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Documentos del Iº Congreso Unificación Comunista de España 1979

LÍNEA IDEOLÓGICA Y POLÍTICA


 

ÍNDICE

 

Introducción

4

El revisionismo es el más venenoso enemigo de la revolución

7

Línea estratégica
I La línea del proletariado revolucionario en la situación de la lucha de clases a nivel mundial

25

II Los rasgos característicos de la sociedad española

39

III Los blancos y las tareas de la revolución en España

49

IV Las clases sociales en España. Fuerzas principales y secundarias de la revolución

55

V La presente etapa de la revolución en España. Sus características específicas. La República Democrática Popular

67

VI El orden de combate de las fuerzas del pueblo. El Frente Único. La Alianza del pueblo trabajador. El Frente de Unidad Popular

73

VII Las perspectivas de la revolución en España. El socialismo. Las tareas del partido en la democracia popular

79

Nuestro programa de lucha

85

La lucha contra el revisionismo contemporáneo y la reconstrucción del Partido del Proletariado

117

Estatutos

135

Sobre los afiliados

153

 


 

INTRODUCCIÓN

Publicamos aquí la Línea Ideológica y Política y los Estatutos aprobados en el I Congreso de Unificación Comunista de España. La base de estos textos son las ponencias presentadas al Congreso por el anterior Comité de Dirección Ampliado. El Buró Político, por encargo del nuevo Comité Central, ha recogido las modificaciones introducidas por el Congreso y les ha dado forma definitiva.

El Congreso se ha reafirmado en las cuestiones cardinales de nuestra anterior Línea Ideológica y Política, en el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung como nuestra base ideológica y teórica, las cuatro contradicciones fundamentales del mundo en nuestra época, así como los blancos, las fuerzas motrices y las tareas de la revolución en España en la presente etapa. No obstante se han introducido importantes modificaciones determinadas por los cambios habidos en la situación internacional y por el desarrollo a escala mundial del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung, como por la revisión autocrítica de nuestra experiencia, las enseñanzas de nuestros aciertos y nuestros errores y la mayor solidez teórica e ideológica de nuestro partido. Estas modificaciones comprenden diversas cuestiones tanto de la Estrategia y de la Línea Ideológica como de los Estatutos y de la Reconstrucción del Partido.

En cuanto a la Línea Ideológica, se señalan con mayor precisión cuáles son las aportaciones esenciales del pensamiento Mao Tse-tung al desarrollo del marxismo-leninismo, se ha modificado nuestra posición ante la cuestión de Stalin y se ha abandonado la formulación de que el pensamiento Mao Tse-tung es el marxismo-leninismo de nuestra época.

Las aportaciones esenciales del pensamiento Mao Tse-tung hacen referencia al problema central de nuestro tiempo: la continuación de la revolución bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado y la lucha contra el revisionismo contemporáneo. Anteriormente tratábamos las diversas aportaciones de Mao Tse-tung al mismo nivel sin señalar claramente qué era lo principal. Un estudio más riguroso del desarrollo teórico y político del Partido Comunista Chino, nos ha hecho comprender mejor este problema.

Ante la cuestión de Stalin teníamos una posición confusa, no acabábamos de comprender suficientemente la relación entre sus aciertos y sus errores y las repercusiones mundiales de estos últimos, por tanto resolvíamos el problema planteándonos su defensa en términos de “línea de continuidad del marxismo-leninismo”. También aquí un estudio más concienzudo de la posición del pensamiento Mao Tse-tung ante este problema ha hecho que lo comprendamos
mejora y lo asumamos plenamente aunque teniéndolo siempre presente que se trata de una cuestión sumamente compleja, que no se resolverá completamente en este siglo.

El abandono de la formulación de que el pensamiento Mao Tse-tung es el marxismo-leninismo de nuestra época viene terminado por la confusión que esta formulación introduce. De una parte puede inducir a hacernos pensar que nuestra época sea distinta a la que Lenin caracterizó como “La época del imperialismo agonizante y de la Revolución Proletaria Mundial”. De otro, puede inducir a relegar la imperiosa necesidad estudiar a Marx, Engels, Lenin y Stalin.

En cuanto a la situación internacional, nos hemos reafirmado en la orientación que ya venía siguiendo el partido, la orientación que para todo el movimiento marxista-leninista mundial señala la Teoría de los Tres Mundos formulada por Mao Tse-tung.

La importancia decisiva de la Teoría de los Tres Mundos como la línea de clase del proletariado revolucionario en la lucha internacional y la necesidad para todo partido marxista-leninista, de partir de ella al trazarse los objetivos y las tareas en su propio país, es una posición firmemente adoptada por nuestro partido.

En cuanto a la estrategia, se han introducido modificaciones, principalmente respecto a la lucha armada, al programa mínimo general y a ala caracterización de la etapa, junto con otros puntos nuevos tales como una síntesis de la génesis histórica de la clase dominante, algunas precisiones en el análisis de clases, la caracterización de la transformación del Régimen Fascista en un Régimen Democrático Burgués y el programa de lucha que corresponde a este
período de la lucha de clases en nuestro país.

Anteriormente se exponía de forma vacilante la cuestión de la lucha armada. Se podía entender que la necesidad de la lucha armada se desprendía de la naturaleza “particularmente brutal y sanguinaria” de la oligarquía “española”, y no de un principio cardinal del marxismo-leninismo corroborado por toda experiencia histórica del proletariado en esta época: que las clases reaccionarias en el poder y el imperialismo no pueden ser eliminadas, ni su Estado destruido, si no es
a través de la violencia revolucionaria de las masas, a través de la lucha armada. Por otro lado se señalaba como una probabilidad y no como algo inevitable que el método fundamental de la lucha que corresponde a la revolución española en esta etapa es la guerra popular prolongada contra los enemigos de nuestro pueblo: el imperialismo y sus aliados internos. Estas vacilaciones son particularmente peligrosas cuando el revisionismo se infiltra en las filas de los marxistas-leninistas en estas cuestiones capitales. En la estrategia actual son planteadas de una forma correcta, aunque todavíasu desarrollo es muy limitado.

Anteriormente no diferenciábamos correctamente los aspectos generales del programa democrático popular de sus aspectos concretos. Los primeros son las tareas y las transformaciones revolucionarias que corresponden a toda la etapa y no varían a través de toda ella. Los segundos comprenden distintas tareas, reivindicaciones y consignas que también forman parte del programa mínimo del partido pero que se van modificando a lo largo de las distintas fases, períodos y coyunturas que atraviesa el proceso revolucionario durante la misma etapa. Nuestro programa mínimo general no variará, pues mientras no se alteren las condiciones que determinan la actual etapa de la revolución pero debe concretarse de forma diferente según los cambios que se operen en la situación política. Por ejemplo, con la intervención del imperialismo yanki en nuestro país, que se hace ya dominante a principios de los años 50, la revolución española experimentó un cambio de fase pasando a ser el imperialismo yanki uno de los enemigos principales de la revolución. El cambio del Régimen Fascista por un Régimen Democrático Burgués abre un nuevo período dentro de la misma fase. Estos cambios se han de reflejar naturalmente en el programa mínimo concreto.

Anteriormente estas cuestiones estaban muy confusas. De un lado se presentaban como transformaciones y consignas estratégicas cuestiones que no eran más que reivindicaciones tácticas o reformas plenamente asumibles por el imperialismo y la oligarquía diferenciando el contenido esencial de nuestro programa mínimo: las transformaciones revolucionarias en la política y la economía, en la cultura y en la sociedad. Por otro lado, esta confusión tenía la consecuencia de dificultar
la adecuación del programa mínimo del partido a las condiciones del momento, lo que de hecho ha sido fuente de numerosos errores y desviaciones, alimentando el esquematismo, las tendencias dogmáticas y la inclinación
a dar respuestas generales y abstractas a los problemas tácticos, alejándonos de la flexibilidad y la movilidad que debe tener la dirección táctica de la lucha revolucionaria.

Respecto a la denominación del carácter de la revolución se ha prescindido de la formulación anterior que era la de democrática nacional. El Congreso se ha reafirmado rotundamente en quiénes son los blancos, las fuerzas principales y secundarias y en cuál es, en consecuencia, el contenido de las transformaciones en lapresente etapa, antiimperialista, antimonopolista y antilatifundista, y en particular el objetivo de la presente etapa no es la dictadura exclusiva del proletariado sino la dictadura de una amplia alianza de clases bajo la dirección del proletariado, incluyendo en esta alianza a la burguesía no monopolista. Pero el Congreso ha considerado que la denominación del carácter
como democrático nacional podía sembrar confusión ya que este término es utilizado respecto a las revoluciones en los países del Tercer Mundo, es decir, los países coloniales o semicoloniales. Es por estas razones que hemos decidido suprimir esta formulación, a la vez que nos marcamos la necesidad de profundizar en el estudio de este problema para su futura resolución.

En cuanto a la Reconstrucción del Partido del Proletariado, reafirmándose en que la cuestión esencial en la Reconstrucción del Partido del Proletariado Revolucionario es la justeza o no de la Línea Ideológica y Política, subrayando que esto lo decide todo, y se han rectificado dos importantes cuestiones erróneamente planteadas y que han tenido malas consecuencias.

En primer lugar los planteamientos anteriores tendían a confundir la Reconstrucción del Partido con uno de sus aspectos más importantes, la unificación de los marxistas-leninistas en un solo partido. Esta importante desviación ha tenido consecuencias nefastas: nos llevaba a “vivir pendientes” de la última palabra que nos pronunciaran otros partidos marxistas-leninistas, a poner toda la actividad de nuestro partido en función de la unificación con otras fuerzas marxistas-leninistas y en consecuencia a desconfiar de nuestras propias fuerzas, a desligarnos de las masas, a no asumir nuestra responsabilidad de partido proletario y estancar nuestro trabajo político, ideológico y organizativo. Este error
ha sido plenamente combatido y rectificado.

Por otro lado hemos modificado los criterios para considerar marxista-leninista a otro partido. Fijábamos unos criterios generales que ni siquiera el Partido Comunista Chino, en la actual situación, establece,
y ladeábamos al tiempo así el análisis concreto de otras fuerzas marxistas-leninistas, el reconocimiento de sus aciertos y sus errores y por tanto el combate a los últimos, y el aprendizaje y la búsqueda
de unidad sobre los principios.

En cuanto a los Estatutos, todos los cambios que se han hecho en los distintos artículos están orientados por dos polos: combatir el oportunismo de derechas en materia de línea organizativa y combatir las liquidadoras ideas de la línea oportunista y fraccional que venían amenazando el carácter del partido como destacamento de combate en alguna zona del partido.

Son pues muy importantes los pasos que nuestro partido ha dado en su Línea Ideológica y Política, fundamentalmente porque estas modificaciones en el nivel de la teoría son el resultado de nuestra práctica revolucionaria; ha sido en el combate diario a lo largo de sucesivas luchas como hemos avanzado en solidez teórica e ideológica: enfrentándonos a situaciones nuevas y complejas y resolviéndolas, superando una dificultad tras otra y aprendiendo de nuestros errores y aciertos.

Estos nuevos avances tenemos que convertirlos en trampolín de lanzamiento, en arma política que impulse a nuestro partido en un gran salto hacia adelante.

Nuestro I Congreso ha llamado a todos los militantes, afiliados y simpatizantes del partido, a todos los revolucionarios comunistas, a todos los obreros y trabajadores del campo y de la ciudad, a todos los intelectuales y sectores revolucionarios que de una u otra forma encuentran en estos documentos una guía para su práctica revolucionaria, a que encabecen esta línea, le den vida y la lleven con entusiasmo, audacia y entrega sin límites a las amplias masas de nuestro pueblo, batallando incansablemente para que prenda entre ellas y vaya convirtiéndose en una hermosa realidad el florecimiento de un potente movimiento revolucionario de todo el pueblo encabezado y dirigido por la clase obrera.

Los reaccionarios de todo tipo, los revisionistas y oportunistas se esfuerzan por detener la rueda de la historia: no lo conseguirán, tarde o temprano se producirá su bancarrota y se presentará a revolución, que sin duda alguna triunfará, haciendo realidad lo que hoy todavía es un futuro esperanzador y luminoso.

El imperialismo y la oligarquía y todos los reaccionarios de todo el mundo afilan sus garras, su lógica (en palabras de Mao Tse-tung) es “provocar disturbios, fracasar, volver a provocar disturbios, volver
a fracasar, fracasar de nuevo, y así hasta la ruina”
.

Nuestra lógica y la lógica del pueblo es “luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo, volver a la lucha, y así hasta la victoria”.


El revisionismo
es el más venenoso enemigo
de la revolución

Hoy se libra en todo el mundo una batalla gigantesca. Bajo la bandera del comunismo se amparan dos posiciones de clase antagónicas,dos corrientes ideológicas y políticas irreconciliables: el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo. Ambos se disputan la dirección del movimiento revolucionario y de la clase obrera de todos los países. De quién vencerá a quién depende el porvenir de la humanidad por muchas largas décadas.

Acontecimientos de este cariz no son nuevos en la historia del Movimiento Comunista Internacional. El marxismo-leninismo ha nacido, se ha desarrollado y se ha fortalecido en una lucha constante entre la ideología burguesa
y la ideología proletaria. Establecer una clara línea de demarcación entre las posiciones proletarias y las posiciones burguesas ha sido, y es, una cuestión de vida o muerte para el avance de la revolución.

Marx y Engels, en la época del capitalismo de libre competencia, establecieron las bases de la ideología proletaria, armaron a la clase
obrera con los fundamentos de una teoría científica capaz de guiarle
en el proceso revolucionario. Fue un largo y cruento combate principalmente
en el terreno de la teoría, contra toda la gama de socialismos utópicos
y en especial el anarquismo, es decir: contra la forma que entonces tomaba la
ideología burguesa entre la clase obrera; durante toda la segunda mitad
del siglo XIX, a finales del mismo el marxismo ha vencido, ha pulverizado los
socialismos utópicos y es ya la ideología dominante del movimiento
obrero mundial. A partir de este momento, la lucha entre la ideología
burguesa y la ideología proletaria por la dirección del movimiento
obrero pasó, en lo principal, de ser un ataque frontal al marxismo a
realizarse en el propio terreno de la teoría marxista. Las más
sólidas fortalezas se toman mejor desde dentro.

Al Partido Bolchevique, creado y guiado por Lenin, le corresponde
defender y desarrollar el marxismo en la segunda gran encrucijada histórica
que se le presenta a la clase obrera. La aparición del capitalismo monopolista
y la difusión de la ideología burguesa dentro mismo de los partidos
marxistas planteaba problemas que Marx no había podido prever. El Partido
Bolchevique, dirigido por Lenin, resuelve la cuestión de la toma del
poder por el proletariado en la época del imperialismo. El instrumento
decisivo para ello es un partido de nuevo tipo, un partido de corte leninista.

En la Revolución de Octubre, con el derrocamiento de
la burguesía y la instauración de la Dictadura del Proletariado,
el marxismo pasa de ser teoría y sueños a ser una resplandeciente
realidad de todo el pueblo soviético. Se abre una nueva época
para toda la humanidad: la época de la Revolución Proletaria Mundial.
Esta gran victoria fue únicamente posible por el encarnizado combate
que previamente Lenin y el Partido Bolchevique llevaron a cabo, principalmente
en el terreno de la teoría, contra la nueva forma que habla adoptado
la ideología burguesa dentro del movimiento marxista, por el encarnizado
combate y el desenmascaramiento total del carácter revisionista de los
partidos socialdemócratas de la II Internacional.

En nuestro tiempo, con la aparición del revisionismo
contemporáneo y la transformación del Estado Soviético
de un Estado de Dictadura del Proletariado en un Estado de Dictadura de la Burguesía,
se abre otra gran encrucijada para la Revolución Mundial. El revisionismo
contemporáneo, cuyo principal baluarte y foco de expansión es
el Partido Comunista de la Unión Soviética, niega de diversas
y sutiles formas los principios esenciales del marxismo revolucionario, niega,
en sustancia, el antagonismo entre las clases, entre explotadores y explotados,
entre opresores y oprimidos. Borra constantemente la línea de demarcación
entre los amigos y los enemigos, su función es extraviar y desalentar
a los pueblos, mantenerlos sometidos y explotados. Muchos antiguos partidos
comunistas de distintos países han sucumbido a esta corriente, se han
transformado en su contrario, de ser la vanguardia del proletariado han pasado
a ser agentes de la burguesía y el imperialismo en el seno de la clase
obrera.

EL MARXISMO-LENINISMO-PENSAMIENTO MAO TSE-TUNG ES UN ARMA INVENCIBLE
DE LA CLASE OBRERA

El Partido Comunista Chino, guiado por el camarada Mao Tse-tung,
ha sabido dar una justa respuesta, teórica y práctica, a los nuevos
y complejos problemas que se planteaban a la Revolución Proletaria Mundial
en nuestros días. Ha defendido los principios del marxismo-leninismo
frente al revisionismo contemporáneo y los ha desarrollado de forma creadora,
haciendo dar al marxismo-leninismo un gran salto hacia delante, convirtiéndolo
en un arma aún más poderosa para destruir a la burguesía
y el imperialismo y conquistar un futuro infinitamente luminoso y feliz para
todos los pueblos del mundo. El marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung
es un arma invencible para la clase obrera. La transformación del Estado
Soviético en un Estado de Dictadura de la Burguesía es un problema
sin precedentes en la historia del marxismo.

El Partido Comunista Chino, guiado por el camarada Mao Tse-tung,
ha sabido darle una justa respuesta, una respuesta al problema central de la
revolución proletaria en nuestro tiempo: la continuación de la
revolución bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado.

El pensamiento Mao Tse-tung señala expresamente por primera
vez en la historia del desarrollo del marxismo que una vez culminada en lo fundamental
la transformación socialista de la propiedad de los medios de producción,
subsiste y subsistirá por largo tiempo la lucha entre el proletariado
y la burguesía, entre la vía socialista y la vía capitalista,
señala que bajo la dictadura del proletariado el blanco son principalmente
los cuadros seguidores de la vía capitalista dentro mismo del Partido
Comunista, fundamentalmente en las altas esferas del Partido.

Esta gran aportación teórica del pensamiento Mao
Tse-tung tiene una importancia capital, permite prevenir el peligro de restauración
del capitalismo y permite a la clase obrera y al pueblo desenmascarar al revisionismo.

La Gran Revolución Cultural Proletaria supone el momento
decisivo de la ruptura entre el pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo;
como la Revolución de Octubre supuso el momento decisivo de la ruptura
entre el leninismo y el revisionismo de la II Internacional. En ella son sometidas
al fuego de la práctica nuevas aportaciones del pensamiento Mao Tse-tung
y el Partido Comunista Chino y el Movimiento Comunista Internacional obtiene
un enorme triunfo sobre el revisionismo.

La necesidad de apoyarse en las amplias masas para la lucha
de clases, la plena manifestación de ideas, el dejar a las amplias masas
que se liberen a si mismas y no manejar todos los asuntos en su nombre es una
gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución
Cultural Proletaria.

La distinción de dos tipos de contradicciones diferentes,
las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones con el enemigo
y la posibilidad, en base a un tratamiento correcto, de unir al 98 por cien
de la población contra el puñado de reaccionarios y revisionistas
que se oponen a la construcción del socialismo, es otra gran enseñanza
del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por la Gran Revolución Cultural
Proletaria.

La gran importancia de la lucha de clases a nivel ideológico:
“cuando una clase quiere tomar el poder, primero crea un clima de opinión”.
El hecho de que el poder político se pueda dirimir fundamentalmente en
el terreno ideológico bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado,
es la tercera gran enseñanza del pensamiento Mao Tse-tung rubricada por
la Gran Revolución Cultural.

La Revolución Cultural Proletaria significa, pues, un
triunfo decisivo de la clase obrera y el pueblo chino y de la clase obrera y
el pueblo de todos los países del mundo sobre el revisionismo y el imperialismo.
Sus enseñanzas tienen un valor universal.

El Partido Comunista de China, guiado por el camarada Mao Tse-tung,
ha denunciado el revisionismo moderno cuyo principal foco de expansión
es el Partido Comunista de la Unión Soviética y ha puesto de manifiesto
la naturaleza socialfascista y socialimperialista del Estado soviético,
contribuyendo así decisivamente al avance revolucionario de todos los
pueblos del mundo.

El Partido Comunista de China ha demostrado, partiendo del marxismo-leninismo
y analizado la realidad soviética, cómo la burguesía burocrática
de nuevo tipo, gestada principalmente en el seno del Partido del Proletariado,
ha arrancado el poder a la clase obrera: ha sustituido la Dictadura del Proletariado,
que significaba la más amplia democracia para la inmensa mayoría
de la población, por un régimen policíaco y terrorista
de tipo fascista, anega al pueblo soviético con la difusión de
los valores ideológicos burgueses en su forma fascista, fomentando el
culto servil a la autoridad, el miedo y la más degradante moral en todas
las esferas de la vida; ha convertido a la economía socialista en economía
capitalista.

Esta burguesía burocrática de Estado mantiene
una política exterior de tipo imperialista, sojuzga y explota a las nacionalidades
no rusas de la propia URSS y a otros países, llegando en algunos casos
a la ocupación militar directa (Checoslovaquia). Se colude y rivaliza
con el imperialismo yanqui ensombreciendo el planeta con un horizonte de guerra
y mantiene hacia los pueblos oprimidos una criminal política de agresión,
expansión, intervención y subversión, con el único
afán de dominar el mundo Por eso los pueblos lo van conociendo como socialimperialista
y socialfascista, esto es, socialista de nombre e imperialista y fascista de
hecho.

El Partido Comunista de China guiado por el camarada Mao Tse-tung,
partiendo del marxismo-leninismo y valiéndose del método de análisis
de clase, ha analizado el desarrollo y los cambios de las contradicciones fundamentales
en el mundo actual y ha determinado la línea estratégica para
el proletariado revolucionario internacional

El pensamiento Mao Tse-tung ha desarrollado creadoramente también
el marxismo-leninismo en distintos dominios. Ha hecho valiosas aportaciones
sobre la filosofía marxista-leninista (materialismo dialéctico);
sobre la concepción de un ejército popular de nuevo tipo; sobre
el tratamiento de las contradicciones en el partido etc…. Así por ejemplo,
ha profundizado en el concepto leninista de la revolución ininterrumpida
y por etapas. Veamos con más detalle esta cuestión. En cada etapa
el proletariado debe establecer alianzas con las clases y capas del pueblo interesadas
en derrocar al enemigo principal. Estas alianzas se establecen observando los
intereses de cada una de ellas y se plasman en la creación de un frente
unido de todo el pueblo bajo la dirección de la clase obrera; pero teniendo
siempre presente la independencia orgánica, política e ideológica
del proletariado. La relación que ha de existir entre las diversas clases
en este frente unido se sintetizan en el principio: “ni unidad sin lucha,
ni lucha sin unidad”. Según el sistema de alianzas de clase establecidas
por el proletariado durante el proceso revolucionario y la etapa por la que
éste atraviesa, la Dictadura del Proletariado adopta diversas formas.
Lo que tienen en común todas ellas es la hegemonía del proletariado
concretada en que el poder político es ejercido, en última instancia,
por la clase obrera, sirviéndose como instrumento para ello de su partido,
y en que la ideología comunista se va afianzando progresivamente en la
conciencia del pueblo.

El revisionismo contemporáneo aún es muy fuerte.
Existen poderosos partidos revisionistas y existe un influjo permanente de la
ideología revisionista sobre los nacientes partidos marxistas-leninistas,
que les lleva a veces a mantener fuertes vacilaciones de oportunismo de derechas;
pero es inevitable la bancarrota del revisionismo y el imperialismo y el triunfo
de todos los pueblos del mundo. Mantener una posición firme, clara y
tajante, sin asomo de confusión respecto a la ruptura entre el marxismo-leninismo-pensamiento
Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo es, pues, una cuestión
de la más vital importancia para la revolución.

SOBRE LA CUESTION DE STALIN

La lucha entre el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung
y el revisionismo contemporáneo se da de forma particularmente enconada
sobre un problema que preocupa seriamente a muchos revolucionarios, sobre la
cuestión de Stalin.

Ante este problema se pone de manifiesto con especial nitidez
la diferencia en cuanto a posición, punto de vista y método entre
el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el revisionismo contemporáneo
a la hora de encarar la realidad, esto es, los opuestos objetivos, los opuestos
intereses de clase de cada uno.

El revisionismo contemporáneo fija su atención
en la persona de Stalin y lo presenta como un demonio. Le imputa los más
desenfrenados crímenes y explica que la causa hay que buscarla en una
desviación, “el culto a la personalidad”. El problema no es
jamás planteado en términos de clases y lucha de clases y queda
corno el caso de un individuo que goza de extraordinario poder y es un asesino,
como un caso “patológico”.

Al presentarlo así busca un triple objetivo: En primer
lugar, desacreditar el primer Estado de Dictadura del Proletariado y con él
la Dictadura del Proletariado misma. En segundo lugar, desorientar y, desmovilizar
a las masas que se enfrentan a un problema que no es explicado en términos
de lucha de clases y por tanto no es transformable por ellas. En tercer lugar,
lanzar una cortina de humo sobre los errores del PCUS en tiempos de Stalin que
han contribuido a la aparición del socialfascismo en la URSS, pone a
salvo la burguesía burocrática fascista soviética.

Para el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung, la cuestión
de Stalin es la cuestión de la defensa de la Dictadura del Proletariado,
la toma de posición respecto al carácter dominantemente proletario
o no del Partido Comunista de la Unión Soviética y de todo el
Movimiento Comunista Internacional en este periodo.

La valoración que hace el Partido Comunista de China
«y con él el movimiento marxista-leninista internacional»
que ha analizado cuidadosamente este periodo y ha sacado experiencias extremadamente
valiosas para la revolución mundial, es que el PCUS y la URSS fueron
en este tiempo, en lo principal, un partido proletario y un Estado de Dictadura
del Proletariado y que Stalin, a la cabeza del PCUS, defendió con firmeza
el marxismo-leninismo y la Dictadura del Proletariado frente a los ataques de
la burguesía.

No obstante, durante ese tiempo, el PCUS, guiado por Stalin,
cometió errores que tuvieron dañinas consecuencias para la revolución
mundial. Algunos de estos errores fueron de principios, tenían por tanto
un carácter muy grave.

Stalin partía de un punto de vista metafísico
a la hora de analizar la sociedad soviética, no partía suficientemente
del principio esencial de la dialéctica de que todas las cosas, incluso
las cosas socialistas, son una unidad de contrarios. No distinguía entre
las contradicciones en el seno del pueblo y las contradicciones con los enemigos.
Esto le llevó a tratar como contradicciones antagónicas contradicciones
que no lo eran. Amplios sectores de las masas soviéticas y de buenos
comunistas del Partido Bolchevique pagaron duramente este error.

Así mismo respecto al internacionalismo proletario Stalin
y con él el PCUS, mostraron cierta tendencia al chovinismo de gran nación,
causando serios perjuicios a los intereses de algunos países, pueblos
y partidos.

A pesar de estos graves errores, debemos defender a Stalin,
tratarlo como a un camarada. Aunque, como dicen los camaradas chinos “la
cuestión de Stalin es extremadamente compleja y no se resolverá
en este siglo”, hoy, su defensa frente a los ataques del revisionismo y
de la burguesía en general, es un punto de demarcación entre las
posiciones proletarias y las burguesas.

Nuestro partido guía pues su pensamiento y su acción
por la línea ideológica que lleva desde Marx, Engels, y Lenin,
pasando por Stalin, a Mao Tse-tung.


Línea estratégica

I – La línea del proletariado revolucionario en la situación
de lucha de clases a nivel munidal

Nuestra época es la época del imperialismo agonizante
y la revolución proletaria mundial. Los países quieren la independencia,
las naciones la emancipación y los pueblos la revolución; ésta
es la irresistible tendencia histórica de nuestra época y nada
puede detenerla.

El imperialismo y la burguesía tratan de sembrar la desmoralización
y el pesimismo en las filas de la clase obrera acerca de la actual evolución
de los acontecimientos mundiales y, para ello, se valen de diversos agentes
en su seno, en particular del revisionismo contemporáneo; pero los hechos
van en otra dirección. La realidad es que la situación internacional
es excelente para el proletariado y los pueblos de la Tierra. A través
de múltiples dificultades y luchas complicadas la revolución proletaria
avanza incontenible, el marxismo-leninismo se ha convertido, en el transcurso
de un siglo, en una fuerza formidable. El futuro pertenece a los pueblos y al
comunismo y es infinitamente luminoso mientras la burguesía, el capitalismo
y el imperialismo dan sus últimas batallas antes de desaparecer del escenario
de la historia.

En el actual marco de la lucha de clases a nivel mundial, plagado
de dificultades pero a la vez iluminado por un radiante porvenir, nuestro Partido
reconoce y defiende al Partido Comunista Chino como el partido de vanguardia
dentro del Movimiento Comunista Internacional. El Partido Comunista Chino guiado
por el camarada Mao Tse-tung ha marcado la línea, orientación
y política justas para el Movimiento Comunista Internacional y ha dado
un nuevo impulso al desarrollo de la situación internacional en una dirección
favorable a los pueblos del mundo entero. El Partido Comunista Chino aplica
firmemente el internacionalismo proletario, ayudando a los partidos marxistas-leninistas
de todo el mundo, apoyando los movimientos revolucionarios y la lucha de liberación
de los pueblos oprimidos y aplicando, al mismo tiempo, consecuentemente el principio
de que cada pueblo se tiene que liberar a sí mismo, partiendo fundamentalmente
de basarse en sus propias fuerzas. La República Popular China es, hoy,
la principal base de apoyo de la revolución mundial.

El Partido Comunista Chino parte de las cuatro contradicciones
fundamentales de nuestra época a nivel mundial: la contradicción
entre los países oprimidos y el imperialismo, la contradicción
entre la burguesía y el proletariado en los países capitalistas,
la contradicción de los países imperialistas y los grupos monopolistas
entre si
, la contradicción entre el conjunto de los países
socialistas y el imperialismo
. Ningún partido puede, sin apartarse
del marxismo-leninismo, ignorar alguna de estas contradicciones o sustituirlas
subjetivamente por una de ellas, puesto que todas están vinculadas entre
sí y se influyen mutuamente

El Partido Comunista Chino ha denunciado la aparición
del socialimperialismo soviético
, señalando como introduce
modificaciones en la situación de la lucha de clases y en las relaciones
entre las distintas contradicciones a nivel mundial.

Por último, la teoría del Partido Comunista
Chino formulada por Mao Tse-tung en 1974, sobre los tres mundos tiene una significación
trascendental y de largo alcance. Representa una síntesis científica
de la situación estratégica del mundo en los tiempos actuales
.
Valiéndose del método del análisis de clase, examina el
desarrollo y los cambios operados en las diferentes contradicciones fundamentales,
la división y el reagrupamiento de las distintas fuerzas políticas
en el mundo actual, así como la situación política y económica
de los diversos países en el plano internacional.

A la luz de esta línea y orientación es como todos
los comunistas debemos abordar el análisis de clase concreto de la política
y economía mundiales, los deberes internacionalistas de nuestro Partido
y la línea política del proletariado para la revolución
en España.

1.- LAS DOS SUPERPOTENCIAS SON LOS ENEMIGOS PRINCIPALES DE
LOS PUEBLOS DEL MUNDO

Los EEUU y la URSS son los principales explotadores y opresores internacionales,
las superpotencias imperialistas más agresoras y crueles en la historia
de la humanidad
. Este es un rasgo fundamental de la realidad del mundo en
nuestros días.

Desde finales de la II Guerra Mundial, en que alcanzó
la cima de su poderío, los crímenes de la burguesía imperialista
norteamericana contra los pueblos del mundo son innumerables. Buscando nuevas
fuentes de materias primas, nuevas zonas de expansión de su capital,
nuevos mercados, el imperialismo norteamericano metió sus garras en los
cinco continentes, desplazó parcial o totalmente a las viejas potencias
colonialistas, promovió golpes reaccionarios en numerosos países
para atarlos al carro de sus intereses y no ha vacilado en emprender nuevas
aventuras militares y bárbaras guerras de agresión, cuando le
han fallado otros métodos, para someter a los pueblos y esclavizar a
los países mediante la brutal intervención en sus asuntos políticos,
económicos, militares y culturales.

Pero toda acción provoca una reacción contraria.
Así, la acción imperialista de la burguesía monopolista
estadounidense se ha tenido que enfrentar con la lucha creciente de los pueblos
por la independencia, la libertad y el socialismo. Como consecuencia de esta
lucha, los Estados Unidos han sufrido derrotas militares en Asia, han visto
debilitado su control en muchos países y se han desenmascarado ante los
pueblos. En el transcurso de poco más de un decenio se han visto forzados
a situarse a la defensiva en el plano estratégico.

Sin embargo, el proletariado internacional y los pueblos del
mundo no pueden despreciar tácticamente, ni por un momento, al imperialismo
norteamericano. Este es aún muy poderoso militarmente, domina vastas
regiones del planeta, tiene intereses creados en los cinco continentes y no
renunciará ni a una sola pulgada de su poder si los pueblos no le obligan
mediante su lucha. Más aún, en la actualidad, los EEUU tratan
de fortificar al máximo sus actuales posiciones, buscan retomar la iniciativa
en Asia y África mediante diversas políticas de infiltración,
subversión y agresión. Mientras exista, el imperialismo norteamericano
constituye una tremenda amenaza para todos los pueblos del mundo
.

Desde que, tras la muerte de Stalin la burguesía seguidora
de la vía capitalista dentro del partido tomara el poder en la URSS,
liquidara la dictadura del proletariado e implantara una dictadura burguesa
monopolista de tipo fascista, todo en el primer país socialista de la
historia se convirtió en su contrario. De país socialista pasó
a convertirse en capitalista imperialista; de aplicar el internacionalismo proletario
pasó a aplicar la traición a la revolución proletaria mundial
y el chovinismo de gran potencia; de aplicar una política exterior de
paz pasó a aplicar una política de intervención y agresión
basada en la fuerza económica y militar. Esta política socialimperialista
es ya una dura realidad en todos los rincones del globo.

Impulsados por su fuerza motriz (la búsqueda de la superganancia
monopolista) los países imperialistas se ven lanzados a una febril carrera
por adueñarse del máximo número de colonias, de fuentes
de materias prima, de mercados para sus productos y para la revalorización
del capital monopolista. El capital estatal de la URSS, en la medida en que
dispone de un nivel de concentración y monopolio superior al de otros
países imperialistas, es aún más codicioso y rapaz que
ellos en la búsqueda de la superganancia
. Pero a la vez la URSS no
se halla en condiciones de competir económicamente con los países
imperialistas de Occidente, y en particular con los EEUU, en los mercados internacionales;
esto hace que el capital monopolista de estado soviético se torne cada
vez más expansionista y agresivo en su pugna por la hegemonía
mundial, y haya adoptado para ello una estrategia ofensiva.

La burguesía burocrática soviética trata
de compensar su inferioridad económica con la otra superpotencia a través
de lograr ventaja en el plano militar y mediante el reforzamiento del aparato
estatal de dictadura fascista paras poder movilizar a todas las fuerza de la
URSS al servicio de sus designios imperialistas. De hecho el porcentaje del
producto nacional soviético dedicado a la industria militar y complementaria
ha alcanzado ya el 25 por ciento anual y la represión sobre el proletariado,
las nacionalidades, la intelectualidad progresista y todo el pueblo soviético
no deja de agudizarse.

El socialimperialismo soviético es una degeneración
salida del primer país socialista. Así, puede valerse del prestigio
de Lenin y ostentar la bandera del “socialismo” para embaucar a la
gente en todas partes. Al realizar sus actividades de agresión, intervención,
subversión y expansión, la URSS se disfraza de “socialismo”
y las enmascara con el “cumplimiento de las obligaciones internacionalistas”,
“apoyo a los movimientos de liberación nacional” y “oposición
al imperialismo y al neoimperialismo”. Este tipo de apariencia engañosa
le permite introducirse en las luchas y movimientos de liberación nacional
de los países y pueblos oprimidos del mundo, lo que le hace doblemente
peligrosa, pues enmascara su verdadera catadura.

Lenin afirmó: “El dominio mundial es el contenido
de la política imperialista, cuya continuación es la guerra imperialista”.(1)

En la actualidad, este principio marxista-leninista se ve corroborado
por la realidad. Uno de los rasgos destacados de la situación mundial
lo constituye la agudización de la contienda por la hegemonía
entre la dos superpotencias y, en consecuencia, el aumento de los factores de
una nueva guerra imperialista de rapiña, un nuevo reparto del mundo.

Dado que en el mundo no existen desde hace largo tiempo zonas
de libre expansión, que la división del mundo entre los distintos
imperialismos ya había sido completada, la URSS en cada paso que da en
su lucha por la hegemonía se ve forzada a infringir otros intereses imperialistas,
principalmente los del imperialismo norteamericano. La actual distribución
de “esferas de influencia” entre ambas superpotencias no guarda correspondencia
con los cambios operados en la correlación de fuerzas entre las mismas,
particularmente en el plano militar, en el que la URSS alcanza o sobrepasa en
algunos terrenos a los EEUU. Inevitablemente, esto genera una agudización
cada vez mayor de las contradicciones entre ambas superpotencias y según
señaló Lenin, estas contradicciones no se resuelven por las buenas
en el mundo capitalista. Sólo la guerra las puede resolver.” (2)

De hecho, ambas superpotencias, y en particular la URSS, aplican
la política de “hablar de paz y prepararse aceleradamente para la
guerra”. Montan “conferencias de paz” como las de Helsinki y
Belgrado y hablan de “desarme” y de que “la principal tendencia
de nuestros días es a la distensión”, etc…, pero todo esto
no constituye más que una cortina de humo lanzada para tratar de impedir
que los pueblos vean la cruda realidad de los hechos: la delirante carrera armamentista,
el crecimiento desorbitado de su industria militar, la aceleración de
sus preparativos bélicos en todos los terrenos.

La contienda soviético-norteamericana por la hegemonía,
se desarrolla ya en los cinco continentes, en los océanos y en el espacio;
pero su objetivo estratégico es el dominio sobre Europa. Esta es la zona
del mundo capitalista, aparte de los EEUU, donde se concentra el capital, la
industria moderna y la tecnología. Dada la debilidad relativa de su base
económica, la burguesía imperialista soviética no puede
aspirar a conseguir sus objetivos de hegemonía mundial sin apoyarse en
la fuerza económica y técnica de Europa Occidental, y, a la vez,
los EEUU no pueden renunciar a sus enormes intereses de todo tipo y su control
sobre ella, sin verse relegados a un segundo plano ante el imperialismo soviético.

Ambas superpotencias concentran sus fuerza militares en Europa
y alrededor de ella, tratan de reforzar al máximo la OTAN y el Pacto
de Varsovia, y buscan la penetración en la retaguardia contraria En su
enconada disputa por toda África, desde el Mar Rojo y Oriente Medio a
Gibraltar, desde el norte de Africa al cono sur del continente, constituye un
objetivo de primer orden el control de los estrechos, de la líneas marítimas
vitales para la economía europea y entre Europa y América. También
en Asia y América Latina la pugna de ambas superpotencias se agudiza
cada vez más.

En a disputa imperialista por la hegemonía, mientras
los EEUU se han visto obligados a una posición estratégica defensiva,
la URSS está a la ofensiva estratégica y desarrolla una política
de desafío febril a la posición dominante de los EEUU en el mundo
para lograr al precio que sea un nuevo reparto del planeta. La URSS se ha convertido
en la fuente más peligrosa de guerra mundial, y es la superpotencia más
peligrosa para la causa de la liberación de los pueblos, del socialismo
y la paz.

2.- LA SITUACIÓN INTERNACIONAL SE DESARROLLA EN UNA
DIRECCIÓN FAVORABLE PARA LOS PUEBLOS.

Las dos superpotencia son en apariencia fuertes, pero en realidad la verdadera
fuerza reside en los pueblos. El imperialismo y particularmente el hegemonismo
de la dos superpotencia, tropieza crecientemente contra un muro: la resistencia
cada vez mayor de los pueblos a las actividades explotadoras y agresoras del
imperialismo.

En la actualidad se acrecientan tanto los factores de guerra
como de revolución. Los pueblos, las naciones y países sometidos
a la explotación imperialista, en particular al hegemonismo de la superpotencias,
despliegan un vasto movimiento de resistencia y lucha contra el imperialismo,
el colonialismo y el hegemonismo, movimiento que golpea cada vez más
duramente la dominación imperialista. En algunos países el proletariado
está decididamente a la cabeza y la revolución ha obtenido resonantes
victorias.

Los heroicos pueblos de Vietnam, Camboya y Laos han obtenido
una victoria histórica sobre el imperialismo norteamericano, demostrando
a los ojos de todo el mundo que el imperialismo no puede detener la revolución
si un pueblo, aunque sea pequeño, permanece unido, persiste en la lucha
armada y está dispuesto a afrontar todos los sacrificios. En Thailandia
y Malasia la lucha contra el imperialismo y sus lacayos cobra un nuevo impulso.
El pueblo palestino persiste en su heroica lucha armada contra el imperialismo
y el sionismo y por la recuperación de sus territorios nacionales.

En África, la derrota del colonialismo en Guinea, Mozambique
y Angola ha dado nuevos bríos a la lucha de los pueblos africanos. En
Namibia, Rhodesia y África del Sur la lucha contra el imperialismo, el
colonialismo y el racismo se ha profundizado y los regímenes racistas-colonialistas
tienen los días contados. Los golpes asestados por Egipto, Sudán
y otros países a las maquinaciones soviéticas de control y subversión,
así como la victoria del pueblo zairense sobre los mercenarios a sueldo
de los soviéticos, son victorias obtenidas sobre las intrigas del socialimperialismo.

En América Latina el incremento de la explotación,
de la opresión brutal sobre los pueblos por parte del imperialismo norteamericano
y sus lacayos no pueden impedir la agudización de la resistencia, de
la lucha popular contra el fascismo. La situación en América Latina
refleja la creciente debilidad y desesperación del imperialismo norteamericano
frente a la lucha de los pueblos latinoamericanos.

La lucha de los pueblos y países asiáticos, africanos
y latinoamericanos “por su plena soberanía estatal y por un orden
económico internacional justo constituye la principal componente de la
lucha antiimperialista y antihegemónica mundial. Esta lucha está
sostenida por las dos terceras partes de la humanidad y forma una corriente
histórica irresistible.

Los países y pueblos del Tercer Mundo frente al imperialismo
y al hegemonismo han elevado considerablemente su conciencia política
y han fortalecido su unidad. Los pueblos y países del Tercer Mundo han
comprendido hace tiempo la naturaleza del imperialismo, en particular del norteamericano,
y están empezando a comprender el verdadero carácter imperialista
de la otra superpotencia que intenta hacerse pasar por “aliado natural
de los pueblos”.

La lucha de los pueblos asiáticos, africanos y latinoamericanos
contra el imperialismo, el colonialismo y en particular contra el hegemonismo
ataca y debilita en sus propios fundamentos la base del orden capitalista-imperialista
mundial y al mismo tiempo representa un apoyo y un impulso real al movimiento
obrero revolucionario de los países capitalistas desarrollados.

Los países socialistas, con la República Popular
China a la cabeza, haciendo frente valerosamente a las amenazas y presiones
de las superpotencias y sus intentonas subversivas, persistiendo en la dictadura
del proletariado y la construcción del socialismo y aplicando el internacionalismo
proletario y el principio de la coexistencia pacífica entre los Estados
constituye el más sólido apoyo para los pueblos y países
del mundo en la lucha contra el imperialismo el colonialismo y el hegemonismo
y el más sólido bastión del proletariado internacional
en su lucha por el socialismo.

Los hechos demuestran plenamente que el Tercer Mundo constituye
la fuerza principal contra el imperialismo, el colonialismo y el hegemonismo,
que el proletariado internacional y, en particular, los países socialistas
con la República Popular China a la cabeza forman el continente de primera
línea, el más consecuente y heroico en esta lucha.

3.- EL MUNDO CAPITALISTA ESTA SUMIDO EN UNA PROFUNDA CRISIS.

Como consecuencia de la lucha revolucionaria del proletariado, de las luchas
de liberación de los pueblos, de la lucha de los países por su
independencia, de las victorias del socialismo y a la vez de las propias contradicciones
internas, los países capitalistas atraviesan su mayor crisis desde la
Segunda Guerra Mundial.

Esta crisis no es sólo, económica, sino también
política y militar, afecta a lo ideológico y cultural y se manifiesta
tanto en el Este como en el Oeste. A la vez, la lucha por la hegemonía
de ambas superpotencias y su secuela inevitable: el rearme, el ascenso vertiginoso
de sus gastos militares y el empleo improductivo de una parte creciente de sus
recursos, amplifica aún más la crisis y agudiza sus consecuencias.

En todos los países capitalistas, la burguesía
monopolista intenta descargar la crisis sobre las masas populares incrementando
brutalmente la explotación del proletariado y demás trabajadores,
intensificando la opresión y la restricción creciente de los derechos
y libertades populares. El aumento vertiginoso de la inflación la paralización
de un porcentaje creciente de la actividad productiva, el incremento del ejército
de parados (cerca de 100.000.000 en el mundo capitalista) y en lo político
la amenaza cada vez más patente de fascistización en unos países
o el endurecimiento de las dictaduras fascistas en otros, constituyen el siniestro
cortejo de la presente crisis.

Inevitablemente todo esto agudiza la contradicción entre
la burguesía monopolista y el proletariado y el pueblo de los países
capitalistas. En los últimos anos, la lucha de las masas obreras y populares
contra la explotación y opresión del capital monopolista y en
defensa, de los derechos democráticos, tanto en la URSS, Polonia, Italia,
España, Checoslovaquia, Inglaterra, etc. ha cobrado un poderoso auge
y rebasa cada vez más el marco económico y reformista en el que
pretende encerrarlo la socialdemocracia y el revisionismo contemporáneo.
En estas batallas, el proletariado revolucionario de los países capitalistas
sigue un proceso de acumulación de fuerza para el futuro derrocamiento
del capital monopolista y la reacción, mientras se crea y afirma la verdadera
vanguardia proletaria: los partidos comunistas marxistas-leninistas. Todo esto
abre perspectivas a la lucha del proletariado internacional y a la solidaridad
combativa con los pueblos y países del Tercer Mundo en la lucha común
contra el imperialismo y el hegemonismo.

La crisis general del mundo capitalista y el enconamiento de
la pugna entre ambas superpotencias ha agudizado también las contradicciones
entre las superpotencias y los países capitalistas desarrollados sometidos
en uno u otro grado a la opresión, control, explotación y amenaza
de una u otra superpotencia, particularmente en Europa. En sus respectivos campos
de influencia se ensanchan a ojos vista las grietas, tanto en los bloques económicos
como en el seno de las “alianzas” políticas y militares comandadas
por la URSS y los EEUU. Aunque las superpotencias tratan de impedirlo por todos
los medios, esto es inevitable e independiente de su voluntad y obedece a la
acción de la ley del desarrollo desigual del imperialismo, que actúa
de forma especialmente intensa en momentos de crisis general, empujando a los
distintos países y grupos monopolistas a la competencia más desenfrenada
para salvaguardar sus intereses propios.

En Europa Oriental, a pesar de las teorías socialimperialistas
de “soberanía limitada”, a pesar de los esfuerzos de la URSS
por mantener a los distintos países bajo su bota, las tendencias de oposición
a la ocupación militar soviética, al sojuzgamiento político
y a la integración de las economías de los distintos países
en aras de los intereses del Estado soviético se manifiestan cada vez
más vivas por todas partes. Los sucesos de la invasión de Checoslovaquia,
los levantamientos obreros de Polonia, etc., son síntomas evidentes.
Por otra parte, los EEUU redoblan sus esfuerzos por azuzar estos antagonismos,
interviniendo a través de inversiones, créditos y una orquestada
campaña política sobre los “derechos humanos”.

Las disensiones entre los EEUU, por una parte, y los países
de Europa Occidental y Japón por otra, también se han agudizado
y su tendencia es a acrecentarse como resultado de la desorganización
del sistema comercial y monetario, la crisis energética y de materias
primas, la política estadounidense de rearme, la agudización de
la competencia de los distintos “trusts” monopolistas y también
a consecuencia de las maniobras y presiones soviéticas en los diversos
países. Es indudable que, las contradicciones más fuertes se dan
entre EEUU y los países del Mercado Común Europeo (CEE). La política
de EEUU, y en ello coincide en parte con la otra superpotencia, es la de evitar
que la CEE se consolide, en particular en lo político y en lo militar,
para ello utiliza las contradicciones entre los estados miembros para manejarlos
por separado

En los países de capitalismo monopolista del Segundo
Mundo (Europa excepto la URSS, Japón, Canadá, Australia etc.)
se manifiesta por tanto una doble contradicción. Explotan y oprimen a
los pueblos y países del Tercer Mundo pero a la vez son víctimas
en uno u otro grado de la agresión de las superpotencias, lo que hace
aparecer en ellos tendencias a unirse y oponerse al hegemonismo, y en particular
a la superpotencia más peligrosa: la URSS. Esa tendencia anti-hegemónica
se da con mayor intensidad en la CEE, aunque esta tendencia está limitada,
a la vez, por el enorme peso e influencia de los intereses estadounidenses en
Europa.

La tendencia a la unidad en el Segundo Mundo tiene, pues, dos
aspectos. Por una parte, es para mejor competir con las superpotencias, para
mejor explotar a las masas trabajadoras de sus propios países y a los
pueblos del Tercer Mundo, para participar en mejores condiciones en la carrera
imperialista. Por otra esta tendencia se opone a los intereses hegemónicos
de las dos superpotencias debilitando a los principales enemigos de los pueblos
del mundo y constituyendo en esta medida un factor positivo en la lucha común
de los pueblos contra el hegemonismo y la guerra.

Por tanto los países del Segundo Mundo, que enfrentan
una amenaza bélica cada vez más seria de las superpotencias, tienen
la necesidad de unirse entre si y fortalecer la unión con el Tercer Mundo
a fin de avanzar en la lucha contra los enemigos comunes. Para defender su independencia
y existencia nacionales, la lucha unida es el único camino correcto.

Al mismo tiempo, el movimiento obrero de los países del
Primer y Segundo Mundo y la lucha antiimperialista del Tercer Mundo se apoyan
mutuamente. La clase obrera y las masas revolucionarias de los países
desarrollados capitalistas han logrado, en repetidas ocasiones brillantes victorias,
dando duros golpes al imperialismo y al socialimperialismo, y prestando enérgico
apoyo a los pueblos del mundo en su lucha contra el imperialismo y el hegemonismo.

4.- LAS TAREAS INTERNACIONALISTAS DE NUESTRO PARTIDO.

Ante esta situación ¿cuál es la línea general de
los marxistas-leninistas de todo el mundo?, ¿cuáles son las tareas
internacionalistas de nuestro partido?.

La línea general para el Movimiento Comunista Internacional sigue consistiendo
en la unión de todos los proletarios, pueblos y naciones oprimidas del
mundo; la lucha contra el imperialismo y el colonialismo, y principalmente contra
el hegemonismo de las dos superpotencias, y los reaccionarios de los distintos
países; la lucha por la paz mundial, la independencia nacional, la democracia
popular y el socialismo; la lucha resuelta contra el revisionismo contemporáneo;
la consolidación y crecimiento de los países socialistas; la consecución
paulatina de la revolución proletaria mundial y el establecimiento de
un mundo nuevo, sin imperialismo, sin capitalismo y sin explotación ni
opresión.

Esta es la línea general que preside las tareas internacionalistas
de todo el Movimiento Comunista Internacional y las de nuestro partido.

Partiendo del análisis de la situación mundial
en su conjunto y del desarrollo de las contradicciones fundamentales de nuestra
época, así como de la experiencia del Movimiento Comunista Internacional,
el Partido Comunista Chino, dirigido por Mao Tse-tung, ha señalado la
política revolucionaria y las tareas del proletariado revolucionario
internacional.

En la actualidad, dado que las dos superpotencias constituyen
los principales enemigos de los pueblos y su disputa amenaza con hacer estallar
una nueva guerra mundial, la lucha por formar, con el proletariado internacional
y los países socialistas como núcleo, el más amplio Frente
Unico para frustrar el hegemonismo de las superpotencias y su política
de guerra es una justa política proletaria.

El proletariado mundial debe unirse con todas las fuerzas susceptibles
de ser unidas para aislar y golpear a estos enemigos y apoyar todo factor que
los debilite. Esta es también la única política consecuente
de paz, la única que permite prevenir eficazmente una nueva guerra mundial
desatada por las superpotencias, puesto que la paz no puede ser preservada con
súplicas inútiles de desarme, sino apoyándose en el desarrollo
de las fuerzas de los países socialistas, en la lucha revolucionaria
del proletariado y los trabajadores de todos los países, en las luchas
de liberación, de los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo
y el socialimperialismo y apoyando la, resistencia al control, al atropello
y a la intervención por parte de las dos superpotencias de los países
del Tercer y Segundo Mundo.

En la actualidad son las superpotencias las que crean el peligro
de guerra mundial y ésta sólo puede prevenirse por tanto, golpeándolas
y debilitándolas. No hay ningún otro camino de paz en el mundo.

Las tareas internacionalistas de nuestro Partido son, por tanto:

1.- Fortalecer la unidad combativa del proletariado y el pueblo
de España con el proletariado y el pueblo de los países del segundo
mundo; fortalecer así mismo unidad de los pueblos europeos «y en
particular el de nuestro país» con el Tercer Mundo, en la lucha
contra el imperialismo y el hegemonismo; establecer vínculos de unidad
con todo aliado posible con el fin de avanzar en la lucha contra el hegemonismo
de las dos superpotencias.

2.- Unirnos estrechamente con todos los verdaderos partidos,
marxistas-leninistas del mundo y especialmente con el Partido Comunista Chino,
para combatir hasta el fin el revisionismo contemporáneo y llevar a su
culminación la revolución proletaria mundial.

3.- Impulsar la revolución en España, dentro del
marco de la estrategia del proletariado revolucionario internacional, con el
fin de implantar una República Democrática Popular y abrir paso
a la edificación del socialismo constituye el principal deber internacionalista
de nuestro Partido, su mayor contribución hoy en día a la causa
de la revolución proletaria mundial. Para ello, en la actualidad, el
proletariado de nuestro país al mismo tiempo que se une con las más
amplias masas populares para desplegar una seria lucha contra la opresión
y la explotación de la burguesía monopolista española,
no puede sino enarbolar consecuentemente la bandera de la independencia nacional,
colocarse en la primera fila de la lucha contra el imperialismo y contra la
amenaza de agresión de las dos superpotencias
(teniendo en cuenta
que la más peligrosa es la Unión Soviética) y uniéndose
con todos los que rehusen ser manejados y esclavizados por ellos, dirigir esta
lucha con dinamismo y participar activamente en ella.

Para ello hay que pasar, dentro de este marco, a determinar
la línea estratégica de la revolución en España:
realizar un análisis concreto de la índole de nuestro país,
de los blancos de la revolución y sus tareas, de las fuerzas motrices
de la misma, principales y secundarias, así como de su contenido y perspectivas.

España es un país de capitalismo monopolista de
estado, controlado por el imperialismo, y en particular por el imperialismo
norteamericano. ¿Cómo se ha formado el actual régimen económico-social
de nuestro país?. Estas son cuestiones de la mayor importancia para determinar
la estrategia revolucionaria.


II – Los rasgos característicos de la sociedad española

1.- LA DEBILIDAD HISTÓRICA DE LA BURGUESÍA ESPAÑOLA

Mientras en Francia, Inglaterra y otros países europeos
la burguesía asesta desde finales del siglo XVIII sucesivos golpes al
antiguo régimen aristocrático feudal e impone paulatinamente el
capitalismo, la burguesía española es incapaz de hacer otro tanto.
Extremadamente débil desde sus orígenes e incapaz de acumular
suficiente fuerza y organizarse con eficacia para destruir el decrépito
régimen autocrático de los Borbones, la burguesía española
se muestra a lo largo de todo el siglo XIX, más inclinada a postrarse
ante la aristocracia terrateniente la corona y la Iglesia que a combatirlas
radicalmente e implantar su propio proyecto revolucionario. Más inclinada
a componendas con la reacción monarco-feudal que a apoyarse en la lucha
de las masas trabajadoras y el naciente proletariado industrial, dejando de
ese modo prácticamente intactas las bases económico-sociales del
antiguo régimen (dominio aplastante de las relaciones semi-feudales en
el campo, ausencia de un mercado nacional amplio, Estado decrépito e
ineficaz, etc.) que trababan precisamente el desarrollo del capitalismo y la
expansión de la misma burguesía.

Así, víctima de su propia debilidad, de sus vacilaciones,
de su temor al pueblo revolucionario, la burguesía española dejó
escapar una tras otra todas sus oportunidades históricas, desde la Guerra
de Independencia de 1808-14 hasta el período revolucionario de 1868-73,
que culminó con la instauración de la I República. Es la
aparición del proletariado en este último período como
fuerza revolucionaria activa de primera fila, el factor que aceleró la
fusión comenzada durante el reinado de Isabel II (1833-1868) de los sectores
más reaccionarios de la burguesía (la burguesía terrateniente
y la burguesía bancaria) con la aristocracia, contando con la bendición
incondicional de la Iglesia y el beneplácito de las potencias imperialistas
de la época, en particular de Inglaterra y Francia, que se apoyaban en
estos sectores precisamente para impedir el desarrollo de un capitalismo autónomo
«y por tanto rival» y para intervenir en los asuntos internos de
España adueñándose de la minoría de los transportes
y otros sectores productivos.

Con el aplastamiento de la I República y la restauración
de la Monarquía borbónica de Alfonso XII en 1874, se plasmó
definitivamente la renuncia de la alta burguesía española a hacer
su propia revolución, el pacto de su sector dominante con la aristocracia
terrateniente y su subordinación a las potencias imperialistas más
importantes. Esta alianza en el poder dará origen, mediante paulatinos
cambios y reajustes, a la oligarquía financiera y terrateniente. De este
modo se configura en sus líneas esenciales y se impone un tipo de desarrollo
capitalista incapaz de transformar a fondo las estructuras de la vieja sociedad,
sometido al control de los países imperialistas más potentes en
cada momento; y cuyos rasgos característicos son, desde su origen, el
raquitismo, la especulación y el parasitismo. La dictadura de está
“Santa Alianza”, reaccionaria y antinacional, ha costado al pueblo
de las nacionalidades de España incalculables padecimientos y opresión,
sumiendo a nuestro país en la pobreza, el atraso y la dependencia exterior.

2.- EL CAPITALISMO MONOPOLISTA DE ESTADO

En la actualidad en España, el modo de producción
dominante es el capitalismo en su última fase de desarrollo: el capitalismo
monopolista de Estado.

El grado de concentración del capital y de la producción
es tan elevado que los monopolios desempeñan un papel decisivo en la
vida económica. Así mismo, el capital bancario y el capital industrial
se han fusionado dando origen al capital financiero.

Cada uno de los grandes bancos posee grupos de empresas en las
distintas ramas de la producción y controla a través del crédito
a las pequeñas y medianas empresas. El capital financiero está
concentrado hasta tal punto que un puñado insignificante de familias
controlan el 89 por cien del capital de la banca privada. Los grandes bancos
han absorbido a los pequeños o los tienen en su esfera de influencia.
Algunas ramas de la producción y los servicios están completamente
monopolizadas, incluso jurídicamente (CAMPSA, Tabacalera, RENFE, Telefónica,
etc…), contando otras ramas con un pequeño número de empresas
que establecen entre sí acuerdos de precios y mercados, siendo, por tanto,
monopolios de hecho (siderurgia, electricidad, cementos, automóviles,
petroquímicas…). La tendencia a la disminución de las pequeñas
y las medianas empresas y el crecimiento en cuanto a su volumen de producción
y a su dominio de mercado de las grandes, se observa en casi todas las ramas
de la industria y el comercio (grandes almacenes, cadenas de distribución,
transporte…).

El capital financiero español, íntimamente unido
al capital monopolista. extranjero y en particular al norteamericano, ha desarrollado
la concentración y monopolización de los sectores productivos
básicos prácticamente “desde arriba”, basándose
en su dominio exclusivo de poder estatal.

Todo esto ha provocado la ruina creciente de amplios sectores
de pequeños y medianos empresarios industriales, comerciantes y artesanos,
que han pasado a engrosar las filas del proletariado o del semiproletariado,
acelerándose este proceso particularmente en momentos de crisis aguda
como la de 1956-1959 y la actual. Cada uno de los grandes bancos españoles
posee y controla a través del crédito a las pequeñas y
medianas empresas. En la gran mayoría de las empresas monopolistas, el
capital está repartido en proporciones variables entre los distintos
grupos financieros españoles, el Estado y el capital monopolista extranjero,
predominando en este último de forma abrumadora las grandes corporaciones
norteamericanas.

La fusión entre la oligarquía financiera y los
grandes intereses imperialistas con el Estado, ha llegado a tal extremo que
el papel fundamental de este último es arbitrar, regularizar y fortalecer
los intereses de los distintos grupos financieros y monopolistas

A través de un sin fin de organizaciones estatales y
paraestatales (Consejo Superior Bancario, INI, Servicio Nacional de Productos
Agrarios…), se imponen coercitivamente los intereses oligárquico-imperialistas
a toda la sociedad, se redistribuyen los recursos productivos en beneficio de
una ínfima minoría, acelerando la monopolización de nuevos
sectores y la acumulación de gigantescas masas del capital en unas pocas
manos. El Estado español es, en la actualidad la expresión concentrada
del poder de la minoría oligárquica y de los grandes intereses
imperialistas, en particular los norteamericanos, poder que se impone no sólo
contra el proletariado y el campesinado, sino también contra la pequeña
burguesía y los sectores no monopolistas de las burguesía.

En la agricultura durante los últimos 15 años
se han hecho dominantes las relaciones de producción capitalistas.

Los monopolios (privados, estatales o mixtos) dominan la vida
material del campo, tanto la venta de los bienes industriales necesarios para
la actividad agrícola como con la comercialización y transformación
de los productos.

La oligarquía financie a y el imperialismo han impuesto
una vía de “desarrollo” en la agricultura cuyo punto central
ha consistido en la expulsión de más de la mitad de la población
campesina hacia las ciudades y el extranjero creando así un ejercito
de mano de obra barata para el desarrollo monopolista de la industria y una
fuente gratuita de divisas en la actualidad el porcentaje de la población
activa en la agricultura no llega al 25 por ciento del total nacional. Entre
1963 y l975 más de la mitad de las provincias españolas han visto
disminuir drásticamente su población y zonas ente ras se han despoblado,
mientras unas pocas ciudades como Madrid Barcelona, Bilbao, etc. han visto establecerse
en sus suburbios millones de nuevos proletarios sin más bienes que su
fuerza de trabajo Sin embargo, todo este proceso se ha desarrollado sin transformar
en lo más mínimo las viejas estructuras latifundistas (y en gran
medida tampoco las minifundistas dominantes en algunas regiones) sin tocar el
poder de los grandes terratenientes sobre la vida rural pata hacer y deshacer
a su capricho.

Todos estos factores combinados han provocado, a pesar de la
mecanización y tecnificación de los cultivos, una relación
entre la industria y la agricultura crecientemente desfavorable para esta última.
Las consecuencias de esta situación son particularmente insoportables
para los pequeños y medianos campesinos acosados a la vez por la acción
de los monopolios, del Estado y de los terratenientes y caciques locales.

3.- LA DICTADURA FASCISTA Y LA INTERVENCIÓN DEL IMPERIALISMO
AMERICANO

Sin embargo, a diferencia de otros países capitalistas,
el desarrollo monopolista de España ha seguido un curso peculiar. En
él ha jugado un papel decisivo el establecimiento de la dictadura fascista
en 1939 y la intervención del imperialismo.

Es la dictadura terrorista de tipo fascista instaurada en 1939,
lo que permite a la oligarquía financiera realizar un rápido proceso
de acumulación de capital, mediante una explotación sin límite
de la clase obrera y de las masas trabajadoras y la privación de todo
derecho, de toda posibilidad de organizarse y defender sus intereses a las otras
clases populares. La consolidación del capitalismo monopolista de estado
ha ido aparejada con la más sanguinaria y corrompida dictadura que ha
padecido España a lo largo de su historia.

Por otra parte, el Régimen Fascista que sólo consiguió
el poder mediante la intervención militar del imperialismo alemán
e italiano con la ayuda solapada de los imperialistas ingleses, franceses y
americanos, al ser vencidos Hitler y Mussolini, buscó cobijo en el imperialismo
yanqui, y así, en 1953, firmó los vergonzosos acuerdos yanqui-franquistas,
acuerdos que permiten la Instalación de una red de bases militares, convirtiendo
a España en un peón estratégico de su política imperialista
y prevén la intervención de las fuerzas militares yanquis de ocupación,
en caso necesario, contra el “enemigo interior”, es decir, contra
nuestro pueblo. A la vez el Régimen Franquista toleraba una amplia infiltración
de la CIA en su aparato estatal (Ejército, Brigada Político Social…)
y establezca una legislación sobre Inversiones extranjeras absolutamente
favorable a los intereses imperialistas que ha permitido que éstos, y
en particular los norteamericanos, claven sus ganas en numerosas ramas de la
producción y el comercio (bien por Inversiones directas de capital mayoritario,
bien detentando el poder de decisión aunque tengan el capital minoritario
o bien a través de la dependencia tecnológica) y coloquen en puestos
claves de la economía y el Estado a sujetos que les son adictos, participando
de ese modo en la explotación de la clase obrera y de las amplias masas
populares de nuestro país.

Los intereses de la oligarquía financiera y terrateniente
y los del imperialismo norteamericano están estrechamente unidos por
multitud de lazos políticos, militares y económicos. La subordinación
de España al imperialismo, y en particular al norteamericano, se manifiesta
también en lo científico y tecnológico, en la enseñanza,
la cultura de los grandes medios de difusión.

La prolongada dictadura fascista la subordinación a los
intereses imperialistas, el crecimiento hasta límites monstruosos del
sector servicios, el mantenimiento a ultranza de las viejas estructuras de propiedad
de la tierra y otros factores, han determinado que el capitalismo monopolista
de estado en España no supere sus bases iniciales extraordinariamente
débiles, estando en agudo contraste con el atraso y la pobreza de más
de dos tercios del país. A la vez, tales factores han acentuado tanto
los rasgos decadentes del capitalismo monopolista en general (tendencia a la
especulación, a los gastos improductivos, a la inflación y al
subconsumo…) como los propios de capitalismo español desde sus orígenes.
España forma parte de la cadena de estados capitalistas pero es uno de
sus eslabones más débiles y en ella repercuten, con particular
intensidad, los efectos de la descomposición y la crisis del sistema
capitalista mundial.

Los lazos políticos, militares y económicos de
la oligarquía con el imperialismo norteamericano se han ido estrechando
a lo largo de los últimos veinticinco años, haciendo depender
y subordinarse cada vez más a nuestro país a sus intereses estratégicos
por el mantenimiento de su hegemonía mundial.

El imperialismo norteamericano juega un importante papel no
sólo en las palancas de la vida económica de nuestro país,
sino también en los resortes de la vida política y en la actuación
de las principales fuerzas políticas Este hecho se ha manifestado palpablemente
en la transformación del Régimen Fascista.

Acosado por las luchas populares, desprestigiado y aislado interna
y externamente: el Régimen Franquista, desde finales de los años
60, era un instrumento de dominio cada vez más frágil. A la vez,
el imperialismo yanqui, tras la derrota que le infringieron los pueblos de Indochina
y frente a los intentos de expansión de la Unión Soviética,
se plantea con urgencia reforzar el “vientre blando de Europa” sustituyendo
los fascismos meridionales por regímenes democrático-burgueses
más o menos endurecidos que puedan Integrarse plenamente y reforzar el
sistema de alianzas políticas, militares y económicas bajo su
hegemonía. El sector hegemónico de la oligarquía financiera,
ligado por estrechos vínculos económicos al imperialismo norteamericano
y bajo la orientación política y apoyo de su Estado Mayor (el
Pentágono) emprende, no sin enfrentarse a dificultades específicas
(producto por una parte de la extraordinaria combatividad del proletariado y
las masas populares de nuestro país, del problema de las nacionalidades
oprimidas y de la existencia del movimiento revolucionario marxista-leninista
más potente de Europa, y por otra de las contradicciones existentes con
la burocracia fascista y un sector importante del capital especulativo), el
proceso de transformación del Régimen Fascista en un Régimen
Democrático Burgués y la consolidación del mismo, proceso
que abre el período que estamos viviendo actualmente.

Así pues, la transformación del fascismo y la
consolidación de la nueva forma de dominio de la oligarquía va
íntimamente unida al reforzamiento de los lazos de dependencia y subordinación
de nuestro país al imperialismo norteamericano, introduciéndolo
y vinculándolo estrechamente al sistema de alianzas militares bajo su
hegemonía: la OTAN, convirtiéndolo así aún más
en un peón dentro de su estrategia para mantener su hegemonía
en el mundo y utilizando a nuestro pueblo como carne de cañón
ante el desencadenamiento de un enfrentamiento bélico entre las dos superpotencias,
enfrentamiento en el que el dominio de Europa y dentro de él el de España
por su situación geográfico-política, tiene una importancia
trascendental.

La tendencia en la actualidad es a que el imperialismo norteamericano
secuestre cada vez más la independencia y la soberanía nacional
de España. Estas son las características de la sociedad española,
sociedad de capitalismo monopolista de Estado, estrechamente vinculada y dependiente
de los intereses imperialistas. Dado todo esto la contradicción principal
de la sociedad española es la que existe entre la oligarquía financiera
y terrateniente y el imperialismo por una parte, y el proletariado y todas las
clases populares por otra. Esta contradicción ha generado y genera intensas
luchas de clases.

4.- LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO CONTRA LA DICTADURA
OLIGÁRQUICO-IMPERIALISTA

La lucha revolucionaria de la clase obrera en España
cuenta con cien años de historia, si se cuenta desde el período
1868-1873 en que aparece por primera vez como fuerza revolucionaria activa mínimamente
organizada. Desde entonces el proletariado ha estado a la cabeza de la lucha
revolucionaria del pueblo de las nacionalidades de España por la libertad,
la democracia, la independencia y el socialismo.

Durante el primer tercio del presente siglo, el pueblo no pudo
transformar en victorias políticas su lucha contra la oligarquía
debido a la dirección que ejercía sobre el movimiento obrero la
política reformista del PSOE por una parte, y su complemento natural,
el aventurerismo pequeño-burgués anarquista que ganó influencia
entre amplios sectores del proletariado industrial agrícola.

La fundación del PCE en 1920 abrió el camino a
la revolución española, abrió la posibilidad al proletariado
español, por primera vez en su historia, de dotarse de su Organización
de vanguardia basada en el marxismo-leninismo. Este hecho supuso un cambio de
trascendental importancia en la lucha de clases a pesar de los graves errores
de “izquierdismo” en los que el partido incurrió durante un
largo período y que retrasaron la organización revolucionaria
del proletariado.

La historia de la II República desde 1 932 a 1 935 es
la historia de la incapacidad de la pequeña y media burguesía
para tomar medidas radicales contra la reacción oligárquica y
la Iglesia de las sucesivas intentonas reaccionarias por hacerse de nuevo con
todo el poder, de la abnegada y heroica lucha de la clase obrera y de las masas
trabajadoras por defender ampliar y profundizar las conquistas republicanas,
lucha que culmina en el movimiento revolucionario de Octubre de 1934 y tiene
su máximo exponente en la gloriosa insurrección de Asturias, ahogada
en un baño de sangre por las tropas legionarias al mando de Franco.

Tras la represión que desata el Gobierno de Gil Robles,
el Partido Comunista de España, dirigido por el camarada José
Díaz lanza el justo llamamiento de Frente Popular, que gana las elecciones
en Febrero de 1936. Cinco meses después, la oligarquía financiero-terrateniente,
apoyándose en la Iglesia y en las fuerzas más tenebrosas de la
sociedad española, con la ayuda exterior del nazi-fascismo alemán
e italiano organiza una sublevación militar fascista y se lanza por el
camino de la guerra abierta contra el pueblo.

La Guerra Nacional Revolucionaria de 1936-1939 contra el fascismo,
la oligarquía y el imperialismo germano-italiano es una página
heroica de la lucha de nuestro pueblo y de nuestra clase, fuente de valiosas
experiencias revolucionarias. Durante tres años el proletariado y el
pueblo resistieron la agresión fascista e imperialista con las armas
en la mano e hizo frente a los mayores sacrificios con especial bravura. La
resistencia del pueblo español contra el fascismo fue un importante ejemplo
para todos los pueblos del mundo y fortaleció la lucha mundial contra
el imperialismo y el fascismo. El Partido Comunista de España mantuvo
una justa línea de impulsar la guerra popular contra el fascismo, defender
la República y llevar a cabo profundas transformaciones políticas
y sociales, pero cometió también graves errores, fundamentalmente
el de anteponer la unidad y los compromisos con la burguesía republicana
a la independencia política y a la lucha resuelta contra sus vacilaciones
y su tendencia a la capitulación. Las consecuencias de estos errores
constituyen una amarga lección que el proletariado español no
debe olvidar jamás.

La imposición, por la fuerza de las armas, de la dictadura
terrorista de la oligarquía, no pudo impedir que a través de mil
formas el proletariado y el pueblo mantuvieran viva la llama de la resistencia
y la lucha, conservando e incrementando de este modo sus valiosas tradiciones
revolucionarias. Este es un caudal de enormes riquezas en la actualidad para
nuestro pueblo.

Tanto la Guerra Nacional Revolucionaria como la prolongada lucha
posterior contra el fascismo, han puesto de manifiesto con toda claridad que
el proletariado es la única fuerza socia’ en nuestro país capaz
de ocupar el lugar dirigente y principal en la lucha revolucionaria contra la
oligarquía y el imperialismo, que sin la más firme dirección
del proletariado revolucionario en el terreno político y militar no es
posible unir estrechamente a todo el pueblo contra sus enemigos comunes y alcanzar
la victoria.

La lucha y la combatividad de las masas populares llevaron a
poner en quiebra definitivamente al Régimen Franquista. Sin embargo,
debido a la traición de la camarilla dirigente del PCE a los intereses
del proletariado y del pueblo y a la inexistencia de un único partido
marxista-leninista dotado de una línea ideológica y política
justas, el movimiento popular y la lucha contra le fascismo han carecido de
una dirección proletaria. Los marxistas-leninistas en España tenemos
la responsabilidad de reconstruir el Partido del Proletariado y determinar con
justeza los blancos, las tareas, las fuerzas motrices, los objetivos y perspectivas
de la revolución que la clase obrera debe dirigir en nuestro país
y proseguir con resolución la lucha contra los enemigos del pueblo.


III – Los blancos y las tareas de la revolución en España

El establecimiento de una correcta estrategia y táctica
revolucionarias exige delimitar, con toda precisión, cuáles son
los blancos, los enemigos principales de la revolución en España.
Del análisis de la naturaleza de la sociedad española realizado
en el capítulo anterior, se deduce que España es un país
de capitalismo monopolista de estado, que ocupa un lugar de eslabón débil
dentro de la cadena de estados capitalistas, íntimamente vinculados y
dependientes de los países imperialistas.

Los enemigos principales de la revolución en España
son pues, la oligarquía financiera y terrateniente y las burguesías
monopolistas de los países imperialistas, que constituyen los principales
explotadores y opresores de nuestro país.

Desde la firma de los tratados de 1953, que ha permitido a los
imperialistas norteamericanos explotar desenfrenadamente a las masas trabajadoras
de nuestro país, intervenir crecientemente en los asuntos internos de
España, establecer tropas y bases militares e hipotecar la independencia
nacional, la burguesía imperialista esdounidense ha pasado a ser el principal
enemigo exterior de la revolución española.

Como resultado de la cada vez más enconada disputa entre
las superpotencias por la hegemonía, la URSS hace denodados esfuerzos
por intervenir en los asuntos internos de nuestro país. Previsiblemente,
estos esfuerzos se harán cada vez más febriles, conforme avance
la revolución, disfrazándose de “ayuda desinteresada”,
“internacionalismo” y otras patrañas. El proletariado revolucionario
y su Partido deben estar vigilantes, prevenirse de “ayudas” esclavizadoras
y oponerse resueltamente a los planes de la URSS para intervenir en nuestro
país y lograr la hegemonía.

Los enemigos de la Revolución en España son, pues,
extremadamente fuertes. No sólo es la poderosa oligarquía financiera
y terrateniente y su Estado, sino también el poderoso imperialismo yanqui;
y los dos coaligados van a oponerse por todos los medios al avance de la revolución
en nuestro país.

Del poderío de los enemigos de la revolución,
de su naturaleza extremadamente reaccionaria y agresiva, de la fortaleza de
su monstruoso aparato estatal militar y policíaco y de la importancia
de la situación estratégica de nuestro país, que lo hacen
ser pieza codiciada por el imperialismo, se deduce que la revolución
española ha de ser forzosamente prolongada y encarnizada, que su principal
forma de lucha es la lucha armada y que necesita un largo período para
acumular y templar las fuerzas capaces de alcanzar la victoria.

El aparato militar-represivo oligárquico-imperialista
fuertemente centralizado y organizado, relativamente potente, no puede ser aniquilado
en una o dos batallas, ni tampoco contrarrestada la intervención contrarrevolucionaria
que inevitablemente desencadenará uno u otro imperialismo: sólo
podrá alcanzarse la victoria mediante una guerra popular prolongada.

La experiencia revolucionaria de los últimos años,
y en particular desde la gloriosa Insurrección de Octubre en Rusia, ha
probado repetidamente que no es posible derrocar el poder burgués-imperialista
y destruir su Estado mediante un mero movimiento insurreccional violento de
masas más o menos prolongado. La revolución en Rusia, en China,
en Albania, en Vietnam, en Camboya, en Laos, etc. sólo pudo triunfar
tras prolongadas guerras revolucionarias civiles o nacionales, independientemente
de si la revolución comenzó bajo alzamiento insurreccional de
las masas.

En nuestro país, la Guerra Nacional Revolucionaria de
1936-39 demostró que mientras la oligarquía y el imperialismo
puedan recurrir aunque sólo sea a una fracción de sus fuerzas
armadas y su policía, no vacilarán en emprender la guerra contra
el pueblo si no pueden detener de otra forma el ascenso de la revolución.
Demostró también que sin un ejército popular, destacamento
de vanguardia del pueblo en armas, estrechamente fundido con las masas y bajo
la dirección del Partido del Proletariado, es imposible enfrentarse victoriosamente
a la maquinaria militar de la reacción.

El partido debe precaverse contra el aventurerismo, la tentación
de intentar quemar etapas utilizando formas de lucha para las que no existen
condiciones y contra toda especulación inútil sobre las formas
que ha de revestir la guerra nacional revolucionaria; o la formación
del ejército popular en nuestro país.

El partido debe persistir y mantener en alto el principio revolucionario
marxista-leninista de la lucha armada, de la guerra nacional revolucionaria,
de la necesidad de un ejército popular, educar al proletariado y a las
amplias masas combatiendo las ilusiones pacifistas y reformistas, cuyo principal
instigador es el falso PCE de Santiago Carrillo, e impulsar a través
de todos los métodos legales, ilegales o semilegales, la lucha política
de masas, principal forma de lucha en la actualidad, de tal forma que el pueblo
aprenda a distinguir prácticamente a sus enemigos y a enfrentarse con
ellos elevando su nivel de conciencia y organización, preparándose
prácticamente para las formas de lucha más elevadas

Unificación Comunista de España considera «al
igual que Marx, Lenin, Stalin y Mao Tse-tung» que la defensa intransigente
de estas cuestiones frente a los ataques del revisionismo y la educación
del proletariado y el pueblo en estos principios, constituyen la línea
que separa la revolución del reformismo, el marxismo-leninismo del oportunismo,
el socialismo del democratismo pequeño-burgués.

Señalados ya los principales enemigos de la revolución
en España, las tareas principales no pueden ser otras más que
golpear a estos enemigos: acabar con la opresión de la oligarquía
financiera y terrateniente y acabar con la opresión exterior del imperialismo.

Ambas tareas están estrechamente relacionadas entre sí
y no pueden separarse de ningún modo. No puede ponerse fin a la dictadura
oligárquica sin acabar con la dominación imperialista sobre nuestro
país, puesto que ésta constituye el principal apoyo exterior.
De la misma manera, la revolución no puede acabar con la dominación
imperialista sin derrocar a la oligarquía financiera y terrateniente,
principal base social en que se apoya el imperialismo para intervenir y dominar
en nuestro país.

Por lo tanto, en la actualidad, la revolución española
dirige su filo contra el poder de la oligarquía financiera y terrateniente
y el imperialismo yanqui, mantenido mediante un aparato estatal construido a
la medida de sus necesidades. Sin destruir hasta sus últimos cimientos
el Estado oligárquico-imperialista y acabar con las bases económicas
y materiales de su poder, es completamente imposible terminar con la situación
de explotación y opresión en que se encuentra el pueblo de las
diversas nacionalidades de nuestro país.

Las tareas de la revolución en nuestro país en
la presente etapa están en estrecha relación con las tareas estratégicas
del Movimiento Comunista Internacional: asestar duros golpes a los enemigos
principales de la revolución en España, especialmente al imperialismo,
es al mismo tiempo, prestar un enérgico apoyo a los pueblos del mundo
en su lucha contra el imperialismo y el hegemonismo.

Por ello, el proletariado en España, a la vez que lucha
por acabar con la opresión y la explotación de la oligarquía
financiera y terrateniente, debe enarbolar consecuentemente la bandera de la
independencia nacional frente al imperialismo, y frente al imperialismo norteamericano
en particular; colocarse en primera línea de la lucha contra la amenaza
o agresión y prevenirse especialmente frente al socialimperialismo. Ponerse
a la vanguardia de la lucha por la independencia nacional y dar pasos reales
para unir en ella a las más amplias masas, a todos los que rehusen ser
manejados o esclavizados por las dos superpotencias, entendemos que es, hoy
en día, una cuestión decisiva que separa las posiciones de los
auténticos comunistas de los oportunismos de diversa índole y
del revisionismo

Las tareas del Movimiento Comunista Internacional y las de la
revolución en nuestro país se concreta en la formación
de una frente unido de todo el pueblo, de un frente popular que dirigido por
el proletariado luche activamente por la independencia nacional frente al imperialismo
y por acabar la opresión y explotación de la oligarquía
financiera y terrateniente. Esta es la línea de actuación va a
permitir derrocar a los enemigos principales del proletariado de todo el pueblo
español, al mismo tiempo que une e integra nuestra lucha con la de los
pueblos de los países europeos y del Tercer Mundo.


IV – Las clases sociales en España.
Fuerzas principales y secundarias de la revolución

“Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian
entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente
determinado, por las relaciones en que se encuentran respecto a los medios de
producción, relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte,
por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo
y, consiguientemente, por e{modo y proporción en que perciben la parte
de la riqueza social de la que disponen”. (Lenin: “Ideología
y cultura socialista”).

“Y para distinguir a los auténticos amigos de los
verdaderos enemigos, tenemos que hacer un análisis general de la condición
económica de las diversas clases de la sociedad China y de sus respectivas
actitudes hacia la revolución. Mao Tse-tung: “Análisis de
las clases en la sociedad China”).

El proletariado y su partido deben conocer y comprender las
contradicciones que las diferentes clases y sectores sociales mantienen con
la clase dominante y entre sí, así como sus aspiraciones. Sólo
de esta forma, sabrá qué clases son susceptibles de aliarse con
él, es decir, quiénes son sus amigos y contra quién debe
combatir, y sólo de esta forma, podrá luchar por ligarse estrechamente
con las clases más resueltas, atraerse a las vacilantes y aislar a las
reaccionarias. Para conseguirlo debe saber ligar los intereses y aspiraciones
de las clases susceptibles de unírseles con los intereses generales de
la revolución.

La condición económica social de cada una de las
clases determina, en última instancia, su actitud ante la revolución.
Pero este no es el único factor. Intervienen también los rasgos
peculiares de su ideología y de su formación histórica
como clase, las contradicciones que mantienen con la clase que ha de dirigir
la revolución, etc. Sin embargo, el factor decisivo que, junto con las
condiciones objetivas, determina su actitud hacia la revolución es la
labor que el Partido Comunista, vanguardia política del proletariado,
realiza: la justeza de la alternativa que sepa ofrecerle, hacerle comprender
y apoyar a través de una correcta labor de organización, agitación
y propaganda.

Dentro del conjunto de fuerzas sociales susceptibles de ser
unidas, las hay de diferente naturaleza, por las contradicciones que las mueven,
por su potencial y por su resolución revolucionaria. Unas clases desempeñarán
un papel de gran importancia para el triunfo de la revolución: son las
fuerzas motrices de la revolución. Otras no desempeñarán
un papel tan importante, pero pueden hacer mucho más difícil la
victoria e incluso inclinar la balanza hacia la contrarrevolución si
luchan al lado del enemigo principal. Por ello es de todo punto imprescindible
que el proletariado consiga atraérselas o al menos neutralizarlas.

Veamos pues, qué clases sociales hay en España,
cuál es su situación y quiénes son las fuerzas principales
y secundarias de la revolución.

1.- La oligarquía financiera y terrateniente.

La oligarquía financiera y terrateniente es el sector
completamente hegemónico de la burguesía española; en estrecha
vinculación con el imperialismo, en particular con el imperialismo norteamericano,
ejerce el monopolio del poder estatal y explota y oprime brutalmente al proletariado
y a las demás clases trabajadoras. A través de diversos mecanismos
políticos y económicos también lesiona los intereses de
la burguesía no monopolista. Es, al mismo tiempo, un instrumento y un
firme aliado del imperialismo yanqui en su política de rapiña
hacia nuestro país e incluso hacia algunos otros. Ha hipotecado la independencia
y soberanía de España. La oligarquía financiera y terrateniente
ha demostrado largamente que está dispuesta a realizar los mayores crímenes
contra el pueblo, y las mayores traiciones a los intereses de nuestro país
con tal de conservar su poder y sus privilegios. Es la fuerza más retrógrada
y tenebrosa de la sociedad española. Por todo esto es uno de los blancos
de la revolución y en ningún caso un posible aliado.

La oligarquía financiera y terrateniente constituye algo
menos del 1 por ciento de la población activa total (1). Son
los grandes magnates de las finanzas, de la industria y del comercio y los grandes
terratenientes, unidos entre si por una maraña de vínculos históricos,
de intereses familiares, bajo la completa hegemonía del capital financiero,
de los siete grandes bancos españoles.

Dentro de la oligarquía se deben incluir también
determinados grupos sociales, que disponen de un elevado grado de poder político
o económico o ambos a la vez, al servicio de los intereses oligárquicos.
Estos son: las capas más elevadas de la administración las jerarquías
superiores del ejército, la policía y los tribunales y los altos
directivos de las empresas monopolistas.

2.- La burguesía no monopolista o burguesía
media.

Incluye a los dueños de industrias de tamaño medio,
comercios importantes y empresas de servicios, etc. que emplean un número
importante de obreros pero carecen de fuerza para alcanzar posiciones de monopolio.
También incluye a los elementos de profesiones liberales, funcionarios,
etc. cuyos ingresos les producen un importante excedente que invertir o cuya
situación social les permite un relativo control político-ideológico
sobre determinados sectores de la sociedad. En conjunto no abarca más
del 3 por ciento de la población activa total.

La burguesía media no disfruta, ni ha disfrutado nunca
de forma continuada en nuestra historia, de los resortes fundamentales del poder
estatal. Los momentos en que ha accedido al poder, como durante algunos períodos
de la II República, han sido seguidos inmediatamente del levantamiento
violento de la oligarquía para restablecer de nuevo su dominio exclusivo.

En general, la burguesía no monopolista, se ve perjudicada
por la política económica que imponen la oligarquía y el
imperialismo y sufre también, hasta cierto punto, su opresión
política, en particular en las nacionalidades minoritarias. De hecho,
muchos sectores, especialmente los que no están vinculados a los monopolios,
viven sometidos al dictado de éstos y en peligro de ruina, lo cual se
manifiesta con toda evidencia en momentos de crisis aguda, mientras que otros
sectores se mantienen más establemente, pero al precio de aceptar las
condiciones exorbitantes que imponen los monopolios: la apropiación por
éstos de una parte de su plusvalía y el sometimiento a un papel
subordinado y dependiente de la cadena monopolista.

La burguesía no monopolista, en particular su capa superior,
explota y también oprime, hasta cierto punto, al pueblo trabajador, pero
es víctima a su vez, en uno u otro grado, de la agresión oligárquico-imperialista.
Esto origina en ella una doble tendencia: por una parte a coludirse con la oligarquía,
traicionar los intereses nacionales y apoyar a la reacción, y por otra,
apoyar al pueblo revolucionario o permanecer neutral, es decir, a vacilar entre
la revolución y la contrarrevolución. Esto es inevitable y se
manifiesta con toda claridad en momentos de crisis social profunda y enfrentamiento
revolucionario abierto, como en el período de 1931 a 1939 y en los años
recientes de lucha contra el fascismo.

El proletariado debe adoptar una doble política revolucionaria
ante la burguesía media. Por una parte, alentar y apoyar toda tendencia
antioligárquica y antiimperialista que se dé en su seno y aliarse
con todos los sectores que estén dispuestos a ir contra los enemigos
principales de la revolución o permanezcan neutrales. Por otra, combatir
resueltamente sus vacilaciones y a todos los elementos reaccionarios que se
opongan recalcitrantemente a la revolución. La burguesía media
objetivamente puede ser un aliado del proletariado. Por ello, es necesario aplicar
una política correcta con respecto a esta clase que permita reducir y
aislar al máximo al sector contrarrevolucionario recalcitrante y ganarse
o neutralizar el sector más amplio posible.

3.- La pequeña burguesía.

La pequeña burguesía es una clase sumamente compleja
ya que incluye sectores que desempeñan distintas funciones en el proceso
de producción. No pueden, por tanto, tener idénticas actitudes
hacia la revolución, dependiendo éstas de la situación
especifica de cada sector. Analizaremos pues, los distintos sectores por separado.

a). La capa superior de la pequeña burguesía,
o pequeña burguesía explotadora.

Incluye a los dueños de pequeños talleres e industrias
comercios, etc. que trabajan ellos mismos en general en sus propios negocios,
pero que emplean al mismo tiempo otros asalariados aunque en pequeña
escala. También forman parte de esta capa los profesionales, funcionarios
y administrativos de ingresos medios Forman en conjunto un 6 por ciento de la
población activa total, siendo por lo tanto, una capa importante por
su número

La capa superior de la pequeña burguesía es una
capa trabajadora y no obtiene ningún beneficio de la explotación
que ejercen la oligarquía. y el imperialismo, sino que por el contrario
está fuerte mente perjudicada en general por la acción de los
monopolios y el Estado. Constituye objetivamente un aliado del proletariado
en la presente etapa de la revolución. Sin embargo, al ser una clase
explotadora y tener, por tanto, contradicciones relativamente intensas con el
proletariado, es un aliado forzosamente vacilante y secundario. Por otra parte,
fruto de su inestable situación social y del peso de las ideas reaccionarias
entre amplios sectores de la pequeña burguesía, existe el peligro,
más agudo en su capa superior, de que una parte de ésta dirija
contra el proletariado y la revolución su descontento, convirtiéndose
de este modo en una base potencial de masas para la reacción oligárquico-imperialista.
El proletariado debe prevenir este peligro mediante una correcta labor de educación
política señalándole persistentemente las verdaderas causas
de su situación y mediante la decidida defensa de sus demandas y reivindicaciones
justas frente a la agresión oligárquico-imperialista.

b). La capa inferior de la pequeña burguesía.

Incluye diversos sectores (artesanos, dueños de pequeños
talleres y comercios que no explotan mano de obra, capas inferiores de técnicos,
profesionales, funcionarios, estudiantes…) pero todos tienen en común
el que no explotan al proletariado y sufren con intensidad en uno u otro grado
la opresión política e ideológica de la oligarquía
y el imperialismo, viviendo en condiciones inestables y en muchos casos al borde
del desempleo o de la ruina. En conjunto suman un 10 por ciento de la población
activa total.

En los años recientes estos sectores han desarrollado
su nivel de organización y han llevado a cabo importantes movilizaciones
combativas contra la opresión oligárquico-imperialista como las
de los trabajadores de la sanidad, profesores de Instituto y Universidad, maestros,
empleados de banca, pequeños comerciantes y artesanos, etc… También
se han unido en muchos casos al proletariado en luchas económicas y políticas
contra la dictadura terrorista.

No poseen ninguna contradicción fundamental con el proletariado
y sus intereses coinciden plenamente con los de la clase obrera en la presente
etapa de la. revolución. También respecto al socialismo son una
fuerza motriz de la revolución y en la presente etapa un aliado principal
del proletariado. Pueden aceptar en gran número la dirección del
proletariado, siempre que éste aplique una justa política de unirse
con ellos, ligando sus intereses concretos con los intereses generales de la
revolución y combatiendo sus vacilaciones e inconsecuencias, fruto de
su mejor nivel de ingresos, la mayor consideración social de su trabajo,
su relativa dispersión y el peso de las ideas revisionistas en su seno,
factores todos ellos que les separan del proletariado.

Los estudiantes están encuadrados, en su gran mayoría,
dentro de la pequeña y media burguesía, tanto por las condiciones
en que realizan su trabajo, como por su origen de clase y por el lugar que en
la mayoría de los casos, van a ocupar al terminar sus estudios. En los
últimos años, la masa estudiantil se ha incrementado notablemente
y tiende a crecer aún más.

Poseen una viva rebeldía contra la opresión oligárquico-imperialista
y la enseñanza clasista, reaccionaria, acientífica y represiva
que este sistema genera y que contradice sus aspiraciones progresistas. El estudiantado
español posee una aguda sensibilidad política y ha desempeñado
en ocasiones posiciones de vanguardia en la lucha antifascista, desarrollándose
en su seno fuertes tendencias revolucionarias. Por otra parte, la difusión
del marxismo-leninismo es, en este sector, relativamente grande. En general,
el estudiantado de nuestro país tiene condiciones para unirse estrechamente
al proletariado. La participación de la intelectualidad revolucionaria
es un factor de gran importancia para la organización de las fuerzas
revolucionarias; sin embargo, es necesario llevar un combate sistemático
contra sus tendencias al subjetivismo, al individualismo, a ser poco prácticos
en su pensamiento y vacilantes en su acción Una continuada labor de propaganda
y organización entre los estudiantes es tanto o más necesaria
cuando que el vacilar entre la exaltación y la apatía es un rasgo
característico del movimiento estudiantil.

4.- El semiproletariado.

No es una clase homogénea, sino más bien una serie
de sectores asalariados a caballo entre el proletariado y la capa inferior de
la pequeña. burguesía. Participan de alguna forma de las características
del proletariado (carecen de medios de producción, condiciones de vida
e ingresos similares…) pero no de su característica fundamental: producir
plusvalía.

El semiproletariado urbano engloba a diversos sectores como
carteros, empleados de comercio, camareros, empleados de hotel, las últimas
escalas de los administrativos como mecanógrafas y otros empleados de
servicios. Algunos de estos sectores tienen una importancia numérica
considerable en nuestro país, como los empleados de hostelería,
y en general, el semiproletariado tiende a engrosar sus filas por el doble efecto
de proletarización o semiproletarización de la pequeña
burguesía y la tendencia del capitalismo monopolista a multiplicar los
sectores económicos y los servicios improductivos, tendencia que se da
de una manera intensa en España. En conjunto abarca una población
de un 18 por cien de la población activa total.

El semiproletariado está intensamente oprimido por la
oligarquía y el imperialismo y en segundo lugar por la burguesía
no monopolista. Algunos sectores, incluso, mantienen condiciones de vida más
precarias que el proletariado. Sin embargo, su fuerza de trabajo no se utiliza
directamente en la producción de bienes materiales, ejercen su trabajo
en condiciones muy diversas, predominando la dispersión y no están
ligados a las formas avanzadas de la economía (en ocasiones a las más
atrasadas, como en el caso de las empleadas del hogar, que suman en España
más de medio millón de personas).

El semiproletariado no tiene ninguna contradicción importante
con el proletariado y está plenamente interesado en el triunfo de la
revolución en la presente etapa y también en la edificación
del socialismo. Es una importante fuerza motriz de la revolución. El
proletariado y su partido deben unirse con las amplias masas semiproletarias
e impulsar su educación revolucionaria, su organización y su combatividad,
superando la dispersión y la influencia de la ideología pequeño-burguesa
entre los mismos, puesto que pueden ser firmes aliados y una importante fuerza
revolucionaria.

5.- Las clases en el campo.

A consecuencia del tipo de desarrollo monopolista impuesto por
la oligarquía y el imperialismo en los últimos cuarenta años,
el campo ha visto decrecer drásticamente su población activa,
al mismo tiempo que su edad media se incrementaba notablemente. En la actualidad,
gran cantidad de regiones agrícolas están sometidas a un proceso
de desertización y de ruina y el peso económico y social del campesinado
se ha visto disminuido considerablemente respecto al que poseía hace
apenas dos décadas. La población activa vinculada de una u otra
forma a la agricultura representa hoy alrededor del 25 por cien del total de
la población activa de España. Dejando aparte a los terratenientes
y al proletariado agrícola pueden diferenciarse en el campo español
tres sectores.

a). La burguesía media rural.

Son el sector minoritario del campesinado. Explotan mano de
obra ajena en escala importante pero a la vez están directamente vinculados
a la actividad agrícola, incluso físicamente. Se ven seriamente
perjudicados por la política agrícola de la oligarquía
y por los monopolios, pero a la vez poseen influencia en la vida política
rural (Ayuntamientos, Cooperativas, Hermandades, etc.) y manifiestan tendencias
a ir arrastras de los terratenientes La influencia de las ideas reaccionarias
y de la Iglesia sobre este sector es relativamente intensa. Al igual que con
el conjunto de la burguesía media urbana, el proletariado debe adoptar
una política justa con este sector, puesto que, al menos una parte del
mismo puede apoyar al pueblo revolucionario en la presente etapa o permanecer
neutral, aislando a los terratenientes y sus lacayos.

b). La pequeña burguesía rural.

Son aquellos que poseen unas parcelas de tierras o un pequeño
rebaño que explotan ellos mismos y sus familias sin emplear mano de obra
ajena en escala significativa. Generalmente sólo les da para malvivir
y en ocasiones «años de mala cosecha, etc.» tienen que trabajar
eventualmente para otros. Se encuentran asfixiados por el peso de la política
agrícola de la oligarquía y el imperialismo, por los bancos, por
los monopolios de venta de productos industriales necesarios para la producción,
por la especulación del Estado y privada con la comercialización
de sus productos, por los impuestos, por los créditos a elevado interés,
por la ausencia de seguridad para desarrollar la producción y por unas
condiciones de vida sumamente deficientes y precarias (Seguridad Social, enseñanza,
servicios públicos, etc…). Es un sector intensamente expoliado y oprimido
por la dictadura oligárquico-imperialista, sometido a la opresión
de los terratenientes y caciques locales en Hermandades, Cooperativas, etc…
y sujeto a un rápido proceso de proletarización o semiproletarización.

c). El semiproletariado rural.

Esta formado ‘por aquellos trabajadores del campo que poseen
algún pedazo de tierra o algún ganado, pero se ven forzados a
vender su fuerza de trabajo, en mayor o menor medida, para poder sobrevivir.
En su mayoría están más próximos al proletariado
que a la pequeña burguesía rural y padecen los males de ésta
en una escala superior por su condición de trabajadores explotados. Este
sector forma, junto con la pequeña burguesía rural, la gran masa
del campesinado español.

En los años recientes, ligado al rápido deterioro
de la agricultura tradicional, se han ido deteriorando también las viejas
relaciones de poder e ideológicas en el campo. Aunque el peso del conservadurismo
y de las ideas reaccionarias entre el campesinado es todavía considerable,
cada vez más amplios sectores de campesinos medios y pobres han emprendido
intensas luchas reivindicativas, desarrollando organizaciones autónomas
al margen de las viejas estructuras reaccionarias y fascistas. Este proceso
tiene una gran importancia y está privando a la reacción de una
de sus bases de apoyo tradicionales. El proletariado debe apoyarlo resueltamente
y unirse estrechamente con la gran masa de campesinos medios (pequeña
burguesía rural) y en especial con el semiproletariado rural que constituye
indudablemente una fuerza motriz de la revolución antioligárquica,
antilatifundista y antiimperialista del que no le separa ninguna contradicción
fundamental ni en la presente etapa ni en la edificación del socialismo.

6.- El proletariado.

El proletariado industrial está formado por los trabajadores
manuales de la industria moderna y de los pequeños y medianos talleres,
la construcción, las minas, el transporte de mercancías, etc..
El proletariado industrial es la clase más numerosa de la sociedad española.
Representa cerca del 38 por cien de la población activa total y, junto
con el proletariado agrícola, constituye más del 45 por cien de
la misma.

El proletariado industrial es la clase más revolucionaria
de la sociedad española. Por su situación en las relaciones de
producción (carencia completa de medios de producción y productora,
al mismo tiempo, de la mayor parte de la riqueza social) está interesada
en la liquidación de la propiedad privada de los medios de producción,
en la liquidación de cualquier forma de explotación; el proletariado
lucha por emancipar a toda la sociedad del yugo del capital y liberar todas
sus posibilidades creadoras abriendo así una nueva era en la historia
de la humanidad: el comunismo.

La clase obrera española está ligada a las formas
más avanzadas de la economía: sufre en mayor medida que otras
clases la explotación y opresión de la oligarquía y el
imperialismo y también de la burguesía no monopolista, estando
sometida a duras condiciones de vida (paro, emigración, bajos salarios,…)
que multiplican sus padecimientos y ha desarrollado un fuerte sentido colectivo
de organización, solidaridad, abnegación y firmeza. Es una clase
relativamente antigua y experimentada y a la vez ha conocido un importante incremento
en los últimos años, engrosando sus filas con cientos de miles
de hombres y mujeres procedentes del campo y otros sectores sociales. Posee
vínculos estrechos con el campesinado, el semiproletariado y la capa
inferior de la pequeña burguesía.

El proletariado rural lo forman la masa de trabajadores agrícolas,
fijos o eventuales, que carecen de tierra. Una parte de los rasgos anteriores
le son también aplicables, sufriendo una explotación y opresión
superior a la de la mayor parte del proletariado industrial.

La clase obrera industrial y el proletariado agrícola
forman la gran masa del proletariado español, clase curtida a lo largo
de muchos años de lucha en las más diversas condiciones: períodos
revolucionarios, bajo la reacción y la dictadura militar, en condiciones
de legalidad y en condiciones de clandestinidad, etc… El proletariado español
es una clase con una larga experiencia histórica y que ha desarrollado
gloriosas tradiciones revolucionarias en una larga lucha contra el fascismo.
Al mismo tiempo sufre, en menor medida que el proletariado europeo, nocivas
influencias del reformismo y el revisionismo. Por todo ello, el proletariado
español es la clase más consecuentemente revolucionaria de nuestro
país y la única que puede dirigir a todo el pueblo a la victoria
sobre sus enemigos Es además, por su peso especifico en la sociedad y
su grado de concentración y capacidad de organización, la fuerza
principal de la revolución española en su actual etapa.

El proletariado debe crear un amplio frente de unidad popular
con todas las clases y capas que puedan participar en la revolución Del
análisis realizado se desprende que los principales aliados del proletariado
es este frente son: el semiproletariado, urbano y rural, y la capa inferior
de la pequeña burguesía de la ciudad y del campo todos ellos,
junto con el proletariado, son las fuerzas motrices de la revolución
en nuestro país. Son susceptibles de unirse a la lucha contra la oligarquía
financiera y terrateniente y el imperialismo yanqui y participar en el frente,
un sector importante de la capa superior de la pequeña burguesía
y ciertos sectores de la burguesía media urbana y rural; pero dada su
naturaleza, forzosamente vacilante, son aliados inestables y secundarios. Sin
embargo el proletariado debe aspirar a unirlos en su lucha revolucionaria, aislando
al máximo a la reacción oligárquico-imperialista con el
fin de hacer más fácil la victoria y acortar los padecimientos
de nuestro pueblo. Para ello debe aplicar una política correcta defendiendo
consecuentemente sus intereses y tendencias antioligárquicas y antiimperialistas
con el objetivo de ganar para la revolución el máximo apoyo o
neutralidad posible de estos sectores.


V – La presente etapa de la revolución en España.

Sus características específicas.
La República Democrática Popular

En los capítulos anteriores hemos analizado los rasgos
específicos de la sociedad española. Hemos señalado que
los principales enemigos de clase del proletariado, son, en la actual etapa,
la oligarquía financiera y terrateniente y la burguesía monopolista
de los países imperialistas; que las tareas principales de la revolución
consisten en terminar con la dominación de estos enemigos en nuestro
país; que el proletariado debe encabezar consecuentemente la bandera
de la independencia nacional al tiempo que lucha contra la opresión y
explotación de la oligarquía; que el proletariado y el pueblo
sólo podrán alcanzar la victoria mediante una guerra nacional
revolucionaria; que una parte de la burguesía no monopolista puede, objetivamente,
colaborar con el proletariado o permanecer neutral en la realización
de estas tareas; que el proletariado no debe renunciar en ningún momento
a ganarse el apoyo de ningún sector o clase social susceptible de contribuir
a la lucha antioligárquica y antiimperialista; y que, incluso, si una
parte de la burguesía no monopolista traiciona a la revolución,
pasando a ser enemiga suya, el filo de la revolución sigue sin dirigirse
contra toda la burguesía. El proletariado no puede, sin caer en el subjetivismo
o el aventurerismo, proponerse en esta etapa la realización de todo su
programa máximo socialista, la expropiación de toda la burguesía
y la implantación de su dictadura exclusiva. El filo de la revolución
no va orientado contra el capitalismo y la propiedad privada de los medios de
producción en general, sino contra el poder político y económico
del imperialismo y la oligarquía en nuestro país.

La revolución en nuestro país en la actual etapa,
forma parte de la revolución socialista proletaria mundial, y esto por
dos razones fundamentales:

– Porque va dirigida contra el imperialismo, o capitalismo internacional,
y contra la explotación y opresión que ejerce sobre los pueblos
del mundo.

– Porque es una revolución encabezada y dirigida por
el proletariado en la perspectiva de alcanzar sus objetivos finales: el socialismo
y el comunismo, y porque para ello va a implantar una dictadura de las clases
revolucionarias bajo su absoluta hegemonía.

La revolución en nuestro país, en la presente
etapa, tiene unos rasgos peculiares que la diferencian de las revoluciones democrático-nacionales
de los países del Tercer Mundo. En la mayoría de estos países
el modo de producción dominante es el feudal o semifeudal, los blancos
de la revolución son el imperialismo, la clase feudal y la burguesía
colaboracionista. La fuerza principal suele ser el campesinado, ya que el proletariado
suele ser muy débil numéricamente. El contenido de estas revoluciones
es, en general, antiimperialista y antifeudal.

Por el contrario, en nuestro país el modo de producción
dominante es el capitalismo en su fase de desarrollo más avanzada: el
capitalismo monopolista de estado. El enemigo principal interior, la oligarquía
financiera y terrateniente, forma pues, parte de la burguesía. La fuerza
no sólo dirigente sino principal de la revolución es el proletariado
y el contenido de la revolución en la presente etapa es antiimperialista,
antimonopolista y antilatifundista. Por todas estas razones va dirigida a asestar,
ya desde sus comienzos, un formidable golpe al capitalismo y a crear unas sólidas
bases políticas y económicas para iniciar la construcción
del socialismo.

En consecuencia con todas estas características políticas,
sociales y económicas de nuestro país, el objetivo estratégico
de la revolución española, en la presente etapa, consiste en la
implantación de una dictadura conjunta de las diversas clases que apoyen
la revolución bajo la dirección del proletariado, es decir, una
República Democrática Popular, que lleve a cabo profundas transformaciones
de contenido antiimperialista, antimonopolista y antilatifundista.

El programa mínimo general del partido en la actual etapa
tiene como rasgos esenciales:

En lo político, instaurar la República Democrática
Popular, una dictadura conjunta de las diversas clases que apoyen la revolución
bajo la dirección del proletariado, y lograr la independencia y soberanía
nacionales frente al imperialismo y el hegemonismo.

La dictadura democrático-popular es a la vez una democracia
y una dictadura. Mientras existan las clases, existirá lucha de clases
y no puede haber democracia para toda la sociedad La República Democrática
Popular garantizará el ejercicio de la más amplia democracia para
todas las clases populares a la vez que ejercerá la más severa
dictadura contra los elementos oligárquicos y proimperialistas y contra
sus lacayos, impidiéndoles todo intento de sabotear las conquistas populares
y retornar al poder. La dictadura y la democracia son dos aspectos contrarios
que a la vez forman una unidad es la dictadura sobre los enemigos de la revolución
(la privación a los mismos de derechos políticos y de sus actuales
bases de poder económico, la vigilancia y represión sobre cualquier
intento contrarrevolucionario, etc.) lo que permite al pueblo disfrutar de la
más amplia libertad.

En cuanto a su naturaleza, no es un Estado burgués de
dictadura de la burguesía, es una forma concreta de dictadura del proletariado
«aunque no de dictadura exclusiva» basada en las alianzas con el
resto de las clases revolucionarias y cuyo Ejército, milicias, tribunales,
administración, aparatos ideológicos, etc. se constituyen en función
de ser instrumentos al servicio del pueblo y fortalecer la hegemonía
y la dirección del proletariado en el Estado y en la sociedad.

El sistema de organización de las instituciones del nuevo
poder democrático-popular, debe combinar el principio de centralización
con el de máxima democracia y autonomía en los distintos niveles
de organización de las masas obreras y populares. Sólo un sistema
de este tipo permite atender de forma democrática y eficaz los diversos
asuntos de la vida pública, salvaguardar los derechos de las distintas
nacionalidades y comunidades y garantizar la más amplia participación
del pueblo en la gestión del Estado, evitando que éste se convierta
en una maquinaria opresiva contra la mayoría. Indudablemente, la revolución
relegará al museo de la historia la gran mayoría de las leyes,
decretos, etc. elaborados para oprimir al pueblo por los distintos regímenes
antipopulares que ha padecido nuestro país y promulgará las leyes
imprescindibles y sencillas que garanticen los derechos individuales y colectivos,
y que establezcan los deberes básicos de todos los ciudadanos.

La República Democrática Popular garantizará
el ejercicio del derecho de autodeterminación de las distintas nacionalidades
de nuestro país, incluido el derecho a formar una Estado independiente,
aunque los comunistas propugnemos siempre decididamente el mantenimiento de
la unidad en un solo Estado, basada en acuerdo voluntario de nacionalidades
libres e iguales, como política que responde plenamente a los intereses
inmediatos e históricos de todo el pueblo, de la construcción
del socialismo en nuestro país y de la revolución proletaria mundial.

En la política exterior, la República Democrática
Popular liquidará los restos coloniales de África, completará
la integridad territorial de España recuperando Gibraltar y garantizará
la plena soberanía e independencia de nuestro país frente al imperialismo
y el hegemonismo. Practicará la política de apoyo a los pueblos
que luchan por su liberación; la no injerencia en los asuntos internos
de otros Estados y la coexistencia pacífica con Estados de distinto régimen;
el reforzamiento de los vínculos amistosos con los países socialistas
y unidad con todos los países sometidos a la política de chantaje,
opresión y agresión del imperialismo, en particular de las dos
superpotencias.

En lo económico, la República Democrática
Popular llevará a cabo la nacionalización de la banca, los monopolios
y todas las grandes empresas de la industria y los servicios, tanto si están
en manos del capital español como en las de los imperialistas, y en el
campo expropiará los latifundios y grandes explotaciones agrarias y los
pondrá a disposición de los jornaleros y campesinos pobres, para
que éstos decidan la forma de explotación de las tierras así
disponibles, y suprimirá drásticamente toda forma de actividad
monopolista en el campo o de especulación con los productos del campo
y los bienes necesarios para la actividad agrícola.

En la República Democrática Popular, habrá
por tanto, tres sectores económicos: el estatal, el cooperativo y el
privado Es indudable que con la realización de las transformaciones enunciadas
el estatal será el dominante desde el primer momento.

Con respecto a la pequeña y mediana producción,
comercio, etc. en general, que en nuestro país tiene un volumen y una
amplitud muy considerable, y con respecto al sector privado de la economía
del nuevo Estado, la política del nuevo poder democrático-popular
debe consistir en respetar sus intereses, no tomar medidas políticas
o económicas que las estrangule y propugnar mediante la persuasión
y los métodos pacíficos, el paso paulatino a la integración
en el sector cooperativo o el estatal. En la agricultura, sólo una política
de impulso democrático decidido a las formas superiores de producción
y tenencia de las tierras (formas cooperativas y colectivas) puede detener el
proceso de despoblación y de ruina a que está sometido el campo
en las tres cuartas partes de nuestro país

Los principios que regirán la política económica
del nuevo poder democrático-popular serán los de autosostenimiento,
independencia económica frente al imperialismo y desarrollo de los intercambios
en pie de igualdad con todos los países, desarrollo de la producción
para satisfacer crecientemente las necesidades de todo el pueblo, dando prioridad
a las necesidades colectivas sobre las individuales, apoyo resuelto a la investigación
y experimentación científico-técnica, desarrollo de la
planificación económica democrática e impulso a la participación
de las masas en la gestión y control de la producción, particularmente
en el sector estatal de la economía.

En lo social la revolución, derrocando el poder dictatorial
oligárquico-imperialista y poniendo al servicio del pueblo toda la riqueza
que hoy acumula un puñado de gente, permitirá resolver en un plazo
breve, las demandas sociales fundamentales del pueblo de nuestro país.
Posibilitará la igualdad real del hombre y la mujer, el reconocimiento
de los derechos de los jóvenes y de todos aquellos que la sociedad margina,
el derecho a la enseñanza gratuita y a la igualdad real de oportunidades
en la enseñanza superior, una asistencia sanitaria digna y gratuita para
todos y asistencia para los jubilados ancianos e impedidos. Permitirá
resolver el problema de la vivienda y acabar con el paro y la inflación
galopante de los precios. La República Democrática Popular posibilitará
el desarrollo de una cultura y enseñanza revolucionaria, democrática,
científica y popular, enriquecida con la aportación de las expresiones
propias de cada nacionalidad.

El régimen estatal de la dictadura democrático-popular
representa, objetivamente, los intereses y demandas no sólo de los millones
de obreros de nuestro país, sino también de las amplias masas
campesinas y semiproletarias, de la gran mayoría de la pequeña
burguesía, de los intelectuales y profesionales e incluso de un sector
considerable de la burguesía no monopolista y patriota. Tal programa
puede, por tanto, ganarse el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo de
nuestro país contra sus enemigos principales y constituye, en consecuencia,
el programa mínimo general de Unificación Comunista de España,
en la presente etapa de la revolución en nuestro país.


VI – El orden de combate de las fuerzas del pueblo.
El Frente Único.
La Alianza del Pueblo Trabajador.
El Frente de Unidad Popular

1.- EL FRENTE ÚNICO DE LA CLASE OBRERA.

Según el análisis de clase realizado, el proletariado
es la fuerza dirigente y principal de la revolución. Pero, para que éste
pueda cumplir su misión histórica debe estar unido y organizado
en torno a una justa línea revolucionaria. Conseguir la unidad de acción
y organización bajo una línea revolucionaria es construir el frente
único de la clase obrera. Pero esta tarea no es fácil. Para ello,
la clase obrera debe salvar dos importantes obstáculos: la debilidad
y la división organizativa y la influencia del revisionismo en sus filas,
puesto que éste es el más solapado y peligroso agente de la burguesía
y del imperialismo y el máximo agente de división en el seno de
la clase obrera.

Para poder superar estos obstáculos, el frente único
de la clase obrera debe forjarse en la base y en la acción, bajo la dirección
de los comunistas marxistas-leninistas. En la base, es decir: en cada fábrica,
tajo, centro de trabajo. En la acción, es decir: en la lucha por los
intereses inmediatos de la clase obrera y en la lucha política contra
la oligarquía, el imperialismo y su poder estatal. Y bajo la dirección
de los comunistas marxistas-leninistas, que impulsen la conciencia revolucionaria
de las masas obreras y el paso de unas formas organizativas y de lucha a otras
superiores, que ayuden a las masas a sacar experiencias de sus luchas, de forma
que éstas aprendan y se templen en el combate revolucionario, que eduquen
a las masas obreras en sus verdaderos intereses combatiendo sin descanso el
reformismo y todas las manifestaciones del revisionismo.

El frente único no puede constituirse simplemente a base
de acuerdos entre los líderes de los partidos y organizaciones de masas,
sino en la base de la lucha misma de las propias masas proletarias. Supone la
organización de las masas en torno al programa revolucionario, bajo la
dirección del Partido Comunista y basado en la unión de los partidos,
organizaciones de masas y sindicatos en torno a ese programa.

Sería ingenuo pensar que, en nuestro país, el
frente único de la clase obrera puede formarse súbitamente, agrupando
ya a la gran mayoría de las masas obreras. Pensar tal cosa sería
desconocer la importancia que tiene el reformismo y el revisionismo, y en definitiva
la influencia de la ideología de la burguesía, en el seno del
movimiento obrero. El desarrollo del frente único adopta en nuestro país
formas más complejas. Su realización requerirá enconadas
y prolongadas luchas, con inevitables avances y retrocesos, entre el marxismo-leninismo
y el reformismo y el revisionismo, junto a sus secuelas de oportunismo, esencialmente
de derechas, en lo ideológico, en las alternativas políticas y
en las organizativas y serán necesarias la existencia de un conjunto
de factores objetivos y subjetivos, de los cuales, el decisivo, es sin duda,
la fortaleza ideológica y política de la vanguardia proletaria,
su capacidad para ganarse el apoyo de las amplias masas, para ganar la dirección
del movimiento y desplazar al reformismo y revisionismo.

2.- LA ALIANZA DEL PUEBLO TRABAJADOR.

Pero, como hemos visto, el proletariado no es la única
clase revolucionaria del país. Este tiene sus más firmes aliados
en el semiproletariado urbano y campesino y en la pequeña burguesía
no explotadora de la ciudad y el campo. Todas ellas, junto con el proletariado,
forman el pueblo trabajador. Estas clases no sólo están interesadas
en la consecución de la democracia popular, sino que además pueden
ser aliadas del proletariado en la etapa socialista de la revolución.
El que estas clases tengan una u otra actitud en la presente etapa de la revolución
y sigan marchado después junto al proletariado, depende de que éste
sepa unirlas en torno a sí y crear una fuerte alianza no sólo
para la destrucción del Estado de la oligarquía y del imperialismo,
sino también para la construcción del socialismo.

El forjar la más sólida alianza entre el proletariado
y las distintas clases y capas del pueblo trabajador es tanto más necesario
por cuanto que, incluso después de instaurada la República Democrática
Popular subsistirá, por un período probablemente largo, la amenaza
de contragolpes reaccionarios en el interior e intentos de injerencia del imperialismo.
La consecución de la alianza del pueblo trabajador es completamente necesaria
para la revolución, tanto desde el punto de vista de la democracia popular
como del socialismo.

La alianza del pueblo trabajador no puede concebirse sólo
como meros acuerdos entre la organización de los obreros y las diversas
organizaciones políticas y de masas que encuadran al resto de las clases
trabajadoras (ésta sería en verdad una alianza muy endeble). La
alianza del pueblo trabajador debe tomar cuerpo en organismos de base (tales
como comités obreros y campesinos, comités de lucha en los barrios
que agrupen obreros, estudiantes, pequeños comerciantes, asalariados,
etc.) en los que se plasme la unidad de acción y objetivos de las clases
trabajadoras y se vayan forjando cada vez más estrechos vínculos
entre ellas.

3.- EL FRENTE DE UNIDAD POPULAR.

Según el análisis de clase hecho, junto al pueblo
trabajador; existen clases explotadoras, como son la capa superior de la pequeña
burguesía y determinados sectores de la burguesía media susceptibles
de apoyar la revolución, al menos hasta cierto punto, por sus contradicciones
con el imperialismo y la oligarquía. Su carácter vacilante hace
que se trate de aliados secundarios del proletariado; pero que pueden tener
importancia en momentos decisivos dado que, de alinearse con el pueblo trabajador
en la presente etapa, pueden fortalecer el campo revolucionario y restar fuerzas
al enemigo.

El proletariado, con su partido a la cabeza, debe impulsar un
amplio frente popular de todas las fuerzas susceptibles de luchar contra la
oligarquía y el imperialismo yanqui y su poder estatal. Es indudable
que en tal frente existirán diversas demandas propias de cada clase,
algunas de ellas contrapuestas entre sí. La actividad del proletariado
y su Partido en el frente debe estar basada en el principio de “ni unidad
sin lucha ni lucha sin unidad”. Esto significa que, por un lado, debe luchar
en todo momento por conseguir la más amplia unidad de las fuerzas susceptibles
de ir contra la oligarquía y el imperialismo yanqui y respetar y defender
sus demandas justas, incluso si parte de estas fuerzas vacilan en su actitud
hacia la revolución. Pero, al mismo tiempo, por otro lado, no debe propugnar
el llevada cabo una unidad incondicional y sin principios. El doble carácter
de las clases explotadoras susceptibles de sumarse a la lucha revolucionaria
hace que, aún cuando se sitúen en le campo de la revolución,
luchen tenazmente por hacerse con la dirección del frente popular desviarlo
de sus objetivos revolucionarios.

La lucha de clases continúa pues en el seno del frente
unido y ni el proletariado ni su partido pueden olvidar esto; pero al mismo
tiempo, estas contradicciones en el seno del frente, se dan en la actual etapa
de la revolución como contradicciones entre amigos, como contradicciones
en el seno del pueblo. Por ello, su resolución en ningún momento
puede darse a través de la violencia. Mantener la unidad con los amigos
y al mismo tiempo ser consecuentes con que la lucha de clases continúa
el seno del frente popular supone:

1) Defender consecuentemente los intereses de las clases aliadas
frente al imperialismo y a la oligarquía. pero al mismo tiempo apoyar
a los trabajadores que éstas explotan y luchar contra los abusos. El
programa del frente popular debe ser la concreción del programa mínimo
del partido para la presente etapa.

2) Conservar la independencia política, ideológica
y organizativa del proletariado y su capacidad de decisión. Lo cual quiere
decir que no debe hacer pasar toda su política a través del frente,
haciéndola depender de la conformidad o disconformidad de la burguesía

3) Basar el frente de unidad popular en la alianza del pueblo
trabajador y el frente único de la clase obrera, La formación
del frente tiene que reposar sobre bases firmes. Sólo si la clase obrera
ha sabido estrechar sus lazos con el resto de clases trabajadoras y ponerse
a su cabeza, podrá mantener su dirección en el seno del frente
popular y llevar a cabo victoriosamente la guerra nacional revolucionaria.

La formación del frente de unidad popular tiene que seguir
en España un proceso peculiar, forzosamente diferente a otros países.
El proletariado y su partido no deben supeditar la formación del frente
popular a que amplios sectores de la burguesía no monopolista lo acepten,
puesto que entonces no se formaría jamás. Por el contrario, lo
decisivo, incluso para atraer o neutralizar sectores importantes de la burguesía
no monopolista, es que el proletariado y su partido concentren su fuerza principal
en el desarrollo del frente único, de la unidad de acción y organización
de las masas obreras y de la alianza del pueblo trabajador y su unidad combativa
con el proletariado. La experiencia del período revolucionario de 1935
a 1939 en nuestro país enseña con toda claridad que ésta
es una cuestión decisiva para la consolidación y el triunfo del
frente de unidad popular.


VII – Las perspectivas de la revolución en España.

El soccialismo.
Las tareas del partido en la democracia popular

Nuestro objetivo histórico es el comunismo, este es
nuestro programa máximo y el programa completo del proletariado, el único
que permite que la clase obrera liberándose a si misma, libere a toda
la humanidad de la larga noche de la esclavitud, la explotación, la opresión
y la miseria.

Es por esta razón por la que luchamos en la actualidad,
por el derrocamiento del poder oligárquico-imperialista y la implantación
de la democracia popular, como forma de dictadura conjunta de clases, bajo la
hegemonía del proletariado, porque es la única vía justa
y que se corresponde con las condiciones de nuestro país para acceder
al socialismo en España y en el futuro a la sociedad comunista.

La Revolución proletaria en España, pues, nos
presenta una doble tarea: dar cima a la presente etapa de la revolución
contra el imperialismo y la oligarquía e implantar el nuevo Estado Democrático
Popular, y cuando estén dadas todas las condiciones necesarias, objetivas
y subjetivas, transformarlo en una revolución socialista. La revolución
de democracia popular es la preparación necesaria para la revolución
socialista, y la revolución socialista es la dirección inevitable
para cl desarrollo de la revolución democrático-popular. Por ello,
únicamente puede encabezar esta revolución el proletariado con
su Partido al frente.

La revolución democrático-popular en nuestro país,
aunque en un principio va a mantener algunos elementos de capitalismo «ya
que su contenido es antiimperialista, antimonopolista y antilatifundista»,
va dirigida a asestarle un formidable golpe, poniendo en juego potentes elementos
de socialismo y creando sólidas bases para iniciar su construcción.
Tales elementos son: en lo político, la hegemonía y el peso especifico
del proletariado y su Partido, y en lo económico el peso absolutamente
dominante del sector estatal y el sector cooperativo frente al sector privado.
El sector estatal de la economía que será dirigente y dominante
en la República Democrática Popular, tiene un carácter
socialista, porque va a estar bajo la dirección del proletariado y va
a desarrollarse partiendo de sus intereses como clase, y supeditándose
en todo momento a los objetivos políticos que éste y su Partido
establezcan para toda la sociedad.

La República Democrática Popular supondrá
además, indudable mente una situación mucho más favorable
para la preparación ideológica y política de las masas
proletarias y populares, creando las condiciones políticas, ideológicas
y económicas que permitan la construcción del socialismo. A la
vez, las contradicciones entre las diferentes clases tomarán nuevas formas
y en particular la contradicción entre la burguesía y el proletariado
pasará a ser la contradicción principal.

Así pues, siempre que el proletariado y su Partido mantengan
y fortalezcan su dirección sobre el nuevo Estado, sobre la alianza de
las clases revolucionarias y sobre las masas populares; siempre que apliquen
una línea revolucionaria en la realización de las tareas de la
democracia popular (única manera de la que es posible cumplirlas, por
otra parte) y siempre que resuelvan correctamente las contradicciones en el
seno del pueblo, la realización de tales tareas, estará íntimamente
ligada a la realización de las tareas socialistas, y no pueden abrir,
de ningún modo, la posibilidad de un nuevo desarrollo del capitalismo
en nuestro país. Esto constituye un rasgo específico de la revolución
en España.

Frente a las tergiversaciones oportunistas y revisionistas,
el marxismo-leninismo señala que el socialismo no es un modo de producción
como tal, sino un período histórico de transición, profundamente
inestable, al que corresponde un Estado de Dictadura del Proletariado, y en
el que se dan simultáneamente elementos de capitalismo con elementos
de un nuevo modo de producción correspondiente a la sociedad sin clases,
con elementos de comunismo en definitiva. Es un período de transformación
del capitalismo al comunismo, en los órdenes ideológico, político
y económico, determinado por la lucha de clases entre el proletariado
y la burguesía, entre lo nuevo y lo viejo de la sociedad, entre la revolución
y la “fuerza de la costumbre”.

Lenin lo define como: “Este período de lucha entre
el capitalismo agonizante y el comunismo naciente, en otras palabras, entre
el capitalismo que ha sido derrotado pero no destruido, y el comunismo, que
ha nacido, pero que todavía es débil”. (Economía y
política en la época de transición).

Las contradicciones y la lucha de clases entre el proletariado
y la burguesía, en todo el período’ del socialismo (que no están
determinadas principalmente por las fuerzas del imperialismo exterior, ni siquiera
por la fuerza de la vieja burguesía derrocada) atraviesan de parte a
parte la sociedad socialista, incluido el Estado y el propio Partido del Proletariado.
De quién vencerá a quién, el proletariado o la burguesía,
a lo largo de este periodo depende el que la sociedad avance hacia el comunismo
o, por el contrario, el Estado de dictadura del Proletariado se transforme en
una dictadura de la una nueva burguesía, surgida en el mismo seno del
Partido, y restaure el capitalismo.

El elemento decisivo de la lucha entre el proletariado y la
burguesía en el socialismo, no lo constituyen las transformaciones económicas:
la nacionalización de los monopolios, la abolición del sistema
de propiedad privada sobre los medios de producción, etc… estos aspectos
son necesarios para el avance de la revolución pero no son suficientes.
No sólo no bastan, sino que si en la lacha de clases triunfa la burguesía,
que nace y se desarrolla en el mismo seno del Partido y del Estado, estos elementos
únicamente conducen a un reforzamiento de las relaciones de opresión
y explotación capitalistas, como ha ocurrido en la Unión Soviética.

El Partido Comunista de China guiado por el camarada Mao Tse-tung
ha señalado en la teoría de la continuación de la revolución
bajo las condiciones de Dictadura del Proletariado, como el elemento decisivo
consiste en la revolución ininterrumpida y por etapas en todos los órdenes
de la sociedad: ideológico, político y económico, y la
importancia de la revolución en la superestructura para combatir el revisionismo
y el individualismo y prevenir la restauración del capitalismo. Para
ello, es necesario que la dirección del Partido y del Estado vaya encaminado
a promoverla acción política consciente de las masas obreras y
populares, su movilización y educación consciente en la ideología
proletaria y en el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung, a restringir
el derecho burgués y las relaciones capitalistas burguesas, y afianzar
paulatinamente la participación de las masas en la vida política
y social, en la gestión del Estado y en el control y crítica a
los militantes y cuadros del Partido.

Por lo tanto, en última instancia, todas las transformaciones
económicas y el mismo desarrollo de la economía en el socialismo
para que realmente puedan seguir el rumbo de avance hacia el comunismo, están
supeditadas al factor político, a que el proletariado y su Partido sean
capaces de dirigir, tomando como clave la lucha de clases, y movilizar las amplias
masas populares para combatir en el terreno ideológico y político
al imperialismo, a la vieja burguesía (que e& la primera fase de
construcción socialista pueden tener mucha importancia) y principalmente
al revisionismo y al democratismo pequeño-burgués, con el fin
de llevar a cabo revolucionariamente las tareas y objetivos de cada fase por
la que atraviesa la revolución.

La línea general de continuación ininterrumpida
de la revolución hacia el socialismo y el comunismo hace necesario que
el Partido del Proletariado aborde en el seno de la República Democrática
Popular las siguientes tareas en los planos político, ideológico
y económico, y cuyos objetivos son derrotar a los enemigos de clase de
dentro y fuera de nuestro país, defender la Dictadura del Proletariado
e iniciar la construcción del socialismo.

1.- En lo político, consolidar y fortalecer el
poder proletario, en el Estado y en la sociedad, consolidar y fortalecer al
Partido Proletario haciendo de él, un instrumento de combate de las amplias
masas populares y vinculándolo estrechamente a ellas. Consolidar políticamente
las organizaciones de masas trabajadoras: el frente único de la clase
obrera y la alianza del pueblo trabajador y promover su participación
en la gestión del Estado. Consolidar y fortalecer el aparato estatal
del pueblo bajo la dirección del proletariado frente al imperialismo
y a la burguesía reaccionaria En el marco de esta tarea el Partido debe
abordar y dirigir directamente la formación del ejército, las
milicias populares, la policía, los tribunales populares y demás
aparatos decisivos del nuevo poder.

2.- En lo ideológico, intensificar la propaganda
y educación de las masas populares en el marxismo-leninismo-pensamiento
Mao Tse-tung, pertrecharías para combatir consecuentemente al imperialismo
y a la burguesía reaccionaria que en los primeros momentos duplicaran
sus ataques hacia el poder revolucionario, educarlas especialmente para combatir
el revisionismo y el democratismo pequeño-burgués y todas las
ideas que la burguesía ha introducido entre las masas trabajadoras durante
largo tiempo, doblemente peligrosas, en tanto que se basan en las fuerzas de
la costumbre.

3.- En lo económico, desarrollar la economía
de nuestro país en el sentido socialista. Esto se concreta en:

– El desarrollo del sector estatal de la economía de
carácter socialista, bajo la dirección política del proletariado,
haciendo que por su potencia cualitativa y volumen cuantitativo sea el sector
dominante y dirigente de la economía.

– El impulso decidido a la cooperativización y a la colectivización
de la producción agropecuaria, imprimiéndole un carácter
socialista.

– El desarrollo y preparación científica y técnica
de las masas proletarias y trabajadoras en general, propiciando la creación
de un gran número de cuadros científicos y técnicos que
por su conciencia revolucionaria sean capaces de organizar y dirigir la economía
socialista.


Nuestro programa de lucha

El programa máximo general del proletariado para la actual
etapa de la revolución, cuyos rasgos característicos se han establecido
anteriormente, contiene las tareas y transformaciones revolucionarias fundamentales
que debe abordar la Dictadura Democrática Popular una vez instaurada.

Nuestro programa mínimo permanecerá invariable
en sus líneas generales durante toda la actual etapa de la revolución
de democracia popular, o sea durante largo tiempo.

Sin embargo, dado que la situación cambia en las diversas
fases y periodos que se suceden en dicha etapa, este programa tiene que incorporar
los cambios correspondientes, no puede permanecer invariable a lo largo de los
mismos. Necesitamos, pues, un programa mínimo concreto de democracia
popular.

A medida que la evolución de la lucha de clases va determinando
cambios en las filas de los amigos y de los enemigos del proletariado, en el
régimen político, en la situación internacional, etc…
es preciso reajustar nuestro programa para que recoja los aspectos concretos,
las reivindicaciones inmediatas de las masas obreras y populares, de forma que
el proletariado pueda aislar al máximo sus enemigos principales, concentrando
contra ellos todo el fuego de la lucha revolucionaria y formar un amplio frente
con todas las fuerzas susceptibles de ser unidas contra el enemigo principal.

Como hemos visto anteriormente en la actualidad la situación
se caracteriza por lo siguiente:

En el plano internacional, el ascenso de la lucha revolucionaria
del proletariado internacional, de las luchas de liberación antiimperialistas
en el Tercer Mundo, las derrotas militares del imperialismo yanqui en Asia y
otros factores inherentes al propio capital monopolista, están asestando
duros golpes al sistema imperialista mundial, sumiéndolo en una profunda
crisis y poniendo en evidencia su carácter archirreaccionario y caduco.

Una nueva superpotencia, la URSS, se halla lanzada a una frenética
disputa con la otra por la hegemonía mundial y en particular por la hegemonía
sobre Europa y los factores de una nueva Guerra Mundial aumentan visiblemente.
El equilibrio imperialista surgido de la II Guerra Mundial se ha roto y se agudizan
no sólo las contradicciones entre las dos superpotencias, sino entre
ellas y los países imperialistas de segundo orden, ya que, si bien hacen
todo lo posible por mantener su explotación y control sobre los países
del Tercer Mundo, a su vez sufre la intervención, la amenaza el control
y el atropello de las dos superpotencias.

La justa política de frente unido internacional contra
el hegemonismo, contra la política de agresión y guerra de las
dos superpotencias está obteniendo crecientes éxitos.

Las diversas contradicciones fundamentales del mundo de nuestra
época no dejan de agudizarse, y la tendencia dominante es favorable a
la revolución y a los pueblos. Este es el esperanzador marco internacional
de la revolución en nuestro país, que ofrece al proletariado y
al pueblo de nuestro país condiciones sumamente favorables para avanzar
en el camino de su liberación, de la democracia popular y el socialismo.

En el plano nacional, la oligarquía financiera
y el imperialismo yanqui han dado cima a su proyecto, de cambiar de régimen
político para garantizar la continuidad de su Estado. El Régimen
Fascista ha sido transformado en un Régimen Democrático Burgués.
La clave de la bóveda de la nueva forma de dominación es la Monarquía,
lo sustancial del Estado Franquista sigue intacto y Juan Carlos es cabeza y
garantía de la continuidad de este Estado.

Los protagonistas de la crisis del fascismo han sido las masas
populares, sus luchas lo han puesto en quiebra y han obligado a los enemigos
del pueblo a “pasar del terror al engaño”. Sectores cada vez
más extensos de las masas trabajadoras y de la pequeña burguesía
se han ido sumando a la lucha por la libertad formando una corriente cada vez
más poderosa, que no ha sido posible hacer retroceder por la fuerza.

Pero el movimiento antifascista ha carecido de una dirección
revolucionaria. Es por esto que el gran capital ha podido encauzarlo haca sus
propios fines. Este desenlace ha provocado un enorme ascenso de la influencia
y el control del reformismo y el revisionismo sobre las masas populares.

En la crisis, el control económico, político y
militar del imperialismo yanki se ha hecho mucho más profundo. Su alternativa
actual para nuestro país, en completa coherencia con la oligarquía
financiera, es consolidar un nuevo instrumento de dominación, un régimen
Democrático Burgués bajo la forma monárquica, plenamente
integrado en el sistema de alianzas bajo su hegemonía (OTAN) y plenamente
ligado al club monopolista europeo (Mercado Común).

El PSOE y el PCE son los pilares fundamentales para tal proyecto
oligárquico-imperialista. Se han lanzado a una sistemática campaña
para desorientar y paralizar el movimiento popular, para encarcelar al pueblo
en las instituciones parlamentarias de la burguesía monopolista.

A pesar de las explosivas contradicciones sobre las que se asienta
la sociedad española, la situación actual es ventajosa para el
campo oligárquico-imperialista, llevan la iniciativa, tienen sus fuerzas
unidas en torno a un proyecto “constitucional” común y enfrente
no tienen más que los estallidos espontáneos de desesperación
de las masas.

Esto impone al proletariado revolucionario en este periodo una
táctica de acumulación de fuerzas, donde las ofensivas han de
ser parciales y localizadas, creando de esta forma condiciones más ventajosas.

 


 

PROGRAMA DE LUCHA

En la actualidad las demandas fundamentales inmediatas del
pueblo de las diversas nacionalidades de España siguen siendo la consecución
de la libertad, el pan, la tierra y la independencia nacional. Dichas demandas
no pueden ser satisfechas de ningún modo por el actual régimen
de dictadura de la oligarquía y el imperialismo, a pesar de lo que digan
los cantos de sirena del revisionismo y el reformismo.

El programa de lucha de nuestro partido no puede ser otro que
lucha revolucionaria por la realización de estás demandas. Indudablemente
la lucha será prolongada, compleja y cada vez más dura y requerirá
elevados sacrificios; pero en su conjunto la situación actual «tanto
por los factores internacionales como nacionales» es esperanzadora y su
perspectiva es favorable al pueblo, a la revolución democrática
popular y al socialismo.

Los aspectos fundamentales de nuestro programa mínimo
concreto de nuestro programa de lucha en la actualidad, son los siguientes:

1.- Asegurar plenas libertades para el pueblo.

La heroica lucha de las masas populares de nuestro país,
pagando un alto precio en sufrimientos, decenas de miles de represaliados, torturados…
y numerosos caídos en el combate contra el fascismo, ha arrancado a la
reacción oligárquico-imperialista (obligándole incluso
a ir aún más lejos de lo previsto inicialmente en su proyecto
de sustitución del fascismo por una nueva forma de dominación)
el poder disfrutar, por primera vez en más de cuarenta años, de
derechos democráticos elementales.

Indudablemente esas “reformas” son limitadas, esas
libertades están restringidas, y su aplicación controlada por
los mismos aparatos represivos que bajo la dictadura han sido utilizados con
tanta saña para golpear al pueblo. Se siguen reprimiendo manifestaciones,
limitando arbitrariamente los derechos de expresión asociación,
manifestación y huelga y las demandas de autonomía y autodeterminación
de las diversas regiones y nacionalidades. E incluso esas libertades restringidas
y parciales que ha conquistado el pueblo, corren el riesgo de ser reducidas
y vaciadas de contenido más por el gobierno del gran capital que siguiendo
el ejemplo de Alemania, abriga el propósito de sacar adelante una “ley
de defensa contra el terrorismo” ampliando las atribuciones de la policía
política y dando mayores poderes al gobierno para restringir o anular
discrecionalmente los derechos políticos en caso de conflictos, huelga
etc..

El pueblo necesita la libertad y esto exige no solo defender
enérgicamente la ya conseguida sino ampliarla mucho más. Cuanta
más libertad tenga la clase obrera y el pueblo tanto mejor podrá
organizarse para defender sus intereses inmediatos y futuros.

Si nuestro partido sigue planteando la necesidad de seguir promoviendo
una resuelta lucha por el reconocimiento pleno y efectivo ejercicio de las libertades
de expresión, asociación, manifestación, reunión
y huelga; por el inmediato reconocimiento de las justas demandas de autonomía
y autodeterminación de las diversas nacionalidades; por el reconocimiento
de los derechos de la juventud, la mujer, los soldados, y todos los marginados
por el actual orden social; por la legalización inmediata de todas las
fuerzas antifascistas y organizaciones populares; por la derogación de
las leyes y decretos del pasado atentatorias contra la libertad del pueblo y
medidas de castigo contra los responsables de crímenes contra el pueblo
y otras muchas demandas democráticas en el terreno político, sindical,
cultural de los movimientos de las masas, etc., no es con el propósito
de contribuir a “perfeccionar” el régimen monárquico
sino porque consideramos que todo movimiento enérgico de lucha por la
ampliación de las libertades favorecen en general la elevación
de conciencia política del pueblo, fortalece su unidad y su capacidad
de lucha por la consecución de los intereses inmediatos más apremiantes
y por la realización de la República Democrática Popular
y el Socialismo, es decir, del aseguramiento de una verdadera libertad, a la
vez que debilita a los enemigos acérrimos de la libertad del pueblo:
la oligarquía y el imperialismo yanqui y todos los reaccionarios.

Acerca de la cuestión de la libertad se delimitan cada
vez con más claridad dos líneas, dos actitudes contrapuestas:

Una, defendida por los que se hallan en la más completa
ceguera política o aquellos que han escogido como profesión la
de embellecedores de los enemigos del pueblo, como Santiago Carrillo Y otros
que piden al pueblo que se mantenga quieto para evitar un “nuevo golpe
militar fascista” y ‘no perder lo conseguido” y pretenden que el pueblo
confíe sobre todo en las Cortes y en la Constitución como “instrumentos
que han de asegurar la libertad”…

Otra, es la de quienes, como nuestro partido, consideran que
la libertad no es una concesión graciosa del enemigo sino la conquista
del pueblo mismo; que la mejor y única forma de mantener lo conseguido
y prevenirse contra nuevas ofensivas e intentonas reaccionarías es la
presión y la lucha popular resuelta por la ampliación de las libertades.

Llamar al pueblo a permanecer pasivo, a “confiar”
en las Cortes y en la Constitución… es el mejor camino, no ya para
no avanzar, sino para retroceder, dejando completamente la libertad del pueblo
en manos de sus más encarnizados enemigos, los cuales han pisoteado durante
más de medio siglo las libertades populares y han demostrado suficientemente
lo poco que les puede parar los pies la constitución más “democrática”
posible si se trata de mantener íntegros su poder y privilegios.

2.- Hacer frente a la crisis económica y realizar
profundas transformaciones en la economía.

Hoy todo el mundo está de acuerdo en que existe una crisis
económica muy grave. Los desacuerdos se refieren evidentemente, a todo
lo demás.

Las cifras escuetas, referidas a los últimos meses de
1977 son: cerca de un millón y medio de parados; un índice de
inflación real superior al 20 por cien; un déficit en la balanza
de pagos de 800.000.000 millones de pesetas, más de 500.000 millones
de pesetas en evasión de capitales desde 1975; 140.000 millones de empréstitos
exteriores en poco más de un año; descenso de la inversión
productiva a prácticamente cero; descenso de la producción de
numerosos sectores básicos entre el 20 y el 30 por ciento; expedientes,
quiebras y cierres en varios miles de empresas de todo el país. a un
ritmo cinco veces superior que en 1976; “nacionalización” de
grandes empresas en crisis (Metro, Transmediterránea…) y perspectivas
de “nacionalización” de otras muchas. En esta situación
sólo los grandes bancos y algunas grandes empresas monopolistas (CAMPSA.
Empetrol, etc..) declaran elevados beneficios en 1976 y sus perspectivas son
buenas en el presente año.

En España se entrecruzan en realidad dos crisis estrechamente
relacionadas entre si. La referente al propio sistema imperialista bajo la hegemonía
norteamericana. Crisis de superproducción, pero sobre todo, crisis de
descomposición del sistema imperialista económica, política,
militar e ideológica, que repercute con extrema dureza en los eslabones
más débiles de la cadena capitalista, como España.

La situación en nuestro país resulta agravada
aún más, debido al elevado nivel de dependencia económica
respecto al capital extranjero, en particular al norteamericano, dependencia
que tiende a incrementar su propia crisis, y por la larga descomposición
del Régimen Fascista durante más de cuarenta años.

Sería ingenuo pensar que las cosas se desarrollan de
forma lineal, que la oligarquía y el imperialismo yanqui no tienen ya
ninguna salida y que se van a derrumbar, poco menos que por sí solos.
Nada más lejos de la realidad. Las fuerzas revolucionarias a nivel mundial
han crecido y las contrarrevolucionarias se han debilitado; esta constituye
la tendencia principal del movimiento. Sin embargo, la reacción es todavía
más fuerte que la revolución. En términos globales, y en
España, la oligarquía y el imperialismo pueden todavía
emprender maniobras que limiten o amortigüen temporalmente las aristas
más agudas de la crisis.

Su programa consiste en síntesis en elevar la rentabilidad
del capital y ello requiere bajar los salarios reales (que el crecimiento de
los precios sea superior al de los salarios); intensificar la explotación
de la mano de obra mediante el aumento de los ritmos, prolongación de
la jornada de trabajo, recortes de plantilla, etc.; redistribuir el mercado
expulsando del mismo a miles de empresas pequeñas y medias para “hacer
sitio” a las grandes, a los monopolios… Estas y otras medidas complementarias
pueden formularse y aplicarse con diversas variantes y medidas técnicas
según cual sea la combinación de las fuerzas políticas
encargadas de aplicarla y otros factores secundarios; pero constituye en esencia
el único programa posible que responde al mantenimiento de los intereses
dominantes, los intereses de la oligarquía y el imperialismo yanqui.

Y este programa oligárquico-imperialista significa, el
intento de pasar a un “modelo” económico con una elevada tasa
de paro permanente, probablemente superior a la actual y una producción
estancada; una ingente destrucción de fuerzas productivas y un brusco
desarrollo de la monopolización de las diversas ramas de la producción.
En suma, las medidas económicas “clásicas” que el capital
emprende cuando se ve abocado a períodos de crisis profunda.

El PCE y el PSOE están representando el papel de pilares
básicos de apoyo del gran capital para aplicar su política. El
Gobierno especula con una salida “rápida y definitiva” a la
crisis a condición de que “todos (es decir, las masas trabajadoras)
nos sacrifiquemos”. El PCE y el PSOE le hacen coro en la misma idea y cumplen
su papel de paralizar la acción del proletariado y las masas trabajadoras,
el Pacto de la Moncloa constituyó el momento clave de corroboración
de esta política.

Al suscribir en la Moncloa este programa, S. Carrillo y F. González
han corroborado involuntariamente algunos principios elementales del marxismo
que hoy parecen olvidados incluso entre las filas de los marxistas-leninistas:
que el término crisis significa para los explotados paro, carestía,miseria…
mientras que para los explotadores significa esencialmente descenso de la tasa
de beneficios y que ésta sólo se recupera redoblando la explotación,
el paro y los sufrimientos de las masas trabajadoras y destruyendo los sectores
más débiles del capital; que, si estas medidas forman parte permanentemente
de la política del capital monopolista en períodos de desarrollo
“normal”, son prácticamente su única política
en períodos de crisis profunda y que no existe, a no ser en los sueños
de la pequeña burguesía, una “tercera salida” que salvaguarde
a la vez los intereses de las masas trabajadoras y los intereses fundamentales
del capital financiero-imperialista, que concilie y defienda los intereses antagónicos
e irreconciliables de ambas partes.

En definitiva, lo que la actual crisis capitalista pone brutalmente
en primer plano es la extrema contradicción entre los intereses generales
de la sociedad y los de una ínfima minoría que no puede “salir”
de la crisis sin agudizar ese antagonismo en proporciones formidables, acentuando
de esta manera la convergencia objetiva entre los intereses de las distintas
clases populares golpeadas y lesionadas por la política del capital monopolista.
De todo ello se desprende que no hay “salida” a la actual crisis (en
un sentido favorable para el pueblo) sin resolver ese antagonismo de intereses,
sin proceder, en lo económico, a la expropiación de los medios
fundamentales de producción y cambió, hoy en manos de la minoría
oligárquico-imperialista en el poder y ponerlos al servicio de los intereses
generales de todo el pueblo y todo el país.

Es necesario que todo el partido comprenda bien la idea de que
éste es el aspecto esencial de nuestro programa económico; que
sin llevar a cabo estas transformaciones, hablar de “hacer frente a la
crisis”, “dar a la crisis una salida favorable al pueblo”, etc.,
es pura palabrería pequeño-burguesa, oportunista.

Sin una profunda reforma económica cuyo aspecto principal
es conquistar la independencia respecto al capital extranjero (y en particular,
respecto al imperialismo norteamericano) y suprimir el dominio de la minoría
oligárquica sobre la vida material del pueblo, no hay solución
real al problema del paro, del mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo,
de la agricultura, la industria, 1a minería, la pesca, el comercio etc.
y están condenadas a la destrucción gran cantidad de fuerzas productivas.
Cae de su peso que no existe posibilidad alguna de realizar tal programa en
el marco de las actuales relaciones de poder, es decir, sin el derrocamiento
de la dictadura oligárquico-imperialista y la instauración del
poder de las distintas clases populares bajo la dirección del proletariado,
de un régimen estatal republicano democrático-popular. ¿Debemos
ocultar esta cuestión por temor a ser tachados de “insensatos”,
“provocadores” y otras lindezas?. Al contrario, debemos subrayarla
en nuestra actividad política práctica cotidiana entre el proletariado
y las masas trabajadoras; debemos explicarla de forma paciente y concreta en
el curso mismo de las luchas y el movimiento actual porque es, precisamente,
la única salida “sensata”, realista y posible a la actual situación.
Entre este programa y el programa oligárquico-imperialista no hay ningún
otro posible que no sea en realidad una versión de este segundo.

Nuestra posición ante la cuestión de cómo
hacer frente a la actual crisis es en su espíritu similar a las del Partido
Bolchevique, el cual, en períodos como 1907-1912 en que la burguesía
y la autocracia zarista imponía condiciones salvajemente duras, en que
los obreros eran exterminados en jornadas de 12 y 14 horas, mientras millones
de trabajadores permanecían en paro, en que los campesinos morían
por miles de hambre, llamaba sobre todo a hacer comprender al pueblo la estrecha
relación entre sus padecimientos y la política de la autocracia,
los terratenientes y la gran burguesía y la necesidad de su derrocamiento.
Y esto, en periodos de profunda reacción política, en la que el
partido del proletariado era una minoría extremadamente débil
y en que no estaba al orden del día, ni mucho menos, la toma del poder.

Conviene aclarar una cuestión acerca de la cual existe
en la actualidad no poca confusión. Nuestra política no es, en
sentido estricto, “antimonopolista”, por la misma razón de
que no somos partidarios del capitalismo de libre competencia (cosa imposible
por otra parte en España) sino del socialismo. En la presente fase, el
filo de la revolución se dirige contra el imperialismo norteamericano
y contra la oligarquía española, unida y subordinada, en lo principal,
a aquél Por otra parte, el tipo de desarrollo monopolista llevado a cabo
en España ha creado una elevada dependencia, no sólo respecto
del capital norteamericano sino de cierto número de países europeos
(Alemania, Francia…). Todo esto supone, dada la extremada complejidad de las
relaciones entre nuestro país y otros países capitalistas y entre
los distintos sectores y ramas de la producción serias dificultades para
pasar, en relativamente poco tiempo no ya a~ socialismo sino a una economía
independiente en lo principal, premisa indispensable para construir aquel. Por
consiguiente nosotros consideramos que, siempre que exista la posibilidad de
que los países europeos más poderosos no se enfrenten o boicoteen
abiertamente a la revolución democrático-popular en nuestro país
(posibilidad que amplia la agudización de las contradicciones entre las
dos superpotencias y los demás países imperialistas de segunda
fila), es necesario intentar resolver en la actual fase la pugna de intereses
en los distintos terrenos (industrial, comercial, social etc. ) de forma pacífica
y gradual, mediante mutuas concesiones y compensaciones.

Una vez realizadas las transformaciones políticas y económicas
esenciales se podrían resolver, en un tiempo más o menos prolongado
según los distintos factores internacionales y nacionales, los problemas
que hoy; atenazan a la sociedad española, construyendo una economía
independiente, desarrollada y próspera y desbrozando el terreno a la
construcción del socialismo:

1.- Concentrar el crédito, hoy en manos de la gran banca
privada, en un banco estatal central y ponerlo al servicio del desarrollo independiente
de nuestra economía.

2.- Sentar las bases de un desarrollo planificado y armónico
de los distintos sectores productivos, disminuyendo paulatinamente las distancias
entre la agricultura y la industria, entre los sectores industriales más
atrasados y los más adelantados y entre las zonas más deprimidas
y las más prósperas.

3.- Resolver gradualmente el problema crónico del paro
que la actual crisis agudiza, prestando atención prioritaria al desarrollo
de aquellos sectores y ramas de la producción que requieren más
trabajo con respecto a la misma inversión, desarrollando los servicios
públicos y prestando ayuda eficaz a los desocupados mediante seguros
y exenciones sobre los bienes necesarios para la vida.

4.- Reprimir con la máxima energía las actividades
especulativas, la corrupción, la evasión de capitales; alcanzar
un nivel de precios estables y un control eficaz de los precios básicos.
Establecer una escala de salarios en correspondencia y reducir paulatinamente
las diferencias entre las distintas categorías y entre los distintos
tipos de trabajo.

5.- Reajustar las relaciones entre trabajo y capital en el sector
económico no estatal, implantando la jornada de 8 horas, suprimiendo
los ritmos embrutecedores y otras demandas y, por otra parte garantía
de un beneficio mínimo normal, coordinación con el sector estatal
y colectivo y participación de los intereses privados legales en la adopción
de decisiones. El principio de expropiación sin indemnización
no se aplica, como norma general, a la masa de accionistas pequeños y
medios de las grandes empresas financieras, industriales y comerciales.

6.- Participación de las masas obreras y trabajadoras
en la gestión y control de la producción en el sector estatal
y, bajo formas apropiadas, en las restantes. Establecer un nuevo sistema fiscal
sobre la base de un impuesto progresivo sobre la renta, la supresión
de la mayor parte de los impuestos indirectos (en especial los que gravan los
bienes de consumo básicos). Gravaciones elevadas sobre transmisiones
patrimoniales, beneficios y herencias de bienes de producción.

7.- Desarrollar ampliamente la investigación y la técnica,
movilizando los sectores propios y abolir paulatinamente la dependencia exterior
en este terreno, factor que hipoteca gravemente la independencia económica
y política de nuestro país.

8.- Equilibrar el comercio exterior y la balanza de pagos, desarrollando
la producción, eliminando las importaciones innecesarias y reajustando
nuestro comercio con otros países sobre las bases de mutuo interés,
en pie de igualdad y con ventajas recíprocas, cosa imposible hoy dado
el carácter antinacional y subordinado al imperialismo de la oligarquía
en el poder.

Estas transformaciones y medidas, cuya realización responde
a los intereses de la inmensa mayoría de las masas populares, a los intereses
generales del país, para dar una salida favorable al pueblo a la actual
crisis, son evidentemente imposibles sin la realización de transformaciones
políticas y económicas revolucionarias. Evidentemente, esto no
quiere decir que sea “imposible” arrancar concesiones y mejoras parciales
que alivien, al menos momentáneamente, los padecimientos de las masas
trabajadoras. Allí donde haya un solo militante, el partido debe estar
resueltamente a la cabeza de las luchas por estas reivindicaciones y demandas,
y no sólo aquellas que afecten más directamente a las masas obreras
y trabajadoras, sino apoyar con toda decisión una gran parte de reivindicaciones
de amplios sectores de la pequeña burguesía y otros sectores burgueses
frente a la política oligárquico-imperialista y ofrecer en cada
caso soluciones y salidas concretas, prácticas. Pero al mismo tiempo
todo esto es puro reformismo, es llevar al pueblo a un callejón sin salida
si el partido no se esfuerza por hacer comprender a las masas, de un modo práctico
y sencillo, la imposibilidad de “salir” de la actual situación
de forma verdaderamente favorable al pueblo, sin la realización de las
transformaciones mínimas que propugnamos, sin el derrocamiento del poder
oligárquico-imperialista.

3.- Confiscación de los grandes latifundios. Liberación
del campesinado de la expoliación monopolista.

El tipo de desarrollo capitalista que se ha impuesto en España
ha dislocado en menos de veinte años las relaciones de producción
tradicionales en el campo. El capitalismo monopolista de Estado se ha introducido
en el campo; ha reducido brutalmente la población campesina, etc.; pero
a la vez ha dejado prácticamente intactas las viejas estructuras de propiedad,
latifundistas y minifundistas. Esto hace particularmente complejo el “problema
agrario”, juntándose a la vez necesidades y demandas de muy diverso
tipo.

La situación en el campo lía variado sustancialmente
respecto a un pasado relativamente reciente. La emigración masiva, la
conversión de gran parte de la clase terrateniente en grandes empresarios
agrícolas “modernos”, la intervención económica
del Estado sobre la agricultura, la penetración del capital americano
en actividades directamente agrícolas o relacionadas (industria de alimentación),
la tecnificación progresiva, la creciente monopolización de los
canales de compra, transformación y venta, y otros factores han integrado
brutalmente, “por la vía prusiana”, al campo en el modo de
producción capitalista monopolista de Estado.

Los campesinos compran en un mercado monopolizado y trabajan
en él. Esto crea una situación irreversible en la que la relación
entre la industria y la agricultura es cada vez más desfavorable a esta
última, en la que se agudizan cada vez más las contradicciones
entre la ciudad y el campo. Es esta situación la que está haciendo
saltar la base económica tradicional de la reacción en el campo.

No es por casualidad que en el marco de la actual crisis se
haya puesto en pie un potente movimiento de lucha y de organización de
las masas campesinas no sólo económico sino también parcialmente
político, por la liquidación de las estructuras caciquiles fascistas,
por el ejercicio de las libertades sindicales y políticas elementales,
contra la negra opresión que una minoría ha ejercido 40 años.
Los actuales movimientos campesinos, en los que no participan solamente la gran
masa de los campesinos medios y pobres, sino un sector considerable de los campesinos
ricos e incluso algunos sectores de pequeños terratenientes (y no sólo
por subirse al carro de la nueva situación, sino por una coincidencia
parcial de intereses), son un fenómeno de extraordinaria importancia
para la vida del país. Ponen de manifiesto, de forma lógicamente
embrionaria, limitada y reformista, una comprensión más clara
por parte de las masas campesinas de cuál es su verdadera situación,
cuál es el conjunto de sus enemigos; la decisión de hacer frente
a la expoliación monopolista y que los problemas del campo no pueden
resolverse ya sobre la base del reparto de la tierra y el aumento del número
de los pequeños propietarios, sino estableciendo relaciones de nuevo
tipo entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura y en el
seno de esta misma.

El principio democrático de “la tierra para el que
la trabaja” sigue siendo una larga aspiración de las masas campesinas
básicas (en particular del proletariado agrícola y las capas más
pobres del campesinado) en amplias regiones del país, en Andalucía,
Castilla la Nueva, León…, una demanda irrenunciable que espera todavía
solución. España es el único país de Europa Occidental
de un cierto nivel de desarrollo económico en el que existe todavía
una amplia masa de campesinos sin tierra y de campesinos extremadamente pobres.
El partido asume la defensa resuelta del principio de “la tierra para el
que la trabaja”; la confiscación de las tierras de los terratenientes,
poniéndolas a disposición de los jornaleros y diferentes capas
de campesinos pobres para que ellos decidan sobre la forma de propiedad y producción,
sin lo cual es completamente imposible ganar para la causa de la revolución
a las masas campesinas, quebrar la espina dorsal de la reacción oligárquico-caciquil
en el campo, sacar al campo de su decadencia y atraso, evitar su desertización,
reducir la diferencia entre el campo y la ciudad y asegurar el autosostenimiento
del país.

Pero el principio de “la tierra para el que la trabaja”
no puede ser entendido ya como hasta hace relativamente poco tiempo. El partido
debe defender, junto con la confiscación de los grandes latifundios,
no ya la conveniencia, sino la necesidad de pasar a formas de tenencia de la
tierra y producción de tipo colectivo para sacar al campesinado de su
actual situación, reducir las diferencias con la ciudad y la industria
etc., sobre la base de la voluntariedad y la persuasión y no de la coacción.
En la actualidad, la política de “ampliación de la economía
de pequeño campesino” es completamente incapaz para resolver, no
ya los problemas generales de autosostenimiento del país, sino los problemas
de los propios campesinos; pero esto no quiere decir que deba ser “suprimida
por decreto” ni que el poder democrático-popular debe aplicar una
política deliberada de “hundir a los pequeños campesinos”
(lo cual sería no sólo injusto sino ineficaz). En realidad, como
los mismos hechos demuestran, existen condiciones para que, si el proletariado
mantiene una política correcta, las amplias masas campesinas comprendan
con relativa facilidad cuál es el mejor camino y lo recorran por si mismas.
Pero esto sólo será posible sobre la base de la educación
política, de un tratamiento paciente y de una ayuda material eficaz en
cuanto a la producción, la comercialización, las condiciones de
vida, etc., el respeto a la pequeña propiedad y a un beneficio legitimo.

El proletariado debe apoyar resueltamente la actual lucha de
las masas campesinas por sus reivindicaciones inmediatas, por la consecución
de precios mínimos de garantía remuneradores, el acceso al crédito
en condiciones ventajosas, la liquidación de los canales de comercialización
y transformación especulativos, la terminación de las importaciones
superfluas que tienen por objeto hundir los precios de origen y especular pero
que casi nunca reducen los precios en el mercado, seguro contra catástrofes
naturales, el mejoramiento inmediato de la seguridad social, la sanidad, la
enseñanza, la vivienda la formación social y los transportes y
comunicaciones, la liquidación de los restos verticalistas y las prácticas
caciquiles y otras justas demandas.

En realidad, por debajo de su forma actual, tosca e ingenua
en buena medida, estas demandas expresan como hemos dicho, la aspiración
de las masas campesinas de un nuevo sistema de relaciones con la industria,
con el Estado, con la “ciudad”, relaciones que requieren para ser
posibles una planificación de conjunto de la producción, los intercambios
y las necesidades de los diversos sectores, planificación no guiada,
evidentemente, por el criterio del beneficio monopolista. Más aún,
en la actualidad, estas demandas chocan frontalmente no sólo con la política
del Gobierno, el cual apoyado por el PCE y el PSOE, ha decretado la congelación
de la mayoría de los precios agrícolas básicos y aprieta
las clavijas con el intento de hacer desaparecer del mercado a los sectores
campesinos más débiles, sino con la actitud del Mercado Común,
que no está dispuesto a ampliar a España su política de
compensaciones y ayudas a la agricultura y permitir a los productos españoles
libre acceso a los mercados europeos.

En estas condiciones el partido no debe quedarse, de ningún
modo, al nivel actual del movimiento, repitiendo “sensatamente”, tal
cual, las actuales demandas. Esa es la política más insensata,
precisamente porque las posibilidades objetivas de arrancar determinadas concesiones,
por parciales y limitadas que sean, son en este terreno extraordinariamente
reducidas, y esto a condición de desplegar una lucha enérgica.
¿No es esto, por otra parte, lo que está demostrando la experiencia
práctica de los últimos meses?. Los campesinos no tienen un partido
propio, no están organizados políticamente. Es el proletariado
el que está llamado a dirigir su lucha y el único que puede hacerlo.
Pero, si los marxistas-leninistas se mueven al mismo nivel de conciencia de
las masas campesinas, impulsan un movimiento ciego, “sensato”, por
reformas exclusivamente, no esclarecen al sector más adelantado sobre
la situación de conjunto de las diversas clases y las perspectivas del
actual movimiento, ¿cómo podrá evitarse que las derrotas
y fracasos, que en la actual situación son, con mucho, lo más
probable, no se transformen en frustración, en apatía, en reaccionarismo?.

La participación o no de las masas campesinas junto al
proletariado sigue poseyendo una trascendental importancia para el triunfo de
la causa revolucionaria. El partido debe integrar las demandas de los distintos
sectores de trabajadores del campo, las demandas de tierra y otras, y colocarse
a la cabeza de la actual lucha por la construcción de un potente movimiento
unitario campesino, contra la expoliación monopolista y la política
del Gobierno etc., esto es imprescindible; pero sobre todo debe redoblar sus
esfuerzos por educar, orientar y dirigir políticamente el movimiento,
por establecer una estrecha vinculación de éste con el movimiento
obrero y el conjunto del movimiento popular.

4.- Realizar las demandas comunes de todo el pueblo. Llevar
a cabo profundas transformaciones sociales.

Por el tipo de desarrollo capitalista que se ha impuesto en
nuestro país, la sociedad española padece a la vez las agudas
contradicciones inherentes al desarrollo monopolista (agravadas por la dependencia
exterior, el parasitismo, la especulación y la corrupción que
amparaba el Régimen Fascista) y las propias del atraso y la pobreza en
que se debaten la mayor parte de las zonas del país.

En esta situación no tiene nada de extraño que,
a pesar de la opresión fascista, se desarrollaran multitud de movimientos
organizados, de asociaciones reivindicativas, profesionales y de todo tipo por
la defensa de las demandas especificas de distintos sectores y capas populares
y por demandas comunes al proletariado, semiproletariado, pequeña burguesía,
etc. Se está forjando así un potente movimiento al que, por una
parte, la actual crisis obliga a profundizar su lucha y sus reivindicaciones
y, por otra, las libertades conseguidas permiten extender y ampliar grandemente.
Se trata, en general, de un movimiento por demandas parciales, por reformas
de muy diverso tipo, desde la sanidad a la enseñanza, desde la vivienda
al régimen penitenciario, desde la equiparación legal de la mujer
a los derechos de las minorías oprimidas, desde la defensa del medio
ambiente a los derechos de la juventud, etc.; pero todo esto configura un movimiento
de extraordinaria importancia, que une a las distintas clases populares en la
lucha por reivindicaciones comunes y ofrece la posibilidad de realizar, en la
propia práctica, una amplia educación política, de limitar
los amigos de los enemigos las fuerzas progresistas de las reaccionarias.

Hoy, la Sanidad y la Seguridad Social son un gran negocio para
diferentes sectores oligárquicos, burocráticos y del capital extranjero,
que obtienen fabulosas ganancias, realizan fantásticos desfalcos (en
1977 se han “evaporado” 250.000 millones de pesetas) especulando con
los medicamentos, jugando con la salud del pueblo. La situación ha llegado
a tal extremo que las medidas de “control” como la inclusión
de los presupuestos de la Seguridad Social en los generales del Estado, la intervención
de las centrales obreras, la congelación de los pagos de cuotas por las
empresas y otras, con ser positivas, no pueden alterar significativamente la
situación. El nivel de asistencia sanitaria es muy baja, se visita a
los pacientes en 5 minutos, las equivocaciones, a veces mortales, son frecuentes,
pero se intenta limitar el acceso a las facultades de Medicina y se mantienen
sueldos muy bajos para la mayoría del cuerpo sanitario; se desatiende
la medicina preventiva de masas y la medicina rural la creación de centros
asistenciales reducidos y diseminados por todas partes mientras se invierten
miles de millones en grandes mastodontes hospitalarios, en equipos complicados
y relativamente inútiles, en gastos superfluos, en una enorme burocracia.
Es el mundo al revés la medicina organizada contra el pueblo en vez de
la medicina para el pueblo En nuestro país existen ya medios suficientes
para hacer realidad una sanidad integral eficiente al servicio de toda la población
equitativamente costeada por todos; pero esto no se hará realidad sin
desalojar los intereses que hoy convierten la salud del pueblo en un gran negocio
para ellos.

La construcción de viviendas ha sido una de las mayores
fuentes, si no la que más, de acumulación capitalista en los últimos
25 años El capital financiero y la especulación han campado y
campan a sus anchas en este terreno, con la colaboración plena del Estado.
Las consecuencias son un déficit real de más del millón
de viviendas mientras existen decenas de miles de casas sin ocupar o vacías
una elevada carestía de los pisos y de los alquileres (entre el 30 y
50 por ciento más del salario medio) y una calidad ínfima de la
construcción (barriadas enteras empiezan a caerse a los 15 años
de hechas); un déficit cada vez mayor de transportes, escuelas, zonas
de esparcimiento y otros servicios colectivos; chabolismo etc. Esta situación
se ve agravada ahora por la considerable reducción de la actividad de
las empresas constructoras y el caos en que se mueve la vida municipal.

Consideramos que el problema de la vivienda no puede resolverse
verdaderamente sin solucionar las causas de fondo que lo generan: la emigración
de las zonas atrasadas a las ciudades industriales (y por tanto la elevación
de las condiciones de vida en el campo y las regiones deprimidas); la especulación
con el suelo urbano y la vivienda y la ausencia de todo plan racional de conjunto
eficaz. Terminar con la especulación es, en primer lugar, nacionalizar
el suelo urbano (al menos el que poseen las grandes inmobiliarias y empresas
constructoras) y someter el resto a un severo control. Evidentemente, la aplicación
de esta consigna carece completamente de sentido en la actual situación.
Sin embargo, dada la previsible derrota de UCD y AP en las próximas elecciones
municipales, derrota segura en las grandes ciudades, se debe exigir de los nuevos
ayuntamiento la adopción de medidas enérgicas contra la especulación
y la corrupción, la puesta en práctica de un plan de medidas mínimas
que permitan abordar la solución de los problemas más graves y
urgentes de cada municipio (chabolismo, servicios colectivos…). Apoyamos resueltamente
las medidas que tiendan a reducir gradualmente los alquileres respecto a los
salarios así como el actual movimiento de ocupación de viviendas
que permanecen sin ocupar.

El nuestro es un antiguo país con una rica cultura plurinacional.
En la medida de que se libere de la opresión oligárquico-imperialista,
las ciencias, las artes, la técnica, etc. conocerán un nuevo esplendor
y se podrá realizar el sueño de que la cultura sea un bien común
al servicio de todo el pueblo. En la actualidad existen más de un millón
de niños sin escolarizar, la enseñanza media no es accesible para
la mayoría del pueblo, la Universidad sigue siendo un privilegio para
las capas más acomodadas y el contenido general de la enseñanza
es clasista, reaccionaria y está separada de la práctica y la
vida real. Nosotros estamos por una enseñanza radicalmente distinta de
la actual: gratuita y obligatoria hasta los 17 años, porque a la Universidad
accedan los jóvenes más capaces y no de mayores medios económicos,
por una enseñanza democrática, revolucionaria, de masas, científica,
unida estrechamente con los intereses del pueblo y a su servicio. El monopolio
de ‘la Iglesia sobre buena parte de la enseñanza secundaria debe terminar,
así como el derecho a impartir títulos por parte de entidades
privadas. Estamos en contra de cualquier forma de “numerus clausus”.

En el curso de pocos años, la situación de los
intelectuales y profesionales ha experimentado grandes cambios. Ya no son una
reducida elite sino un sector considerable del pueblo que en gran parte, y cada
vez más, está sometido a duras condiciones salariales, inseguridad
en el empleo, paro, trabajo insatisfactorio «que en muchos casos nada
tiene que ver con sus conocimientos», etc.. A la par que sus condiciones
materiales se ha modificado su actitud política. Los estudiantes, profesionales,
médicos de hospital, maestros, etc. han desempeñado un considerable
papel en las luchas recientes y su papel en el futuro es más importante
aún para transformar la cultura, la enseñanza y la sanidad, la
ciencia y la técnica y ponerlas al servicio del pueblo y de los intereses
generales del país. Esta idea se ha abierto paso con fuerza entre una
mayoría de intelectuales Y el partido debe apoyar resueltamente esta
corriente, impulsar la organización de los estudiantes y demás
sectores intelectuales y profesionales y la lucha por sus reivindicaciones inmediatas
(estabilidad en el empleo sueldos dignos, medidas para combatir el paro, reformas
democráticas en centros sanitarios, de enseñanza, etc…) y unir
su lucha con la lucha general de la clase obrera y todo el pueblo contra los
enemigos comunes.

En los últimos años, la irracional política
de industrialización seguida por el capital financiero ha agudizado los
perjuicios a la agricultura y la salud pública, convirtiendo en inhabitable
comarcas enteras del país y privatizando bienes públicos etc.
Al mismo tiempo ha crecido la justa indignación y la oposición
popular ante estos hechos. Particular importancia reviste la oposición
al plan de construcción de centrales nucleares que provoca amplios movimientos
de oposición y numerosas manifestaciones de protesta en diversas regiones.
Debe profundizarse este movimiento y exigir la paralización inmediata
de este criminal plan, maniobra especulativa del capital financiero en escala
gigantesca, el cual utiliza demagógicamente la crisis energética
para lucrarse desenfrenadamente a costa de los intereses de todo el país
y todo el pueblo. Ante esta cuestión, así como ante el problema
de la contaminación en general, existen alternativas técnica y
económicamente viables; pero éstas son bloqueadas por los intereses
de máximo lucro del gran capital. Evidentemente, la contradicción
no está entre desarrollo industrial y ‘naturaleza”,como el Gobierno
pretende sino entre desarrollo industrial al s ervicio de los intereses generales
del país o al servicio del capital financiero.

El partido asume las reivindicaciones de plena igualdad de derechos
políticos, laborales, familiares y sociales de la mujer con respecto
al hombre; la anulación de la actual legislación reaccionaria
que discrimina a la mujer y el derecho, para todos, a disponer libremente de
su propio cuerpo, en particular el derecho al divorcio, al aborto y al uso de
anticonceptivos y la ayuda médica gratuita para ello. Sin embargo, la
abolición de toda la legislación reaccionaria que oprime a la
mujer, con ser necesaria, no puede resolver por sí sola la cuestión,
puesto que las leyes no son más que la expresión formal de la
conciencia y la práctica social imperantes, impuestas por la clase social
y los intereses dominantes. Aunque se obtuviese en la actual situación
una legislación completamente igualitaria para la mujer y el hombre la
desigualdad real seguiría subsistiendo mientras no se realice una transformación
radical de la familia, la enseñanza, las ideas dominantes, la economía
y la política. La lucha de la mujer por su liberación está
indisolublemente unida a la lucha por la emancipación de la clase obrera
y de todos los oprimidos, aunque ocupa dentro de ella un lugar específico,
propio, de gran importancia y debe organizarse específicamente. Estamos
resueltamente a favor de la organización específica de la lucha
feminista pero en contra de la tendencia reaccionaria, hoy en boga entre ciertos
círculos feministas pequeño-burgueses, de aislar la lucha de la
mujer del resto de la lucha popular, de considerar a la mujer como una “clase
social”. Por supuesto nos oponemos a toda orientación legalista,
mezquina, apolítica, del movimiento feminista, porque es engañosa,
no conduce a parte alguna y, en el fondo, coincide con la tendencia “clasista”
y provoca, antes o después, sus mismos resultados: la desmovilización
y aislamiento de la mujer, el enclaustramiento en “su mundo”, en “sus
problemas”.

El partido asume la defensa del programa de las JUCE (Juventudes
de Unificación Comunista de España) y considera una tarea de primordial
importancia la educación y organización revolucionaria de la juventud
obrera, trabajadora, estudiantil, una cuestión decisiva para la causa
de la democracia popular y el socialismo.

Los presos sociales están protagonizando luchas de gran
combatividad y abnegación por la consecución de diversas demandas
justas. Aunque la delincuencia no podrá ser erradicada mientras no se
eliminen las causas que la producen y que son inherentes al actual sistema social,
a la ideología dominante, etc. se debe exigir la derogación de
la “Ley de Peligrosidad Social” y demás leyes y reglamentos
que castigan bárbaramente y desproporcionalmente a quienes infringen
las actuales leyes, o que permiten sojuzgar y humillar a minorías por
sus comportamientos o inclinaciones particulares. otro tanto cabe decir del
actual sistema penitenciario.

Todas las reivindicaciones expuestas, tinas comunes a todo el
pueblo, otras específicas de determinados sectores, tomadas en conjunto,
no pueden conseguirse en lo fundamental en el actual marco económico
y político. Sin embargo, las transformaciones producidas en el régimen
político hacen posible que la lucha por su consecución cobre un
auge creciente y que sea posible arrancar victorias, aunque sean parciales y
restringidas, en lo secundario, puesto que se trata en muchos casos de transformaciones
meramente democráticas. El partido debe intensificar su participación
en estas luchas, uniéndose con los más amplios sectores de la
clase obrera y el pueblo y desarrollando una amplia labor, en el curso del movimiento,
de educación política y de organización de masas. Para
ello es imprescindible que el partido conozca en profundidad, desarrolle e integre
en su programa las demandas específicas de las diversas clases y sectores
populares, en las cuales se han producido y producen cambios a consecuencia
de la crisis en curso y de la nueva situación producida en nuestro país.

5.- Conquistar la plena soberanía nacional y aplicar
una política de paz y coexistencia pacífica con todos los países.
Hacer preparativos para enfrentar cualquier agresión imperialista.

Ninguno de los problemas fundamentales de nuestro país,
ninguna de las demandas fundamentales de nuestro pueblo pueden tener solución
mientras España no se libere completamente de su actual dependencia política,
militar y económica respecto al imperialismo norteamericano y conquiste
una plena soberanía nacional.

En la actualidad, esta cuestión es aún más
apremiante, si cabe, dado el rumbo que han tomado los acontecimientos mundiales:
el horizonte no es de “paz y distensión” sino de una nueva
guerra mundial de vastas proporciones, una nueva guerra interimperialista, de
rapiña.

Esta situación requiere que los pueblos y países
sometidos a la agresión, chantaje y control de las superpotencias se
unan para hacerles frente y defender la paz.

Pero la oligarquía española, lejos de ello, a
través de la Monarquía y su Gobierno, colabora estrechamente con
el imperialismo norteamericano en los intentos de éste de reforzar sus
lazos de control sobre nuestro país y para poder utilizarlo en su política
de enfrentamiento con la otra superpotencia

En los últimos tiempos se han reforzado las atribuciones
del llamado “Consejo de Defensa Conjunto Hispano-americano” (instrumento
mediante el cual EEUU dicta la política militar a nuestro país
y pone las fuerzas armadas españolas al servicio de sus propios planes),
mientras el Gobierno reorganiza rápidamente sus fuerzas armadas para
adaptarlas al esquema de la OTAN, haciéndolas operativas en el marco
de la llamada “defensa atlántica”, es decir, de la estrategia
militar norteamericana en Europa.

La criminal política exterior de la Monarquía
y su Gobierno es contraria al mantenimiento de la paz y a los intereses de nuestro
país y nuestro pueblo, involucrando plenamente a España en la
carnicería que ambas superpotencias están preparando. Es un deber
fundamental de nuestro partido hacer conscientes a las amplias masas populares
de la situación que se está creando y de la necesidad de impedir
la integración de nuestro país en la OTAN, derogar los actuales
acuerdos político-militares con los EEUU y retirar sus tropas y bases
militares de nuestro suelo. Nos uniremos sin vacilar con cualquier fuerza, sea
cual sea, que esté dispuesta a luchar por esto. El PCE, el PSOE y algunas
otras fuerzas se oponen en sus programas al ingresó de España
en la OTAN y, aunque de forma más oportunista y ambigua, al mantenimiento
de los actuales tratados con los EEUU. Sin embargo, en la práctica, no
mueven un dedo por conseguirlo. El pueblo debe exigir a estas fuerzas que tomen
una actitud de oposición resuelta y activa.

Nuestro partido está por la aplicación de una
política de coexistencia pacífica con todos los países;
porque España se una con todos los países víctimas de la
opresión, control y chantaje de las superpotencias y con los países
socialistas para hacer frente al hegemonismo y a la amenaza de guerra; por la
realización de preparativos para enfrentar la agresión de una
u otras superpotencias movilizando a todo el pueblo como única política
que responde verdaderamente a los intereses del país. Pero tal política
es evidentemente imposible con el actual Régimen y Gobierno, o con cualquier
otro que se someta a los intereses oligárquico-imperialistas. Por tanto,
la aplicación de una política internacionalista consecuente, de
paz y de defensa de los intereses de nuestro país requiere ineludiblemente
la consecución de la plena soberanía nacional.

Es indudable que la URSS, conforme se intensifique la lucha
del pueblo de las diversas nacionalidades de nuestro país por liberarse
del imperialismo norteamericano, va a redoblar sus esfuerzos por meterse entre
las filas del pueblo, ofreciendo “ayudas” etc. para sacar tajada en
beneficio propio. No es un secreto que la burguesía soviética
aspira a reemplazar en Europa al imperialismo norteamericano ni que, ya hoy
en nuestro país, echa sus cebos en distintas aguas, moviendo sus peones
no sólo en el PCE sino en otras fuerzas políticas “de izquierda”.
Nosotros estamos y estaremos siempre en contra de esas “ayudas” esclavizadoras
y consideramos que nuestro pueblo debe, llegado el caso, rechazarlas resueltamente
porque no se trata de conseguir la independencia de una superpotencia echándose
en brazos de la otra, no se trata de saltar de la sartén para caer en
el fuego.

Así mismo apoyamos los esfuerzos de la mayor parte de
los países ribereños del Mediterráneo por conseguir la
retirada de las flotas de guerra de EEUU y URSS y la desnuclearización
de este mar.

Exigimos la derogación de los acuerdos tripartitos de
Madrid entre los Gobierno de España, Marruecos y Mauritania y la supresión
inmediata de toda clase de ayuda militar por parte del Gobierno español
a estos dos países.

Gibraltar debe ser devuelto a nuestro país, del mismo
modo, deben retornar a Marruecos, los “peñones de soberanía”,
Ceuta y Melilla, salvaguardando los derechos de las poblaciones españolas
allí asentadas mediante negociaciones.

Pero a la vez que luchamos, y lucharemos, firmemente por estos
objetivos, nuestro partido debe analizar cuidadosamente cualquier movimiento
de la política exterior del Régimen Monárquico y sus Gobiernos
y apoyar resueltamente cualquiera de sus iniciativas o actividades que tienda
a fortalecer, aunque sea muy débilmente, las posiciones antihegemonistas
de nuestro país.

6.- Poner fin a la dictadura oligárquico-imperialista
e instaurar un poder popular bajo la dirección de la clase obrera.

¿Quién puede hacer realidad las demandas fundamentales
del pueblo anteriormente expuestas?.

Por su propia experiencia, el pueblo de nuestro país
sabe qué puede esperar de un Gobierno representativo de los intereses
oligárquico-imperialistas. Este tipo de Gobierno es el que ha padecido
durante 40 años y todos conocemos los resultados. En los meses transcurridos
de Monarquía y Gobierno “democráticos” éstos
han dejado suficientemente claro qué puede esperarse de ello: ofensiva
económica contra la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía,
etc., concesión de sucedáneos de las demandas populares, represión
sobre los movimientos de protesta populares, pero tolerancia hacia las organizaciones
fascistas que instigan y arman provocaciones terroristas, sometimiento al imperialismo
norteamericano, etc.. El actual, es un Gobierno de dictadura oligárquico-imperialista,
tan antipopular en el fondo como los que le han precedido. Se diferencia de
ellos en que no puede reprimir como antes y tiene que guardar mucho más
las formas “democráticas”. En realidad sólo tiene un
apoyo muy minoritario y su fuerza es, en gran medida prestada. Depende, para
poder seguir gobernando, de la que le prestan el PCE y el PSOE. Las masas populares
rechazan este tipo de Gobierno y se enfrentan crecientemente con él.
No debe prestarse ningún apoyo al Régimen Monárquico ni
a su actual Gobierno sino oponerse a ellos y combatirlos resueltamente. El presentar
el actual Gobierno como la alternativa “menos mala” frente a una supuesta
amenaza de golpe fascista es un truco carrillista para justificar su colaboración
con el poder: en realidad no existe tal amenaza y en cualquier caso esta supuesta
“amenaza” no se podría conjurar así, sino movilizando
al pueblo y tomando medidas drásticas inmediatas contra los supuestos
golpistas.

¿Puede hacer realidad las demandas fundamentales de pan,
tierra, libertad e independencia nacional un tipo de Gobierno como el “Gobierno
de Concentración Nacional” que propugna el PCE, un Gobierno de colaboración
de las principales fuerzas políticas representadas en las Cortes?.

Tal Gobierno no sería otra cosa que una salida de emergencia
del gran capital si la actual fórmula de Gobierno se muestra incapaz
para imponer las medidas que ha elaborado. El “Gobierno de Concentración
Nacional” no significaría una política distinta de la del
actual Gobierno, sino la misma esencia: un Gobierno puesto para consolidar el
Régimen Monárquico; para impedir que la lucha obrera y popular
contra los planes de la reacción se profundice, haciendo creer al pueblo
que sus intereses están “representados” en el poder; para acudir
en socorro de la oligarquía y el imperialismo sirviéndoles de
escudo contra el pueblo. Evidentemente, esto se aplicaría también
a cualquier solución intermedia, a la ampliación parcial del actual
Gobierno “por la izquierda”, con el PSOE por ejemplo.

¿Es justo propugnar “tácticamente” en
la actual situación un Gobierno “dé izquierdas”, de
“las fuerzas progresistas” etc., un Gobierno cuya característica
la de estar encabezado por el PCE y el PSOE?. Nosotros entendemos que no, que
esto es un grave error y que refleja una profunda incomprensión de los
cambios producidos en la actual situación política.

Tanto el PCE como el PSOE han adoptado en la práctica
la misma política que la UCD. No se separan un pelo del Gobierno en ninguna
de las cuestiones fundamentales sino que colaboran estrechamente con él.
De hecho estos dos partidos han suscrito un programa común con la UCD,
y han formado un frente común con el Gobierno. ¿Hay que recordar
que la iniciativa del PCE fue decisiva para la realización del “Pacto
de la Moncloa”?. Por otra parte, no es serió afirmar que el PSOE
“no quería”, que le “obligaron”, etc. a entrar en
el juego. En definitiva, tanto el PCE como el PSOE apoyan la actual ofensiva
oligárquico-imperialista. Llamar al pueblo a que luche por la formación
de un Gobierno encabezado por estos partidos equivale, en las actuales circunstancias,
a pedir a las masas que apoyen indirectamente la política del enemigo;
es extraviar por completo al pueblo, haciéndole creer que el PSOE y el
PCE “puede” aplicar en la actualidad una política que favorezca
de alguna forma al pueblo, y que sólo la UCD (o incluso su sector “más
reaccionario”) lo impide, cuando en realidad no hay ahora ninguna diferencia
de fondo entre la política de estos tres partidos, cosa que han demostrado
meridianamente suscribiendo un programa general común, de Gobierno.

Pero este Gobierno de “izquierdas” no sólo
es una consigna oportunista sino tácticamente irreal por completo porque
el hecho crudo es que el PCE y el PSOE han formado ya una especie de “semigobierno”
con Suárez y las posibilidades de que lo formen entero no son escasas,
al menos por parte de alguna de estas fuerzas. ¿No ha declarado repetidamente
Felipe González que estaría dispuesto a formar un Gobierno con
Suárez si “el interés nacional lo exige”, desdiciéndose
de anteriores afirmaciones en el sentido de que “jamás” formaría
un Gobierno con él?.

Evidentemente, no se trata de que no existan en general diferencias
de programa y de táctica entre estos partidos (entendemos que estratégicamente;
apenas las hay: todos ellos están por uno u otro “modelo” de
capitalismo monopolista de Estado) ni de que el proletariado no deba explotar
en beneficio del pueblo y de la revolución estas contradicciones. Se
trata de ver qué diferencias reales existen entre la política
de estas fuerzas en el momento actual y qué importancia tienen frente
a lo que les une. Otra cosa sería que el PCE y el PSOE se vieran forzados,
por la evolución de los acontecimientos, a cambiar de política
y se enfrentaran abiertamente con el actual Gobierno. Esto no parece lo más
probable hoy, pero si sucede (y nosotros estamos porque suceda, porque el pueblo
trabajador que en su mayoría les votó, obligue a estos partidos
a que cambien su política) ello significaría que se habían
producido tales cambios en la situación del país que el proletariado
se tendría que replantear no sólo la “cuestión del
Gobierno” sino, probablemente, la táctica a seguir en su conjunto.
Esa no sería ya la actual situación sino otra diferente.

Es indudable que existen contradicciones entre la UCD y el PSOE
y PCE y entre estos dos últimos. Sería absurdo ignorarlas. Nuestro
partido se esfuerza por utilizarlas, en la medida de sus posibilidades, en beneficio
de la causa del pueblo. Pero es una línea errónea el inventarse
más contradicciones de las que hay o exagerarlas para montar sobre ellas
la táctica proletaria.

¿Qué es entonces lo que el partido propugna?.
¿Qué tipo de Gobierno, qué tipo de poder puede hacer realidad
las demandas fundamentales del pueblo?.

Nosotros entendemos que, para llevar a cabo las demandas que
todo el pueblo reclama con urgencia, hay que realizar profundas transformaciones
políticas, económicas y sociales y éstas sólo pueden
llevarse a cabo si se pone fin a la dictadura de la oligarquía y el imperialismo
norteamericano y se establece un poder popular bajo la dirección de la
clase obrera. Un poder que represente fielmente los intereses de las distintas
clases del pueblo; un poder de alianza de las clases populares y, por tanto,
un Gobierno de tal alianza con la participación de todas las fuerzas
políticas e independientes que estén consecuentemente por la realización
completa del programa de demandas fundamentales del pueblo.

Todo Gobierno es siempre el Gobierno de un Estado, del cual
no es más que su comité coordinador y ejecutivo. En España
no cabe implantar un Gobierno popular en el marco del actual régimen
estatal. El Gobierno que propugnamos es, por tanto, un Gobierno republicano;
pero esa no es su característica especial. Esta característica
es la de ser un poder de dictadura popular sobre la oligarquía y todos
los elementos pro-oligárquicos y pro-americanos. Es un poder que no se
apoya en la ley y la maquinaria represiva del actual Estado sino en la organización
y armamento del pueblo. Es por tanto un Gobierno de Frente de Unidad Popular,
un Gobierno de democracia popular, un Gobierno revolucionario. Este Gobierno
debe representar los intereses de los obreros, los trabajadores en general,
los campesinos, las amplias masas de intelectuales y profesionales y también
a los amplios sectores de la pequeña y media burguesía golpeados
por la política oligárquico-imperialista y que se oponen a ella
o no la apoyan. Debe estar abierto por tanto, a todas las fuerzas políticas,
organizaciones y personalidades que están por una España democrática,
popular independiente del imperialismo norteamericano y de la otra superpotencia.
Pero debe representar, sobre todo, los intereses del proletariado, el semiproletariado
y los campesinos que son sus principales sostenedores y los más interesados
en su consecución. En este Gobierno habrá inevitablemente divergencias
de intereses entre las distintas clases; pero entendemos que, en un primer período,
esas divergencias afectan a lo secundario mientras la unidad y los intereses
comunes son lo principal y, en un segundo periodo, esas contradicciones pueden
resolverse de forma gradual y pacífica si el proletariado conserva y
reafirma su dirección y aplica una línea correcta. Este Gobierno,
este poder, es completamente necesario para dar una salida a la actual situación
y que ésta sea realmente favorable al pueblo, para sacar a España
de la pobreza y el atraso, conquistar la independencia y asegurar la paz. Este
es el objetivo de nuestro partido en la actual fase de la revolución.

En las actuales condiciones, la lucha directa por la consecución
de un Gobierno republicano y popular no puede ser una tarea inmediata. Esto
sería un completo error, querer lanzar a las masas a una batalla para
la que todavía no existen condiciones. No especularemos por tanto sobre
las formas concretas a través de las cuales dicho Gobierno va a surgir
y a imponerse, ni acerca de las fuerzas políticas concretas que “pueden”
o no “pueden” apoyarlo: la profundización de la actual crisis
va a producir sin duda (los está produciendo ya) movimientos profundos
en las distintas fuerzas políticas, cambios en su orientación,
en sus alianzas, etc.

Sin embargo, es otro hecho que estamos de lleno en un período
de guerras y revoluciones, que esto marca una tendencia definida en el conjunto
de la situación internacional y, de forma particular, en los países
en que, por su situación peculiar, las contradicciones son más
agudas y violentas. Entendemos que, conforme se profundice la lucha de clases
en la actual situación, conforme se pongan al orden del día formas
superiores de lucha, conforme se pongan más claramente de manifiesto
la crisis de régimen que está hoy latente, la necesidad del Gobierno
republicano y popular que propugnamos va a ir haciéndose cada vez más
clara para amplios sectores del proletariado y de las amplias masas populares.
El partido no debe arrastrarse tras los acontecimientos, no debe renunciar de
ningún modo a definir con claridad esta cuestión en su programa
actual. No hacerla comprender hoy a los sectores más adelantados de la
clase obrera y de otras clases populares, educándolos en ella, es un
completo oportunismo, lleva a rodar por la pendiente de la conciliación
con la burguesía, a limitar las consignas del partido a la “lucha
por reformas” a lo que es tolerable por la oligarquía y el imperialismo,
a ir atados de éstos por el cuello, dando tumbos en sucesivas crisis
que se presenten.

Evidentemente, al proletariado no le es en absoluto indiferente
qué combinación de fuerzas políticas se encuentra en el
Gobierno en un momento dado. Su actitud ante diferentes Gobiernos es forzosamente
diferente y puede ir desde la oposición completa y el llamamiento a derribarlo,
hasta el apoyo condicional; desde las exigencias de que tome determinadas medidas
hasta la participación en él y otras muchas actitudes posibles.
Y no se trata de esperar pasivamente a que se sucedan unos Gobiernos a otros.
En determinados momentos, puede ser una política correcta y necesaria
que el partido propugne activamente la formación de un determinado Gobierno
que no sea su propia alternativa de clase si esto sirve para detener o retrasar
una ofensiva reaccionaria, para mejorar la correlación de fuerzas a favor
del pueblo, etc., en definitiva, si permite acumular fuerzas y hacer avanzar
en algún sentido la causa revolucionaria. Ahora existe una situación
muy fluida y el partido debe estar muy atento a los cambios que se produzcan
y modificar con agilidad su actitud táctica concreta ante la cuestión
del Gobierno si la situación lo requiere, pero sin renunciar ni por un
solo instante a su propia alternativa.

A los que (de buena fe, desde las filas de los amigos) nos tachan
de “estrategistas”, “poco prácticos” etc., nosotros
respondemos: ¿qué es más “práctico”, más
“sensato”, intentar dirigir el actual movimiento, que hierve de contradicciones,
hacia la revolución o arrastrarse detrás de él llevándolo
a un callejón sin salida?, ¿tratar de acortar los padecimientos
del pueblo, sordos pero inauditos (aunque toda revolución sea siempre
dolorosa), o bien ayudar objetivamente a prolongarlos presentando planes de
“mejora” de la situación, de “mejora” de la dictadura
oligárquico-imperialista, la causa principal de los padecimientos del
pueblo?. Planes por otra parte completamente utópicos, irrealizables.

Por otra parte, nosotros creemos que el Partido Proletario no
es una sociedad de socorros mutuos, su misión no es “aliviar”
transitoriamente los padecimientos del pueblo (¡y cómo podría
hacerlo si no tiene el poder!) sino la de hacer comprender a las amplias masas
del proletariado y el pueblo cuáles son las verdaderas causas de la situación
en que se encuentran, cuáles son sus verdaderos enemigos y organizarlas
y movilizarlas para derrocarlos. Y esto es, en una situación de crisis
profunda, mucho más urgente que en épocas relativamente “tranquilas”.


La lucha contra el
revisionismo contemporáneo
y la reconstrucción
del Partido del Proletariado

 

LA LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO CONTEMPORÁNEO A NIVEL
MUNDIAL

“El revisionismo es hoy el peligro principal en el Movimiento Comunista
Internacional”. (Propuesta para la línea general del Movimiento
Comunista Internacional).

“El revisionismo sigue siendo en la actualidad el principal enemigo”.
(Informe sobre la revisión de los estatutos. X Congreso del Partido Comunista
de China).

Con la aparición del revisionismo contemporáneo
cuyo centro y foco de expansión lo constituye la camarilla de renegados
revisionistas soviéticos y la transformación de la patria de Lenin
en una amenaza imperialista para los pueblos del mundo y en una cárcel
fascista para el pueblo soviético, se ha abierto una encrucijada para
el Movimiento Comunista Internacional.

Muchos de los antiguos partidos comunistas se han transformado
en su contrario, de ser vanguardia del proletariado han pasado a ser objetivamente
agentes del capitalismo internacional, del imperialismo, en las filas del movimiento
obrero y las masas populares. A la vez, otros partidos comunistas «a la
cabeza de los cuales se encuentra el Partido Comunista de China» se han
afirmado en las posiciones proletarias, en el marxismo-leninismo, han denunciado
a los partidos revisionistas y combaten consecuentemente al revisionismo contemporáneo.

Con la Gran Revolución Cultural Proletaria y la victoria
del pueblo chino, «guiado por su partido y armado con el pensamiento Mao
Tse-tung» sobre el imperialismo y el revisionismo contemporáneo,
la ruptura del Movimiento Comunista Internacional se ha convertido en una evidencia
para los marxistas-leninistas de todo el mundo y para un número cada
vez mayor de revolucionarios honrados y obreros avanzados.

El reconocer o no la ruptura del Movimiento Comunista Internacional
en nuestros días, combatir al revisionismo contemporáneo y denunciar
el carácter socialfascista y socialimperialista de la URSS, es una cuestión
elemental que permite trazar la línea de demarcación entre el
marxismo-leninismo y el oportunismo en general (trotskismo, posiciones pequeño-burguesas
radicalizadas) y la traición a los principios en particular (el revisionismo).
Ningún partido que no tenga una posición consecuente ante esta
cuestión tiene posibilidad de trazar una línea justa y aplicarla
correctamente ni en el plano internacional ni en el nacional.

En general nuestro Partido, Unificación Comunista de
España, reconoce como partidos marxistas-leninistas a todos aquellos
que acepten los principios generales del marxismo-leninismo, combatan el revisionismo
contemporáneo y denuncien el carácter socialfascista y socialimperialista
de la URSS.

El combate al oportunismo en general, y al revisionismo contemporáneo
en particular; no se puede entender de una manera superficial y estrecha reduciéndolo
exclusivamente a denunciar el carácter pro-imperialista de los partidos
revisionistas a nivel mundial y desenmascarar su traidora política ante
las masas. El combate al revisionismo y al oportunismo se da también
en el mismo seno del Movimiento Comunista Internacional, en el seno de cada
partido u organización marxista-leninista, como reflejo de la lucha de
clases que se da en la sociedad, en el plano internacional y en el nacional.
La lucha entre las ideas y posiciones proletarias y las ideas burguesas, especialmente
las revisionistas, se da en todos los niveles de la práctica política:
en lo ideológico, en lo político, en lo teórico y en lo
organizativo.

A medida que las contradicciones fundamentales de nuestra época
se agudizan, a medida que la descomposición del sistema imperialista
se hace más evidente y la lucha de los pueblos avanza, se redoblan los
esfuerzos contrarrevolucionarios del imperialismo y de los grupos monopolistas
para tratar de reprimir, confundir, extraviar y dividir la lucha revolucionaria
del proletariado, la lucha de los pueblos y naciones oprimidas del mundo. Estos
esfuerzos van dirigidos a introducir todo tipo de corrientes ideológicas
burguesas en la vanguardia organizada del proletariado internacional: los partidos
marxistas-leninistas, creando corrientes oportunistas en su seno de diverso
tipo. En esta labor de zapa destacan los revisionistas contemporáneos.

Así se producen nuevas y complejas situaciones. En el
seno del Movimiento Comunista Internacional y en cada uno de los partidos que
lo integran salen a la luz contradicciones, ocultas en otros momentos, desarrollándose
complejas luchas de líneas y batallas políticas y teóricas.
Todo esto es natural y los marxistas-leninistas de todo el mundo no deben temer
a las tormentas y al “desorden”. Ninguna causa justa se ha desarrollado
jamás, ni ha obtenido finalmente la victoria, sino a través de
grandes “desórdenes”.

El Partido Comunista de China ha señalado cómo
el pensamiento Mao Tse-tung es el arma fundamental que tenemos los marxistas-leninistas
en la actualidad para combatir todo tipo de oportunismos (y sus bases ideológicas,
el empirismo y el dogmatismo) y especialmente al revisionismo contemporáneo
que es el peligro principal del Movimiento Comunista Internacional.

El análisis de la situación de la lucha de clases
a nivel mundial y del Movimiento Comunista Internacional nos señala,
pues, que no puede desarrollarse la lucha contra el imperialismo y el hegemonismo,
que son fenómenos de alcance mundial, sin desplegar al mismo tiempo,
la más enérgica lucha fuera y dentro del Movimiento Comunista
Internacional contra el oportunismo y en particular contra el revisionismo contemporáneo.

El Partido Comunista de China ha señalado en su último
Congreso: “Debemos reforzar nuestra unidad con todos los auténticos
partidos y organizaciones marxistas-leninistas del mundo para llevar hasta el
fin la lucha contra el revisionismo contemporáneo” (Informe político
ante el XI Congreso del Partido Comunista de China).

Es una tarea ineludible de nuestro Partido, desde el punto de
vista del internacionalismo proletario, establecer la más estrecha unidad
con todos los partidos y fuerzas marxistas-leninistas de otros países
y especialmente con el Partido Comunista de China, con el fin de desarrollar
consecuentemente la lucha contra el oportunismo en general y especialmente contra
el revisionismo contemporáneo.

Para ello, nuestro partido debe trabajar, en la medida de sus
posibilidades, por establecer los más firmes lazos de unidad entre el
proletariado revolucionario internacional y, partiendo de ellos,, participar
activamente en las luchas que se desarrollan en su seno que son reflejo, en
última instancia., de la lucha de clases a nivel mundial.

LOS PROBLEMAS ACTUALES EN EL SENO DEL MOVIMIENTO MARXISTA-LENINISTA
INTERNACIONAL.

En los últimos tiempos, en el seno del movimiento marxista
leninista internacional se ha levantado un enorme revuelo en torno a cuál
es la línea de clase del proletariado en la lucha internacional, en torno
a la aceptación o no de la Teoría de los Tres Mundos formulada
por el camarada Mao Tse-tung y defendida y aplicada por el Partido Comunista
de China.

Nuestro partido, entiende que, comprender, asumir y defender
que la Teoría de los Tres Mundos es una definición estratégica
que responde a las exigencias de la lucha del proletariado internacional y de
todos los pueblos del mundo en la época actual, frente al imperialismo
y el hegemonismo, así como a la lucha por la victoria del socialismo
y del comunismo, y que por tanto constituye su línea de clase en la lucha
internacional, es una cuestión decisiva para el Movimiento Comunista
Internacional, para todos los partidos y organizaciones marxistas-leninistas
del mundo.

Los revisionistas de todos los países, y en particular
los revisionistas soviéticos, lanzan ataques contra ella diciendo que
“sustituye la teoría marxista leninista de la lucha de clases por
la reaccionaria geo-política”; que “olvida la contradicción
fundamental de nuestra época entre el sistema imperialista y el socialista”;
que “niega la contradicción entre las fuerzas populares y progresistas
y las fuerzas pro-imperialistas y reaccionarias en los países del Tercer
Mundo y la necesidad de la lucha revolucionaria contra éstas”, que
“rechaza el antagonismo entre los pueblos y naciones oprimidas y las potencias
imperialistas de segundo orden”; que “olvida la contradicción
entre el proletariado y la burguesías en los países capitalistas
desarrollados”; que “reduce las contradicciones interimperialistas
a la existente entre la URSS y los EEUU; que “embellece al imperialismo
norteamericano”, etc…

Si los revisionistas soviéticos la han emprendido con
la Teoría de los Tres Mundos es precisamente porque les coloca en el
lugar que les corresponde y porque no se limita a un revolucionarismo verbal,
ni a repetir huecamente citas de Marx, Lenin o Stalin, sino que parte del análisis
concreto de la política y economía mundiales en nuestros días
y traza la línea y alternativa concreta que permite orientar correctamente
la acción del proletariado internacional.

Sin embargo, no sólo los revisionistas han lanzado ataques
contra la Teoría de los Tres Mundos. Dentro del mismo Movimiento Comunista
Internacional se han producido críticas y divergencias con respecto a
ella por parte de las fuerzas marxistas-leninistas en algunos países.
El asunto ha tomado así un nuevo giro.

Estas criticas coinciden en algunos puntos con los ataques soviéticos
sobre que “la Teoría de los Tres Mundos rechaza la teoría
de la lucha de clases”. La Teoría de los Tres Mundos no sólo
no niega la lucha de clases sino que parte de un análisis concreto de
la realidad de la lucha de clases en nuestros días para trazar una línea
de acción revolucionaria y practica en consecuencia.

Los nuevos críticos de la Teoría de los Tres Mundos
en el movimiento marxista-leninista internacional se limitan a repetir cuáles
son las diversas contradicciones fundamentales de nuestra época. No se
dan cuenta que la Teoría de los Tres Mundos no las niega ni las oculta,
sino que señala cómo se ordenan éstas en la actualidad,
según el grado de agudización que ha adquirido y determina en
función de esto cuál es la alternativa correcta.

Nuestro partido considera que si bien estos camaradas parten
en lo principal de una posición proletaria deseando servir a la revolución
y al marxismo-leninismo, come ten un grave error de dogmatismo, limitándose
a reproducir los principios generales, pero despreciando el análisis
concreto de la realidad que es el alma viva del marxismo, lo cual les conduce
en la práctica a cometer errores de oportunismo de izquierdas y aventurerismo,
llamando a “intensificar la lucha contra todos los reaccionarios”,
sin determinar en este momento quiénes son los enemigos principales y,
por tanto, dónde deben concentrar sus golpes los pueblos del mundo, y
no dispersarlos combatiendo a todos por igual.

Estos partidos marxistas-leninistas, al atacar la Teoría
de los Tres Mundos y junto con ella a la República Popular China y al
pensamiento Mao Tse-tung, causan un profundo daño a la causa de la revolución
proletaria mundial, actuando como agentes divisionistas de las fuerzas marxistas-leninistas
internacionales, y embellecen objetivamente al revisionismo soviético,
el cual no cesa de lanzar las más infames calumnias contra la República
Popular China, el Partido Comunista de China y el pensamiento Mao Tse-tung.

LA LUCHA CONTRA EL REVISIONISMO EN ESPAÑA.
LA RECONSTRUCCION DEL PARTIDO.

En nuestro país el asalto de la ideología burguesa
y del imperialismo sobre las filas del movimiento obrero es muy intenso. Europa
es hoy en día, una pieza clave en el centro de las disputas de las dos
superpotencias. Por esto, no es de extrañar que sea al mismo tiempo uno
de los sitios donde se redoblan especialmente los ataques del imperialismo hacia
el proletariado y hacia su vanguardia organizada: los partidos y organizaciones
marxistas-leninistas, y donde se ha producido una “inundación”
de la corriente ideológica revisionista, con el fin de extraviar y dividir
a la clase obrera y hacer fracasar los esfuerzos por reconstruir los partidos
comunistas marxistas-leninistas; objetivo central de los marxistas-leninistas
europeos después de la traición a los principios y la transformación
revisionista de la mayoría de los partidos que constituyeron en Europa
la III Internacional.

El Partido Comunista de España, el Partido de José
Díaz, el Partido que fue capitán del pueblo en nuestra guerra
nacional revolucionaria, el Partido que persistió después heroicamente
en la lucha armada contra el fascismo durante más de diez años,
bajo las más terribles condiciones, se ha transformado en su contrario
y es hoy un partido revisionista, el más útil instrumento del
capital monopolista y el imperialismo para maniatar a la clase obrera.

Amparados en el prestigio que en la memoria obrera y popular
conserva el nombre del Partido Comunista, el puñado de revisionistas
que ocupan los puestos dirigentes, realizan una sistemática labor para
castrar, confundir, extraviar y desalentar a las masas populares, al proletariado
y a los miles de comunistas honrados que aún militan en este partido.
Bajo el nombre de marxismo infunden la más venenosa ideología
burguesa. Bajo la bandera de la “vía pacífica al socialismo”
conducen las energías populares al pantano del reformismo, a la servidumbre
del gran capital (pacto social, consolidación del Régimen Monárquico,
etc.) perpetuando así la explotación y la opresión de todo
nuestro pueblo.

Los dirigentes del Partido Comunista de España tergiversan
los principios fundamentales del marxismo-leninismo,. Niegan el antagonismo
entre las clases, la dictadura del proletariado, la necesidad de la destrucción
del Estado burgués; la violencia revolucionaria y el internacionalismo
proletario. Propugnan la conciliación entre las clases, alaban la “democracia”
y echan pestes de la dictadura del proletariado, ocultando que cualquier Estado
es una dictadura, o bien de la burguesía o bien del proletariado. Pretenden
hacer olvidar por cualquier medio que el Estado es un instrumento de dominio
de una clase sobre otra, “que el poder nace de la punta del fusil”.
Lloriquean ante la violencia, ocultando que hay dos clases de violencia: la
de los explotadores y opresores, la violencia contrarrevolucionaria que ejercen
cada día sobre el pueblo, y la violencia de éste para liberarse,
la violencia revolucionaria. Embellecen a las dos superpotencias, particularmente
a la URSS ocultando su naturaleza fascista e imperialista.

A esta ensalada de viejas baratijas socialdemócratas
le han dado un nuevo apodo: Eurocomunismo.

El núcleo central, pues, del revisionismo contemporáneo
en nuestro país está constituido por el grupo de renegados carrillistas
que usurpó la dirección del glorioso Partido de los comunistas
de España, el Partido de José Díaz.

La traición del PCE a los intereses históricos
de la clase obrera nos plantea a los marxistas-leninistas la necesidad de reconstruir
el Partido del Proletariado en nuestro país.

Los marxistas-leninistas en España, estamos empeñados
actualmente en la tarea de reconstruir el partido revolucionario del proletariado
capaz de conducir a las amplias masas populares a la victoria sobre el imperialismo
y la oligarquía financiera y terrateniente, destruir su Estado, implantar
la República Democrática Popular y realizar la revolución
socialista.

Un partido que creado sobre la teoría revolucionaria
del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y en el estilo de trabajo revolucionario
marxista-leninista, que partiendo de la línea revolucionaria del Movimiento
Comunista Internacional y mediante el análisis concreto de la realidad,
determine la línea política justa para la revolución en
nuestro país; y que forjándose en la práctica y en la dirección
política de las masas populares, ganándose el apoyo y la confianza
de amplios sectores de las mismas, y especialmente del proletariado, sea capaz
de dirigirlas en las tareas revolucionarias y conducirlas a la victoria sobre
sus enemigos.

La cuestión decisiva para la reconstrucción del
partido del proletariado en España, es la justeza y corrección
de su línea ideológica y política. El camarada Mao Tse-tung
lo ha señalado con claridad meridiana:

“El que sea correcta o no la línea ideológica
y política lo decide todo”. Cuando la línea del Partido es
correcta entonces todo va encaminado. Si no tiene seguidores, entonces podrá
tenerlos; si no tiene fusiles, entonces los podrá tener. Si no tiene
poder político, entonces podrá tener poder político. Si
su línea no es correcta, incluso lo que tenga puede perderlo. La línea
es una cuerda de red: “cuando se tira de ella, toda la red se despliega”.

Desde la Revolución de Octubre en numerosos países
se dan condiciones objetivas para la toma del poder por la clase obrera y se
han presentado coyunturas favorables para el triunfo de la revolución.
El que se hayan transformado en victorias populares o en avances de la reacción
ha dependido y depende fundamentalmente de la existencia de un partido del proletariado,
de un partido del proletariado con una línea correcta ideológica
y política. Donde no ha existido un partido proletario, o este partido
tenía graves desviaciones en su línea, la revolución ha
fracasado.

En nuestros días, el establecimiento de una línea
ideológica y política correcta se ha dado y se está dando
en un combate sin cuartel principalmente contra el revisionismo contemporáneo:
en lo político, en lo teórico y en lo organizativo. Sólo
aplicando y desarrollando el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung en
este combate, será una realidad la reconstrucción del Partido
y la revolución en España.

En nuestro país se ha desarrollado en el curso de los
últimos diez años una intensa lucha entre los sectores más
avanzados del proletariado, la intelectualidad revolucionaria, etc., y el grupo
de renegados revisionistas carrillistas y sobre esta base se han constituido
diversos partidos y organizaciones marxistas-leninistas que luchan por reconstruir
el verdadero partido del proletariado. La lucha de ruptura con el revisionismo
contemporáneo no ha abocado aún en un único partido unificado
de los marxistas-leninistas, sino en un movimiento marxista-leninista integrado
por distintos partidos y organizaciones dentro del cual se reproduce la lucha
entre la línea proletaria y la línea revisionista principalmente,
en distinto grado y con distintos resultados en cada partido u organización.

El gran enemigo al que se enfrenta hoy en día la reconstrucción
del partido en España es la ideología revisionista dentro de las
filas de los marxistas-leninistas: el oportunismo de derechas.

El oportunismo de derechas es la principal corriente errónea
en la actualidad en el movimiento marxista-leninista español. Indudablemente
no es la única. Como reflejo de lo que ocurre en el plano internacional,
también en nuestro país se dan manifestaciones de corrientes oportunistas
de “izquierda”, ayudadas en parte por el rechazo que provoca en algunos
sectores de revolucionarios las consecuencias de la política derechista.
Sin embargo, tienen menor influencia y no constituyen por el momento el blanco
principal. Nuestro partido, sin embargo, debe prestar atención, criticar
y prevenirse del “izquierdismo” y del dogmatismo, al combatir el oportunismo
de derechas, ya que ambas corrientes conducen al mismo resultado: dejar la dirección
de la lucha de masas en manos del revisionismo, empujar al proletariado al aislamiento,
liquidar la vanguardia proletaria y sembrar la división y el escisionismo
en las filas del movimiento marxista-leninista.

A consecuencia del fracaso de la línea izquierdista dominante
en el seno del movimiento marxista-leninista durante los primeros años
de lucha contra el fascismo, se ha ido imponiendo paulatinamente en el mismo
una tendencia oportunista seguidista del Partido Comunista de España
en la práctica, tanto en el plano político como en el organizativo
y el ideológico. Esta corriente pasa a manifestarse claramente como dominante
en el año 75.

Todas las cosas son una unidad de contrarios y estos se transforman
el uno en el otro. Así, el “izquierdismo” que había
caracterizado el movimiento marxista-leninista desde su nacimiento en nuestro
país, durante el proceso de sustitución del régimen fascista
por el nuevo de democracia burguesa, se transformó en oportunismo de
derechas. Los marxistas-leninistas fueron adoptando progresivamente las tesis
políticas del revisionismo acerca de la lucha por la democracia, como
el programa proletario revolucionario “concreto”, programa del que
se apropiaron la oligarquía y el imperialismo para hacerlo realidad a
su manera. El oportunismo de derechas colaboró así, objetivamente,
con el revisionismo en su política de reconciliación nacional
permitiendo que la oligarquía y el imperialismo llevasen a cabo su proyecto
de transformación del régimen fascista, caduco e inservible, en
otro más conveniente para sus intereses del modo más “ordenado”
y “pacífico” posible.

El oportunismo de derechas se caracteriza: en lo ideológico,
por el desprecio a la teoría marxista-leninista y a los principios, subestimar
su importancia y su papel y la sobreestimación de la práctica,
es decir: por el empirismo. En lo estratégico tiende a plantear de forma
crecientemente confusa las cuestiones referentes al objetivo de la etapa y los
medios para conseguirlo esto es, las cuestiones relativas a la destrucción
del Estado burgués, el carácter del nuevo Estado y el irremediable
enfrentamiento armado entre las fuerzas imperialistas y oligárquicas
y las fuerzas populares. En lo táctico, por no relacionar la lucha por
los objetivos inmediatos con la lucha por los objetivos estratégicos,
renunciar al programa y a las consignas íntegras de los comunistas (en
los hechos) y sustituirlos por un programa de “reformas”, “democrático”
que no ataca las bases de dominio del imperialismo y la oligarquía y
por la tendencia a anteponer de forma unilateral la unidad a la lucha con las
fuerzas revisionistas y reformistas. En lo organizativo, por la liquidación
progresiva de la organización partidista bolchevique y clandestina y
su sustitución por el “partido de masas” y el “partido
legal”, por la pérdida del espíritu revolucionario comunista
y su sustitución por el democratismo pequeño-burgués.

Estas ideas revisionistas en lo teórico, político
y en lo organizativo conducen inevitablemente al seguidismo, a marchar detrás
del propio movimiento espontáneo de las masas, a “defender la democracia”
en abstracto, a ofrecerle a la oligarquía y al imperialismo soluciones
“racionales” para “salir de la crisis”, colaborando, objetivamente,
con el revisionismo del PCE de S. Carrillo, con su política traidora
y antipopular y haciendo que en el seno del movimiento marxista-leninista crezcan
por este motivo las tendencias a la dispersión, al fraccionalismo y la
escisión.

Algunos obreros avanzados y otros revolucionarios se desalientan
ante las dificultades de las tareas de reconstrucción del Partido, particularmente
ante el hecho de que existan diversos partidos que se llamen marxistas-leninistas,
incapaces de unirse, que dividen a la clase obrera y al pueblo y que a veces
luchan encarnizadamente entre sí. Achacan estos hechos a problemas de
sectarismo y de chovinismo de partido. No acaban de comprender que la reconstrucción
del Partido en nuestro país es en definitiva un proceso de unidad de
los marxistas-leninistas y al mismo tiempo un proceso contra el revisionismo
contemporáneo y sus manifestaciones en los diferentes niveles de la práctica
política. Un proceso que va encaminado a construir la línea ideológica
y política correcta y un Partido sólidamente organizado para la
revolución en España. No comprenden que bajo la división
de los partidos marxistas-leninistas no hay errores principalmente de chovinismo
o de sectarismo, sino un agudo combate entre el revisionismo y el marxismo-leninismo
que toma hoy la forma de un agudo combate contra el oportunismo de derechas.

Todo lo nuevo que nace se enfrenta con grandes dificultades.
Esto es bueno: al vencerlas crece y se fortalece. La aparición del oportunismo
de derechas como línea dominante dentro del movimiento marxista-leninista
español, por un lado, crea muchos problemas, pero por otro es una cosa
buena, permite que tanto éste como el revisionismo se desenmascaren ante
las masas y se genere una oposición a éste último cada
vez más aguda, aumentando así los factores favorables a la reconstrucción
del Partido.

Debemos, sin embargo, desechar la idea de cualquier victoria
fácil en la reconstrucción del Partido. Es una batalla dura a
largo plazo, con grandes zig-zags en el camino; pero al mismo tiempo, siempre
que utilicemos el arma del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung y el
análisis concreto de la práctica para sacar lecciones de los errores
para evitarlos en el futuro, una batalla que inevitablemente va a ganar la revolución
y el comunismo.

No debemos olvidar que la determinación de la línea
correcta para la revolución en nuestro país no puede ser en ningún
momento “proceso de laboratorio”, en el que tras más o menos
elucubraciones sobre “lo que debería ser idealmente el socialismo”
o sobre una lucha ideológica en abstracto contra el revisionismo y los
oportunismos de cualquier índole, se descubre “la piedra filosofal”
que resuelve todos los problemas.

La línea correcta para la revolución en España
sólo puede surgir de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo-pensamiento
Mao Tse-tung con la práctica de la revolución, es decir, del análisis
científico de la realidad en el plano nacional e internacional, de la
construcción de una sólida organización bolchevique y de
la dirección práctica revolucionaria de la lucha de clases, combatiendo
al mismo tiempo entre las masas, entre los revolucionarios y entre los marxistas-leninistas
las posiciones revisionistas en los planos político, teórico y
organizativo. La determinación de una línea correcta y la construcción
de una sólida organización capaz de aplicarla es un proceso dialéctico
en el que, partiendo de la teoría marxista-leninista y del análisis
concreto de la lucha de clases en nuestro país, el Partido debe someter
su línea al fuego de la práctica, debe esforzarse por ligarse
y dirigir a las amplias masas en las tareas revolucionarias durante largo tiempo.
En este proceso el criterio determinante es el de la práctica. La práctica
consecuente con la línea marcada por el Partido y su análisis
concreto a la luz de la teoría y la política revolucionaria, es
lo que va a permitir ir combatiendo consecuentemente al revisionismo y los errores
tanto de oportunismo de derechas como de izquierdas que se den en el seno del
movimiento marxista-leninista y en nuestro Partido, y rectificarlos en consecuencia.

Por lo tanto, sólo asiendo firmemente la política
revolucionaria, aplicando audazmente nuestra táctica y las tareas concretas
marcadas por nuestro I Congreso es posible avanzar en la reconstrucción
del Partido en nuestro país.

En estos momentos, dadas las actuales condiciones de la lucha
de clases en España y el predominio del oportunismo de derechas entre
los marxistas-leninistas, un aspecto fundamental de la reconstrucción
del Partido es dirigir resueltamente e impulsar entre los marxistas-leninistas,
los revolucionarios y las masas la línea de la unidad popular y al mismo
tiempo construir una sólida organización bolchevique capaz de
ser el instrumento de combate del proletariado español.

LA UNIFICACION DE LOS MARXISTAS-LENINISTAS EN NUESTRO PAÍS.

La unificación de los marxistas-leninistas en un único
partido, en nuestro país es un aspecto muy importante de la reconstrucción
del Partido. Sin embargo, ya hemos analizado cómo existen importantes
diferencias ideológicas y políticas que dificultan su inmediata
unificación. A esto se suma la posición subjetiva de algunos de
estos partidos que se caracterizan por otorgar o negar el carácter marxista-leninista
a otros, en función, únicamente, de las perspectivas inmediatas
de unidad. Esta posición subjetiva aboca al sectarismo y al chovinismo,
tiene graves consecuencias: divide a los marxistas-leninistas, a las fuerzas
revolucionarias, a la clase obrera y a las masas populares haciéndole
el juego al revisionismo. Nuestro partido se debe prevenir contra este funesto
error de subjetivismo y combatirlo.

El deber de nuestro partido es buscar la unidad política
con t~ dos los partidos marxistas-leninistas a través de la colaboración
más estrecha posible en las tareas prácticas y a través
de la lucha ideológica fraternal, orientada por el combate al oportunismo
de derechas, en la que debemos combinar acertadamente la defensa de la verdad
con la búsqueda de la unidad.

Nuestro partido ha realizado en el pasado considerables esfuerzos
en el terreno de la unificación de los marxistas-leninistas y ha conseguido
algunos éxitos como la unión de Federación de Comunistas
y Unificación Comunista; pero también ha habido errores y fracasos.

Nuestro partido ha mantenido, y mantiene, que “el que sea
correcta o no la línea ideológica y política lo decide
todo”, y lo decide también en el problema de la unificación
de los marxistas-leninistas. Por lo tanto, nuestro partido no puede renunciar
ni a una sola de sus posiciones fundamentales sobre línea ideológica
y política, a menos que se demuestre que son erróneas, en aras
de una supuesta “unidad”. Somos partidarios de rectificar toda posición
errónea, siempre que sea sobre la base del método marxista-leninista
de la crítica y la autocrítica; pero contrarios a una unidad sin
principios, fruto de difuminar y ocultar las contradicciones y llegar a “compromisos”
en cuestiones fundamentales. Estamos dispuestos a trabajar por una unidad sólida
entre las amplias filas de los marxistas-leninistas; pero no a crear uniones
sobre bases oportunistas, que sólo representan la unidad de hoy y la
escisión de mañana.

En el curso de los dos últimos años, nuestro partido
ha participado en el proceso de unión entre PTE y ORT, y más tarde
en conversaciones conjuntas en las que se hallaban estos dos partidos, el PUCC
y el PCU. Este proceso que pudo ser enormemente beneficioso para la unificación
de los marxistas-leninistas y la reconstrucción del Partido, tuvo sin
embargo, un resultado contrario. El oportunismo de derechas y la conciliación
que éste lleva aparejado en cuestiones de principio demostró que
no sólo es el principal obstáculo que se opone a la unificación
de los marxistas-leninistas de nuestro país, sino que la política
de “compromisos” y conciliación con los principios, no puede
generar más que sectarismo, chovinismo y división creciente entre
las distintas fuerzas marxistas-leninistas.

Debemos pues estar preparados para el hecho de que la unidad
de los marxistas-leninistas de España se va a encontrar con numerosas
dificultades;’ pero no debemos desalentarnos ni caer en posiciones subjetivas
con otros partidos, con los que, si bien hay diferencias fundamentales, conservan
sin embargo su carácter proletario marxista-leninista. Por ello debemos
persistir con firmeza en las siguientes tareas:

lª) Luchar resueltamente por unirse lo más estrechamente
posible con todos los partidos y organizaciones que acepten los principios fundamentales
del marxismo-leninismo, combatan al revisionismo contemporáneo y denuncien
al socialimperialismo soviético, previniéndose de las actitudes
sectarias y chovinistas. Está claro que estos criterios generales son
necesarios para plantearse un proceso de unificación, pero en absoluto
son suficientes para proceder a una unidad inmediata. La adscripción
formal a los principios no es una panacea que lo resuelve todo, sino que por
debajo de ella existen diferencias más o menos importantes en cuestiones
decisivas de la línea para la revolución en nuestro país.
Por ello, nuestro partido debe partir, para realizar correctamente el proceso
de unidad, de realizar un análisis político concreto de cada partido
marxista-leninista, señalando los puntos fundamentales de unidad, en
materia de línea, y los de divergencia, para, apoyándose en los
primeros, llevar una lucha ideológica efectiva sobre los segundos.

2ª) Combinar el criterio de unidad lo más estrecha
posible en la práctica, en las tareas entre las masas, con la lucha ideológica
fraternal con las distintas fuerzas marxistas-leninistas, siguiendo el método
de basarse en lo que une para superar las divergencias mediante la crítica
y la autocrítica. Combatir en este sentido, permanentemente, la tendencia
a la conciliación en materia de principios y su cara complementaria el
sectarismo y la tendencia de algunas fuerzas a considerarse “el único
partido marxista-leninista”.

En resumen, los problemas actuales de la reconstrucción
del Partido en nuestro país y la unificación de los marxistas-leninistas,
nos señalan que debemos hacer permanentes esfuerzos por fortalecernos
en una política correcta y de principios, luchando por dirigir revolucionariamente
a las masas, y combatir entre ellas «especialmente entre los obreros avanzados»
al revisionismo y al oportunismo de derechas, asumiendo con audacia la expansión
y organización de nuestras propias fuerzas. Al mismo tiempo persistir
en la lucha ideológica, en la firme defensa de la unidad y en una sincera
búsqueda de la verdad con todos los marxistas-leninistas.


Estatutos

INTRODUCCIÓN

Unificación Comunista de España es un partido político
proletario. La base teórica que guía el pensamiento y la acción
de nuestro partido es el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung.

Nuestro objetivo final es la realización del comunismo: una sociedad
sin clases donde sea posible la felicidad de todo el pueblo.

El objetivo estratégico que nos proponemos es derrocar definitivamente
el poder de la oligarquía financiera y terrateniente aliada y dependiente
del imperialismo yanqui, sustituyéndolo por una República Democrática
Popular en la que el pueblo disfrute de la más amplia democracia y a
la vez, ejerza la más severa dictadura sobre los elementos pro-imperialistas
y pro-oligárquicos. La Dictadura Democrática Popular es una alianza
de clases populares dirigidas por el proletariado, es, por tanto, una forma
de dictadura del proletariado.

Para conseguir este objetivo es preciso organizar, unir y movilizar
a todas las masas populares capitaneadas por el proletariado en un amplio Frente
Unido de todo el pueblo. La base de este Frente ha de ser la Alianza del Pueblo
Trabajador y su columna vertebral el Frente Único de la clase obrera.
Nuestro partido debe educar constantemente a las masas de nuestro pueblo en
la insoslayable necesidad de la lucha contra sus enemigos y preparar las condiciones
de este enfrentamiento. No hacer así, ocultar o minimizar esta tarea,
es cometer el peor de los oportunismos, conducir al pueblo desarmado y ciego
al matadero.

La revolución española forma parte de la Revolución
Proletaria Mundial; nos unimos con los auténticos marxistas-leninistas
del mundo, con el proletariado internacional y con los pueblos oprimidos y países
de todo el mundo en la lucha por el frente único mundial contra el hegemonismo,
el colonialismo, el imperialismo y la amenaza de agresión de las dos
superpotencias. Nuestra lucha sólo puede acabar cuando el proletariado
y los pueblos oprimidos del mundo hayan conseguido derrotar al imperialismo,
al revisionismo y a la reacción mundial, y hayan logrado abolir el sistema
de explotación y dominación del hombre por el hombre en todo el
mundo.

Siguiendo la línea de nuestro I Congreso, nuestro partido
se halla empeñado en la gran tarea de combatir el revisionismo y prevenirse
del oportunismo de derechas. En el terreno de organización debemos luchar
contra las ideas erróneas que tienden a mermar el nivel de profesionalidad
del partido, que rebajan la exigencia en el estudio del marxismo-leninismo-pensamiento
Mao Tse-tung, la voluntad revolucionaria y el nivel de militancia.

Los Estatutos son un arma poderosa que todos los militantes
y órganos del partido deben conocer y aplicar, su aplicación incorrecta
es fuente de numerosos errores, son el instrumento que permite forjar al partido
para el combate, un partido de vanguardia del proletariado, eficaz, con un alto
nivel de profesionalidad en todos sus militantes, radicalizados ideológicamente,
disciplinados y marchando al mismo paso, con una unidad de acción y pensamiento
en un marco de amplia democracia interna.

I.- MILITANTES

Artículo 1.- Puede ser miembro
del partido Unificación Comunista de España todo revolucionario
que acepte las bases ideológicas, la línea política y los
Estatutos del partido, milite activamente en cualquiera de sus órganos,
acepte su disciplina, esté dispuesto a luchar permanentemente por la
causa de la revolución y pague regularmente la cuota establecida por
el partido.

Artículo 2.- Ingreso e iniciación. Los
militantes se forman política e ideológicamente en el seno del
partido. No hay que exigir para el ingreso una gran cantidad de conocimientos
en el marxismo-leninismo o una extraordinaria radicalización.

La aceptación de ingreso irá seguida de un periodo
de prueba o iniciación en el que el nuevo militante deberá probar
la solidez de su voluntad revolucionaria y su capacidad de entrega, sacrificio
y aprendizaje, de una forma organizada y apoyado por otros camaradas.

La propuesta para iniciar este periodo deberá partir
de dos camaradas que le conozcan políticamente. La militancia de iniciación
deberá ir precedida, en cualquier caso, de la aprobación colectiva
del comité superior al órgano de ingreso. El período de
iniciación debe tener aproximadamente una duración comprendida
entre tres y seis meses. Durante el mismo el militante no podrá elegir
ni ser elegido. Una vez superado favorablemente quedará integrado como
militante de pleno derecho, pudiendo proponerse y ser propuesto para desempeñar
tareas de responsabilidad.

Artículo 3.- Servir al pueblo, servir al partido.
La cualidad indispensable de un comunista es la de saber fundirse con las
masas del pueblo, compartir sus aspiraciones e interpretar sus deseos. Que el
partido no degenere, convirtiéndose en un organismo extraño al
proletariado, depende en última instancia, de la capacidad de sus militantes
para ligarse estrechamente a las masas populares y de la integración
en su seno de los obreros y luchadores del pueblo más decididos y valiosos.

En consecuencia con esto, todo militante tiene que:

– “Practicar el marxismo y no el revisionismo”, “trabajar
por la unidad y no por la escisión”, “actuar de manera franca
y honrada y no urdir intrigas y maquinaciones”, son principios que deben
presidir la práctica de los militantes.

– Estudiar, aplicar y criticar la política del partido,
a la luz del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung en combate con el revisionismo.

– Luchar con firmeza por los intereses del proletariado y de
todo el pueblo sin desmayar ante las adversidades. No ahorrar esfuerzos en servir
a los intereses de la revolución por encima de sus propios intereses.
Consultar los problemas con las masas, fundirse con ellas y ligarse estrechamente
con los luchadores destacados de la clase obrera y del pueblo.

– Mantener una persistente y tenaz vigilancia revolucionaria
para prevenir y combatir los errores políticos y desviaciones ideológicas
que surjan en el interior del partido. Debe mantener especial vigilancia contra
los arribistas, provocadores y oportunistas y asegurar que la dirección
del partido se mantenga siempre en manos de los revolucionarios proletarios.
Practicar activamente la crítica hacia otros camaradas y órganos
cuando considere que se han cometido errores políticos o existen desviaciones
de tipo ideológico. El comunista tiene muchas veces que “nadar contra
corriente”, manteniendo las posiciones que considere proletarias justas,
llegando si fuera necesario hasta los órganos dirigentes, al tiempo que
marcha al mismo paso que la mayoría y hace esfuerzos por comprenderla.
Así mismo debe practicar la autocrítica cuando haya incurrido
en errores, y estar dispuesto a rectificar poniendo el esfuerzo y los medios
necesarios.

– Defender la unidad del partido, acatar rigurosamente su disciplina
y salvaguardar en toda situación el monolitismo externo, únicos
medios de mantener la unidad de acción y la eficacia de todo el partido.

– Mantener una constante iniciativa para mejorar la política
del partido tanto en sus aspectos concretos como generales. Para ello, los militantes
deben poseer una formación suficiente sobre los aspectos esenciales de
la política y la práctica del partido, recabándola de los
órganos dirigentes en caso contrario.

– El militante debe estar a la completa disposición del
partido para desempeñar aquellas responsabilidades para las que fuera
requerido, según su historial, capacidad y aptitudes.

Artículo 4.- Sanciones y depuración. Serán
expulsados del partido inmediatamente aquellos elementos sobre los que recaiga
sospecha fundada de ser agentes de la policía o provocadores infiltrados,
y elementos ajenos a los intereses del proletariado por su actividad o comportamiento
extraño a los principios de la ética comunista.

La disciplina del partido no se puede violar en ningún
caso. El tratamiento de los militantes que hayan incurrido en la violación
de la disciplina orgánica, en todo caso, debe de dar primacía
a los métodos de persuasión, no obrar precipitadamente y tener
paciencia. Excepto en los casos flagrantes de elementos aventureros o provocadores
infiltrados.

Sobre esta base, el militante que incurra en este tipo de faltas
o reiteradamente no cumpla sus deberes, con el nivel de regularidad o entrega
que debe exigirse a todo comunista, podrá ser sancionado, en función
con la responsabilidad que desempeñe y de la gravedad de la infracción,
con advertencia, advertencia grave, destitución de sus responsabilidades,
suspensión de sus responsabilidades, suspensión temporal de militancia
y observación dentro del partido, o expulsión del partido.

La disciplina del partido prohibe terminantemente:

– Llevar irresponsablemente las normas de clandestinidad y divulgar
datos e informaciones internas.

– Que cualquier posición en el seno del partido se organice
en fracción violando así el Centralismo Democrático y escindiendo
su unidad. Organizar fracciones es un auténtico crimen contra la vida
misma del partido. En este caso se sancionará con la expulsión
inmediata de los elementos responsables.

Se aplicará la expulsión del partido a todos aquellos
miembros que habiéndose caracterizado por urdir intrigas y maquinaciones,
fomentar la desunión o encabezar actividades fraccionales reincidan en
sus actividades.

Las sanciones las harán efectivas las células
u órganos donde estén encuadrados los militantes afectados y las
rubricará el comité inmediatamente superior. Cuando se trate de
miembros del Comité Central será éste quién ratificará
la sanción.

En casos de expulsión, determinará el Comité
Central previa información y estudio de todos los datos del problema.
Si se trata de miembros del Comité Central será preciso una mayoría
de dos tercios para hacer efectiva la medida, y deberá ser ratificada
por el Congreso del partido.

II.- PRINCIPIO DE ORGANIZACIÓN Y VIDA INTERNA

Artículo 5.- El Centralismo
Democrático es el principio rector que regula la línea organizativa
del partido.

Este principio básico de organización comunista
comprende una serie de aspectos importantes:

– Todo el partido debe someterse a la disciplina proletaria
propia del Centralismo Democrático: la subordinación del militante
a la organización, de la minoría a la mayoría, del nivel
inferior al superior y de todo el partido al Comité Central.

– Todo órgano de dirección debe regirse por el
principio de combinar la dirección colectiva con la responsabilidad individual,
garantía fundamental de que las decisiones y los asuntos no van a ser
monopolizados por una o unas cuantas personas.

– Los órganos dirigentes deben rendir periódicamente
cuentas de su gestión a las masas del partido y escuchar las opiniones
de las masas de dentro y de fuera del partido para que, incluso estas últimas,
puedan enjuiciar nuestros actos.

Mediante la correcta aplicación del Centralismo Democrático
es necesario crear una situación política en que haya tanto centralismo
como democracia, tanta disciplina como libertad, tanta unidad de voluntad como
satisfacción y goce en la vida.

Artículo 6.- Crítica y autocrítica.
La crítica y la autocrítica constituyen un aspecto clave que permite
templar, consolidar y reforzar la unidad política de los militantes y
órganos del partido, es por ello que debe presidir el estilo de trabajo
del partido y ser fomentada y dirigida en el seno de la organización
como forma de corregir los errores y buscar la política más justa
en todo momento. La crítica debe hacerse según el principio marxista-leninista
de “Unidad-Crítica-Unidad”. Partir de la unidad en todo momento
para alcanzar una unidad superior.

A veces es necesario aplicar la crítica durante largo
tiempo, sin desanimarse ante los contratiempos, confiando hasta el final en
la capacidad transformadora del proceso crítica-autocrítica y
en la capacidad de los camaradas para corregir sus errores a la luz de los principios
del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung.

Todos los camaradas y órganos tienen que comprender,
aplicar y criticar «como norma general» la política del partido.
Ahora bien, si es posible y no socava o perjudica la disciplina orgánica
y el trabajo político, es preferible efectuar las críticas pertinentes
y resolver «por medio de la lucha ideológica» las divergencias
surgidas antes de pasar a aplicar una directriz o consigna concreta.

La crítica debe basarse en hechos, buscando la verdad
en ellos, no haciendo acusaciones sin fundamento y tratando, sobre todo, de
persuadir o convencer; no actuando mediante “golpes implacables” sobre
otros camaradas.

La autocrítica para que sea consecuente debe de ir acompañada
de un cambio de actitud y de hechos que demuestren la rectificación de
los camaradas u órganos criticados.

No es actitud de los revolucionarios comunistas tener miedo
a la crítica y a la autocrítica, resistirse ante ellas y ser reacios
a desprenderse de las ideas, puntos de vista, opiniones o métodos que
no correspondan a las necesidades de la revolución, del partido y de
las masas. Podrán aplicarse los niveles de sanción pertinentes
a los militantes que eludan o muestren reticencia a la autocrítica, y
los que, ante el mismo tipo de errores, presenten una resistencia pertinaz frente
a críticas sucesivas, sin incorporarlas y reaccionar consecuentemente.

Artículo 7.- Lucha ideológica. La lucha
ideológica es un principio básico que mantiene viva la llama del
marxismo-leninismo en el seno de un partido comunista. Un partido que no practique
permanentemente la lucha ideológica, la crítica y la autocrítica,
petrificará progresivamente su organización y pasará a
integrarse, necesariamente, en la órbita del revisionismo contemporáneo.

El partido no es un órgano cerrado a la penetración
de la ideología burguesa dominante en la sociedad. La lucha ideológica
entre las ideas justas y las ideas erróneas, entre lo correcto y lo incorrecto,
refleja, en definitiva, la lucha de clases en el seno del partido.

El partido se fortalece en la lucha ideológica que es
un instrumento indispensable para fortalecer su unidad en torno a las ideas
justas. No hay que ponerle trabas sino al contrario, impulsarla y dirigirla.

En cualquier proceso de lucha ideológica que se establezca
en el seno del partido, la más firme unidad, la más férrea
disciplina y la total confianza y respeto en los organismos dirigentes y en
el Comité Central constituyen requisitos imprescindibles en el proceso
de fortalecimiento de la unidad y la verdad en el partido.

Un partido que no marche con la misma voluntad de acción
y estrechamente vinculado a su Comité Central se encuentra continuamente
sometido a la relajación de su unidad y a la aparición de fracciones.

Ante muchos problemas se suele establecer una mayoría
y una minoría. Las minorías «que de ninguna manera pueden
organizarse en fracción» tienen derecho a expresarse, a que se
les respete y a hacer uso de la crítica, porque a veces la verdad está
con la minoría.

Es inadmisible amordazar las críticas, cualquier acto
discriminatorio, sancionar o expulsar a los órganos o camaradas que estén
en minoría o tengan ideas contrarias a la política del partido,
siempre y cuando se atengan a la disciplina y apliquen concienzudamente la política
del partido. En cualquier caso todo militante, si disiente de alguna resolución
o directriz del partido, tiene derecho a reservarse su opinión, pasar
por encima de su órgano inmediatamente superior y hacer llegar la crítica
hasta el Comité Central.

La lucha ideológica debe ir presidida y orientada por
dos principios fundamentales del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung:
“aprender de los errores pasados para evitarlos en el futuro” y “tratar
la enfermedad para salvar el paciente”.

III.- ORGANIZACIONES CENTRALES Y CUADROS

Artículo 8.- El máximo
órgano dirigente del partido es el Congreso y en el tiempo que media
entre dos Congresos consecutivos es el Comité Central elegido por el
Congreso. Corresponde al Congreso determinar la línea política
general y la línea de actuación del partido y realizar un balance
de la práctica anterior de la organización y del Comité
Central. El Congreso se reúne cada tres años y excepcionalmente
puede adelantarse o postergarse en los casos que determine el Comité
Central o a petición de más de la mitad del partido.

El proceso de preparación del Congreso debe de ser dirigido
por el Comité Central. Se realiza el congreso sobre la base de delegaciones
que representen proporcionalmente a todas las zonas. Cada zona del partido elegirá
a sus delegados entre los militantes más avanzados y entre aquellos que
manifiesten posiciones más consecuentes y sólidas sobre los problemas
que se han de debatir en el Congreso bajo la dirección y la presencia
del Comité Central.

La elección de los delegados al Congreso, deberá
realizarse de forma que todas las disposiciones «incluidas las minoritarias»
queden necesariamente representadas proporcionalmente.

El Comité Central dirige al partido aplicando y desarrollando
la línea política y de actuación marcada por el Congreso;
debe rendir cuentas de su actuación a todo el partido mediante informes
periódicos y en el propio Congreso; y puede captar o depurar miembros
por mayoría de dos tercios, siempre que permanezca un mínimo de
dos terceras partes elegidas por el Congreso.

El Comité Central se disuelve en cada Congreso y éste
elige un nuevo Comité Central.

Artículo 9.- El Comité Central elige en
su seno al Buró Político y al Buró Político Permanente,
órgano especializado que ejerce la dirección política concreta
de todo el partido y es responsable de su actividad ente el Comité Central.

Cuando lo considere necesario el Comité Central puede
convocar reuniones generales o conferencias de cuadros de carácter consultivo.

Artículo 10.- El Buró Político Permanente
dirige y elige «con las consultas democráticas necesarias»
la formación de la Secretaría de Organización y de las
secretarías especializadas que considere necesarias para desempeñar
tareas o funciones concretas, y de los comités intermedios precisos para
dirigir los órganos de base.

Artículo 11.- Una vez establecida la Línea
ideológica y política, la cuestión de los cuadros capaces
de llevarla a la práctica adquiere una importancia decisiva. Bajo la
dirección del Buró Político se debe llevar en todo el partido
una activa política de promoción de cuadros, probados y forjados
en el curso de la lucha de masas.

Las condiciones que deben de reunir los cuadros son:

– Ser fieles a la revolución, al proletariado y al partido.

– Ser abnegados en el servicio y la entrega a la revolución
y al pueblo, indoblegables ante las dificultades, activos, persistentes y desinteresados.

– Llevar adelante con firmeza la línea del partido y
observar su disciplina.

– Practicar un correcto estilo marxista-leninista de trabajo:
unir con justeza teoría y práctica, ser capaces de ligarse a las
masas de dentro y fuera del partido, ejercer activamente la crítica y
la autocrítica y practicar una estilo democrático de trabajo.

– Conocer en profundidad la Línea Ideológica y
Política del partido y conocer suficientemente el marxismo-leninismo-pensamiento
Mao Tse-tung, ser auténticos comunistas marxistas-leninistas y no revisionistas
o aventureros.

– Mantener estrechos vínculos con las masas y poseer
capacidad de orientación independiente en los problemas que plantea el
trabajo político.

IV.- ORGANIZACIONES DE BASE Y ÓRGANOS INTERMEDIOS

Artículo 12.- Los órganos
de base del partido los constituyen las células que agrupan organizativamente
a los militantes según el lugar donde desarrollen su actividad política,
centros de trabajo, organizaciones de masas, barrios, centros de estudio, unidades
militares, …

Cuando las necesidades de la lucha revolucionaria y el número
de militantes lo requiera, se crearán Comités de Base en cada
lugar determinado.

Las tareas generales que deben de desarrollar las células
son:

– Estudiar y llevar a la práctica la política
del partido difundiendo sus consignas y llamamientos, permanentemente, entre
las masas. Extraer y sintetizar las experiencias que resulten de la aplicación
de la política del partido.

– Estudiar el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung en
función de los problemas que plantee la práctica revolucionaria
del órgano; profundizar en el estudio de la Línea Ideológica
y Política y consolidar la unidad del partido aplicando firmemente el
Centralismo Democrático. Ejercer la crítica y la vigilancia revolucionaria
respecto a la política y el estilo de trabajo del partido.

– Desarrollar por la base las organizaciones de masas. Ir a
la cabeza de las amplias masas y unirse con ellas escuchando constantemente
sus opiniones y preocupándose por sus condiciones de vida. Desarrollar
e impulsar sus luchas.

– Difundir ampliamente la propaganda del partido creando numerosas
redes de distribución del periódico.

– Vincularse estrechamente a las masas. Conectar, afiliar y
agrupar alrededor del partido a los elementos avanzados de las mimas. Reclutar
a los más destacados para Círculos de proselitismo. Y consolidar
la organización del partido desechando lo degenerado y caduco y asimilando
lo nuevo.

– Proveer las necesidades materiales del partido.

La tarea central de los Comités de Base reside en la
aplicación de la política del partido en su centro, rama de la
producción, organización de masas, barrio,… dirigiendo la actividad
política de las células bajo su responsabilidad.

Artículo 13.- En las células y comités
de base se establecerá el principio de combinar la especialización
con la dirección colectiva según los criterios de: “agilidad
y sencillez en el sistema de organización” y “división
científica del trabajo”.

En cada célula se propondrá un responsable político
al comité superior que deberá o no ratificarlo. El responsable
político debe constituirse en el eje vertebral de la célula, ser
un militante de vanguardia en el trabajo que desarrolla, en la aplicación
de la política del partido y en la práctica de un estilo comunista
de trabajo. Debe actuar con la autoridad que su responsabilidad le confiere
e imprimir una disciplina revolucionaria a sus camaradas de órgano.

Sus tareas más importantes comprenden:.

– La planificación, dirección y control del trabajo
político de la célula.

– Velar por la comprensión de la política y directrices
del partido por parte de todos los camaradas que integran el órgano.

– Ayudar a los camaradas de la célula para que lleven
adelante las tareas de la misma, desarrollen unos métodos correctos,
eleven su capacidad política y rectifiquen sus errores.

Artículo 14.- Los órganos intermedios del
partido los forman los Comités Nacionales, Regionales, Provinciales,
Comarcales, Locales y de Zona. La tendencia general es que sean comités
a los diversos niveles integrados por los cuadros avanzados de la zona, localidad,
comarca,… con reuniones plenarias de orientación y decisión.

El Comité elige en su seno un Comité Permanente
encargado de la dirección concreta y ejecución de las orientaciones
señaladas. Para elegir a los miembros del permanente se han de aplicar
con especial rigurosidad los criterios generales de cuadros y especialmente
el de que comprendan y apliquen concienzudamente la línea establecida
por el Congreso. El Comité Permanente debe de ser ratificado por el Comité
Central.

Sus tareas más significativas quedan relacionadas como
sigue:

– Estudiar, concretar y aplicar la política del partido
y las directrices a una determinada localidad, provincia, nacionalidad, etc…

– Dirigir y controlar el trabajo de los Comités de Base:
planes de trabajo y su ejecución, estilo de trabajo y métodos
de dirección. Atender a la promoción de cuadros.

– Dirigir el trabajo político a su nivel correspondiente,
ocupándose de la elaboración de la propaganda necesaria y la dirección
de coordinadoras, asambleas, mesas de partidos, …Mantener contacto con otros
partidos y planificar la actividad conjunta.

– Dirigir y coordinar el trabajo en los distintos frentes «sobre
todo el trabajo sindical» de las células y comités subordinados.

– Extraer y sintetizar experiencias y mantener informados periódicamente
a los órganos superiores.

– Dirigir el desarrollo de la lucha ideológica en las
organizaciones correspondientes del partido.

– Planificar, dirigir y controlar la infraestructura local y
recaudar fondos.

Para llevar adelante sus tareas establecerán los órganos
especializados a los distintos niveles que las necesidades y las características
de cada lugar necesiten. Los equipos estables de agitación y propaganda
ocupan un lugar destacado.

Los camaradas que ocupen puestos de responsabilidad en los órganos
intermedios deben seguir la línea general de llevar también trabajo
de masas, salvo en los casos que el propio órgano en que militen y el
inmediatamente superior consideren lo contrario.


Sobre los afiliados

En las actuales condiciones de la lucha de clases en nuestro
país, Unificación Comunista de España mantiene y destaca
su naturaleza como destacamento de combate, profesionalizado y de vanguardia
del proletariado, en lucha con el revisionismo en las filas del marxismo-leninismo:
el oportunismo de derechas. Al tiempo que se adecua a la nueva situación
en su línea organizativa.

El nivel de “afiliados de Unificación Comunista
de España” se establece actualmente como forma de ligar más
estrechamente a la revolución y a la política de nuestro partido
a todos aquellos elementos del proletariado y de las masas, que no reuniendo
las características que los estatutos establecen sobre los militantes,
simpatizan con nuestro partido y están dispuestos a colaborar con él.

Los afiliados deben:
– Participar en las campañas de todo
tipo que ponga en marcha el partido, distribuir su prensa y
propaganda y seguir en su trabajo entre las masas las orientaciones
del partido.

– Exigir al partido explicaciones de su política, orientación
para su trabajo y educación en el marxismo-leninismo-pensamiento Mao
Tse-tung.

– Ayudar con la crítica a corregir las orientaciones
o las prácticas que juzgue erróneas, pudiendo hacerlas llegar
a los comités superiores del partido.

– Asistir a las reuniones generales
de afiliados de su zona, donde dirigidas por el Comité del partido,
éste explique la política y las consignas del partido, escuche
atentamente las críticas sobre su actuación y recoja las iniciativas
y sugerencias.

– Pagar la cuota de afiliación establecida.

Todos los órganos y militantes
tienen la obligación de desarrollar el nivel de afiliados; hacerles
llegar la prensa y la propaganda del partido; recabar su opinión y
colaboración haciéndoles participar oportunamente en asambleas,
reuniones de células o en equipos de trabajo; escuchar sus críticas
y desplegar una intensa labor de lucha ideológica y unos correctos
estilo de trabajo y métodos de dirección en su seno, que permitan
convertir este nivel en un rico vivero de militantes.