| DV.-
¿Cómo valoras los resultados electorales?
J.D..- Para Ciutadans han sido muy positivos. Pero no el resultado
global, sobre todo por el alto índice de abstención,
del 43%, que no han ido a votar por un claro descontento de
la sociedad catalana con los políticos que, hasta ahora,
han dirigido el proceso. Lamentamos el retroceso de alguna
fuerza de izquierda pero es el resultado de su gestión
de gobierno.
DV.- ¿El
alto índice de abstención no es un rechazo claro
al nacionalismo excluyente y las políticas identitarias?
J.D..- No me cabe la menor duda. Hay un completo divorcio
entre las políticas nacionalistas e identitarias que
se han llevado por parte de Pujol y CiU y que luego ha desarrollado
el tripartito del Sr. Maragalll y grandes sectores de la sociedad
catalana. Lo puso de manifiesto el resultado del referéndum
sobre el Estatuto. Sólo 3 de cada 10 electores lo apoyaron
y no llegó al 50% la participación. Quedando
claro que lo que interesaba al 90% del Parlament, no era ni
lo que demandaban ni lo que interesa a la mayoría de
los ciudadanos.
DV.- ¿Hasta
qué punto ha sido inesperado el éxito de Ciutadans?
J.D..- Para nosotros no ha sido inesperado. Teníamos
un contacto directo con la calle. Nuestros militantes han
estado durante muchas horas en contacto con la gente y veíamos
que había una corriente de simpatía enorme.
Una vez que presentábamos nuestro proyecto era querido,
como dijo un compañero del partido: “Si se nos
conoce, se nos quiere”. Por todo eso a nosotros no nos
ha sorprendido, han venido a avalar lo que hemos estado afirmando
durante mucho tiempo: “Cataluña no es uniformemente
nacionalista como han afirmado determinadas élites
políticas. Cataluña es mucho más plural
de lo que ha querido hacer creer esas élites.
DV.- El cerco
informativo ha sido tan brutal como ridículo. Las cadenas
de televisión en los estadillos para seguir el recuento
de votos no tenían previsto vuestros resultados.
J.D..- Ha sido tan ridículo que, empresas que elaboraban
encuestas para estos partido e instituciones, no preguntaban
por Ciutadans, y si el encuestado decía que nos iba
a votar le respondían que no podía ser, que
no estaba considerado. Algún famoso analista vino a
decir que a lo mejor Ciutadans entraba. Sí, ha habido
una apuesta para silenciarnos. Pero el voto de Ciutadans es
un voto que se va consolidando al ir conociéndose nuestra
alternativa, nuestro proyecto. El voto de Ciutadans es un
voto ideológico. Y los resultados confirman que nuestro
partido era una exigencia demandada. Los resultados, a pesar
de del ninguneo constante de los medios de comunicación,
es una auténtica heroicidad. Los 90.000 votos conseguidos
son fruto del trabajo constante y desinteresado de todos nuestros
militantes.
DV.- Primero
os quisieron hacer invisibles y ahora que ya no es posible
os atacan. Por la derecha, Rajoy dice que sois como el GIL.
Y desde la izquierda que estáis financiados por la
FAES, los hijos de la COPE y El Mundo.
J.D..- Esto es fruto de las maledicencias y del nerviosismo
de los partidos políticos tradicionales ante un proyecto
como el de Ciutadans que quiere regenerar la vida política
en España. No interesa el proyecto de Ciutadans y quieren
deslegitimarlo con mentiras. Ciutadans, es un partido con
un proyecto ideológico y político que apuesta
por un nuevo concepto de sociedad recuperando el contenido
de ciudadanía, con más de tres mil militantes
en solo cuatro meses de existencia. Nuestra financiación,
lo hemos dicho por activa y por pasiva, es fruto del esfuerzo
de nuestros militantes y de algunas donaciones. Es absurdo
pensar que nos financian organizaciones con las que competimos.
Sólo desde el despropósito y la maledicencia
se hacen esas acusaciones.
DV.- También
han llegado los insultos y las agresiones.
J.D..- Sí, efectivamente. Hay un acoso constante a
las organizaciones que expresamos con normalidad el carácter
español de Cataluña. Nos acusan de “españolistas”
dándole un sentido peyorativo, de “facha”.
Nuestro amor por España no va más allá
de nuestro amor por Cataluña. Nosotros definimos muy
claramente que nos importan las personas, más allá
del lugar donde hayan nacido o de lo que voten. Hacemos una
gran afirmación de catalanidad haciendo visible una
Cataluña plural, frente a los que piden una Cataluña
“catalana”, que paradójicamente no defienden
a todos los catalanes, no defienden a todas las personas.
Determinadas formaciones de carácter claramente reaccionario,
aunque se autoproclamen de izquierdas, quieren evitar la presencia
en las universidades y en las calles de nuestros compañeros.
No lo van a conseguir. Tenemos la razón de nuestra
parte y formamos parte de intrínseca de Cataluña
y de esta sociedad.
DV.- ¿La
irrupción de Ciutadans en el Parlament rompe “el
coto privado” de la partitocracia?
J.D..- La ley electoral está hecha con la clara voluntad
de que no entre nadie nuevo en el Parlament. De hecho Ciutadans
es la primera fuerza política que lo hace sin ser heredera
de ninguna fuerza anterior. Nosotros somos partidarios de
rebajar el 3% de votos, o quitarlo sin más y que el
Parlamento sea verdaderamente representativo de lo que los
ciudadanos votasen.
DV.- ¿Qué
valoración tienes de la reedición del tripartito?
J.D..- Los primeros síntomas no auguran nada nuevo.
Se ha maquillado el tripartito con un nuevo nombre “L’entesa
nacional pel progrés”; pero ese disfraz no oculta
el verdadero rostro. Dicen que defienden “la identidad
nacional plena catalana”; hablan de que por la cohesión
social llegan a la solución nacional. Volvemos a tener,
en principio, más de lo mismo: un gobierno obsesionado
con la identidad que trata de disimular con aparentes medidas
sociales. Para nosotros esto no es compatible. Las medidas
con la identidad nacional van siempre en detrimento de las
medidas sociales que favorezcan al conjunto de los ciudadanos.
Todos los temas identitarios se dejan en manos de Ezquerra,
la política lingüística, la cultura, el
consumo y el turismo (de quienes dependen las “oficinas
de delación lingüística”), etc. Se
da un ascenso a un personaje que salió mal parado del
anterior gobierno, y deja a las claras, o al menos en un indicio,
quién será hombre fuerte del gobierno.
DV.- ¿Por
qué habéis dicho que no haréis pactos
electorales?
J.D..- Por que queremos ser libres. Porque nacemos con voluntad
de ser oposición, lo que no quiere decir que no apoyemos
las iniciativas y propuestas que vayan en beneficio de los
intereses populares. Pero no queremos estar atados con pactos
de gobierno con formaciones nacionalistas.
DV.- ¿Qué
pueden hacer tres diputados en el Parlament; se puede influir
en la polÍtica catalana?
J.D..- Podemos hacer mucho, de entrada representamos a una
parte de la sociedad catalana que se había declarado
inexistente. Vamos a introducir en el Parlament la libertad
lingüística, hablando indistintamente tanto el
catalán como el castellano, haciendo normal en el Parlament
lo que es natural en la calle: la coexistencia de las dos
lenguas. Vamos a ser rigurosos en la defensa de los intereses
de los ciudadanos y en la denuncia de la corrupción,
que han estado presentes en exceso en la política catalana.
Y contribuir con nuestras propuestas en la regeneración
política.
DV.-
¿Tan importante es hablar en castellano en el Parlament?
J.D..- Sí. En Cataluña se ha hecho de la lengua
el elemento de identidad clave para lo que llaman “la
construcción nacional”; y nos parece aberrante
que no se haya tenido en cuenta la realidad social de más
de la mitad de los catalanes. Nadie tiene que pedir perdón
por hablar una lengua u otra. Ramón Jáuregui,
dirigente socialista, ha dicho que “teme que aflore
en Euskadi el fenómeno del Partido de la Ciudadanía”.
DV.- ¿Vuestro
proyecto es válido para toda España?
J.D..- Aunque hemos nacido en Barcelona, en Cataluña
somos un partido de ámbito catalán, pero nuestra
preocupación es global, porque hay políticas
identitarias y las deficiencias de participación están
presentes en muchos lugares. Desde aquí, hacer un canto
a la esperanza. En el primer manifiesto de los intelectuales
se abogaba por la existencia de un nuevo partido en Cataluña
que apostara por una Cataluña menos identitaria, en
definitiva, por una España donde prevalezca el ciudadano
y no las “naciones míticas”. Todo nacionalismo
es caldo de cultivo para enfrentamientos, por ello es necesario
el fortalecimiento de la libertad y la democracia en toda
España.
J. Salvador
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