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Los fundamentos del modo de producción capitalista
21May

Los fundamentos del modo de producción capitalista

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EL VALOR DE UNA MERCANCÍA.

¿Qué es el valor de una mercancía? ¿Cómo se determina?

Una mercancía, no es cualquier producto fruto del trabajo humano. Para ser mercancía, ha de:

  • Satisfacer una necesidad social.

  • El trabajo para su producción forma parte del trabajo social, de la división social del trabajo.

Producir un objeto para consumo propio dará un producto, pero no una mercancía.

Todas las mercancías tienen un valor de cambio y podemos observar que se cambian en cantidades proporcionales con todas las mercancías existentes. ¿Cómo se regula este intercambio? En todos los intercambios, el valor de una mercancía es siempre el mismo. Luego ha de haber una sustancia social común a todas las mercancías.

¿Cuál es esa sustancia social común? El trabajo social.

El valor de una mercancía equivaldrá a la cantidad de trabajo cristalizado que hay encerrado en ella.

Y ¿Cómo se mide la cantidad de trabajo? Por su tiempo de duración.

Así, los valores relativos de las mercancías, serán igual a la suma del trabajo social plasmado en ellas.

Pero hay que entender que:

  • En el valor de cambio de una mercancía, al trabajo último invertido en ella, habrá que añadir el que se invirtió antes. Será por tanto la cantidad de trabajo social que se invierte en todo su proceso de producción.

  • Y que estamos hablando de trabajo social, no de cuánto ha costado la producción de tal o cual mercancía. ¿Cuánto más torpe o perezoso sea un obrero más valor tendrá la mercancía que produce? No. Depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario (TSN).Es decir, trabajo bajo determinadas condiciones sociales medias de producción.

A menor cantidad de trabajo socialmente necesario, baja el valor de la mercancía, y a la inversa, a mayor trabajo socialmente necesario, mayor valor.

La cantidad de trabajo socialmente necesario cambia constantemente al cambiar las fuerzas productivas aplicadas a éste. A más fuerzas productivas, más productos en el mismo tiempo.

Las fuerzas productivas dependerán de:

1.- Las condiciones naturales dadas; fertilidad de la tierra o riqueza de los yacimientos de minerales etc…

2.- Perfeccionamiento de las fuerzas sociales del trabajo. Producción en gran escala, concentración del capital, división del trabajo, maquinaria, introducción de nuevas energías, reducción del tiempo y espacio por los transportes, etc…

De forma que a más fuerzas productivas, más productos en el mismo tiempo y menor valor de las mercancías.

Los valores de las mercancía están en razón directamente proporcional al trabajo invertido e inversa a las fuerzas productivas del trabajo.

El precio es la expresión en dinero del valor de una mercancía.

Todas las mercancías iguales, tienen un precio igual, independientemente de sus condiciones diferentes de producción.

El precio expresa la cantidad de trabajo socialmente necesario.

Sufre fluctuaciones en razón de la oferta y la demanda o de la intervención de monopolios, pero pese a las fluctuaciones, siempre gravita entorno a un precio central y en un periodo largo de tiempo podemos observar que las mercancías tienen como precio la expresión de su valor en dinero.

Si las mercancías se venden por su valor, la ganancia no podrá venir de un sobrecargo. Es decir, la ganancia se obtiene vendiendo una mercancía por su valor.

LA FUERZA DE TRABAJO

El obrero no vende su trabajo, sino su fuerza de trabajo.

La separación entre el productor y los medios de trabajo y la existencia en la sociedad de quienes poseen los medios de trabajo y los que no poseen nada más que su fuerza de trabajo está en la base de la explotación. A esto se le llama, acumulación previa u originaria, pero hablando propiamente habría que decir “expropiación previa”.

¿Qué es el valor de la fuerza de trabajo”

Al igual que todas las demás mercancías, se determina por la cantidad de trabajo necesaria para su conservación o reproducción.

Un hombre tiene que consumir artículos de primera necesidad. Se desgasta y ha de ser reemplazado por otro, por tanto además del sustento propio, necesita sostener el de los hijos que le puedan reemplazar. Y otra cantidad de trabajo se la lleva el aprendizaje que no es igual según los oficios o especialización; por eso los valores de fuerzas de trabajo de los diferentes oficios son distintos como los son los valores de los productos de diferente calidad.

Se determina por el valor de los artículos de primera necesidad exigidos para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza de trabajo.

  • Un hombre tiene que consumir artículos de primera necesidad.

  • Se desgasta y ha de ser reemplazado por otro, por tanto además del sustento propio, necesita sostener el de los hijos que le puedan reemplazar.

  • Y otra cantidad de trabajo se la lleva el aprendizaje que no es igual según los oficios o especialización.

Y todo ello en unas condiciones sociales dadas. El valor de la fuerza de trabajo varía según “las condiciones sociales dadas”. ¿Qué quiere decir?

  • No es lo mismo vivir en el campo que en la ciudad, en Madrid que en Marruecos. El valor de la mantener y reproducir la fuerza de trabajo variará.

  • Pero además de las condiciones físicas están las condiciones sociales de reproducción de la fuerza de trabajo “el nivel de vida tradicional” de ese país. No es sólo un límite físico si no también, de la satisfacción de ciertas necesidades que brotan de las condiciones sociales.

EL VALOR DEL TRABAJO

Apariencia engañosa:

Primera. El valor o precio de la fuerza de trabajo reviste la apariencia del precio o valor del trabajo mismo, aunque en rigor las expresiones «valor» y «precio» del trabajo carecen de sentido.

Segunda. Aunque sólo se paga una parte del trabajo diario del obrero, mientras que la otra parte queda sin retribuir, y aunque este trabajo no retribuido o plustrabajo es precisamente el fondo del que sale la plusvalía o ganancia, parece como si todo el trabajo fuese trabajo retribuido.

Esta apariencia engañosa distingue al trabajo asalariado de las otras formas históricas del trabajo. Dentro del sistema de trabajo asalariado, hasta el trabajo no retribuido parece trabajo pagado.

Por el contrario, en el trabajo de los esclavos parece trabajo no retribuido hasta la parte del trabajo que se paga (la parte de su jornada de trabajo sirve para reponer el valor de su propio sustento).

Fijémonos por otra parte en el campesino siervo, trabajaba, por ejemplo, tres días para él mismo en la tierra de su propiedad o en la que le había sido asignada, y los tres días siguientes los destinaba a trabajar obligatoriamente y gratis en la finca de su señor. Aquí las dos partes del trabajo, la pagada y la no retribuida, aparecían separadas visiblemente y nuestros liberales rebosaban indignación moral ante la idea absurda de que se obligase a un hombre a trabajar de balde.

Pero, en realidad, tanto da que una persona trabaje tres días de la semana para sí, en su propia tierra, y otros tres días gratis en la finca de su señor, como que trabaje todos los días, en la fábrica o en el taller, seis horas para sí y seis para su patrono; aunque en este caso la parte del trabajo pagado y la del trabajo no retribuido aparezcan inseparablemente confundidas, y el carácter de toda la transacción se disfrace completamente con la interposición de un contrato y el pago abonado al final de la semana. En el primer caso, el trabajo no retribuido aparece como arrancado por la fuerza; en el segundo caso, parece entregado voluntariamente. Tal es la única diferencia.

SALARIO

¿Qué es el salario?

El salario es la cantidad de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo. Bajo la apariencia de la venta del trabajo, la realidad es que los obreros cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, por la mercancía del capitalista, por el dinero, y este cambio se realiza guardando una determinada proporción.

El salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, y expresa la proporción en que la fuerza de trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el valor de cambio de la fuerza de trabajo.

¿El salario es una parte del nuevo valor añadido por la fuerza de trabajo del obrero a la mercancía?

No, el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva.

El capitalista no paga este salario con el dinero que ha de obtener de la venta de la mercancía, sino de un fondo de dinero que tiene en reserva. El capitalista, con una parte de su capital compra la fuerza de trabajo del obrero, igual que con otra parte de la fortuna ha comprado las materias primas y los instrumentos de trabajo. Una vez hechas estas compras, el capitalista produce ya con materias primas e instrumentos de trabajo de su exclusiva pertenencia.

¿Cómo se fija el salario?

Como en cualquier otra mercancía, las fluctuaciones del salario están determinadas por la competencia, que tiene tres aspectos:

  • La competencia entre vendedores que abarata el precio de las mercancías puestas a la venta

  • La competencia entre compradores que hace subir el precio de las mercancías

  • La competencia entre compradores y vendedores, cuyo resultado depende de que domine la competencia interna entre los compradores o entre los vendedores

Cuando la oferta de una mercancía es inferior a su demanda, la competencia entre los vendedores queda anulada o muy debilitada, por lo que crece la competencia entre los compradores. Con el resultado de un alza más o menos considerable de los precios de las mercancías. En el caso contrario (exceso de oferta sobre la demanda) se produce una bajada de los precios.

¿Qué significan precios altos o precios bajos?

Sin embargo, estas fluctuaciones no son arbitrarias o subjetivas, sino que tienen un límite muy concreto: el coste de producción de la mercancía. El coste de producción está formado:

1) por las materias primas y el desgaste de los instrumentos, es decir, por productos industriales que representan una determinada cantidad de tiempo de trabajo, y

2) por el trabajo directo; cuya medida es también el tiempo.

Por tanto, dentro de las oscilaciones provocadas por la relación entre la oferta y la demanda, entre los compradores y los vendedores de la fuerza de trabajo, el precio de la fuerza de trabajo se hallará siempre determinado por su coste de producción, o, lo que es lo mismo, por el tiempo de trabajo necesario para producir la mercancía “fuerza de trabajo”.

Tiempo de trabajo que, como está explicado en los conceptos, es el necesario para su sustento, reproducción y formación en unas condiciones sociales dadas.

EL CAPITAL

¿Qué forma el capital?

El capital está formado por materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida de todo género que se emplean para producir nuevas materias primas, nuevos instrumentos de trabajo y nuevos medios de vida.

Todas estas partes integrantes del capital son fruto del trabajo, productos del trabajo, por eso le llamamos trabajo acumulado.

El trabajo acumulado que sirve de medio de nueva producción es el capital.

El capital es también una relación social

Pero el capital también es una relación social de producción. Es una relación burguesa de producción, una relación de producción de la sociedad burguesa.

Y ello es así porque:

1).- Los medios de vida, los instrumentos de trabajo, las materias primas que componen el capital, han sido producidos y acumulados bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales.

2).- Los medios de vida, los instrumentos de trabajo, las materias primas que componen el capital se emplean para un nuevo proceso de producción también bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales. Y

3).- Solamente bajo estas condiciones y relaciones sociales determinadas se convierten en capital los productos destinados a la nueva producción.

El capital es, además, una suma de mercancías

Pero además, el capital no se compone solamente de medios de vida, instrumentos de trabajo y materias primas, no se compone solamente de productos materiales; se compone igualmente de valores de cambio. Todos los productos que lo integran son mercancías.

El capital no es, pues, solamente una suma de productos materiales; es una suma de mercancías, de valores de cambio, de magnitudes sociales.

Ahora bien, si todo capital es una suma de mercancías, es decir, de valores de cambio, no toda suma de mercancías, de valores de cambio, es capital.,

¿Cómo se convierte en capital una suma de mercancías?

Una suma de mercancías se convierte en capital en tanto que existe como fuerza social independiente, es decir, fuerza en poder de una parte de la sociedad. Y como tal fuerza social independiente se conserva y se aumenta por medio del intercambio con la fuerza de trabajo inmediata, viva.

La existencia de una clase que no posee nada más que su capacidad de trabajo es una premisa necesaria para que exista el capital.

Sólo el dominio del trabajo acumulado, pretérito, materializado sobre el trabajo inmediato, vivo, convierte el trabajo acumulado en capital.

Así pues, la existencia del capital presupone dos condiciones previas:

1).- Que exista una acumulación originaria ( o como dice Marx, hablando en propiedad, una expropiación originaria) gracias a la cual una parte de la sociedad –la clase de los capitalistas– se ha apropiado de los frutos del trabajo social

2).- Que, por el contrario, exista otra parte de la sociedad que no posea otra cosa que su fuerza de trabajo y deba venderla en el mercado para subsistir.

RELACIÓN CAPITAL Y TRABAJO ASALARIADO.

LA PRODUCCIÓN DE LA PLUSVALÍA

Suponiendo que el promedio de los artículos de primera necesidad imprescindibles para el obrero requiera para su producción 5 horas de trabajo medio equivalente a 25 euros. Los 25 euros serían el precio. Si trabajase 5 horas tendría lo suficiente para reproducirse como obrero.

Pero el capitalista ha obtenido como comprador el derecho a usar la mercancía de la fuerza de trabajo, si la usase sólo 5 horas y la pagara a 25 euros diarios, no obtendría ganancia ni plusvalía o plusproducto.

El valor de la fuerza de trabajo se determina por la cantidad de trabajo necesario para su conservación y reproducción. Pero la cantidad de trabajo que sirve de límite al valor de la fuerza de trabajo del obrero no limita, ni mucho menos la cantidad de trabajo puede ejecutar. (Diferencia entre el pienso que come un caballo y cuánto tiempo puede llevar en sus lomos a un jinete.)

Nuestro capitalista explotará la fuerza de trabajo por 10 horas con lo que el obrero trabajará 5 de plustrabajo.

Adelantando 25 euros, el capitalista obtendrá el valor de 50 puesto que adelantando el valor que hay cristalizado en 5 horas de trabajo, recibirá a cambio un valor en el que hay cristalizadas 10. Al repetir esto cada día, adelantará 25 euros, obtendrá 50, dedicará otra vez 25 a comprar la fuerza de trabajo y los 25 restantes serán la plusvalía.

Este intercambio entre el capital y la fuerza de trabajo es el que sirve de base a la producción capitalista y tiende a reproducir al obrero como obrero y al capitalista como capitalista.

La cuota de plusvalía dependerá de la proporción en que la jornada de trabajo se prolongue más allá del tiempo durante el cual el obrero, con su trabajo, se limita a reproducir el valor de su fuerza de trabajo o a reponer su salario.

SE OBTIENE GANANCIA VENDIENDO UNA MERCANCIA POR SU VALOR

El valor de una mercancía se determina por la cantidad total de trabajo que encierra. Pero una parte de esta cantidad de trabajo se materializa en un valor por el que se abonó un equivalente en forma de salarios; otra parte se materializa en un valor por el que no se pagó ningún equivalente. Una parte del trabajo encerrado en la mercancía es trabajo retribuido; otra parte, trabajo no retribuido. Por tanto, cuando el capitalista vende la mercancía por su valor, es decir, como cristalización de la cantidad total de trabajo invertido en ella, tiene necesariamente que venderla con ganancia. Vende no sólo lo que le ha costado un equivalente, sino también lo que no le ha costado nada, aunque haya costado el trabajo de su obrero. Lo que la mercancía le cuesta al capitalista y lo que en realidad cuesta, son cosas distintas. Repito pues, que vendiendo las mercancías por su verdadero valor, y no por encima de éste, es como se obtienen ganancias normales y medias.

Ejemplo: El valor de la mercancía contendrá las horas medias de trabajo cristalizadas en las materias primas, maquinaria etc…, (por ejemplo 20 horas, equivalentes a 100 euros) más las que el obrero empleado por el capitalista añade a estos medios de producción (por ejemplo, 10 horas más, equivalentes a 50 euros). El valor total del producto ascenderá a 30 horas de trabajo materializado, pongamos equivalente a 30hs x 5 euros = 150 euros. Pero como el valor de la fuerza de trabajo abonada al obrero en su salario, es el equivalente a 5 de las 10 horas trabajadas, 25 euros, resultará que el capitalista no abona ningún equivalente por las 5 horas de plustrabajo del obrero, con lo cual, vendiendo la mercancía por 150 euros ganará 25 euros. Es decir, el capitalista no obtendrá ganancia vendiendo la mercancía a un precio que exceda de su valor, sino vendiéndola por su valor real.

RELACIÓN ENTRE TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL

El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo un salario con el que adquiere medios de vida, pero, a cambio, el capitalista adquiere el derecho a usar y consumir la fuerza de trabajo, la fuerza creadora con la cual el obrero no sólo repone lo que consume, sino que da al trabajo acumulado un mayor valor del que antes poseía.

En el intercambio entre el trabajo asalariado y el capital, el obrero recibe medios de vida que le sirven para su consumo inmediato. Pero al consumirlos los pierde, por lo cual debe emplear el tiempo durante el cual le mantienen esos medios de vida en crear con su fuerza de trabajo nuevos valores. Pero en tanto que su fuerza de trabajo es propiedad del capitalista que se la ha comprado, los nuevos valores que crea pertenecen también al capitalista. Así pues, el obrero no sólo produce mercancías, también produce capital. Es decir, valores que sirven de nuevo para mandar sobre su trabajo y crear, por medio de éste, nuevos valores, nuevo capital.

El capital y el trabajo asalariado son dos aspectos de una misma relación, de una relación burguesa de producción. El uno se halla condicionado por el otro: el capital sólo puede aumentar cambiándose por fuerza de trabajo, y la fuerza de trabajo del obrero asalariado sólo puede cambiarse por capital acrecentándolo.

Al crecer el capital, crece la masa del trabajo asalariado, crece el número de obreros asalariados. O, lo que es lo mismo, la dominación del capital se extiende a una masa mayor de individuos.

Incluso en las mejores condiciones para el obrero – un veloz crecimiento del capital productivo que demanda más fuerza de trabajo asalariada con lo que más cara se puede vender ésta –, el resultado final es el mismo: el crecimiento del poder del trabajo acumulado sobre el trabajo vivo, el aumento de la dominación de la burguesía sobre la clase obrera.

Porque el salario no se determina solamente, en general, por la cantidad de mercancías que pueden obtenerse a cambio de él. Encierra también otras relaciones diferentes.

SALARIO NOMINAL, SALARIO REAL, SALARIO RELATIVO

La expresión monetaria del precio del trabajo, es decir el salario nominal, no coincide necesariamente con el salario real, es decir, con la cantidad de mercancías que se obtienen realmente a cambio del salario. Puede ocurrir que un acontecimiento determinado (por ejemplo la afluencia de oro y plata durante el siglo XVI tras el descubrimiento de América o, en la actualidad, la plena incorporación de China e India al mercado mundial) haga bajar el valor del dinero o de un conjunto de mercancías. Con el mismo salario nominal –con la misma cantidad de dinero – ahora el obrero podrá comprar más medios de vida que antes, es decir, habrá aumentado el salario real. Y puede ocurrir también al contrario.

Pero aquí no se agotan todas sus relaciones, éstas no son, siquiera, las más importantes. El salario se halla determinado, fundamentalmente, por su relación con la ganancia, con el beneficio obtenido por el capitalista: es por tanto un salario relativo, proporcional.

Si el salario real expresa el precio del trabajo en relación con el precio de las demás mercancías; el salario relativo expresa, por el contrario, aquella parte del nuevo valor creado por la fuerza de trabajo que es percibida por el trabajador. Y que por lo tanto sólo puede medirse en proporción a la parte del valor que se incorpora al trabajo acumulado, es decir, al capital.

El precio de venta de la mercancía producida por el obrero se divide para el capitalista en tres partes:

  • la primera, para reponer el precio desembolsado en comprar materias primas, así como para reponer el desgaste de las herramientas, máquinas y otros instrumentos de trabajo adelantados por él;

  • la segunda, para reponer los salarios por él adelantados, y

  • la tercera, el remanente que queda después de saldar las dos partes anteriores, la ganancia del capitalista.

Mientras que la primera parte se limita a reponer valores que ya existían, tanto la suma destinada a rembolsar los salarios abonados como el remanente que forma la ganancia del capitalista salen en su totalidad del nuevo valor creado por el trabajo del obrero y añadido a las materias primas. En este sentido, podemos considerar tanto el salario como la ganancia, para compararlos entre sí, como partes del producto del obrero.

La ley general que rige el alza y la baja del salario y de la ganancia está establecida por unas relaciones mutuas que se hallan en razón inversa. La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa

Puede ocurrir que el salario real continúe siendo el mismo e incluso que aumente, y, no obstante, disminuya el salario relativo. Pongámonos incluso en las condiciones más aparentemente favorables al obrero. Por ejemplo que el precio de todos los medios de vida baja en un 30%, cosa que sabemos que sólo es posible si baja su valor, es decir si se producen más mercancías en menos tiempo, mientras que el salario sólo disminuye en un 15%. Aunque el obrero, con este nuevo salario, podrá comprar una cantidad mayor de mercancías que antes, su salario habrá disminuido en relación con la ganancia obtenida por el capitalista. La ganancia del capitalista ha aumentado en un 15%; es decir, que ahora el obrero, por una cantidad menor de valores de cambio, que el capitalista le entrega, tiene que producir una cantidad mayor de estos mismos valores.

La parte obtenida por el capital aumenta en comparación con la del trabajo. La distribución de la riqueza social entre el capital y el trabajo es ahora todavía más desigual que antes. El capitalista manda con el mismo capital sobre una cantidad mayor de trabajo. El poder de la clase de los capitalistas sobre la clase obrera ha crecido, la situación social del obrero ha empeorado, ha descendido un grado más en comparación con la del capitalista.

INCREMENTO, ACUMULACIÓN Y CONCETRACIÓN DE CAPITAL

EL ABISMO SOCIAL

Un aumento rápido del capital equivale a un rápido aumento de la ganancia. La ganancia sólo puede crecer rápidamente si el precio del trabajo, el salario relativo, disminuye con la misma rapidez. El salario relativo puede disminuir aunque aumente el salario real. Si, por ejemplo, en una época de buenos negocios, el salario aumenta en un cinco por ciento y la ganancia en un treinta por ciento, el salario relativo, proporcional, no habrá aumentado, sino disminuido.

Un aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto, aunque los medios de vida de los que dispone el obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen es ahora menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza.

Por tanto, si, con el rápido incremento del capital, aumentan los ingresos del obrero, al mismo tiempo se ahonda el abismo social que separa al obrero del capitalista, y crece, a la par, el poder del capital sobre el trabajo, la dependencia de éste con respecto al capital.

INCREMENTO, ACUMULACIÓN Y CONCENTRACIÓN DE CAPITAL

Hemos establecido ya que la fuerza de trabajo del obrero asalariado sólo puede cambiarse por capital acrecentándolo. Este incremento significa que crece el número y el volumen de los capitales.

Y este incremento del capital provoca un incremento de la competencia entre los capitalistas. En dos aspectos:

1.- El aumento del número de capitales hace aumentar la competencia entre los capitalistas

2.- El mayor volumen de los capitales hace que la competencia se desarrolle cada vez a mayor escala, en proporciones cada vez más gigantescas.

¿Qué leyes guían esta competencia?

Sólo vendiendo más barato pueden unos capitalistas desalojar a otros y conquistar sus capitales. Y para poder vender más barato sin arruinarse sólo existe un camino: producir más barato, es decir, producir más mercancías que sus competidores con la misma cantidad de trabajo. O, lo que es lo mismo, aumentar la fuerza productiva del trabajo a través de:

1.- Una mayor división y especialización del trabajo

2.- Una aplicación de la maquinaria a mayor escala.

3.- Un constante perfeccionamiento de la maquinaria.

Una vez conseguido producir más mercancías con la misma cantidad de trabajo, ¿cómo procederá el capitalista? ¿Vendiendo al mismo precio que sus competidores para multiplicar su ganancia?

No, por dos razones:

1.- Porque con ello no conseguiría su objetivo de desalojar a los competidores y extender sus propias ventas.

2.- Porque los nuevos medios de producción que ha puesto en pie, al mismo tiempo que le permiten vender más barato, también le obligan a vender más mercancías, a conquistar para ellas un mercado mucho mayor.

¿Qué debe hacer entonces? ¿Vender de acuerdo con el nuevo coste de producción?

Tampoco, porque así no obtendría ninguna ganancia extraordinaria. Simplemente recuperaría lo invertido en aumentar la fuerza productiva del trabajo. Sus mayores ingresos vendrían entonces sólo de haber puesto en movimiento un capital mayor que el de sus rivales, pero no conseguiría que su capital aumentase, a través de un incremento superior de la ganancia, más que el de los otros. Por lo tanto, el fin que busca –desalojar y arrebatar a sus rivales por lo menos una parte del mercado – lo conseguirá fijando el precio de su mercancía tan sólo unos puntos por debajo que el de sus competidores. Es procediendo de esta manera como conseguirá:

1.- Acumular más capital al haber desarrollado nuevas fuerzas productivas

2.- Incrementar el capital más rápidamente que el de sus competidores al conseguir un aumento superior de la ganancia

3.- Concentrar el capital, al conquistar el de los competidores a los que ha desplazado del mercado.

Sin embargo, la ventaja adquirida así por el capitalista no le dura mucho tiempo. Al advertir un rápido incremento de la ganancia, una nueva masa de capitales, guiados por la ley del máximo beneficio, afluyen a esa rama de la producción, generalizando velozmente las innovaciones.

La ley que nivela el precio de las mercancías con su coste de producción crea condiciones cada vez más difíciles para el aumento del valor del capital.

La generalización de los nuevos medios de producción tiene como consecuencia que el precio de las mercancías se reduzca hasta su nuevo coste de producción.

En tanto que ahora todos producen más barato, la ley que determina el precio de las mercancías por su valor obliga a que haya que suministrar cantidades cada vez mayores de productos por el mismo precio.

Al principio del proceso los capitalistas “innovadores” podían suministrar por el mismo precio el doble de productos que antes, con la generalización de las innovaciones se ven obligados a entregar el doble de productos por menos del precio antiguo. Por lo que el capitalista, como fruto de sus innovaciones, ha creado condiciones más difíciles para el aumento de valor de su capital. Lo que le obliga a iniciar otra vez la misma carrera: nuevas divisiones del trabajo, nuevas innovaciones y maquinaria, nuevos perfeccionamientos de la fuerza del trabajo, nuevo abaratamiento de los costes de producción,… Y la competencia vuelve a reaccionar exactamente de la misma forma.

La competencia que obliga a la acumulación y la concentración conduce inevitablemente al monopolio.

Sólo que ahora la competencia se da en un ámbito superior y con un calado más profundo. Porque:

1.- El capitalista ahora tiene que vender muchísimo más, tiene que proceder a una venta en masa, no sólo para ganar más, sino para reponer el coste de producción, ya que los nuevos medios de producción exigen una mayor inversión de capital.

2.- Pero además, esta venta en masa ya no es una cuestión vital sólo para él, sino también para los rivales que no han sucumbido. La competencia, por lo tanto, se agudiza, se intensifica y se desencadena con mayor violencia cuanto más productivos son los medios de producción puestos en liza.

En consecuencia, la única manera para el capitalista de burlar constantemente a la competencia es introducir nuevas divisiones del trabajo y nuevas máquinas sin esperar a que la competencia haga envejecer los nuevos medios de producción; es decir, subvirtiendo y revolucionando incesantemente el modo de producción. A cada incremento, acumulación y concentración del capital le corresponde una nueva división del trabajo, una nueva aplicación de maquinaria y un perfeccionamiento de la antigua. La cual a su vez conduce, de una forma atropellada, ininterrumpida y una escala cada vez más mayor, a un nuevo y mayor incremento, acumulación y concentración del capital.

Engendrando de este modo una concentración de la producción y del capital tales que, en un cierto grado de su desarrollo, conduce inevitablemente al monopolio.


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