LA SUBVERSIÓN PLANIFICADA
La Europa de los Pueblos, una amenaza para toda Europa (I) “No es cierto que los Estados emanen de la voluntad de los pueblos en constituirse como sujeto político” |
|||
| El mapa europeo no es, como afirman algunas voces interesadas, un mosaico de lenguas y etnias; un tablero compuesto por piezas bien delimitadas que encajarían perfectamente unas con otras y que, de no ser por la imposición de las fronteras artificiales de los Estados modernos, conformarían la organización «natural» de los pueblos del Viejo Continente. Nada más lejos de la realidad. Los Estados, modernos o antiguos, nunca han sido un producto espontáneo de los pueblos, no «emanan» de la voluntad de éstos sino del interés, la necesidad y la voluntad de las clases dominantes de dotarse de instrumentos de opresión para someter a las clases populares a un régimen de explotación y que constituye, en última instancia, su razón de ser. Es la lucha entre las distintas clases dominantes y la correlación de fuerzas resultante en ese proceso, quien determina su expansión territorial o su retraimiento, su desmembramiento o incluso su desaparición o absorción. Absolutamente ninguna formación estatal a lo largo de la Historia es comprensible ni explicable por la determinación étnica o lingüística, cultural o religiosa, de dicho proceso; sino en términos de lucha de clases, de la búsqueda de poder hegemónico de las clases dominantes –autóctonas o extanjeras–, de sus intereses materiales de explotación y la necesaria opresión resultante. Y, como respuesta por tanto, de las luchas por la liberación nacional y contra la opresión, el saqueo y la explotación de las potencias imperialistas por parte de los países y pueblos oprimidos; que cuando, en contadas ocasiones ha modificado su extensión territorial, siempre ha sido en favor de la unidad nacional y popular y no de la división. La historia común,
la lengua, la etnia, la religión o la cultura, aunque
son factores de gran importancia, intervienen secundariamnete
y, sobre todo, moldeados por lo anterior. Por una parte, las
clases dominantes necesitan homogeneizar su espacio de dominio:
una misma lengua para centralizar la administración
y fomentar el sentimiento de unidad nacional; un mercado único
para organizar la producción, la distribución
y el intercambio de mercancías; esto es, la explotación
de «su» pueblo y las relaciones económicas
con las demás clases explotadoras y el mercado internacional;
un único Ejército para la defensa del orden
social interno y la defensa de «su» territorio. Las clases dominantes tienden a homogeneizar la población, de grado o por la fuerza, y ésta a preservar su riqueza cultural y lingüística, tiende al mestizaje, al mutuo enriquecimiento mediante el intercambio fértil con otros pueblos y culturas, al margen y por encima de leyes, Estados y fronteras. Ésta es una tendencia irrefrenable del ser humano. Pero si la defensa de la lengua y la cultura popular es una justa y sentida reivindicación democrática y popular, nunca ha sido «espontáneamente» elemento de división o enfrentamiento entre los pueblos, sino sólo en la medida en que una diferencia o una contradicción ha sido antagonizada, azuzada y prostituida por la burguesía y el imperialismo. Un imperialismo genéticamente destructivo Con la aparición del imperialismo, la existencia de todos estos elementos subyacentes y coexistentes con la estructura de los Estados, por mínimos que sean, constituyen otras tantas líneas de tensión, incluso de fractura, que son utilizadas si ello permite avanzar en sus planes de dominación. La financiación y apoyo estadounidense a la independencia de una ficticia nación en Panamá frente a Colombia –para así controlar el Canal– es un ejemplo de ello. La exacerbación del enfrentamiento entre musulmanes e hindúes a raíz de la independencia de la India, y que sumió a India y Pakistán en un enfrentamiento sangriento que todavía hoy pervive, es otro. Aquí en España, es conocida la intervención británica, y sobre todo francesa, en apoyo al carlismo reaccionario y antiliberal a lo largo de todo el siglo XIX. Una apuesta para debilitar al país, empantanar el Estado y mantener abierta una herida a través de la cual chantajear –como en Euskadi hoy a través del santuario etarra en Francia– a los gobiernos españoles de turno. Pero hoy en Europa, con el resurgimiento del polo hegemonista emergente alemán lo que era un instrumento se transforma en un objetivo; lo que era un medio, en un fin. La burguesía imperialista alemana apuesta por la reorganización territorial de toda Europa, por la disolución y recombinación de sus estructuras administrativas y territoriales; y por tanto por la desarticulación de los Estados-nación existentes. Incluso, como decía recientemente el Wall Street Journal (DV 2-2005), de los grandes Estados-nación más viejos de Europa (Gran bretaña, Francia y España). Este proyecto no es nuevo. Es, básicamente, la reedición de los viejos planes imperiales de Guillermo II y Ludendorff; la misma Europa de las Regiones diseñadas por las Waffen SS de Hitler. ¿Pero por qué la burguesía imperialista germana se empeña en reeditar, sistemáticamente, un proyecto incendiario contra Europa? En primer lugar,
porque para avanzar en su proyecto de dominio sobre Europa
necesita derribar las estructuras político-militares
levantadas por EEUU tras el fin de la IIª Guerra Mundial para
asegurarse el control de Europa. Unas estructuras que recorren
partidos, sindicatos, fundaciones, empresas, jueces, militares,
organizaciones secretas como la Red Gladio –los aparatos
fundamentales de los Estados, en definitiva– y terminan
en la OTAN, sus bases militares y los cerca de 80.000 soldados
estadounidenses todavía acantonados en Alemania. Unos
aparatos de control que Washington, a través del mencionado
artículo del WSJ, amenazaba con hacer valer para impedir
enérgicamente «el fin de las democracias constitucionales
en Europa», –es decir, el fin de su supremacía
como superpotencia hegemónica en Europa– que
supondría la Europa de los Pueblos germana. ¿En defensa del derecho de autodeterminación? Pero, a pesar de todo esto, se sigue insistiendo machaconamente, especialmente desde ciertos sectores de la izquierda, para quien nacionalismo, izquierda y progeso son sinónimos: ¿no es acaso legítima la tendencia de los pueblos europeos, especialmente de las «naciones sin Estado», a adquirir una identidad política propia, incluso un Estado diferenciado? ¿No es el derecho de autodeterminación un derecho que cualquier demócrata debe defender, y exigir su reconocimiento? ¿No es incluso legítima la aspiración a la formación de «euroregiones» económicas por parte de regiones y nacionalidades que verían así reforzadas sus potencialidades y bienestar, al margen y por encima de los actuales Estados, como por ejemplo la eurorregión del Arco Meditrráneo? Las preguntas son interesantes, pero poco tienen que ver con lo que está ocurriendo hoy ante nuestros ojos en España y en toda Europa. No estamos asistiendo al florecimiento «espontáneo» de reivindicaciones nacionales nunca sepultadas del todo ni a movimientos paneuropeístas que ven en la desaparición de las fronteras internas nuevas posibilidades de negocio. Ni siquiera a las reivindicaciones independentistas de burguesías locales –prueba de ello, el rechazo de la patronal vasca al Plan Ibarretxe–. Lo que se está llevando a cabo desde hace más de una década, financiada por Alemania a través del ministerio del Interior y diferentes fundaciones y organismos, es una compleja estrategia que combina objetivos a corto, medio y largo plazo para la desmembración de los Estados europeos, la desarticulación de las sociedades y los pueblos y su recombinación administrativa y territorial en función de sus intereses de dominio. Ésta, y no otra, es la sustancia de la Europa de los Pueblos, y poco tiene que ver con el derecho de estos pueblos a decidir su futuro. El ministerio del Interior alemán reorganiza Europa En 1994, bajo bajo
la atenta mirada del ministerio del Interior alemán,
se constituye el Partido Democrático de los Pueblos
de Europa-Alianza Libre Europea (PDPE-ALE); un partido de
ámbito europeo similar formalmente al Partido popular
Europeo o al Partido Socialista Europeo, integrados por los
respectivos partidos homólogos en Europa. En 1997, el PDPE-ALE presenta ante el Consejo Europeo un proyecto de fragmentación de Europa. (ver mapa 1). En marzo de 2004, mientras el hegemonismo estadounidense se enfanga cada vez más en Irak, la reelección de Bush está cada vez más en entredicho y el vuelco electoral en España augura un futuro feliz para el eje franco-alemán, Berlín da un nuevo impulso a sus quintacolumnistas: 1.- Se constituye una asociación reforzada con una treintena de partidos nacionalistas, regionalistas e independentistas en el seno del PDPE-ALE, que a partir de ahora sólo se denominará ALE. 2.- Se forma una alianza de Los Verdes alemanes y la ALE, auspiciada por el gobierno alemán. Los Verdes participan en el gobierno en alianza con los socialdemócratas de Schröeder; y este hecho les facilita una posición preponderante en dicha relación de la mano de «hombres de Estado» de peso como Joska Fisher, ministro «verde» de Exteriores alemán, o Daniel Cohn-Bendit, –el famoso «Dani el Rojo» del Mayo del 68 parisino–. 3.- Se presenta una actualización (Ver mapa 2) de la propuesta de fragmentación de Europa tras la ampliación del ALE con nuevas organizaciones independentistas europeas (especialmente de EUropa Oriental) y tras el respaldo del Consejo Europeo y la OSCE a la Declaración de Bozen; un proyecto de promoción identitaria patrocinado por EURAC (Tirol del Sur) que propone, entre otras exigencias, que la protección de las minorías étnicas y lingüísticas sea un criterio fundamental de valoración del respeto a los derechos humanos por parte de los Estados miembros. Die Grünen (Los Verdes alemanes) constituyen el punto de conexión entre una pléyade de movimientos verdes europeos, de los que son su expresión más poderosa y organizada; los partidos nacionalistas de la ALE, punta de lanza de los planes disgregadores en Europa, las fundaciones patrocinadas por Alemania para la promoción de las lenguas y culturas europeas, como la Fundación Goethe (la más importante de Alemania, fundada por un ex-oficial de las SS), y los diferentes organismos al servicio del ministerio del Interior alemán (BMI): La UFCE (Unión Federal de Comunidades Étnicas de Europa); El ECMI, un centro para la promoción de las minorías étnicas en Europa, el EBLUL , una oficina para la promoción del uso de las lenguas minoritarias, el EURAC y otros. Todos estas fundaciones y organismos tienen una relación transversal, de forma que es habitual encontrar agentes del ministerio del Interior alemán en dichos organismos, en las fundaciones «benefactoras» o en los puestos directivos del mismo ALE; y a través del ALE, Die Grünen y otros partidos alemanes, en el Parlamento y el Consejo Europeos y en la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación Europea). Por razones de espacio, dejaremos para el siguiente capítulo el alcance de estos planes a nivel europeo y sus consecuencias, pero no podemos cerrar éste sin llamar la atención sobre las modificaciones que atañen a España y que se incorporaron hace tan solo 10 meses a los objetivos de disgregación de nuestro país. Si en 1997 abogaban por la segregación de «Euskal Herría» (Euskadi, Iparralde y Navarra); de Galicia y de los «Països Catalans», ahora proponen la inclusión de Andalucía y Aragón como «regiones emergentes»; tanto vale decir como «regiones segregables». ¿Por su lengua diferenciada? ¿por su etnia? Llama la atención el olvido de Asturias (Asturianu) o de Miranda de Duero (mirandés) y, sobre todo, sorprende la frontera que separa la región de Murcia del resto una España reducida en el mapa a una solitaria Castilla. ¿Va a ser el panocho lengua oficial en Europa? ¿Han descubierto los servicios secretos germanos la vocación cantonalista de Cartagena? ¿Son una sugerencia de los secesionistas catalanes con el fin de completar hacia Andalucía el Arco mediterráneo euroregional o es debido simplemente a la insidia de cerrar a Castilla cualquier acceso al Mediterráneo? ¿En serio alguien puede creer que esta pantomima pueda tener algo que ver con una genuina autodeterminación de los pueblos? Sería de chiste si no fuera criminal. ¿Cómo es posible que Berlín diseñe y financie públicamente proyectos para la desmembración de España? ¿No tienen nada que decir al respecto –y de qué responder– los Ibarretxe, Carod-Rovira y compañía, esos vulgares gerentes de franquicias del Ministerio del Interior alemán? La Europa de los Pueblos, una amenaza para toda Europa (II) La subversión planificada (2) «Desde instancias europeas se promueve la vuelta a los privilegios feudales y guetos identitarios para las regiones y “pueblos” europeos» En el primer capítulo hemos establecido que es la lucha de clases, en particular la lucha de las clases económica y políticamente dominantes por establecer su territorio nacional, su «marco nacional de explotación», lo que ha conformado históricamente los Estados. Con la aparición del imperialismo las diferencias, la diversidad y contradicciones internas, tanto étnicas como culturales, lingüísticas, religiosas o históricas, se convierten en otras tantas líneas de tensión y debilitamiento, en elementos de fragmentación. También apuntamos la vinculación directa entre el proceso de fragmentación de los actuales Estados nacionales europeos en una pléyade de unidades territoriales y político-administrativas más reducidas y vulnerables, y la actuación de la burguesía monoloplista alemana a través de diversos organismos e instituciones europeas. Señalamos así cómo ese proceso no correspondía a «una aspiración espontánea y legítima de las naciones sin Estado y regiones emergentes existentes en Europa», sino a una subversión planificada por Berlín y ejectuada, con precisión germana, desde su ministerio del Interior (para Alemania, Europa es “un asunto interno”). Señalamos, por fin, cómo esa Europa fragmentada y reorganizada sobre criterios étnico-lingüísticos corresponde no sólo a necesidades estratégicas de la burguesía monopolista alemana (romper los vínculos de dependencia europea respecto de Washington y debilitar a las naciones –rivales– más fuertes de Europa), sino que va inscrito históricamente en el «código genético» del sanguinario imperialismo alemán. En este capítulo abordaremos más en detalle los métodos e instituciones de intervención del Ministerio del Interior alemán. Quienes venimos denunciando incansablemente las aspiraciones del Eje franco-alemán por someter Europa a su dominio, no hemos dejado de advertir la profunda fractura abierta en el seno de la burguesía monopolista francesa respecto de las consecuencias últimas de este viaje hacia el abismo. Decrépita hasta el punto de estar dispuesta a dejarse devorar por su poderoso vecino germano, una parte más dinámica y patriótica se resiste sin embargo a dejarse disolver y deglutir. El imperialismo se reparte el mundo según su capital, según su fuerza, y una cosa es figurar como reina consorte y otra como postre en el festín europeo, así que seguir el rastro del pensamiento de las élites políticas e intelectuales de Francia es un ejercicio que no sólo echa luz sobre la naturaleza y amplitud de esa fractura sino también sobre lo que, y de primera mano, estos sectores se han animado a denunciar y adviertir a toda Europa. La Carta de Autonomía Europea A finales del año pasado, Pierre Hillard, un prestigioso historiador francés, advierte sobre la votación del Plan Ibarretxe en el Parlamento vasco: «El 25 de octubre de 2003, 24 años tras la aprobación del estatuto de Guernica (un estatuto otorgando al País Vasco amplios derechos), el presidente vasco Juan José Ibarretxe va a presentar ante el Parlamento ni más ni menos que un nuevo proyecto de instauración de un Estado libre asociado. Ibarretxe ha advertido que será sometido a referéndum con independencia de los resultados de la “negociación con Madrid”. ¿Cómo puede entenderse tal audacia? La explicación es sencilla: La construcción europea es el trasfondo que autoriza esta determinación. En el seno de las instancias europas [dedicadas a la “protección de las minorías étnicas y lingüísticas”] existe una gran proporción de políticos vascos y catalanes. De hecho, el presidente del grupo de trabajo de la Carta de Autonomía Regional es el catalán Llibert Cuatreacasas». Aunque la afirmación de Hillard es cierta, estos grupos de trabajo desarrollan su actividad bajo las directrices de la Asamblea de Regiones de Europa, donde los alemanes, flamencos, sud-tiroleses, etc. (el cuerpo germanófilo, el núcleo duro de la estrategia étnico-identitaria en Europa) son hegemónicos. Pero dejemos proseguir al Sr. Hillard: «Promoviendo la autonomía política de las regiones y de grupos étnicos denominados “pueblos”, a todos los que pretenden restablecer privilegios feudales y escapar a la autoridad del Estado nacional. El País Vasco español parece haberse erigido en el primero de la larga lista de aspirantes a regiones-Estados identitarios de Europa. (...) Todas las reivindicaciones del Sr. Ibarretxe corresponden a la fórmula alemana del s. XIX: “Separar el sustrato étnico de la lengua estatal para proceder a nuevas combinaciones” ». Un objetivo sólo para los pueblos europeos no alemanes, evidentemente. La UFCE En mayo de 2003, la Unión Federalista de Comunidades Étnicas (UFCE) celebró en Bolzano su Congreso anual. La ciudad elegida no era casual. Bolzano, capital de la provincia homónima en la región italiana del Trentino-Alto Adigio, alberga uno de los movimientos secesionistas más activos directamente vinculados a Berlín (Bolzano formó parte del Imperio austríaco, llegando a pertenecer directamente a Baviera antes de la invasión napoleónica, hasta que fue incorporada a Italia tras la Iª Guerra Mundial). A este concilio asistieron, entre otros, John Packer, comisario de la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), responsable del “problema de las minorías en Europa”; Ulrich Bohner, alto cargo del Congreso de Poderes Locales y Regionales de Europa (CPLRE), y Jochen Welt, representante gubernamental germano para los Refugiados y Minorías Alemanas en Europa (un organismo del que hablaremos más adelante). Aunque la dirección del UFCE es formalmente internacional, con representantes de Suiza, Italia, Croacia, Bélgica, Dinamarca, Inglaterra, etc., por supuesto todos pertenecientes a “minorías étnicas”, un año más tarde, su congreso (49º) se celebró en el castillo polaco de Kamien Slaski. Un alto funcionario del ministerio del Interior alemán, Detlev Rein, presidía el evento. La ALE La Alianza Libre Europea (ALE), de la que tratamos en el primer capítulo, es una de las organizaciones impulsadas por el ministerio del Interior germano más virulentas en el desarrollo de las reivindicaciones étnico-identitarias. La ALE presentó (y fue aprobado por la Comisión Europea) un proyecto de disgregación de Europa y su reorganización en comunidades étnica y lingüísticamente homogéneas; proyecto ratificado por las organizaciones pertenecientes (En España el BNG, EA y ERC). En marzo de 2004, tras ratificar una alianza estratégica con los Verdes alemanes (Die Grünen), presenta una actualización del mismo proyecto donde el mapa europeo aparece más fragmentado con la incoproración, junto a las “comunidades étnicas y lingüísticas” de nuevas regiones emergentes cuya única justificación es debilitar los grandes Estados europeos. En España, regiones como Andalucía, Aragón o la región de Murcia (?) aparecen como nuevas regiones emergentes con rasgos identitarios. (Ambos mapas, el proyecto de 1997 y su revisión en 2004, aparecen en el capítulo 1º). Pero para quien crea que éste es un proceso que padece únicamente nuestra vieja España, sirva de ejemplo el Movimiento Autonomista de Silesia; un partido artificial, sin historia, levantado a golpe de talonario en una región sin identidad definida, ni cultural, lingüística o étnica, habitada por alemanes, polacos y checos, donde no existe sentimiento nacionalista alguno contra Polonia, y cuya única reivindicación consiste en «conseguir una autonomía administrativa y fiscal en la “Europa de las regiones” al estilo de la que disfrutan Catauña o los länder alemanes». ¿La inspiración y ejemplo del MAS?: El PNV de Arzallus. ¿Su fuente de ingresos?: el BMI (ministerio del Interior alemán). El ECMI Pero el lobo también amenaza París. En julio de 2003, se decidía la no unificación de los dos departamentos (provincias) existentes en Córcega en una sola unidad administrativa. La propuesta de unificación, que podría parecer una reivindicación nacionalista, fue en realidad un proyecto del ministerio del Interior alemán aprobado en 1998 por el Centro Europeo de Promoción de las Minorías (ECMI) institución financiada por Dinamarca, el land germano de Schleswig-Holstein y el propio ministerio del Interior alemán. El ECMI es un organismo cuyo papel es el de “servir de intermediario entre el grupo identitario rebelde y el Estado al que pertenece”. Curiosamente, tanto el ECMI como la UFCE tienen su sede en Flensburg. Otra vez, la elección no es gratuita: Flensburg se encuentra en la frontera entre el Schleswig alemán y el damés, un antiguo ducado sometido a un brutal proceso de germanización por Bismarck y que fue en su parte septentrional devuelto a la soberanía danesa tras ser derrotada Alemania en uno de sus recurrentes intentos por arrasar Europa. Una pérdida que la oligarquía germana, al igual que con Alsacia al oeste, el Tirol –y una Austria independiente– italiano al sur o la Silesia y Pomerania polacas, sigue en 2005 sin aceptar. El plan de unificación de los dos departamentos corsos, impulsado por el ministerio del Interior alemán a través del ECMI, se aprobó en 1998. En dicha reunión se recordó que «la Unión Europea se ha convertido en una importante fuente de ingresos para las regiones a través de los Fondos Estructurales y las diferentes iniciativas comunitarias. Europa se ha convertido en un lugar de encuentro y representación de lobbyes regionales. Las regiones no sólo están representadas por el Comité de las Regiones sino también, de alguna manera, por la porpia Comisión Europea y los diferentes comités del Parlamento Europeo. La práctica del “lobbying” regional es un elemento clave de la construcción de la Europa contemporánea. El plan de unificación administrativa de Córcega, en apariencia anecdótico, forma parte de un vasto plan de disgregación del Estado francés, que incluye la segregación de Bretaña, Cataluña norte, Saboya y Aosta, y la agudización de los rasgos identitarios antifranceses a través de la financiación de escuelas y centros culturales nacionalistas en Occitania (gascón, lemosín y provenzal), la germanización de Alsacia, la Cataluña norte, etc. Es inseparable el rechazo gubernamental a esa “insignificante” unión corsa con la percepción del peligro real, directo e inmediato, que significa para Francia el abrazo del oso berlinés, y consecuentemente la emergencia de una línea nacional-patriótica encarnada por Sarkozy. La «Bundestelaraña» Es difícil
establecer un organigrama de la maraña de relaciones
existentes entre el ministerio del Interior alemán
(BMI), la OSCE y la Comisión Europea, los diferentes
comités del Parlamento europeo, la ALE, UFCE, ECMI
y la Oficina Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias
(EBLUL) con sede en el Tirol del Sur , financiada por su gobierno
y Alemania, los Verdes alemanas y algunas fundaciones alemanas
que aportan financiación y prestigio social. Estas
relaciones, por su propia naturaleza, se presentan de manera
más bien informal, aunque sus proyectos sean colectivos
y sus objetivos convergentes, pero baste como ejemplo algunos
encuentros de alto nivel: En el próximo capítulo abordaremos las relaciones entre estos partidos e instituciones y algunas fundaciones “benéficas” alemanas. El
Estado alemán ampara fundaciones étnicas y filo-nazis La fundación Goethe, fundada por el empresario y oficial nazi Toepfler, es la mayor fundación privada de Alemania y financia las organzaciones separatistas de Alsacia y Bretaña
En el capítulo anterior vimos cómo algunos organismos europeos que tienen como objeto promover la fragmentación étnica en Europa, al amparo del Consejo europeo y la OSCE están relacionados directamente con el ministerio del Interiro de Alemania. En éste veremos cómo, al igual que existen fundaciones «benéficas» que promueven la democracia, como la Fundación Erhard, o K. Adenauer (esto es, financian a diversos partidos en Europa en función de los intereses de las grandes potencias, particularmente EEUU y Alemania), los partidarios del nacionalismo étnico también tienen las suyas. Hace 6 meses, en
septiembre de 2004, la fundación alemana Wolfgang von
Goethe entregaba su premio «Albert Schweizer».
Bajo la apariencia de una fundación pública,
en realidad es una entidad privada fundada por Alfred Toepfler,
un empresario de Hamburgo que financió a las SS y colaboró
con los servicios secretos nazis en la promoción de
los movimientos étnico-separatistas en Alsacia y Bretaña. Los reveses de la fundación de Toepfler Creada en 1931 por
el magnate y nazi Alfred Toepfler, la fundación Goethe
es hoy la mayor fundación privada de Alemania Cómo
se promueve el nacionalismo étnico en Europa "No
debemos perder de vista que nuevos bárbaros, enemigos
de nuestra raza, enemigos de nuestras tradiciones y de nuestra
fe, están a nuestras puertas". Hace pocos días se libró por parte del gobierno vasco el premio Sabino Arana. No es de extrañar que el régimen nacionalista libre premios con el nombre de su fundador, aun si éste fue un reaccionario integral, misógino, racista y ultracatólico. Sin embargo, esto no se debe a la «particularidad vasca» como quieren hacernos creer quienes tienen especial interés en ocultar que lo que ocurre en Euskadi forma parte de una corriente general en Europa que sólo puede ser entendida como el interés estratégico de la mayor y más peligrosa burguesía del continente: la burguesía mponopolista de Alemania. En Bretaña existe un movimiento de recuperación de la historia, la lengua y las costumbres bretonas similar al movimiento de ikastolas vasco. Bajo el objetivo, justo y bueno, de difundir las tradiciones populares y difundir la lengua propia, se instrumentalizan y persiguen otros objetivos, más inconfesables. A una escuela de este movmiento le han puesto el nombre de Ropaz Hermon. Un nombre sin ninguna connotación para nosotros pero de triste memoria para Bretaña y los bretones. El Sabino bretón Bretaña también tiene su «Sabino». El Vizconde de la Villemarqué. Como dice la organización de izquierdas bretona Skol Vreizh, «La intención del joven aristócrata no era neutral. Huesped asiduo en París del salón de Auguste de Gourcuff, se reunía allí con la intellgentsia bretona que perseguía la edificación de una Bretaña céltica, bastión regenerado frente a las nuevas ideas. (...) Sin embargo, no deben considerarse todos los esfuerzos en favor de la lengua bretona como puramente desinteresados. Es indiscutible la función de cemento y solidaridad que constituye la lengua, especialmente en las zonas rurales, así como de defensa y pantalla frente a las ideas provenientes del exterior, si además se transmiten en otra lengua.(...). Sin embargo, si pretenden recuperar y perfeccionar el bretón, es en propias papabras del Vizconde, para instruir al pueblo: «para preservar las tradiciones de honor y lealtad a los antepasados, desarrollar los buenos instintos de las clases trabajadoras [evidentemente, frente al socialismo], de elevar sus corazones y hacerlos mejores. Como en Euskadi bajo el PNV, en Bretaña se forma la URB, la Unión Regionalista Bretona, que no es más quew «la unión de los nobles y los prelados», quienes como Sabino Arana, establecen los ejes del actual nacionalismo étnico. «No debemos perder de vista que nuevos bárbaros, enemigos de nuestra raza, enemigos de nuestras tradiciones y de nuestra fe, están a nuestras puertas. Estudioemos los medios para combatirlos victoriosamente. Bajo el pretexto de difundir doctrinas políticas, trabajan para subvertir el espíritu de nuestros compatriotas. (...) Debemos saber qué parte de los obreros agrículas toman parte de las ideas del socialismo. Los incendiarios merodean alrededor de la ciudad». (Abad Favé). «No debemos ocultar que la cuestión es muy grave, que el peligro es inminente. Pocas regiones hay que no estén tan “infectadas” de socialismo. Es muy urgente estudiar esta cuestión. El Abad de Cadic ha estudiado la revolución campesina de 1793, donde los labriegos se lanzaron al saqueo de la ciudad. Los [siervos] bretones se dejarían fácilmente arrastrar a medidas brutales si los verdaderos patriotas no tomaran en sus manos la tarea de educarlos en el cumplimiento de sus deberes sociales». (Marqués del Estourbeillon). La Carta de las Lenguas Regionales Es el poso de esta educación durante las últimas décadas en Bretaña la que permite a Michel Nicolas, en su libro «El separatismo bretón» hacer una serie de afirmaciones que sirven perfectamente para alertar sobre cierto tipo de educación (de «trabajo político») también en España: «La vocación de Bretaña es federalista. En ninguna otra región francesa la preocupación por proteger las libertades amenazadas por la dictadura del Estado se ha visto con tanta constancia. En ningún rincón de Europa la síntesis se ha conseguido tan adecuadamente entre las tendencias individualistas naturales del bretón y sus aspiraciones comunitarias que lo une fuertemente a su familia, a su coamrca, a su oficio o a su empresa, que ningún exilio puede hacer olvidar. ¿Cómo se traduce esto cuando se pasa a los objetivos políticos?: El mal que sufrimos desde hace mucho tiempo es el Estado centralista. No podremos reconquistar las libertades individuales y colectivas perdidas si no es a través de la independencia de estos Estados artificiales. Esta lucha es impracticable dentro de cada país, pero la idea de una Europa unda permite gestionar una desposesión progresiva y sin violencia: serán los Estados, por sí mismos quienes abandonarán progresivamente su control sobre los asuntos que habían usurpado con anterioridad». Como vemos, también en Bretaña la recuperación de la lengua está promovida y financiada, y su uso subvertido, por los más oscuros intereses del nacionalismo étnico. ¿Quién es el autor de la Carta de Lenguas Regionales (CELIB) aprobada por la Comisión europea: la FUEV, de quien hablamos en el capítulo anterior, deirigida por Joseph Martray, y el POBL, de Yann Fueré. Martray fue miembro del Comité Consultivo de Bretaña bajo el gobierno de Vichy, y hoy presidente de la FUEV, la Unifón Federalista de Comunidades Europeas, la heredera del Congreso de Nacionalidades creado por Alemania tras la 1ª Guerra Mundial. ¿Y quién es Fueré? Es presidente del POBL, sucesor del MOB, el partido nacionalista de Alsacia-Lorena fundado por el nazi Hermann Bickler. Roparz Hermon Roparz Hermon, padre de la recuperación del bretón en las últimas décadas y con cuyo nombre se ha bautizado ya algunas escuelas de bretón, escribía a principios de siglo: «La pureza de la lengua bretona exige la expulsión, como medida de ley, para preservar la “celticidad” de nuestra lengua. Hay qye expulsar del bretón ese amasih¡jo de términcos franceses inútiles que son una carga, que lo desnaturalizan y que son fruto de la vanidad, de la estupidez, de la ingorancia y del deseo de corromper sistemática mente al bretón hasta hacerlo desaparecer. Todas las palabras implantadas en detrimento de los términos bretones deben ser expulsadas no sólo del ámbito social sino también del familiar. Esto supondrá la ruina del prestigio del que la lengua y la civilización francesa gosan indebidamente, permitiendo el nacimiento de un sentimiento genuinamente bretón. Ningún resultado serio y duradero podrá conseguirse sin la existencia de dicho sentimiento. El corazón de nuestra estrategia no puede ser otro que el de formar una élite intelectual “nretonizante”. Todo el mundo está de acuerdo sobre la urgencia de enseñar en las escuelas. Pero esto no es suficiente. Ahora más que nunca una lengua no puede mantenerse y prosperar si su conservación y su cultura no están aseguradas por una élite. Hay que formar una élite intelectual bretona, una sociedad bretona. En definitiva, un grupo de familias aisladas e instruidas en la lengua y la cultura bretonas». Siguiendo estas instrucciones, por la «escuela en bretón» de Plestin, que funcionó entre los años 1942 y 1944, durante la ocupación nazi, pasaron gran parte de los hijos del Partido Nacionalista Bretón, pro-nazi; partido al que también pertenecía el gran nacionalista y filólogo Roparz Hermon, el Sabino Arana de Bretaña, en cuya calidad fue responsable de Radio Bretaña y a sueldo de las SS. TBA |
Partido
Democrático de los Pueblos de Europa-Alianza Libre
Europea (PDPE-ALE) presenta en 1997 este mapa de fragmentación
europea a instancias del ministerio del Interior alemán. En
marzo de 2004, Los Verdes-ALE presentan una actualización
de su propuesta disgregadora de Europa, con un cambio
cualitativo: En primer lugar, se presenta como una propuesta
de las regiones de Europa y no como una alianza de partidos
nacionalistas. En segundo lugar, aparecen nuevas regiones
y un mosaico de pequeños enclaves bajo los curiosos
epígrafes de «regiones emergentes»
(las primeeras) y «presencia de importantes minorías»
los segundos.
Diseño europeo que las Waffen SS presentaron a Hitler para organizar el dominio alemán sobre el continente. En él se aprecian que las regiones ya han pasado de ser "étnico-lingüísticas a simples unidades productivas : tras la fragmentación y debilitamiento, la "recombinación: Galicia y Asturias forman una unidad de producción ganadera, Valencia y Murcia hortofrutícola, etc. Cuidando de que no exisstan unidades demasiado grandes (poderosas)o pequeñas (no funcionales).
|
||