EDITORIAL NACIONAL

Desarrollo del "proceso de paz" en Euskadi:
Hay que activar la rebelión democrática

El chantaje más peligroso, por taimado y sibilino, es el que ejecutan los dirigentes del PNV que por un lado denuncian la kaleborroca, y por otro alimentan con declaraciones las posiciones de Batasuna

Si ETA se atreve a escenificar un acto como el “gudari eguna” en un monte de Oyarzun, en el que tres encapuchados armados con fusiles de asalto advirtieron a tiros que “seguiremos luchando firmemente con las armas en la mano hasta conseguir la independencia”, no es como consecuencia de su fortaleza, sino porque se han debilitado los mecanismos que la habían arrinconado y colocado al borde de su derrota definitiva; desde la vigencia del pacto antiterrorista a la presión judicial y policial. Pero sobre todo porque se ha desactivado la rebelión ciudadana y democrática.

Hace dos años ETA y su entorno no se hubieran atrevido a convocar un acto de esta naturaleza sin que eso supusiera una nueva andanada de piedras contra su propio tejado. Hoy aparecen envalentonados porque se les han dejado las calles de Euskadi libres y ellos han vuelto a ocuparlas. Desde hace meses, sobre todo desde que Zapatero pidió al Congreso autorización para iniciar el proceso para “el final dialogado del terrorismo” y a partir de que ETA anunciara el “alto el fuego permanente”, son las manifestaciones y actos de Batasuna, legales o no, autorizadas o no, las que ocupan las calles del País Vasco.

La conquista de la calle frente al terrorismo y al nacionalismo étnico y excluyente, a partir del asesinato de Miguel Ángel Blanco, fue una de las victorias más importantes del movimiento de rebelión ciudadana, de las que más han contribuido al arrinconamiento político y social de ETA y su entorno. Y junto a esa conquista otras dos tan fundamentales como esa: la imposición en los hechos y en la calle de la unidad de todas las fuerzas constitucionales y democráticas; y la denuncia de la complemetariedad entre el nacionalismo étnico y excluyente y el terrorismo. Es decir, de la responsabilidad –evidente en muchas ocasiones, pero sobre todo a partir del pacto de Estella– de la dirección del PNV encabezada por los Arzallus, Eguibar, Ibarretxe…, en la continuación del terrorismo y la imposición de un auténtico régimen con rasgos totalitarios, étnico y excluyente, sobre la base de la estrategia “del árbol y las nueces”. Estrategia que los herederos de Arzallus han convertido en chantaje permanente.

Los chantajes de Batasuna-ETA eran y son previsibles e inevitables. Difícilmente una banda terrorista va a renunciar a utilizar lo único que tiene, ejercer presión con métodos mafiosos y terroristas, para sacar el máximo de concesiones. Están débiles y si rompen la tregua lo estarán aún más. Ahora bien, el chantaje más peligroso, por taimado y sibilino, es el que ejecutan los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco. Por un lado denuncian, con la boca pequeña, la kale borroka, y por otro alimentan con declaraciones las posiciones de Batasuna. ¿O no es echar leña al fuego proponer “el plan Ibarretxe” y los acuerdos de Estella como base de partida para la mesa de partidos; o pedir la competencia sobre prisiones para “acercar los presos al País Vasco” como ha dicho Ibarretxe? ¿Y qué decir de las declaraciones de Imaz sobre la aceptación del derecho a decidir de los vascos “porque si no la unidad con España siempre será frágil”, como si Euskadi no fuera una parte de España y estuviera sometida a su yugo?

El chantaje del nacionalismo excluyente tiene como objetivo lograr una mesa política en la que sea posible conseguir lo que no han podido hacer con 30 años de sacar rédito de los pistoleros: una situación de “nación asociada” al estilo Montenegro.

El gobierno de Zapatero no parece haber cedido, al menos todavía, a las exigencias de ETA: acercamiento de presos, legalización sin condiciones de Batasuna, la negociación de la autodeterminación o la territorialidad sobre Navarra…., lo que explicaría las presiones de la banda. Es la desactivación del movimiento de rebelión ciudadana la auténtica concesión al complejo del nacionalismo étnico y Batasuna-ETA y la de mayores consecuencias: calles libres, ruptura del frente democrático constitucionalista y quiebra de la línea de firmeza que representaba el movimiento de rebelión ciudadana y que ahora ha quedado en manos (aparte de la posición individualizada de Savater, Rosa Díez, Nicolás Redondo, Maite, el Foro de Ermua,…) del Partido Popular, incluso de los sectores más derechistas, paralizando importantes sectores democráticos y patrióticos.

En estas condiciones de doble chantaje, no basta con la vuelta al pacto por la libertad y contra el terrorismo entre PP y PSOE. Es preciso la reactivación de la rebelión democrática ciudadana en Euskadi, y por extensión a todo el país, como base de un movimiento de unidad de todos los sectores patrióticos y democráticos. Reactivar las organizaciones de la rebelión democrática, Basta Ya, Fundación para la Libertad, Foro de Ermua, Víctimas, etc. Reactivar personalidades y sectores como los concejales no nacionalistas amenazados o los exiliados vascos por el nazifascismo. Reactivar partidos políticos, fuerzas sindicales y todo tipo de organizaciones ciudadanas, con un doble objetivo. Por un lado presentar un frente de unidad popular frente a los chantajes del terrorismo y el nacionalismo étnico y excluyente. Por otro mantener la línea de firmeza, exigiendo al gobierno de Zapatero que “el proceso para el final dialogado del terrorismo” no suponga pagar ningún precio político que ponga en peligro la unidad de Euskadi con el resto de nacionalidades y regiones de España.


Editorial gráfico: El Roto

MPortDV19-2006