EDITORIAL INTERNACIONAL

El legado de Bush

El Pentágono estudia la utilización de bombas nucleares tácticas, la bomba con ojiva atómica B61-11, para destruir las instalaciones nucleares subterráneas de Irán

La publicación en dos medios de comunicación norteamericanos, el periódico The Washington Post y la revista The New Yorker, de que la Casa Blanca estudia la posibilidad de un ataque nuclear selectivo contra Irán, como parte de una estrategia de diplomacia coercitiva más amplia, para presionar al gobierno de Teherán para que abandone su supuesto objetivo de desarrollar un programa nueclear, vuelve a encender todas las alarmas internacionales /o/ ha causado una nueva preocupación mundial.

Los núcleos más duros del complejo militar industrial, si hemos de creer /o/ según lo que escribe el periodista y escritor Seymour Hersh, estarían presionando para llevar a cabo el último servicio /o uno de los últimos servicios / o el más destacado…?/ de Bush a su estrategia de guerras preventivas, de acuerdo con la última revisión de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, en la que se señalaba a Irán como el desafío más serio para Estados Unidos planteado por ningún otro país y primer blanco militar.

Según Herst, el periodista que sacó a la luz las torturas de Abu Ghraib, los Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono, y Dick Cheney, vicepresidente, pretenden que Bush haga antes del final de su mandato “lo que ningún republicano o demócrata, si salen elegidos en el futuro, tendrían el valor de llevar a cabo: Salvar a Irán sería su legado”. Lo que significa, leído precisamente a la luz de la nueva Estrategia de Seguridad nacional, que el sector de los halcones irreductibles pretende utilizar la fuerza militar para dar un paso más en el cerco a China, quebrando el eslabón de Irak, al que dejaría sumido en una crisis de consecuencias imprevisibles, y, al mismo tiempo, provocando una tensión internacional aguda que obligue a las burguesías monopolistas, como Reino Unido, Alemania, incluso Francia (que ya están unidas en el Consejo de Seguridad de la ONU que se exige a Irán que suspenda las actividades nucleares bajo amenaza de sanciones), a cerrar filas con Estados Unidos.

Descartada una invasión terrestre por razones obvias, mientras busca cómo salir de Irak, y aunque según el The Washington Post el ataque no se realizaría a corto plazo, la Casa Blanca lo está considerando como una “opción posible”. El Pentágono estaría estudiando la utilización de bombas nucleares tácticas, la conocida como bomba antibunker con ojiva atómica B61-11, para destruir las instalaciones nucleares subterráneas de Irán.

La Fuerza Aérea USA y la CIA ya estarían elaborando una lista de objetivos, entre los que estarían la planta nuclear de Natanz, a 300 kilómetros al sur de Teherán, donde Irán concentra las principales activiades de enriquecimiento de uranio, y la instalación para conversión de uranio en Isfahan. Y entre las opciones posibles que barajan los sectores más duros está desde el ataque selectivo dirigido contra los emplazamientos nucleares claves, hasta una campaña de bombardeo más amplia destinada a destruir una variedad de objetivos militares y políticos.

Los nuevos planes de la Casa Blanca para Irán, en pleno debate sobre el fracaso de la intervención en Irak y “cómo salir sin perder” , se han convertido en un nuevo elemento de enfrentamiento entre los sectores de la burguesía norteamericana que se oponen a la continuidad de la línea Bush, tanto fuera como dentro de la propia Administración.

Muchos oficiales y especialistas militares miran alarmados la posibilidad del ataque nuclear táctico a Irán. “Un ataque a Irán, advierten, en el mejor de los casos retrasaría su programa nuclear durante unos años y en cambio podría volcar la opinión internacional en contra de Estados Unidos, particularmente en el mundo árabe, además de concentrar sobre las tropas norteamericanas en Irak mayor peligro de represalias”.

Sin embargo, la agudización de la debilidad estratégica norteamericana, que los fracasos y la incompetencia de la línea Bush están acelerando, acentúan también su aventurerismo; por lo que el peligro de una intervención militar en Irak es una “opción real”. Adopte la forma que adopte, selectiva o ampliada a blancos políticos, ejecutada por el ejército norteamericano, o como sugieren otros halcones “dejando actuar a Israel”, incluso en una operación conjunta, con la gravedad añadida del uso de armas nucleares tácticas, lo que sí está claro es que supone un grave peligro para el pueblo iraní, y para la estabilidad y la paz mundial.

La denuncia de los planes de Bush ha de ir acompañada de la denuncia de todas aquellas políticas de los gobiernos que, en aras de tener manos libres para desarrollar sus propios intereses regionales, se alineen, apoyen, consientan o no denuncien los nuevos planes de “guerra preventiva” de Bush.

Un nuevo foco de terror, destrucción y muerte para miles de personas; un foco de tensión y peligros para la paz mundial. Ese sería el auténtico legado de Bush, que no haría sino incrementar el que ya nos deja.