NACIONAL - CATALUNYA

El voto de los inmigrantes en Cataluña
El peligro democrático

Quieren patrimonializar la identidad de Cataluña para dividir y enfrentar
a la población

"[El voto de los inmigrantes] es una amenaza para el proyecto de país. [...] Cataluña no está en condiciones de regalar derechos políticos." Así se expresaba el dirigente de CiU Felip Puig. Dias más tarde, el secretario general de Unió Democrática de Catalunya martilleaba que “no tiene sentido que personas que no conocen nuestra lengua, ni nuestra cultura, ni nuestra identidad, puedan ejercer el derecho a voto”.

Los derechos no se regalan. No hay mejor forma de sintetizar el pensamiento de la élite de propietarios que conforman el cogollo de la burguesía catalana, que identifican la personalidad de Cataluña con sus títulos de propiedad y se consideran capacitados para otorgar o retirar graciosamente derechos.

Como un resorte, algunos de los más significados representantes de la burguesía catalana han saltado indignados ante la sola mención de la posibilidad de conceder el voto a los inmigrantes. Es curioso que Carod Rovira, representante de una falsa izquierda que intenta colarse en el clan de propietarios, se haya sumado a la algarabía, asegurando que el derecho al voto “debe venir acompañado por el ejercicio de algunos deberes con el país”, entre los que citó “la voluntad de contribuir a asegurar y perpetuar la lengua del país”. Artur Mas o Duran Lleida han ido más lejos, colocando como condición para el acceso al voto la realización de un curso de lengua, cultura e historia catalanas.

Pero la cuestión es mucho más prosáica. La “integración en la realidad catalana” que la burguesía catalana exige para poder votar no tiene nada que ver con la lengua o la cultura. Para Mas o Duran Lleida, “integrarse” es en primer lugar “aprender” quienes son los propietarios y quienes los empleados. El buen catalán es quien acepta el dominio de la burguesía catalana.

Pero tampoco hay que sorprenderse en exceso. Siempre han sido así. A finales del XIX, la patronal catalana Fomento del Trabajo hablaba de Cuba o Filipinas en los siguientes términos:«No tenemos dudas: la afirmación de nuestro poder brota espontáneamente de la convicción de nuestra superioridad intelectual y moral sobre las razas, aún más afines a la nuestra». La independencia no valía para las colonias, debían seguir siendo el mercado cautivo de sus productos. Ellos, los propietarios, los dominadores, tenían derechos a explotar a las«razas inferiores», como ahora tienen derecho a explotar a los maquetos o charnegos.

Durante las oleadas de inmigración que desde toda España se dirigieron hacia Bilbao o Barcelona, los nuevos trabajadores debían soportar el desprecio programado. Ayer eran murcianos o extremeños, hoy son ecuatorianos o marroquíes: independientemente de su origen, gente vulgar que no debe invadir el territorio de los propietarios.
Cuando no están “convenientemente integrados”, la ampliación de la democracia a los empleados puede suponer un peligro para los propietarios.

Francesc Ten

El voto de los inmigrantes es para las cabezas de la burguesía catalana un peligro para sus proyectos de país.