INTERNACIONAL Francia |
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| El primer ministro, Dominique de Villepin, y el presidente de la República, Jacques Chirac, tras diez semanas de crisis y decenas de manifestaciones convocadas por los jóvenes, los estudiantes y los sindicatos, se han visto obligados a retirar el “contrato de primer empleo” (CPE), que trataba de dar un paso más en la precarización del empleo para los jóvenes. En poco menos de un año los franceses, sobre todo la clase obrera inmigrante y los jóvenes, los estudiantes y los desheredados de los barrios de las grandes ciudades convertidos en guetos de marginación, han inflingido el tercer revolcón a la decrépita casta de la burguesía francesa encabezada por los Chirac y Villepin. Dijeron No en referéndum a la Constitución europea diseñada por el eje franco-alemán. Saltó la rebelión en los barrios donde se concentran los sectores más marginados y excluidos, dejando al descubierto una mezcla explosiva de paro, marginación, racismo y odio que mantiene a millones de personas, sobre todo jóvenes excluidos de la riqueza y el empleo. Y ahora han salido a la calle para impedir que, mientras se mantienen los escandalosos privilegios que el Estado concede a los grandes bancos y monopolios, se desmantelen los derechos sociales y laborales. Desvelado el verdadero trasfondo del “modelo social europeo”, la crisis del régimen se profundiza. Chirac ha anunciado que el CPE será reemplazado por una serie de medidas destinadas “a favorecer la reinserción en el mercado laboral de los jóvenes con dificultades, una revisión de cuatro fórmulas ya existentes de contratos juveniles subvencionados”. Pero la retirada del CPE ya no es suficiente para detener la marea social levantada. La CGT, una de las cinco grandes centrales sindicales del país, quiere que las movilizaciones continúen ahora contra el otro contrato precario que el gobierno aprobó sin resistencia el verano pasado, el Contrato Nuevo e Empleo (CNE) para empresas de menos de 20 trabajadores. Y la UNEF, el sindicato universitario, aprobaba en asambleas “mantener la presión” hasta el voto definitivo en el Parlamento. La profundidad de la crisis del modelo social es de tal envergadura que, cualquier solución, a las crecientes demandas populares sólo puede ser la antesala de la siguiente: Y, al mismo tiempo, deja en el aire la salida electoral del régimen en las elecciones que esperan a la vuelta de un año. F. H. |
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