Cuando la "promoción" lingüística
se utiliza para excluir: La promoción se convierte en exclusión, la igualdad en imposición, la libertad en coacción, en considerar a los castellano- hablantes como catalanes o gallegos de segunda. |
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| Las lenguas de las nacionalidades han encontrado unos dudosos partidarios que permanentemente arrojan piedras sobre el tejado que dicen defender. La promoción del gallego, el catalán o el euskera fue en la transición un elemento de cohesión democrática en el que se comprometió el conjunto del pueblo español. Por el contrario, la entrega de las consejerías culturales a las fuerzas de choque del nacionalismo más excluyente –ERC en el tripartito catalán o la UPG de Anxo Quintana en Galicia– ha transformado la lengua y la cultura en un instrumento de exclusión. En Cataluña, la conselleria de educación sueña con excluir al castellano de los centros escolares, y la normalización lingüística desemboca en el fomento de la delación y la imposición de multas hacia los comerciantes que no rotulen en catalán. En Galicia, la Xunta elimina el castellano de las oposiciones oficiales, o prima, para acceder a un puesto en un retén anti incendios, el conocimiento del gallego muy por encima de las aptitudes profesionales. La Secretaría General de Política Lingüística de la Xunta nos ofrece la clave al afirmar que “sólo el gallego es la lengua propia de Galicia”. Porque la otra cara de esta tesis es que el castellano –a pesar de que lo hable una mayoría de la población– no es más que una lengua extranjera. Para estos nacionalistas excluyentes, no basta con la promoción del catalán o el gallego. Según ellos el desarrollo pleno de las nacionalidades debe desembocar, de forma natural, en la eliminación del castellano. Y aquí comienza el delirio. La promoción se convierte en exclusión, la igualdad en imposición, la libertad en coacción, en considerar a los castellano- hablantes como catalanes o gallegos de segunda. N. I. |
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