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Elecciones en Italia
Il Cavalieri destronado

La reforma electoral asigna la mayoría absoluta al partido más votado, aunque sea por un solo voto. Impuesta por Berlusconi, ha acabado ahorcado con su misma soga

La Unión, la coalición de centro izquierda presidida por Romano Prodi, ha conseguido finalmente ganar las elecciones italianas. Con mayoría en las dos cámaras, Prodi se asegura el gobierno que tendrá que abandonar Silvio Berlusconi.
Con el cien por cien del voto nacional escrutado, en la Cámara de Diputados La Unión de Prodi ha logrado el 49’80%, frente al 49’73% de la Casa de las Libertades de Berlusconi. La alta participación, el 83’6%, superior al 81’4% de 2001, ha acabado por inclinar la balanza del lado de la coalición de centro izquierda.

Pese a la escasa diferencia de sólo 25.224 votos, La Unión controlará sin problemas la Cámara de Diputados, con 341 escaños, por los 277 de Berlusconi. Todo en virtud del “premio de mayoría” establecido por el sistema electoral, reformado hace apenas seis meses por Berlusconi, que asigna la mayoría absoluta al partido más votado, si ningún partido o coalición alcanza el 55% de los votos. Berlusconi, que impuso esta reforma para intentar asegurarse el triunfo, después de su derrota parcial en las elecciones regionales del año pasado, ha acabado ahorcado con la misma soga que preparó para sus contrincantes.
También en la Cámara Alta (al cierre de la edición del De Verdad) los resultados daban la mayoría a La Unión, al conseguir al menos cuatro de los seis escaños del voto inmigrante, más el apoyo del senador elegido en Argentina, 159 escaños, frente a los 156 de la Casa de las Libertades.

Cuando hace un año el mismo Berlusconi planteó las elecciones regionales como “la primera vuelta de las legislativas de 2006”, seguro que no supondría que el tiempo le daría toda la razón. Si entonces el centro izquierda ganó en12 de las 14 regiones, amenazando su reinado, las legislativas de abril han acabado por destronarle.

¿Pero cuáles son las claves de su derrota? La situación económica y social; las tensiones territoriales y la guerra de Irak, han acabado por pasarle factura. Hace cinco años Berlusconi contó con el apoyo del gran capital monopolista italiano, que esperaba que el “magnate” Berlusconi pusiera orden en el caos económico e hiciera las reformas necesarias para relanzar la industria del país. Pero nada de eso ha ocurrido, la economía italiana tiene sólo un crecimiento del 0’7% anual desde la llegada de Berlusconi en 2001. Una deuda pública que supera el 105%. Es la más endeudada entre las grandes de la unión europea, con un déficit fiscal del 4%.

Al estancamiento económico hay que sumar la pérdida progresiva del Estado del Bienestar, con un aumento espectacular de la precariedad laboral. Aunque la nación italiana ha resistido los ataques a la unidad, las tensiones territoriales, alimentadas por sus socios de la Liga Norte, reivindicando los privilegios del norte rico de la Padania, han puesto en su contra a parte del electorado que ha visto atacada la unidad de la nación italiana en nombre de los privilegios.

Y por último, el fiasco de la guerra de Irak, ha convertido la oposición multitudinaria a la guerra y a la presencia de soldados italianos en un voto de castigo.

Estas elecciones pueden ser el principio del fin del “berlusconismo”, que entre otras cosas habrá de afrontar ahora varias causas judiciales por corrupción abiertas contra “il Cavalieri”. Pero cómo va a repercutir el triunfo de La Unión de centro izquierda en la resolución de los problemas que aquejan Italia y demandan las clases populares que han votado a Prodi es una incógnita.

¿Cómo va a compaginar el nuevo gobierno de Prodi su compromiso de flexibilización del mercado laboral hecho al capo de la patronal, Luca Cordero, con las promesas sociales para acabar con la precariedad? ¿Cómo sacará las tropas italianas de Irak, y al mismo tiempo mantendrá la alianza con EEUU? ¿Cómo afrontará la nueva etapa de hegemonía alemana que ha abierto Merkel en la UE?

F. Huertas