NACIONAL Clamoroso
vacío en el cinturón industrial y entre los votantes de
izquierdas Los dos extremos al Estatuto se encuentran en una aprobación por encima del 45% en las comarcas centrales (donde se concentra el mayor número de municipios menores de 1.000 habitantes), y un rechazo por encima del 65% en el Baix Llobregat, el Vallés Occidental o el Tarragonés, algunas de las zonas obreras por excelencia de los grandes cinturones industriales de Cataluña |
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| Vistas la cifras globalmente, con dos de cada tres catalanes no dando su apoyo al nuevo Estatuto y un 54% que le han dado la espalda no yendo a votar o haciéndolo en blanco, toda valoración que no ponga de manifiesto la debilidad con la que ha nacido es tan clarividente como ponerse al volante de un deportivo con los ojos vendados. Como sabe cualquiera sin ser arquitecto, se puede poner en pie una casa sin necesidad de dotarla de una estructura sólida. Y es probable, incluso, que aguante en pie durante un tiempo más o menos prolongado. Pero lo seguro es que, a la larga, bastará cualquier alteración sensible de las condiciones para que se venga abajo. El nuevo Estatuto de Cataluña nace sin los cimientos imprescindibles que requiere cualquier norma política de este rango: disponer de una amplia y firme base de apoyo social. Y, a la larga, estas carencias pasan factura. Pero esta debilidad con la que nace el Estatuto es todavía mayor si descendemos a analizar los datos particulares, si desglosamos las cifras globales para analizar en concreto donde residen sus fallas estructurales. Y entre ellas destaca, en primer lugar, su elocuente falta de apoyo en el cinturón industrial de Barcelona, en las poblaciones del área metropolitana donde se concentra de forma preferente la clase obrera catalana y una parte sustancial del pueblo trabajador. Localidades como Hospitalet, el Prat, Gavá, Viladecans, Santa Coloma, Terrassa o Sant Boi de Llobregat no sólo superan con creces la media de abstención, sino que se sitúan 10 ó 15 puntos por encima de las ciudades de las comarcas centrales. Los resultados del referéndum catalán confirman lo que, elección tras elección, va quedando cada vez más de manifiesto en el mapa electoral español: a mayor población, a mayor volumen y tamaño de las poblaciones, con más libertad se expresa el voto de los ciudadanos. A menor tamaño y mayor lejanía de los centros dinámicos, más control y un voto más uniforme. No en vano los dos extremos al Estatuto se encuentran en una aprobación por encima del 45% en las comarcas centrales (donde se concentra el mayor número de municipios menores de 1.000 habitantes), y un rechazo por encima del 65% en el Baix Llobregat, el Vallés Occidental o el Tarragonés, algunas de las zonas obreras por excelencia de los grandes cinturones industriales de Cataluña. Rechazo que coincide, además, con los lugares donde tradicionalmente el voto de la izquierda es mayoritario cuando no hegemónico. En el cuadro 1, donde se recogen los datos de algunas de las poblaciones más significativas de Barcelona y su área metropolitana, la característica común a todas ellas es que en las elecciones generales, el PSC-PSOE obtiene de forma sistemática por encima del 45, el 50 o el 55% de los votos, excepto la ciudad de Barcelona, donde se sitúa en torno a un 40%. Pero si a ello le sumamos los votos del resto de partidos de izquierdas, el resultado es que son ciudades donde el voto de izquierdas está, como media, por encima del 70%. Y en ellas, justamente, es donde el rechazo y la falta de apoyo al nuevo Estatuto se ha expresado de forma más contundente y visible. La desafección de una parte importantísima de votantes socialistas y comunistas (y en gran medida también de los republicanos) hacia las consignas de las cúpulas dirigentes del PSC e IC no hace sino reflejar el creciente abismo que existe entre unas elites políticas que gobiernan exclusivamente de acuerdo con sus intereses de casta burocrática regional, reclamando más poderes, competencias y financiación; y unos votantes que saben por experiencia que nada de esto va a significar una mejora en sus condiciones sociales. Y a los que además importan bien poco las disquisiciones de estas castas sobre las definiciones identitarias cuando ellos viven con toda normalidad y sin ningún tipo de conflicto su condición de ser y sentirse tan catalanes como españoles. Los resultados del referéndum han vuelto a poner sobre la mesa la necesidad y las posibilidades de una izquierda no nacionalista, que frente a la deriva identitaria de la izquierda parlamentaria en Cataluña ofrezca una alternativa basada en luchar por las necesidades y las demandas del pueblo trabajador. Toni Belloch |
Los resultados del referéndum catalán confirman lo que, elección tras elección, va quedando cada vez más de manifiesto en el mapa electoral español: a mayor población, a mayor volumen y tamaño de las poblaciones, con más libertad se expresa el voto de los ciudadanos.
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