas”. Al Sindicato de Trabajadores Agrícolas (UFW), que según uno de sus dirigentes, Arturo Rodríguez, se opone porque “lo que se necesita es una amplia reforma que permita la legalización de los millones de inmigrantes, sobre las condiciones reales del país y sin criminalizar a quienes vienen a trabajar”. Pasando por personalidades como el alcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa –hijo de inmigrantes mexicanos- las agrupaciones vecinales, federaciones de trabajadores y grupos religiosos; como los católicos de Los Ángeles, cuyo cardenal mandó instrucciones a sus sacerdotes para desafiar la ley aprobada en el Congreso y seguir prestando ayuda a los inmigrantes.

Por primera vez también, gran parte del éxito de la convocatoria se atribuye al poder de las emisoras en español que han llevado el peso de los llamamientos a las manifestaciones.
El verdadero alcance de la movilización está aún por determinar. Por lo pronto, se anuncia un día de lucha coincidiendo con el 1º de Mayo con una “megamarcha” en diez ciudades, y un paro masivo de tipo laboral y comercial el próximo 19 de mayo, bajo el enunciado de “Un día sin latinos”.

Las espadas en alto

Todo indica que esto no ha hecho más que empezar; aunque las movilizaciones han conseguido ya ganar una pequeña batalla, obligando al sector republicano más conservador a tratar de buscar un acercamiento a la propuesta de los senadores demócratas McCain y Kennedy. Propuesta que tampoco gusta a los inmigrantes, ya que si bien permite a los 11 millones de “sin papeles” regularizarse y acceder a la nacionalidad norteamericana, impone condiciones draconianas: pagar una multa de al menos 2.000 dólares por “haber infringido las leyes de inmigración”; el pago de las obligaciones fiscales con efecto retroactivo; tener un empleo y estudiar inglés.

Por su parte, la propuesta del presidente del Senado y líder de los republicanos Bill Frist, aún más dura, divide a los “sin papeles” en tres categorías.

Primera, los que lleven más de cinco años en el país, 6 millones y medio, serían legales y podrían acceder a la nacionalidad estadounidense siempre que cumplieran las condiciones de pagar la multa de 2.000 euros, ponerse al día en los impuestos, tener empleo y estudiar inglés.

Segunda, aquellos que llevan entre dos y cinco años, 3 millones, que tendrían que abandonar el país y solicitar autorización en sus países de origen para volver a entrar con visados temporales; podrían entonces iniciar el proceso de regularización como ciudadanos norteamericanos.

Tercera, los que llegaron después de 2004, entre uno y medio y dos millones, simplemente serían expulsados, sin ningún derecho.

El primer intento de aprobar una nueva ley en el Senado y conciliarla con lo que aprobó el Congreso, la conocida como “HR 4437”, ha sido un fracaso. Los intentos conciliadores de Bush, que trata de satisfacer las exigencias de mano de obra barata de varios sectores de empresarios, y al mismo tiempo conciliar con los sectores más duros republicanos, chocan con los intereses electorales del próximo año y el miedo a perder parte del voto hispano.

Para Javier Rodríguez, portavoz de la Coalición 25 de Marzo, defensora de los derechos de los inmigrantes: “Las movilizaciones son protestas de una sociedad inmigrante cansada de esta administración (Bush) de extrema derecha, que pretende criminalizarnos por no tener papeles y venir a este país a hacer los trabajos que ellos no quieren”. Ante el poder que está tomando la movilización hispana, en su mayoría trabajadores y principales castigados por la desocupación y la pobreza, el miedo entre la clase dirigente norteamericana es doble. Por un lado el potencial mismo de lucha que encierra una comunidad en su mayoría trabajadores y principales castigados por la desocupación y la pobreza. Por otro, el impacto que estas movilizaciones puedan tener entre la clase obrera norteamericana, que viene sufriendo golpes sin respuesta en el seguro médico, las jubilaciones o la contratación cada vez con menos derechos. La Federación Estadounidense del Trabajo (AFL-CIO), que agrupa a 66 sindicatos, ya ha anunciado el apoyo a las reivindicaciones de los hispanos el 1º de Mayo.

F. Huertas