NACIONAL

Nueva política de inmigración del gobierno:
¿Hacen falta más inmigrantes?

Algunos estudios cifran en 400.000 el número de trabajadores inmigrantes que anualmente necesitará España para mantener el actual ritmo de crecimiento

Hay que recuperar las movilizaciones. En toda España millones de personas se manifestaron en diciembre del 2000 contra la Ley de Extranjería durante la campaña “Papeles para todos”.


Como solía decir Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi “Una mentira repetida muchas veces se convierte en realidad”. El constante bombardeo de los medios sobre la llegada de cayucos a las costas Canarias ha creado una situación de alarma entre sectores de la sociedad española. La reciente encuesta del Instituto Opina indica que aunque el 69% de los encuestados reconozca que los inmigrantes realizan trabajos que no hacen los españoles, el 59% cree que el mercado laboral “está saturado” y no puede absorber a más inmigrantes, frente al 40% que piensa que el país puede seguir aceptando la llegada de extranjeros. La “saturación” es el principal argumento del gobierno para justificar que “no habrán más regularizaciones”. ¿Pero es cierto que España está desbordada por la inmigración?

No, rotundamente. Es más, hacen falta más inmigrantes.
Las declaraciones de Zapatero, José Blanco o Fernández de la Vega, han sido desmentidas, en primer lugar, por la patronal y los sindicatos mayoritarios. Han salido al paso del gobierno afirmado que el mercado laboral español ni está saturado, ni mucho menos cerrado.

Además de las declaraciones de los secretarios de CCOO y UGT, el secretario general de empleo, Valeriano Gómez, respondía que el mercado de trabajo español “seguirá necesitando durante mucho tiempo el concurso de los inmigrantes” y que “ninguna economía europea puede prescindir hoy del trabajo de los inmigrantes”.

Las cifras del crecimiento de la economía española en este sentido son contundentes. El último informe de Caixa Catalunya concluye que “La inmigración ha sustentado el crecimiento económico de España en esta última década”. El estudio estima en 3,2 puntos la aportación de los inmigrantes al crecimiento económico, sin su trabajo la renta per cápita habría retrocedido un 0,64%. Estamos hablando de una aportación imprescindible para el crecimiento del PIB anual del 3%.
Entre 1996 y 2005 se redujeron 123.000 empleos en el sector agrario. Sin la llegada de inmigrantes no se habría podido mantener la actividad agrícola: los inmigrantes ocupan en la actualidad el 17% de los puestos del sector. Igual ocurre con la construcción, el 20% de los trabajadores del sector son inmigrantes.

Desde la patronal, José María Cuevas, de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, respondía al gobierno que no puede darse por cerrado ningún mercado de trabajo y que hace falta el incremento de trabajadores inmigrantes en los próximos años.

Vistas las cifras, el trabajo de los inmigrantes no sólo es determinante para el crecimiento económico actual, sino que harán falta muchos más para sostener y aumentar el crecimiento económico español. El informe sobre población activa de la ONU elaborado en el 2000, cifra en casi 80 millones de personas las que tendrán que inmigrar a Europa hasta el 2050, para mantener el porcentaje de población activa entre los 15 y 65 años. Algunos estudios cifran en 400.000 el número de trabajadores inmigrantes que anualmente necesitará España para mantener el actual ritmo de crecimiento. El consejero de Empleo y Mujer de la Comunidad de Madrid, Juan José Güemes, ha asegurado que si la comunidad "mantiene el ritmo de crecimiento económico actual, necesitará incorporar hasta 2010 a su mercado de trabajo a medio millón de personas más, que en su mayoría serán inmigrantes”.

Por ejemplo, es muy cualitativa la parte de la riqueza generada por los inmigrantes que ha revertido en el conjunto de la sociedad española gracias a la regularización. Según el Ministerio de Trabajo, los inmigrantes han aportado 21.500 millones de euros a la Seguridad Social desde 1999 y sólo este año ingresarán en las arcas públicas más de 8.000 millones de euros en aportaciones. Para hacernos una idea, esta cifra equivale al excedente de la Seguridad Social, o es similar a las aportaciones que se harán en 2006 a la hucha de las pensiones del Fondo de Reserva.

En relación a la aportación-gasto de los inmigrantes la cifra vuelve a ser contundente. Por ejemplo, entre los españoles, hay 2,64 trabajadores por cada pensionista; entre los inmigrantes la relación es de 31 por cada uno. El Banco de España ha señalado que la inmigración retrasará casi una década el déficit de la Seguridad Social. Por otra parte, según los datos del INEM hay menos perceptores del seguro de paro entre los inmigrantes que entre los españoles y el dinero que reciben es un 20% menos. Si tantos y tan buenos beneficios económicos y sociales trae la inmigración lo que tiene que responder el gobierno es ¿por qué no se regulariza a todos? ¿a quién beneficia realmente el mercado en negro de los inmigrantes ilegales?

El “efecto llamada” es un invento

Las críticas al gobierno se centran en lo perjudicial que fue la regularización. El PP no agota su discurso contra el “efecto llamada”, opinión que respaldan representantes de los órganos de UE. Según el pulsómetro también el 58% de los españoles opina que la regularización de hace dos años provocó un efecto llamada.   Es tan absurdo como decir que la caída de una manzana provoca la ley de la gravedad, no que la ley de la gravedad provoque la caída de los cuerpos. La llegada de inmigrantes se debe en, primer lugar, a que existe un mercado laboral abierto en España que “absorbe” y requiere mano de obra. ¿De qué viven entonces cerca de un millón de inmigrantes ilegales? Evidentemente trabajan, en negro, pero trabajan en la construcción, el campo, la industria, servicios… ¿Por qué siguen llegando más inmigrantes? porque hacen falta más trabajadores para la construcción, el campo, la industria…

En cualquier caso de lo que habría que hablar es del “efecto huida” que lleva a que miles de inmigrantes se lancen a buscar la frontera española desde África. La guerras y el hambre se traduce en huir –cueste lo que cueste y pagando incluso con la vida- en busca de un futuro. Francia es el principal responsable del “efecto huida” del Continente Negro. Por ir a lo más reciente, se calcula que el incremento de cayucos de los últimos meses provienes de los senegaleses (son el 80% de los que están llegando a Canarias). Este meteórico aumento no viene de que han “escuchado” que en España ha habido una regularización, sino de que huyen de la crítica situación en que está inmerso Senegal desde hace unos meses debido a los “negocios” de las multinacionales francesas con el nuevo gobierno. ¿Por qué no se habla de esto?

El recibimiento de la Conferencia de Tampere a las propuestas españolas sobre inmigración dejan mucho que desear de la solidaridad y la igualdad entre los países miembros de la UE. A España se le despacha invitándole a continuar ejerciendo de policía de la frontera, cumpliendo –eso sí– con las “recetas” policiales para la inmigración provenientes de Francia y Alemania.

A pesar de que los hechos apuntan en otra dirección, la intoxicación masiva sufrida por la opinión pública entre la “saturación” del mercado laboral y el “efecto llamada” lleva a que sólo el 39% considere que la inmigración está siendo positiva para España, frente al 45%, que la considera negativa, ello a pesar de que 9 de cada 10 españoles aseguran no haber tenido problemas de convivencia con los inmigrantes. Hay que desintoxicarse a base de realidades.  Lo que hace falta es una verdadera política de inmigración basada en el beneficio del conjunto de la sociedad, y que garantice la igualdad de derechos y deberes del conjunto de sus ciudadanos. Que empiece por la regularización plena de todos los inmigrantes que trabajan y viven en nuestro país, y que continúe por el derecho de asociación, huelga, sindicación, voto y participación política de esta importante parte de nuestra sociedad.

Sara Díaz