NACIONAL

El problema del agua en España (I)
Un bien común y un problema nacional

El agua ha pasado de ser un problema nacional a convertirse en un problema local manipulado por las burguesías burocrático administrativas de cada comunidad

Muy poca gente conoce que la gran obra hidráulica del siglo XX, el trasvase Tajo-Segura, inaugurado en 1979, fue diseñado por primera vez durante la dictadura del general Primo de Rivera y aprobado, en el año 1933, en tiempos de la II República a propuesta del ministro de Fomento, el socialista Indalecio Prieto. La guerra civil impidió la realización de la obra, que posteriormente retomó el régimen franquista.

Un año más los datos de la sequía a finales de Agosto de 2006 vuelven a ocupar las portadas de los medios de comunicación. En el conjunto de España la reserva de agua en los pantanos se sitúa por debajo de la media del último decenio, ha vuelto a bajar un 1,5% situándose al 49’7% de su capacidad, frente al 50’3% en 2005 y la media de los últimos diez años del 63,3%. La cuenca del Segura sigue siendo la peor de España, a sólo el 12% de su capacidad; seguida de la cuenca del Júcar con el 13’8%. En las zonas más afectadas por la sequía, los regantes dudan de que los embalses puedan recuperarse para el 2007, con lo que el 2008 sería aún peor. La Generalitat valenciana cifra ya las pérdidas económicas en 500 millones de euros y en 130.000 las hectáreas de cultivo que sufren los efectos de la falta de agua.

El problema del agua en España es un problema secular, como consecuencia de una distribución hídrica y un régimen de lluvias irregular que ha llevado a hablar de una España húmeda y otra seca, con periodos de sequías que agravan las carencias y que la perspectiva del temido cambio climático, con lluvias torrenciales pero muy espaciadas en el tiempo que pueden prolongar los periodos secos, pueden agravar aún más.

Sin embargo, con el agua pasa como con el pedrisco, que el auténtico problema está en otro sitio. El agua ha pasado de ser un problema nacional, al que se le han buscado diferentes soluciones, pero siempre desde una perspectiva de los intereses comunes de la nación en su conjunto – desde los regeneracionistas del aragonés Joaquín Costa al plan hidrológico que intentó José Borrel en 1993, pasando por la IIª República, incluso el franquismo- a convertirse en un problema local. Manipulado por las burguesías burocrático administrativas en cada región, comunidad autónoma o nacionalidad, y convertido en instrumento de enfrentamiento de unas comunidades con otras, de unos españoles con otros, en función de sus intereses propios y cálculos electorales. O utilizado por la dirección de los dos grandes partidos, PSOE y PP, como arma arrojadiza y elemento de negociación en función de su rentabilidad política, con total desprecio de los intereses populares y nacionales.

Lo que es un bien común del conjunto de la nación y de todos los españoles, el agua, base imprescindible no sólo de las necesidades de la población sino del desarrollo económico del conjunto del país, se lo están apropiando las castas burocráticas en el poder. Que en el colmo de un auténtico “disparate nacional” se han lanzado al blindaje de las cuencas hidrográficas en sus diferentes estatutos de autonomía. ¿O es que no es un esperpéntico disparate que la clase política andaluza se atribuya las competencias exclusivas sobre la cuenca del Guadalquivir, la aragonesa el Ebro en competencia con la valenciana y la catalana, la castellano-manchega sobre la cuenca del Tajo?

Desde esa posición sólo importan aquellas soluciones locales o parciales que favorezcan los intereses inmediatos y mezquinos de las burguesías burocráticas. Se rechazan proyectos y alternativas, no porque no sean buenas para los intereses de conjunto, sino porque las propone “el otro”. Atacan como excluyentes soluciones que pueden ser complementarias (desaladoras contra trasvases). Se alimenta la insolidaridad entre los diferentes territorios y se difunden los mayores disparates en función de los intereses partidistas o las alianzas por el poder, sin ningún respeto a los datos y por buscar la verdad en los hechos. Tales como los “mitos” de que el agua se derrocha en las zonas con más agricultura o escasez de agua, que además son los “que menos pagan por el agua”, o que reduciendo el consumo humano se resolvería el problema.

Por el contrario, los datos demuestran varias cosas. En primer lugar, que la gestión hídrica en el conjunto del país, si bien está aún muy lejos de ser “modélica” como dice el representante de la Federación Nacional de Regantes, Andrés del Campo, sí hay un cambio de tendencia y una creciente preocupación y mejora para un aprovechamiento integral del agua, con el desarrollo de la depuración, el ahorro, la modernización de los regadíos, la reutilización de aguas y la desalación. Como ejemplo significativo, las técnicas de riego por goteo y aspersión se situaron en 2003 en el 48,5% del total, muy cerca ya de superar el riego por inundación. Y en ello las comunidades de Murcia y Valencia juegan un papel destacado. La modernización de regadíos y la mejora en las redes de distribución permitió, según datos de las consejerías, ahorrar en el 2005, 175 hectómetros cúbicos en la Comunidad Valenciana y otros 107 en la de Murcia. La Comunidad Valenciana redujo en 2003 su consumo global de agua en un 4’6%.

Si Andalucía es la comunidad que más agua consume (25’1% del total nacional) las comunidades de Murcia y Valencia están entre las que menos consumen (ver cuadro). Y en cuanto al precio del agua, Murcia es, fuera de las islas, la comunidad que más paga por el agua, 1’41 euros por metro cúbico, seguida de la Comunidad Valenciana con 1’20 euros.

Sin embargo, son las fugas de agua por el estado de las canalizaciones una de las mayores pérdidas del agua disponible: hasta un 20% en 2004, lo que significan 881 hectómetros cúbicos, casi 73’6 hectómetros por mes, equivalentes al consumo de todo el año del consumo humano en la comunidad de Murcia; mucha más del agua trasvasada del Tajo. Aquí sí estamos hablando pues de un despilfarro significativo ¿por qué desde el gobierno central, los autonómicos y ayuntamientos no se toman muchas más medidas y se invierten más recursos en mejorar las redes de distribución? ¿Por qué no se exigen esas medidas a los grandes monopolios públicos que controlan el suministro?

Un segundo mito que los datos derriban es el del despilfarro en la agricultura y el turismo. Más de las tres cuartas partes del agua consumida en España, sobre el 80%, se emplea para el regadío. Alrededor del 13% es consumida por el consumo humano en ciudades y pueblos y un 7% por la industria.

Agricultura y turismo son dos de las principales fuentes de riqueza del país. La manipulación de que el uso del agua en estos sectores va en beneficio de “las zonas turísticas del sur” o los campos de Murcia y Valencia, son una falacia. La riqueza que se crea en estos sectores no es “local” es una riqueza nacional que repercute en el conjunto del país, porque repercuten en dinamizar gran parte de los demás sectores, de la industria, el transporte, los servicios… ¿Cuántas empresas establecidas en Cataluña o el País Vasco, Madrid o Aragón (fertilizantes, químicas, materiales de construcción, siderúrgicas, fabricación de vehículos agrícolas o comerciales…) dependen en gran medida de los productos y bienes que necesita la agricultura o el turismo?

El turismo (ver recuadro) genera en nuestro país el 11% del PIB. ¿Se puede decir que si un turista consume el doble de agua que un nacional es un derroche? ¿O es una inversión tan rentable como el petróleo, si tenemos en cuenta además que el consumo humano total –incluidos los turistas por supuesto– no va más allá del 13% del total? La agricultura más rentable se da precisamente en la España seca, ¿por qué no se ha de buscar alternativas para que un buen aprovechamiento de los recursos hídricos del conjunto del país pueda seguir incrementando esta riqueza social y nacional? (Otra cosa distinta, será qué es lo que hay que hacer para que esta riqueza tenga una mejor distribución social. Pero ese es otro tema.)

Hoy, el desarrollo de la conciencia colectiva sobre el agua, y los avances científicos y técnicos permiten abordar soluciones integrales, más allá de cualquier visión catastrofista. El auténtico problema del agua en España, está por lo tanto en qué hay que hacer para buscar soluciones que, desde los intereses del conjunto de la nación, resuelva de forma solidaria en integral las necesidades de agua, tanto para el consumo humano como para la creación de riqueza y empleo en todas y cada una de las regiones, comunidades y nacionalidades de España. Atendiendo a un desarrollo sostenible y solidario.

Dar conocimiento sobre las diferentes alternativas complementarias (desaladoras, embalses, trasvases, depuración de aguas, aprovechamiento de las aguas de lluvia, modernización de regadíos y conducciones, etc.); recoger las diferentes alternativas y puntos de vista; abordar las repercusiones del cambio climático; y aportar elementos para una alternativa nacional, científica y social es lo que nos proponemos en los siguientes capítulos al tratar el problema del agua en España.


Lo que el turismo aporta

El turismo generó en 2004 el 11% del PIB por su “gran capacidad de arrastre sobre la práctica totalidad de los sectores productivos. Y representa uno de los principales generadores de riqueza y empleo: el 5’3% del empleo nacional, 2.400.000 trabajadores en 2005, que se eleva hasta el 9’6% del total de la economía si se tienen en cuenta los efectos indirectos. El turismo financia cerca del 17% de las importaciones de mercancías de la economía española. Los ingresos por turismo internacional alcanzaron en 2005 los 38.500 millones de euros (¡6 billones y medio de pesetas!). Evidentemente juega un papel estratégico fundamental en el desarrollo de la economía española.

F. Huertas