EL OJO DEL BUHO

Jugarse la vida en el mar, jugarse la vida en la obra:
Alimentando a Moloch

La mortalidad laboral de los trabajadores inmigrantes es un 30% superior a la media. Vidas arrancadas para alimentar al Moloch de los rascacielos

Los cadáveres de trabajadores inmigrantes no sólo están unidos a la ruta de los cayucos. El Moloch contemporáneo –aquel antiguo Dios que exigía sacrificios humanos para aplacar su ira, y que Allen Ginsberg convirtió en metáfora del capitalismo– siempre quiere más.

Un senegalés debe poner en juego su vida en un trágico viaje a través del mar, pero ya en los países desarrollados, el insaciable Moloch le exige que vuelva a hacerlo.

Un trabajador inmigrante tiene un 30% más de probabilidades de morir en la ruleta rusa de los accidentes laborales. Por cada 100.000 inmigrantes afiliados a la Seguridad Social, 8,4 murieron en accidentes laborales durante el pasado año, frente a los 6,3 que fallecieron si se tiene en cuenta la población total ocupada. Un total de 78.395 accidentes, 838 de ellos graves y 96 mortales.

Los 490 cadáveres de inmigrantes encontrados este año entre las costas africanas y las españolas no pueden ser ocultados. Pero los 96 asesinatos laborales se recubren de normalidad y silencio.
La primera causa de mortalidad es el sobreesfuerzo, es decir la super explotación ejercida sobre unos trabajadores inmigrantes obligados a aceptar las peores condiciones, los trabajos de mayor riesgo. Que son sometidos a una mayor precariedad –un 34% de contratos irregulares y un 71% de temporalidad–.

La mitad de los accidentes mortales corresponde a la construcción, infierno de una subcontratación que reduce las medidas de seguridad al mismo tiempo que incrementa los beneficios para unos pocos.
Éstas son las cifras de los inmigrantes regularizados. ¿Qué no ocurrirá entre el cerca de un millón que todavía está condenado a la ilegalidad?

Los últimos datos nos hablan de que las manos de los trabajadores inmigrantes son responsables de 3,2 puntos del desarrollo económico español. Sin ellos, el PIB per cápita habría descendido un 0,64%. Para las grandes patronales los accidentes laborales son sólo números. Las mutuas han calculado cuánto vale una pierna o un brazo perdido en un accidente laboral. Las constructoras han delimitado cuántos trabajadores muertos son soportables antes de tomar las medidas de seguridad necesarias. Pura lógica capitalista. Fría. Gélida. A los trabajadores inmigrantes se les aplica esa misma lógica, más un tercio de recarga.

Números que tienen vidas detrás. Unas exprimidas hasta obtenerles la última gota de plusvalía. Otras arrancadas para alimentar al Moloch de los rascacielos.

F.T.