REPORTAJE CENTRAL - 6 MESES DE "TREGUA INDEFINIDA" DE ETA
Seis meses de “alto el fuego permanente”: Hablan del “derecho a decidir” pero lo que buscan es aprovechar 30 años de régimen de nacionalismo étnico y excluyente y terrorismo |
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| Entrevistas a: Ante el último comunicado de ETA y su aparición en el Gudari Eguna hemos formulado a Fernando Savater Mikel Buesa, Teo Uriarte y Carlos Martínez Gorriarán las siguientes preguntas 1. ¿Cómo valoras el último
comunicado de ETA, leído en el Gudari Eguna y la escenografía
de los encapuchados armados, los disparos al aire, etc.?
“El problema son las concesiones al mundo radical y sobre todo al resto del nacionalismo que quiere aprovechar la ocasión” 1.- Me parece que es un intento de hacer una demostración de fuerza. Yo creo que ETA esta cada vez más preocupada porque cada vez hay más gente que le da puerta. De una manera o de otra todo el mundo piensa que es una cosa del pasado, que ya no tiene fuerza, que no tiene capacidad de acción. Y cada vez más ve que se prescinde de ella y cada vez se encuentra más arrinconada y claro, los presos y una serie de militantes estarán haciendo presión y , por lo tanto, quiere hacer una demostración de fuerza. Una demostración de fuerza incluso, a mi juicio, en contra de parte de la propia ETA, que esté más ya por una labor política. 2.- Me parece que si ETA quiere dejar las armas, reunirse con ella para ver en qué condiciones las van a dejar y si de alguna manera hay algo a medio o largo plazo respecto a los presos, pues me parece que es cosa de sentido común. El problema son las concesiones políticas al mundo radical y, sobre todo, al resto del nacionalismo que quiere aprovechar también la ocasión. La propia mesa de partidos, como institución extra-parlamentaria, es en sí una concesión. Creo que no hay más que decirle a Batasuna que la legalización pasa por la Ley de Partidos, deben aceptar la Constitución, y una vez aceptada la Constitución y dentro de la Constitución pueden presentarse a las elecciones. 3.- Lo primero que hace falta es la derrota del terrorismo, la derrota y no simplemente el cese de la violencia, porque la violencia puede cesar por dos razones: una porque ha perdido y otra por que ha ganado. Es importante que quede claro si cesan porque han perdido. Una vez que hay un derrotado queda dar una oportunidad a la Constitución española al País Vasco, que no la ha tenido, que no ha tenido ocasión en todos estos años de violencia.
“El consenso político permitiría la eliminación de ETA” 1.- Por una lado con la preocupación previsible desde el origen del proceso de la negociación. Pero por otro también como una expresión del talento mediático que tiene ETA y de los diversos recursos agresivos. Es una especie de desfile que tiene un gran audiencia, que forma rápidamente un colapso informativo alrededor de lo que ETA supone en estos momentos. Si el proceso de negociación no hubiera sido un elemento tan desarrollado en los medios de comunicación, probablemente este proceso no hubiera tenido la más mínima importancia. Pero lo tiene aún más porque es la actividad de ETA que hace exhibición de un tipo de reto armado que era más bien propio de otras organizaciones para-militares y de una agresividad enorme. Este mensaje tenía su trascendencia por sí mismo, y tiene mucha más trascendencia porque ETA desde el proceso de negociación constituye un foco fundamental del interés público y mediático. 2.- La verdad es que con lo que ha hecho ETA es muy difícil por parte del gobierno continuar sin hacer concesiones. Yo creo que el interés de todo el bloque democrático, sea conservador de derechas o de izquierdas, es intentar por todos los medios que el gobierno dirigido por Zapatero no haga concesiones a ETA, porque hacer concesiones significaría una hipoteca muy dura para la democracia española. Por lo tanto más que promover condenas, lo que deberíamos hacer es facilitar que el gobierno se echara para atrás y de la manera más cómoda posible pudiera finiquitar la situación privilegiada que hoy en día, por medio del desarrollo del proceso de negociación, tiene ETA. 3.- El consenso político entre los demócratas, del que carecemos en cantidad de temas en España. En otros tiempos ese consenso tenía otros nombres, pero en la política moderna esos procesos fundamentales se llaman pactos. El rechazo a estos acuerdos en procesos que constituyen una Nación, da una enorme agilidad y una capacidad de agresión a un minúsculo corpúsculo terrorista como es ETA. ETA en la Republica Francesa es un elemento casi de mofa, y sin embargo para una sociedad desarticulada políticamente en sus basamientos, es decir, sin el consenso mínimo ante el terrorismo, tiene una gran trascendencia política y unas posibilidades de supervivencia enormes, por lo tanto el consenso político permitiría la eliminación de ETA del mapa.
“Es una reafirmación rotunda de que ETA sigue en sus objetivos” 1.- Hay dos elementos a tener en cuenta en esa escenografía. Uno es que hay una evidente presión hacia el gobierno español para que dé algún paso adicional en las sesiones con la banda terrorista. Y el segundo es que hay una reafirmación rotunda y clara de que ETA sigue en sus objetivos de independencia, de constitución del Estado de la Euskal Herría unificada y en su reclamación de que se suelte a los presos etarras y que no cumplan con sus responsabilidades penales. 2.- Yo creo que esa “hoja de ruta” no puede llegar a buen puerto de ninguna manera, porque la única manera de progresar es efectivamente hacer concesiones, y hacer concesiones implicará en definitiva un reforzamiento de la propia ETA. Y, por tanto, me parece a mí que el resultado en cualquier supuesto será un resultado negativo. 3.- Creo que en estos momentos lo que haría falta es retomar la política del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo y esencialmente combatir a ETA con las instituciones del Estado de derecho. Creo que después de las reformas legislativas que se hicieron a finales de los 90 y principios de siglo el Estado se dotó de instrumentos suficientes como para acabar con el terrorismo, de hecho a principios del 2004 el terrorismo en la práctica había terminado, creo que era el momento de haber ido profundizando en esa vía que había sido exitosa y no dar un giro para meterse en un proceso de negociación, que es justamente el tipo de política que se había propugnado en los años 90 y que había fracasado rotundamente como se vió con el pacto de Lizarra, con la tregua y la ofensiva terrorista que se desencadenó después.
“La pervivencia del nacionalismo étnico es incompatible con la democracia y principal enemigo de la libertad y de la paz” 1.- El acto fue una demostración de fuerza e impunidad, y una provocación al Estado de derecho, que tendrá que responder con algo más que el tópico de que “esa clase de cosas son incompatibles con el proceso de paz” si no quiere caer en el más absoluto de los desprestigios. El mensaje de ETA fue claro y nítido: no piensan disolverse ni delegar sus reivindicaciones en un partido político que acepte las reglas de la democracia. 2.- El Gobierno ya ha hecho concesiones, ése es el problema. En concreto, aceptando las mesas de partidos extraparlamentarias, que son una condición chantajista de ETA. El único proceso que podría acabar bien sería aquel en el que el Gobierno se reúna con emisarios de ETA para decirles que lo único que pueden hacer es disolverse ordenadamente y sin condiciones, y que en ese caso puede hablarse de la reinserción de los presos que renuncien al terrorismo de modo explícito y acepten colaborar con la justicia (por ejemplo, para aclarar los atentados de autoría desconocida). 3.- Lo primero, que ETA desaparezca como resultado de una política democrática adecuada, totalmente respetuosa con la legalidad y apoyada por los partidos democráticos y las instituciones. Es decir, con el Pacto por las Libertades. Lo esencial es extender la idea, y ponerla en práctica, de que la paz sólo se consigue con más libertad, lo que implica que desaparezca la impunidad de los agresores. Si ETA desaparece de este modo, ello afectaría mucho a la pervivencia del nacionalismo étnico, incompatible con la democracia y principal enemigo de la libertad y de la paz. Seis
meses de “alto el fuego permanente”: Hablan del “derecho a decidir” pero lo que buscan es aprovechar 30 años de régimen de nacionalismo étnico y excluyente y terrorismo
Los dirigentes del PNV tienen como programa mínimo común con Batasuna conseguir que el fin de ETA vaya unido a lograr avances en la separación del País Vasco del resto de España. Todo el mundo acepta que Batasuna-ETA
se ha lanzado en una campaña de chantaje para lograr
el máximo de concesiones en el proceso en el que se
“negocia” el final de la banda terrorista. Ahora
bien, lo que ya no está tan claro es el papel que está
jugando en todo este proceso el nacionalismo étnico
y excluyente. Ibarretxe, como lehendakari, se ha dedicado en las dos tribunas a proponer una mesa política de partidos tomando como base su propio plan Ibarretxe, que ya fue rechazado en el Congreso y derrotado en las elecciones; y a reprochar que el gobierno “niegue a los vascos el derecho de autodeterminación en la Europa contemporánea”, en clara alusión a que no se les permite un referéndum como el reciente de Montenegro; insistiendo en que “la relación entre Euskadi y España será siempre frágil mientras no se decida voluntariamente”. Por otro lado, su compañero Josu Jon Imaz, como presidente del PNV, insistía en el Alderdi Eguna en que “su compromiso con el proceso de paz no significa ninguna renuncia a sus propios planteamientos”, que el dirigente peneuvista fijaba en un acuerdo “sin derrotados” para lograr “un autogobierno con más caballos de potencia que garantice la identidad de los vascos y su derecho a decidir”. El llamado “derecho a decidir” –“con o sin ETA”, como dice el portavoz peneuvista Joseba Eguibar– se ha convertido, desde el pacto de Lizarra, en el programa mínimo común que une a todas las familias desde Ibarretxe a Otegui. Es decir, están de acuerdo en la exigencia básica para resolver “el conflicto político”, origen según ellos de la violencia etarra, y que sin concederlo no será posible avanzar en el llamado “proceso de paz”. “El conflicto vasco no concluirá hasta que se llegue a una solución satisfactoria en términos de respeto a la voluntad popular que para nosotros tiene un nombre y es autodeterminación”, como dice Otegui; o la relación de Eusladi con España será débil como dice Ibarretxe. La inactividad de ETA a cambio de avanzar en la disolución de España: sobre este punto se concentran todos los chantajes. A los dirigentes jelkides del nacionalismo vasco sólo les importa la kale borroka o las apariciones de ETA en la medida que puedan retrasar la consecución de sus objetivos, pero mientras, no tienen escrúpulos en seguir utilizándolos como espantajos y recogiendo “las nueces” de sus embates. Hablan del “derecho a decidir”, como si el País Vasco fuera una “nación” dominada por el Estado de otra; pero lo que buscan es aprovechar, en un referéndum al más puro estilo “franquista”, 30 años de régimen de nacionalismo étnico y excluyente y terrorismo en los que han exiliado a más de 200.000 vascos no nacionalistas; han sembrado el miedo entre la población e inculcado en la sociedad vasca una moral y una ideología típicamente nazifscista, donde la impunidad con los verdugos se mezcla con la equidistancia ante las víctimas; y han hecho todo lo posible por sembrar y transmitir, desde un control absoluto de los medios de comunicación y el sistema de enseñanza públicos, el nacionalismo étnico y el odio a España y lo español. A la firmeza ante ETA, con quien sólo cabe negociar el cómo y cuándo entrega las armas y su disolución definitiva, y en ese caso qué medidas de gracia puede ofrecer el Estado, en nombre del conjunto de la sociedad española y de las víctimas, se ha de unir la denuncia del nacionalismo étnico y excluyente de los Arzallus y herederos, sentando las bases para desarticular sus chantajes, desmantelar su régimen y derrotar, de entrada, su programa mínimo común, con el que pretenden conseguir que el fin de ETA vaya unido a lograr avances en la separación del País Vasco del resto de España. La Mesa de partidos, el Plan Ibarretxe y las concesiones a ETA ¿Qué mesa y para qué? La mesa de partidos crea el terreno de juego en el que nacionalismo étnico y el terrorismo tienen más fácil conseguir sus objetivos
Patxi López ha sustituido su promesa electoral de desalojar del poder al nacionalismo excluyente por meterse, y meternos a todos, en el terreno de juego del régimen nacionalista. Si la entrevista del PSE-PSOE con Batasuna, celebrada por Patxi López, ya fue un paso en la dirección errónea, en la de las concesiones políticas, la intervención del secretario general del PSE, en el debate sobre política general en el Parlamento vasco, oficializando por primera vez en sede parlamentaria su apuesta por la mesa política de partidos al margen del propio parlamento, es un paso más en la dirección equivocada. Zapatero, por intermediación de Patxi López, está haciendo oídos sordos a las voces que, desde los sectores patrióticos y democráticos, denuncian esta deriva de concesiones. Sobre todo desde algunos cualitativos de su propio partido y la izquierda de la rebelión democrática, desde Fernando Savater, portavoz de Basta Ya, a la eurodiputada socialista Rosa Díez. Como decía Savater en su artículo publicado en El País, Sin equívocos, la oposición de este sector a la mesa de partidos, propuesta inicialmente por Batasuna e Ibarretxe, no es por seguidismo a la derecha que se opone al proceso abierto por el gobierno, no: “La mesa de partidos es un artefacto para sentarse en el Parlamento, pero fuera y para buscar la legalidad saliéndose de ella. Que no haya equívocos: es por eso por lo que no nos gusta, no porque lo diga el PP. Y sería bueno que a los ciudadanos no se les alimentase con equívocos, por saludable que al principio pueda parecer esa dieta estupefaciente”. En el blog que Rosa Díez tiene en la página de “¡Basta Ya!” se puede leer: “La hoja de ruta que Batasuna estableció en el mencionado mítin de Anoeta se va cumpliendo puntualmente (…). Si se constituyera una mesa de partidos, al margen del Parlamento, estaríamos pagando ya un precio político a ETA (…). Por eso no se puede constituir un foro aparte del Parlamento para discutir sobre cuestiones políticas. Ni en una mesa ni en dos”. Pero el problema no es que en sí misma sea una concesión a Batasuna-ETA; sino en la inquietante respuesta a estas preguntas: ¿por qué es tan necesario constituir esa mesa?, ¿por qué Otegui e Ibarretxe han hecho de la mesa política una cuestión de principios?, ¿qué es lo que se va a jugar o decidir en ella? El problema es que esa mesa constituida fuera del Parlamento, en primer lugar, excluye a las voces que se oponen a la deriva nacionalista, no sólo a los representantes del Partido Popular en Euskadi, también a importantes sectores del socialismo y la rebelión democrática. Pero sobre todo, porque, excluidos estos sectores, es el marco en el que las diferentes familias del nacionalismo étnico y excluyente pretenden conseguir hacer realidad su programa mínimo común: cobrarse el precio por el final “negociado” del terrorismo etarra, un “acuerdo” que permita avanzar en despegar Euskadi del conjunto de España. Lo que ellos llaman “el ejercicio del derecho a decidir” y que no es más que presentar ante la sociedad vasca una nueva versión del plan Ibarretxe, pasado por la factoría de la “vía catalana”, para obligar a los vascos a manifestarse bajo los efectos narcóticos de 30 años de régimen nazifascista y terrorismo. La cuestión pues, no está en que no hayan hecho concesiones políticas a ETA, o que esas concesiones, en sí mismas parezcan formales (reunión del PSE con Batasuna o la aceptación de la mesa de partidos); el problema es que en cada uno de estos pasos están ayudando a crear el terreno de juego en el que nacionalismo étnico y el terrorismo tienen más fácil conseguir sus objetivos y las fuerzas patrióticas y democráticas quedan atrapadas. Una vez metidos en el pantano de arenas movedizas del complejo del nacionalismo excluyente, no sólo es difícil salir, sino que aún saliendo será a costa de un precio muy alto. Patxi López ha sustituido su promesa electoral de desalojar del poder al nacionalismo excluyente por meterse, y meternos a todos, en el pantano. C. Bermeo |
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