INTERNACIONAL
Los ataques de Benedicto XVI al Islam: Lo preocupante es que Benedicto XVI desmantele la política independiente respecto a Washington que Juan Pablo II impuso en el Vaticano. |
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| Un solo hecho ha bastado para dilapidar el prestigio acumulado por Juan Pablo II en el mundo islámico. La cita de un emperador bizantino del siglo XIV que Benedicto XVI incluyó en su discurso de Ratisbona –“ muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”– ha desatado las iras en todos los países islámicos. ¿Estamos ante un conflicto entre las dos principales religiones monoteístas? ¿El error del Papa se corresponde con un exceso de celo doctrinal? El reino del Vaticano pertenece a este mundo, y a él hay que someterlo para dar sentido a sus palabras y actos. El problema es qué posición toma Jesús, la Iglesia, ante Cesar, la superpotencia americana. Al vincular Islam y violencia, Benedicto XVI se ha alineado objetivamente con las tesis que Bush arguye para justificar su cruzada imperial. Amenazando con pulverizar, y esto es lo preocupante, la línea independiente que Juan Pablo II desarrolló, culminando en el sonado enfrentamiento con Washington durante la guerra de Irak. No podríamos imaginarnos a Juan Pablo II ofendiendo al Islam con las burdas maneras que ha empleado Benedicto XVI. Y no, como muchos afirman, porque fuera un pontífice con una vasta cultura política y una extraordinaria habilidad diplomática, en contraposición a su sucesor, un escolástico teólogo al que le sobrepasan los complejos equilibrios terrenales que debe atender el Vaticano. La diferencia entre uno y otro corresponde a dos líneas políticas enfrentadas, que defienden antagónicos papeles para la Iglesia en el mundo. Si el papado de Juan Pablo II terminó con un sonado enfrentamiento con la única superpotencia, participando de forma activa en el frente contra la guerra, el de Ratzinger se estrena en la arena internacional colocándose al lado de Washington en la “guerra contra el terrorismo”. El ayatolá iraní Ali Jamenei consideró las declaraciones del Papa como “el último eslabón de una cruzada contra el Islam emprendida por ciertos políticos”, en clara alusión al presidente norteamericano George Bush. Señalando que “todo el mundo debe considerar que el Gran Satán [nombre con el que se designa a EEUU en Irán] es el responsable, por ser el que se beneficia de las injustas palabras del Papa”. En parecido sentido se han pronunciado líderes religiosos en Líbano, Irak o Egipto, otorgando a las palabras del Papa no sólo el carácter de provocación religiosa, sino sobre todo de aval político a las agresiones norteamericanas. En un momento donde el mundo islámico sufre la ocupación de Afganistán e Irak, los furibundos ataques a Irán, las declaraciones del Papa son algo más que una metedura de pata. Y suponen un giro de 180 grados a la política vaticana. Si algo caracterizó el largo papado de Juan Pablo II no fue su intransigencia moral –algo que habría que descontar de entrada–, sino su firme voluntad de colocar los poderes del Vaticano al servicio de una política independiente de las grandes potencias. Primero participando de forma decisiva en la implosión del socialfascismo soviético, levantando a su Polonia natal frente a los nuevos zares de Moscú. Para más tarde posicionarse, de forma cada vez más activa, ante algunas de las políticas hegemónicas norteamericanas. Tras el 11-S, cuando los sectores más agresivos de la burguesía norteamericana amenazaron al planeta con la imposición de una auténtica dictadura mundial, el Papa elevó su voz para gritar “no a la guerra”. Fue esa oposición al belicismo de Bush lo que le granjeó a Juan Pablo II un elevado prestigio y simpatías, de la Cuba revolucionaria a los países islámicos. ¿Qué línea política está desplegando el actual Papa? Benedicto XVI advirtió desde un principio que su papado tendría “un perfil político más bajo”. En consonancia con esto, la diplomacia vaticana, activísima con Juan Pablo II, ha sido relegada, hasta el punto de quebrar la tradición, nombrando secretario de Estado –la jefatura del Gobierno vaticano– a un cardenal que no había pasado por la escuela diplomática pontificia. ¿En qué se ha traducido este “perfil político más bajo”? Mientras que el Vaticano fue un altavoz contra la guerra de Irak, ante el conflicto del Líbano ha mantenido un absoluto silencio. La política independiente del Vaticano ha dejado de estar presente en la arena internacional. Es desde aquí que debemos valorar los ataques de Benedicto XVI al Islam. Juan Pablo II fue pionero en establecer puentes entre las dos religiones, patrocinando un acercamiento al Islam que Ratzinger siempre deploró. Ahora, el nuevo Papa se alinea al vincular Islam y violencia, con las más rancias tesis del choque de civilizaciones, que intelectuales a sueldo del Departamento de Estado y el complejo militar-industrial difunden desde hace años para justificar los afanes expansionistas del Imperio. Y éstos son, más allá de lo reaccionario de sus posiciones morales, los perfiles más inquietantes del actual papado. Si con Juan Pablo II los pueblos tuvieron en el Vaticano más un amigo que un obstáculo en su lucha contra el dominio norteamericano, ahora está empezando a suceder lo contrario. Joan Arnau |
Si con Juan Pablo II los pueblos tuvieron en el Vaticano más un amigo que un obstáculo en su lucha contra el dominio norteamericano, ahora está empezando a suceder lo contrario.
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