NACIONAL
La dimisión de Ibarra: Lo fundamental de Ibarra es que en un momento clave como el que vivimos se haya significado por su defensa de la unidad de España desde la izquierda |
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| El pasado 19 de septiembre el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, anunciaba su decisión de retirarse de la primera línea de la política activa y no presentarse a su reelección en las próximas elecciones autonómicas. Después de 23 años como presidente extremeño, seis veces reelegido, cinco por mayoría absoluta, Ibarra anunciaba que su etapa como presidente de Extremadura “ha llegado a su fin”. Dos declaraciones sobre su renuncia, aparentemente enfrentadas pero con el mismo fondo oportunista, advierten de hasta qué punto es decisivo sacar conclusiones de esta dimisión. Desde varios sectores del PP se ha visto enseguida la dimisión de Ibarra como una oportunidad para “el asalto electoral a la Junta de Extremadura”. Mientras, desde el editorial de el diario El País, “La retirada de Ibarra”, se veía como la retirada “del último de los barones del felipismo (si exceptuamos a Cháves)”, señalando como uno de los principales “reproches” en su currículum “su resistencia a ceder a las reivindicaciones nacionalistas”. Precisamente son éstos quienes se han alegrado abiertamente de la retirada de Ibarra, al que han atacado como uno de los integrantes en las filas del PSOE del “nacionalismo español”. Y ésta es sin duda la línea de demarcación que coloca a Ibarra a uno u otro lado de la contradicción principal que recorre nuestro país. Lo fundamental de Juan Carlos Ibarra no es su pertenencia a “viejas guardias” del PSOE, o como decía El País a los “barones del felipismo”. Donde sí hay, por cierto uno de los reparos más graves a la trayectoria de Ibarra, su apoyo a Vera y los implicados en la trama de los GAL. Tampoco que se le reconozcan sus méritos por haber transformado Extremadura sacándola del atraso, eso sí con la ayuda de los fondos europeos; por lo que habrá que esperar a que el tiempo diga si ha sido capaz de hacerlo dotándola de recursos propios para hacerla independiente de las subvenciones. Lo fundamental del todavía presidente de Extremadura es que en un momento clave como el que vivimos en los últimos años, se haya significado, como José Bono, Francisco Vázquez, el ex alcalde de La Coruña, Alfonso Guerra o Nicolás Redondo Terreros, el ex secretario general de los socialistas vascos (el primer defenestrado, por cierto, en 2001 tras el ascenso de Zapatero a la presidencia del PSOE), por su defensa de la unidad de España desde la izquierda. Enfrentándose desde ahí a la deriva nacionalista dentro de su propio partido; con críticas a los proyectos de reforma de los estatutos insolidarios y excluyentes, como el catalán; y a los pasos que en el proceso de negociación con ETA suponen concesiones políticas que humillan a las víctimas y pueden suponer pagos políticos que alienten los proyectos secesionistas. ¿Hay que ver, como han hecho algunos comentaristas, en la retirada de Ibarra, como antes en la de Bono, el final de las corrientes patrióticas en el PSOE? ¿No sería ésta una visión al margen de la realidad, que dice que la mayoría de los españoles no sólo es de izquierdas sino que está por la unidad de España? En esta etapa, los “barones” socialistas han representado un contrapoder dentro del PSOE que se ha enfrentado a la deriva de quienes relativizan la unidad nacional. El problema no es qué pueden seguir haciendo fuera, que como Nicolás Redondo, Rosa Díez, o Bono demuestran que se puede hacer mucho, sino trabajar para que las corrientes patrióticas y democráticas sigan desarrollándose dentro del Partido Socialista Obrero Español. Un reto y una exigencia no sólo de los afiliados y votantes socialistas. M. Murcia |
Juan Carlos Ibarra, junto a otros “barones” socialistas como Bono, han sido y sin duda seguirán siendo un contrapoder patriótico y democrático en el PSOE
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