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Conclusiones del ciclo de Escuelas sobre la historia de España
21May

Conclusiones del ciclo de Escuelas sobre la historia de España

A lo largo de dos años celebramos mensualmente una Escuela para estudiar y comprender la historia de nuestro país, desde los Reyes Católicos a la actualidad. Comprender el pasado es una poderosa herramienta para poder transformar el presente.

Estas son las principales conclusiones de una parte de esas escuelas, que completaremos en próximas entregas.

Un fantasma enajena la conciencia de los pueblos hispánicos, el fantasma de su propia identidad. Unidas en Santa Alianza, las fuerzas del mundo imperialista les gritan al unísono: “la culpa de vuestro atraso la tiene Felipe II”. De Wall Street a la izquierda intelectual francesa, pasando por los radicales alemanes, repiten incansablemente, “la colonización española, con sus secuelas de fanatismo e intransigencia, de codicia y holgazanería, de arbitrariedad y caciquismo está en el origen de todos vuestros males”.

¿Qué ciudad del mundo hispano que se precie no tiene su propio museo de la Inquisición para demostrar lo cierto de esta afirmación? ¿En cuántas mentes en apariencia lúcidas no resuena el lamento de “ojalá que fuéramos anglosajones”?

Después de casi dos siglos de división y explotación inglesa, de guerras, anexión, intervención, invasión, “panamización” y “pinochetización” yanqui contra las naciones iberoamericanas, un inverosímil ejercicio de subversión de la memoria y enajenación de las conciencias trabaja afanosamente porque los pueblos hispánicos renieguen de su historia compartida, de su universo cultural común, de sus lazos de sangre, familia y estirpe, en una palabra de su propio ser, para convertirse en espectros en busca de un destino de explotación, saqueo y exterminio que bien conocen los pueblos indígenas de Norteamérica.

De este hecho se desprenden dos consecuencias:

Primera, que la identidad y la unidad de los pueblos hispánicos se halla reconocido por las grandes potencias imperialistas como una fuerza a la que es necesario controlar y anular.

Segunda, que ya es hora de que los pueblos hispánicos reconstruyan y expongan a la luz del día y ante el mundo entero su propia historia, leída a partir de los hechos objetivos y basada en los datos de la realidad. Una lectura propia y veraz de nuestra historia, no la versión de la historia que interesa a la General Motors. Una visión objetiva, material y desde las clases y la lucha de clases de lo que somos y de cómo hemos llegado a serlo. Y que, con ello, descubra y saque a la luz todas las enormes potencialidades que podemos llegar a ser.

Con este fin, las Escuelas a Distancia de marxismo popular de Unificación Comunista de España, en las que participan una amplia representación del mundo hispano, desde España hasta Argentina, Chile, Ecuador, Santo Domingo, Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia…, han elaborado la siguiente síntesis a modo de conclusiones del trabajo de todo un año y como propuesta de esquema desde el que empezar a elaborar la imprescindible historia de los pueblos hispánicos.

1.- Frente a las tesis de la Leyenda Negra acerca del peso de la Iglesia y el carácter fanático, intolerante, supersticioso, servil e irracional del pueblo español como causa del atraso de España, establecer las condiciones materiales –en lo económico, lo político y lo social– de lucha de clases que están en el origen de la decadencia y el atraso de España.

Partir de lo real y objetivo:

  • La afluencia del oro y la plata fruto del descubrimiento de América y las consecuencias que tiene (inflación, aumento del precio de mercancías y salarios, facilidad para la importación de todo tipo de mercancías) para debilitar las fuentes que estaban llamadas a convertirse en el origen y desarrollo del capitalismo español.
  • La derrota de los Comuneros, el primer intento de una revolución que puede enmarcarse ya en los rasgos propios de la época de la burguesía. Lo que no sólo reforzará el poder real, sino que dejará sumidas a las ciudades en los que había empezado a desarrollarse con relativa fuerza una incipiente burguesía comercial y manufacturera en una postración casi total.
  • El coste del mantenimiento de la hegemonía política y militar en Europa y cómo el grueso de la riqueza nacional pasa a manos de los grandes banqueros y prestamistas de Europa.
  • La no unificación de territorios, mercados y leyes impulsada por los monarcas como medio de acrecentar su poder absoluto frente la decadente aristocracia y la debilitada burguesía incipiente.

Frente a:

Una visión de la historia de España creada y difundida por las potencias extranjeras interesadas, primero en debilitar y desmembrar el imperio español para quedarse con sus trozos, y después convertir a España en área de influencia. Y difundida por ellas de forma especial entre las elites ilustradas y progresistas –y que llega hasta la izquierda de nuestros días– con el objetivo de disponer de plataformas internas de influencia e intervención que justifican, en nombre del peso de las tradiciones atávicas en nuestro país, la necesidad de todo tipo de injerencias de las potencias extranjeras más avanzadas para modernizar la sociedad española.

2.- Frente a las tesis de la izquierda progre, de socialdemócratas, revisionistas y nacionalistas sobre el carácter centralizador y uniformador del Estado español desde los tiempos de los Reyes Católicos; la falta de centralización, el mantenimiento de las diferencias y la separación de los diferente territorios peninsulares como uno de las características peculiares de la monarquía absoluta en España que la diferencian del resto de Europa. Una de cuyas consecuencias será la pervivencia de los rasgos diferenciales y la diversidad de las nacionalidades y regiones de España en el tránsito del Antiguo Régimen a la sociedad burguesa moderna y que ha llegado hasta nuestros días.

Partir de lo real y objetivo:

  • Los Estados absolutistas juegan en Europa el papel de régimen político de transición entre el feudalismo y el capitalismo. En ellas se da un relativo equilibrio de poderes entre la agonizante aristocracia feudal, la emergente burguesía urbana y el poder del monarca. Como dice Marx, las monarquías absolutistas jugarán en los principales países de Europa entre los siglos XVI y XVIII el papel de un “laboratorio” político donde se irán ensayando, en forma zigzagueante, las distintas fórmulas de desarrollo de la moderna sociedad burguesa. Entre otras, la monarquía absoluta –bajo influencia de la burguesía revolucionaria y del nuevo modo de producción capitalista emergente– jugará en Europa un papel fundamental en la tarea de unir territorios antes dispersos e independientes dotándose de una base territorial unificada, derribar barreras aduaneras interiores creando un único mercado nacional, derogar fueros y privilegios locales creando una única ley que permita la competencia y el intercambio de mercancías, dotándolos de un único idioma como forma de favorecer la relación entre compradores y vendedores,…
  • Sin embargo, en España, a diferencia de Europa, la monarquía absoluta va a jugar un papel completamente distinto y opuesto. Tras la derrota de los Comuneros, Carlos I se vuelve contra la aristocracia feudal –en la que se había apoyado para luchar contra las ciudades–, derrotándola y sometiéndola también. Desde ese momento, la monarquía española se apoyará y potenciará la histórica configuración descentralizada de los reinos peninsulares –fruto de la peculiar organización territorial creada por los VIII siglos de Reconquista–, favoreciendo numerosos rasgos de la atomización característica de la época feudal, impidiendo que crezcan los intereses comunes a todos los territorios y todos los habitantes, que se potencien los intercambios internos, que se desarrollen las vías de comunicación internas,… única base material desde la que podía emerger un nuevo actor (la burguesía de los núcleos urbanos) con fuerza como para rivalizar, cuestionar y limitar su poder. Esa es la razón de que hasta bien entrado el siglo XIX el mercado interior español esté fragmentado y roto por múltiples barreras aduaneras, que determinados territorios conserven todavía en 1870 privilegios y fueros de origen feudal o que los idiomas, los rasgos diferenciadores y la personalidad de los distintos territorios que componen la nación se mantengan vivos y con una fortaleza impensable comparado con otros países europeos como, por ejemplo, Francia.

Frente a:

La tergiversación y la falsificación de nuestra historia en la que, en lugar de partir de los datos de la realidad y buscar sus causas materiales –por qué España es uno de los países del mundo desarrollado que mantiene esos rasgos profundamente asentados de diversidad en su configuración nacional–, se da como verdad inapelable y que no necesita demostración una interesada confusión entre lo que es una unidad dinástica entre dos coronas (Castilla y Aragón) con una uniformidad impuesta a la fuerza que nunca existió ni remotamente; la centralización en la toma de decisiones políticas con la centralización administrativa que no ocurrirá hasta prácticamente 2 siglos después; la abolición de privilegios, fueros y leyes particulares que traban el desarrollo de la moderna sociedad burguesa con un intento de aniquilación de la personalidad de las nacionalidades y regiones, aniquilación que hasta tal punto no estuvo nunca en la agenda política del Estado que, al llegar a los siglos XIX y XX, ésta es más fuerte de lo que lo era 2 siglos atrás. Una falsificación de nuestra historia que objetivamente ha servido, por un lado, para blindar las corrientes ideológicas y políticas de las burguesías nacionalistas y, por otro (y a consecuencia de ello) para mantener abiertas las líneas de fractura internas en la articulación nacional de España y por lo tanto como factor de debilidad de cualquier proyecto de unidad nacional frente al dominio y la intervención de las potencias extranjeras.

3.- Frente al carácter reaccionario atribuido por la izquierda y los historiadores europeos a la guerra de la Independencia, interpretándola como un movimiento de defensa de los privilegios feudales y (asociado a ellos) del poder de la Iglesia y una manifestación más del carácter servil y fanáticamente intransigente del pueblo español ante las ideas avanzadas y el proyecto modernizador que representan Napoleón y la Francia revolucionaria de su tiempo; el doble contenido revolucionario de la guerra de la Independencia. En la que aparecen unidos la lucha por acabar con el Antiguo Régimen y la defensa de la independencia nacional frente a la agresión de una potencia extranjera.

Partir de lo real y objetivo

  • Frente a la claudicación y la traición de las clases dominantes, son las clases populares quienes se levantan contra la invasión francesa. Desde el mismo principio de la guerra de la Independencia, la alta nobleza y la antigua administración perdieron toda influencia sobre las clases medias y sobre el pueblo al haber desertado en los primeros días de la lucha. Gracias a Napoleón, el país se vio libre de la influencia del rey, de la familia real y del gobierno, rompiéndose así las trabas que de otro modo podían haber impedido al pueblo español desplegar sus energías innatas.

  • Ya desde meses antes, con el motín de Aranjuez, la destitución de Godoy y la eliminación de toda la corrupta camarilla real era el objetivo de las revueltas populares. Tras el 2 de mayo, este objetivo fue conseguido a escala nacional. En Valladolid, Cartagena, Granada, Jaén, Sanlúcar, La Carolina, Ciudad Rodrigo, Cádiz y Valencia, los miembros más eminentes de la antigua administración –gobernadores, generales y otros destacados personajes sospechosos de ser agentes de los franceses y un obstáculo para el movimiento nacional– cayeron víctimas del pueblo enfurecido. En todas partes, las autoridades fueron destituidas.

  • La dirección de la insurrección contra el francés estuvo dirigida, en los centros vitales del país, por una minoría activa e influyente, para la que el alzamiento popular contra la invasión francesa era la señal de la regeneración política y social de España. Componían esta minoría los habitantes de los puertos, de las ciudades comerciales y parte de las capitales de provincia donde, bajo el reinado de Carlos III, se habían desarrollado hasta cierto punto las condiciones materiales de la sociedad moderna. Les apoyaba la parte más culta de las clases superiores y medias –escritores, médicos, abogados, e incluso clérigos– y los jóvenes de las clases medias, tales como los estudiantes universitarios, que habían adoptado ardientemente las aspiraciones y los principios de la revolución francesa. Su manifestación política fue la constitución de las Juntas locales y provinciales. En las órdenes, decretos y disposiciones de todas ellas, la organización de la defensa contra los franceses estuvo acompañada de la derogación de la vieja ley y su sustitución por nuevas medidas revolucionarias acordes con la instauración de la moderna sociedad burguesa.

  • La causa del fracaso de la revolución estuvo en su dirección, en la misma composición de la Junta Central (grandes de España, prelados, títulos de Castilla, ex ministros, altos empleados civiles y militares de elevada graduación) llamada a dirigirla; fracasó en la defensa del país porque fracasó en su misión revolucionaria. Estuvo más pendiente de sofocar los arrebatos revolucionarios de las Juntas Provinciales que no cesaban de condenar el Antiguo Régimen y prometer reformas radicales. Por eso, cuando en 1812 las Cortes de Cádiz elaboran una de las Constituciones más avanzadas y progresistas de la época, su efecto práctico es nulo. Las Cortes fracasaron, no como afirman los autores franceses e ingleses, porque fueran revolucionarias, sino porque sus predecesores habían sido reaccionarios y no habían aprovechado el momento oportuno para la acción revolucionaria.

Frente a:

Esta caracterización de la guerra de la Independencia como un movimiento reaccionario se corresponde con una visión que enlaza directamente con las ideas de la Leyenda Negra y que ha sido históricamente predominante entre grandes sectores de las clases medias, los sectores ilustrados y en nuestro días en la izquierda. Una visión –profundamente errónea, elitista y reaccionaria– sobre nuestro propio pueblo como un pueblo inculto, intolerante, presa fácil del fanatismo religioso y dado al oscurantismo y la irracionalidad. Lo que explica, desde este punto de vista, el peso de la reacción y de la Iglesia en España y hace necesario tener que recurrir a la ayuda externa para poder vencer a fuerzas tan poderosas y arraigadas.

4.- Frente a la visión de un siglo XIX caracterizado por la lucha entre liberales y absolutistas, entre modernidad y reacción; la intervención imperialista de Francia e Inglaterra disputándose convertir a España en área de influencia suya como el factor determinante en el desarrollo de todo el siglo XIX.

Partir de lo real y lo objetivo:

  • Desde la instauración de la dinastía borbónica a comienzos del siglo XVIII, España se va a convertir, prácticamente, en un virreinato francés. Los lazos familiares de la nueva dinastía determinarán una política “familiar” por la que España dejará de tener una voz propia en el mundo y su política exterior estará dictada por los intereses de París. Por dos veces se verá arrastrada –en contra de sus propios intereses– a una guerra con Inglaterra en la que perderá desde el vital enclave para el comercio americano de la isla de Trinidad a su flota de guerra en Trafalgar. Por otras dos veces se verá invadida por ejércitos franceses (Napoleón y los Cien Mil hijos de San Luis). Otras tantas, París propiciará, alentará y sostendrá las guerras carlistas. Los banqueros franceses serán los grandes prestamistas de un Estado español en bancarrota durante todo el siglo XIX. La construcción del ferrocarril (el gran motor del desarrollo capitalista durante prácticamente todo el siglo XIX) en España estará en sus manos. El grueso del capital bancario existente en España durante buena parte del siglo estará monopolizado por las delegaciones en Madrid de los bancos franceses.
  • Inglaterra, por su parte, dedicará sus energías a desmembrar el Imperio español y contrarrestar el dominio francés sobre la península. Provocará, a través de la masonería, el golpe de Riego que impide el traslado a América del ejército llamado a sofocar las insurrecciones americanas que ella misma está alentando. Se hará dueña de las principales riquezas mineras españolas. Combatirá cualquier tipo de proteccionismo dirigido a fomentar la industria nacional mediante su apoyo a los liberales (Mendizábal, Espartero, Salmerón,…). Cada etapa de gobierno liberal (o republicano) en España durante el siglo XIX traerá consigo un importante avance en la penetración y el control del capital inglés en la economía española y un aumento de la influencia de la embajada inglesa en los asuntos del país (“Aquí regenta el regente, el que manda vive enfrente”).
  • La injerencia y las intrigas de Inglaterra y Francia en los asuntos españoles se produce a través de una tupida red de mecanismos de intervención, siendo la influencia sobre el ejército, las fuerzas políticas, la masonería española y los cuadros del Estado los principales de ellos. Detrás del turbulento siglo XIX español en el que, tras la guerra napoleónica, va a dejar de existir un Estado propiamente dicho hasta la Restauración, detrás de la sucesión de golpes y pronunciamientos que jalonan el XIX español, encontramos a una u otra potencia, Francia o Inglaterra, utilizándolos como medios para reconducir el rumbo de nuestro país hacia sus intereses de dominio. Son frecuentemente encabezados por emigrados procedentes de Inglaterra o Francia, juegan un papel importante las sociedades secretas –la masonería– y tienen su centro en la embajada respectiva.

Frente a:

Hacer desaparecer la intervención del imperialismo como factor fundamental que explica el siglo XIX español, justamente en el momento en que el capitalismo se está desarrollando a marchas aceleradas con la aparición de la gran industria y se están conformando las grandes potencias mundiales que van a regir los destinos del mundo durante los próximos siglos. Achacar el atraso económico y político de España a los demonios familiares, internos, a las innatas tendencias fratricidas, a la indolencia y falta de laboriosidad del pueblo español, ocultando cómo la intervención de las potencias imperialistas sobre nosotros, buscando apoderarse de las riquezas y de la posición de España y evitar que pudiera surgir y desarrollarse una potente capitalismo autóctono, y por lo tanto rival, está en el origen de que los siglos XVIII y XIX hayan sido, literalmente, dos siglos perdidos para España.

5.- Frente a la idea de una colonización de Iberoamérica hecha a sangre y fuego, de expolio y saqueo sin límites, exportando atraso, incultura, opresión, violencia y dominio caciquil, los lazos entre Cuba y España son el ejemplo más alto que permite poner de manifiesto cómo, históricamente, las relaciones entre España e Iberoamérica son mucho más ricas y profundas, van mucho más allá de las que mantiene una metrópoli con su colonia. Sólo desde aquí es posible entender las bases materiales desde las que se ha ido forjando en lo económico, lo político, lo social, lo cultural, lo espiritual o lo familiar la profunda unidad del mundo hispano.

Partir de lo real y lo objetivo:

  • A lo largo de los siglos XVIII y XIX, Cuba alcanza un grado de dinamismo y desarrollo económico, industrial y comercial que la convierten en una plaza importantísima del mercado mundial, con una entidad propia que le permite rebasar ampliamente su condición de colonia. En muchos aspectos, Cuba desborda a la metrópoli peninsular: es la primera productora mundial de azúcar, que era a su vez el primer producto básico del comercio internacional, y de bananas. Posee una importante industria tabaquera y un excelente complejo de vías férreas. Los salarios de los trabajadores en la isla son considerablemente más elevados que en España. La importancia y el desarrollo de Cuba se refleja en que, por ejemplo, diez años antes que la península, se levantan las primeras vías férreas, así como las primeras comunicaciones telefónicas. A finales del siglo XIX, la renta per cápita de Cuba sólo era comparable en América a la de unos pocos Estados ricos de EEUU (Nueva York, Massachusets, Nueva Jersey,…), y muy superior a la de España o al de la inmensa mayoría del resto de Estados de EEUU. (Algo similar a lo que ocurría cuando la independencia de las naciones iberoamericanas, cuyo nivel de vida era similar entonces a los EEUU que ya llevaban casi medio siglo independizados).
  • El desarrollo económico cubano propicia la formación de una poderosa oligarquía criolla, que gobierna de hecho la isla, con un grado notable de autonomía y con capacidad, por tanto, de establecer un nuevo tipo de relación con la metrópoli. Al mismo tiempo, este gran desarrollo económico de Cuba será una base fundamental de acumulación de capital para la oligarquía española. Sobre esta base de intereses mutuos, la oligarquía criolla se entronca familiarmente con los mandos militares peninsulares y las altas jerarquías de la administración colonial, accede a importantes cargos en la administración del Estado español, a títulos de nobleza que la emparentan con la aristocracia española y, en un caso único en la historia del colonialismo mundial, posee un ejercito propio formado y dirigido por la misma oligarquía criolla.
  • Pero estas relaciones “familiares” entre Cuba y España sobrepasan con mucho el ámbito de las clases dominantes para impregnar al conjunto de la sociedad, a ambos lados del Atlántico. Entre 1868 y 1894 llegan a Cuba un millón de peninsulares, para una población de millón y medio de habitantes. No formarán, a diferencia de lo típico de las relaciones coloniales, ninguna elite, sino la mitad de la población, procedente de todos los sectores sociales, desde comerciantes a soldados o trabajadores atraídos por las mayores oportunidades de la isla. Se van a fundir con el pueblo, formando parte integrante de la sociedad cubana. Los matrimonios mixtos son frecuentes, formando familias con ramas a ambos lados del Atlántico. Se produce una profunda hispanización de Cuba, sobre todo en las ciudades.

Frente a:

En este punto encontramos uno de los nódulos esenciales de la tergiversación y la falsificación de nuestra historia. Una especie de lobotomización tan profunda que ha sido capaz de enajenar la conciencia colectiva de los pueblos hispánicos, haciéndoles renegar de su propio ser. Desde la Leyenda Negra hasta los imperios anglosajones se han encargado de hacer calar hasta extremos impensables la idea de que el origen de todos los males de Iberoamérica se encuentran en la desgracia de haber sido colonizados por la España de la Inquisición y la intolerancia en lugar de haberlo sido por la próspera y avanzada Europa o sus sucesores norteamericanos. Sin tener la más mínima conciencia de que, de haber sido esto así, el destino de Iberoamérica habría sido el de ver a su población indígena exterminada y recluida en reservas (como ocurrió en EEUU) o el de haberse convertido, literalmente, en el África del Hemisferio Occidental. Después de dos siglos de dividir, enfrentar, explotar, invadir, intervenir, “panamizar” o “pinochetizar” a Iberoamérica, resulta inverosímil escuchar en amplios sectores de las elites intelectuales progresistas iberoamericanas el anhelo de “ojalá hubiéramos sido colonizados por el mundo anglosajón”.

6.- Frente a la idealización del movimiento obrero, entendido prácticamente como la aparición de un “espíritu puro”, portador de unos ideales y una esencia inmaculados; el mimetismo, la incapacidad histórica del movimiento obrero español de tener un pensamiento propio, de pensar con la propia cabeza y atreverse a trazar su propio camino revolucionario. Y, a consecuencia de ello, la permanente “venda en los ojos” que no sólo hace desaparecer la opresión y la explotación imperialista que sufre la clase obrera española del horizonte de su pensamiento y de su lucha, sino que en ocasiones convierte al movimiento obrero y sus luchas en agente inconsciente de los intereses imperialistas de dominio sobre nuestro país.

Partir de lo real y lo objetivo:

  • Ya en su mismos orígenes, la corriente marxista del movimiento obrero español copia mecánicamente la línea, los análisis y las alternativas pensadas por la AIT para una realidad bien distinta a la española. Mientras en la Europa desarrollada de aquellos momentos (1870) se está abriendo paso ya el camino que conducirá inmediatamente de la gran industria al monopolio y al capitalismo monopolista de Estado, España es virtualmente poco más que un país semicolonial. Dependencia política y económica de las grandes potencias, raquítico desarrollo capitalista e industrial, una economía de tipo semicolonial basada en la exportación de productos primarios y la importación de capital extranjero, predominancia de las relaciones semifeudales en el campo,… Y sin embargo, como reconoce el propio Pablo Iglesias, el programa con el que se funda el PSOE es una traslación con ligeras adaptaciones del programa del Partido Obrero Francés, es decir, un programa ajeno a la realidad concreta de la España de entonces.
  • Como consecuencia de esta traslación mecánica, el movimiento obrero marxista español mantendrá desde sus orígenes una acusada tendencia hacia el economicismo (y por lo tanto al reformismo) dominante en los partidos socialistas europeos. Pero mientras que en los países europeos estas tendencias tienen su base material en el fuerte desarrollo capitalista, la aparición del imperialismo y la existencia de una aristocracia obrera, en España las tendencias economicistas-reformistas, faltas de una base social y enfrentadas a la histórica tradición combativa de nuestro pueblo, abrirá las puertas al arraigo de la influencia anarquista durante décadas. Por otro lado, el economicismo contribuirá a mantener la ceguera histórica ante la intervención imperialista, poniendo todo el centro de la lucha de la clase obrera en el desarrollo de las fuerzas productivas.
  • El débil desarrollo capitalista, basado principalmente en la pequeña y mediana industria, las condiciones de la Desamortización que crean una enorme bolsa de jornaleros sin tierra en el campo y, sobre todo, la inexistencia de la gran industria en España prácticamente durante todo el siglo XIX son la base material que favorecen la implantación y el arraigo del anarquismo en nuestro país. A causa de ello, la mentalidad propia proveniente de los artesanos y del campesinado se mantendrá a lo largo del tiempo entre amplios sectores del proletariado español, convirtiéndose en un caldo de cultivo idóneo para la ideología individualista propia del anarquismo. Las condiciones de existencia propias de estos sectores de la clase obrera los hacían propicios a hacer suya cualquier doctrina radical que mantuviera viva la esperanza de que aún podían recobrar su antigua posición en la sociedad, restableciendo –aunque fuera bajo nuevas formas– sus antiguos modos de vida: el trabajo en el taller no sometido al dictado del patrón o en la parcela de tierra propia de las que el Estado los había despojado. Patrón y Estado se convierten así en los enemigos a los que hay que destruir, valiéndose de cualquier medio para ello.
  • No es posible entender los inicios de la organización política y sindical del movimiento obrero de nuestro país sin hacer referencia a la importante influencia que desde el exterior llegó a nuestro país en forma de tramas organizativas internacionales, de teoría y de cuadros. Todavía está por establecerse con exactitud los límites de la intervención de las potencias extranjeras y del papel jugado por la masonería sobre el movimiento obrero español, así como la influencia precisa que éstas han tenido en la histórica ceguera del movimiento obrero ante el problema de la dominación imperialista. Pero de que esta intervención ha jugado un papel de primer orden no cabe ninguna duda.

Frente a:

Dejarse llevar por la enorme combatividad de la clase obrera española –que es uno de sus rasgos característicos– pero sin entender ni partir que la histórica venda en las ojos que le ha acompañado desde su nacimiento –excepto en breves períodos excepcionales– le ha impedido jugar un papel protagonista ni hacer valer sus intereses como clase.

7.- Frente a la concepción del marxismo como un determinismo histórico, en el que las cosas están escritas de antemano y es inevitable que ocurrieran como fueron, el papel de los individuos y la fuerzas políticas que ante cada encrucijada toman una u otra opción y de ella depende como transcurran los acontecimientos. No era inevitable que la Iª Guerra Mundial estallara en la forma como lo hizo y con los contendientes que la protagonizaron. Fue un auténtico suicidio de las potencias dominantes, que se aniquilaron entre ellas mientras nuevos y más poderosos rivales estaban emergiendo.

  • En 1910, las potencias europeas se encuentran en el cenit de su poder. Europa es el centro económico del mundo (Inglaterra, Francia y Alemania copan el 62% de las exportaciones mundiales y el 83% de las inversiones exteriores, la libra es la moneda internacional y Europa es la intermediaria obligatoria de todo el comercio mundial), político (las metrópolis europeas extienden sus imperios por todo el orbe), militar, científico, cultural…
  • Un directorio de grandes potencias europeas garantiza la estabilidad económica, política y militar del orden mundial. La hegemonía inglesa es aceptada por todos, pero la posición de privilegio de Europa occidental es también beneficiosa para Francia o Alemania. Las contradicciones entre las grandes potencias europeas por los mercados coloniales pueden ser tratadas mediante pactos, alianzas o concesiones.
  • El espectacular desarrollo económico de Alemania –que llega a superar a Inglaterra- agudizan las contradicciones de Berlín –cuyo acelerado crecimiento industrial exigía ampliar su insignificante imperio colonial- frente Londres –que empezaba ya a perder su hegemonía- y París. Pero, aunque esta contradicción reviste un carácter antagónico, el estallido de la guerra entre las grandes potencias europeas responde a una errónea valoración. Londres, París y Berlín no supieron valorar la derrota rusa ante Japón o la anexión de Cuba, Puerto Rico y Filipinas por parte de EEUU, como los indicios evidentes de que la principal amenaza para la posición hegemónica de todas ellas procedía de potencias en ascenso y hasta ese momento periféricas. En cambio, se embarcaron en un conflicto que acabó su privilegiada posición en la jerarquía imperialista.
  • La primera consecuencia de la Iª Guerra Mundial será la autoaniquilación de la hegemonía europea, que nunca será recuperada. El coste de la guerra representará el 30% de la riqueza nacional francesa, el 22% de la alemana o el 32% de la inglesa; Londres perderá el 75% de sus inversiones en el extranjero y Paris el 50%; su capacidad para imponer el dominio sobre sus tradicionales áreas de influencia se verá considerablemente debilitado. Frente a la debacle europea, EEUU, aunque todavía lejos de poder encaramarse al rango de superpotencia, saldrá de la contienda como la primera potencia mundial.

Frente a:

Una concepción del marxismo determinista, indisolublemente ligada al economicismo, que eleva al rango superior y casi único la determinación mecánica de las condiciones materiales, simplificándolas hasta el extremo, y sobre todo sustrayendo la primacía de la lucha de clases.

Es decir, se trata de una visión esquemática, borrando que la decisión y voluntad de las clases (y aquí se incluyen sus proyectos, la delimitación de sus enemigos y los sistemas de alianzas, la actuación de sus cuadros…) toman decisiones ante las encrucijadas de la lucha de clases, incidiendo en su desarrollo de forma decisiva.

Aplicado al desencadenamiento de la Iª Guerra Mundial, esta visión determinista nos impide comprender el movimiento profundo de la lucha de clases en esos momentos (el ascenso de potencias hasta entonces periféricas –EEUU, Japón- frente a la tradicional hegemonía europea). Así como el hecho de que –a diferencia de la IIª Guerra Mundial- la conflagración bélica en las condiciones que estalló en 1918, provocó como consecuencia una grieta en el orden imperialista.

8.- Frente a la visión del imperialismo como todopoderoso, la grieta en el orden imperialista que abre la Iª Guerra Mundial permite el surgimiento de una energía transformadora en todos los ámbitos –político (revolución rusa, proyecto de Primo de Rivera…), psicoanálisis, cine, espiritual…-.

  • La situación resultante tras la Iª Guerra Mundial provoca una grieta en el orden imperialista, que avanzará hacia una profunda desestructuración del orden mundial, plasmado en la inexistencia de una potencia o directorio de potencias que puedan garantizar una jerarquía estable y un orden mundial sólido. Las viejas potencias dominantes (Inglaterra o Francia) están extremadamente debilitadas –tanto en su capacidad económica como en cuanto a la intensidad de su dominio sobre sus antiguas áreas de influencia-. EEUU, elevada a primera potencia mundial, carece todavía de los mecanismos de intervención y dominio políticos, así como de la fortaleza militar necesaria como para convertirse en patrón del orden mundial, y ni siquiera un designio de esta naturaleza está en la voluntad de la burguesía norteamericana.
  • Esta grieta y desestructuración del orden imperialista, y la erosión de la intensidad de su dominio, permite el desarrollo de múltiples proyectos revolucionarios o autónomos.La primera y más importante consecuencia de la grieta imperialista será la revolución de octubre, que a su vez agudizará la destructuración del orden capitalista. La explosión de la Iª Guerra Mundial, donde se aniquila el viejo orden hegemónico de las potencias europeas, permite el triunfo de la revolución soviética –junto al estallido de otras revoluciones sofocadas por la burguesía en Alemania, Hungria…-. La consolidación del poder soviético, y la extensión de los partidos comunistas de corte bolchevique, capaces de llevar a buen puerto la revolución, amenazarán a la burguesía, no con incontrolados estallidos revolucionarios, sino con un cuestionamiento real de su poder de clase.Al mismo tiempo, el viejo orden colonial asentado sobre la hegemonía de las potencias europeas se viene abajo sin que pueda ser sustituido todavía por otro. Las colonias o países semicoloniales emprenden una importante lucha por recobrar su independencia o alcanzar cotas de autonomía: La India alcanza el acta de autoadminitración, Persia se independiza del protectorado inglés y Londres reconoce la indepedencia formal de Egipto…El debilitamiento de los lazos de dependencia por parte de las debilitadas potencias permite el desarrollo de proyectos independientes en sus áreas de influencia: la dictadura de Primo de Rivera en España, así como proyectos similares en Argentina, Brasil o Canadá.
  • La grieta en el dominio del imperialismo permite que las energías transformadoras se expresen en todos los ámbitos de la actividad humana: las vanguardias artísticas se desarrollan con una libertad desconocida, y una creciente radicalidad contra los fundamentos ideológicos y morales del orden y la autoridad burgueses; en la ciencia asistimos al desarrollo de la mecánica cuántica, el psicoanálisis se populariza y adquiere prestigio social.Esta explosión de creatividad tendrá en España –donde los lazos de dependencia de las potencias tradicionales, Inglaterra y Francia, se han debilitado- un destacado ejemplo. Es la época de la generación del 27, de la residencia de estudiantes, de Lorca, Buñuel, Dalí, de Ramón y Cajal y Severo Ochoa en ciencia, Sánchez Albornoz en historia…

Frente a:

La visión de un imperialismo todopoderoso ante el cual sólo es posible reivindicar una quimérica estabilidad o combatir sus manifestaciones más belicistas o salvajes, está en contra del mismo desarrollo histórico.

Obviando el antagonismo de las contradicciones imperialistas, que han provocado ya tres guerras mundiales, la defenestración de varios imperios aparentemente inmutables o ultraagresivos (desde el imperio inglés a la URSS).

La aparente estabilidad y exitoso desarrollo bajo la hegemonía europea anterior a la Iª Guerra Mundial escondía antagónicas contradicciones que acabaron por hundir su dominio.

Asimismo, frente a la visión que exige al imperialismo estabilidad para que pueda haber desarrollo, o que considera inevitable el dominio imperialista y busca desarrollos “en los márgenes del sistema”, fue la quiebra del orden imperialista, el debilitamiento de su dominio lo que ha permitido la mayor expresión de energía transformadora en todos los ámbitos, desde el político al artístico o científico, alcanzando en muchos campos cotas aún no superadas.

9.- Frente a la valoración de la dictadura de Primo de Rivera como una vuelta a la dominación de los sectores más reaccionarios y decadentes de la clase dominante española para contener al movimiento obrero y revolucionario, el régimen de Primo como la encarnación de un proyecto nacional oligárquico que busca crear las condiciones que permitan el desarrollo de un capitalismo nacional y autónomo, para lo cual necesita, en primer lugar, romper lazos de dependencia con Francia e Inglaterra y avanzar en la conquista de la independencia política.

  • El fortalecimiento oligárquico tras la Iª Guerra Mundial había agudizado las fricciones y contradicciones entre los intereses de las potencias tradicionales y los intentos de la clase dominante española por transformar las caducas estructuras económicas y políticas de la Restauración para impulsar el desarrollo capitalista. A cada avance en este sentido (Maura, Canalejas, Cambó…) le sucede una reacción de Francia e Inglaterra moviendo los múltiples hilos de intervención en España.
  • La dictadura de Primo de Rivera es un intento por quebrar esta situación e impulsar desde el Estado un capitalismo nacional e independiente de los centros de poder imperialistas. Un proyecto de desarrollo nacional que sólo es posible sobre la base de romper los lazos de dependencia y los mecanismos de intervención que Inglaterra y Francia disponían en España. Internamente, el nuevo régimen liquidará el sistema de partidos y la casta política de la Restauración, uno de los principales mecanismos de intervención del imperialismo. En el plano internacional desarrollará por primera vez una política exterior independiente, buscando defender los intereses nacionales y no actuar como peón de una u otra potencia.
  • Sólo desde este grado de autonomía, el régimen primoriverrista desarrolló una amplia política de promoción y protección de la industria nacional, que constituyó un impulso decisivo a la modernización y desarrollo español. Este impulso a un desarrollo nacional obligaba a cuestionar los intereses de las principales burguesías monopolistas que habían controlado históricamente los centros neurálgicos de la economía española. Este antagonismo alcanzará su grado máximo con la expropiación de la Standard Oil y la Shell para crear CAMPSA, cuyo primer objetivo es la recuperación del control nacional sobre sectores estratégicos como el energético, y concebida como base de un sólido conglomerado energético español, cabeza y motor del desarrollo industrial.

Frente a:

La posición de valorar el régimen de Primo de Rivera en función de su carácter autoritario, despreciando su carácter nacional, aún cuando se enfrentara –en algunos casos virulenta y evidentemente, como con la creación de CAMPSA, a los intereses imperialistas-. Una manifestación de la “venda en los ojos”, que conduce a coludirse, o buscar el apoyo, de las potencias “democráticas” para enfrentarse a la reacción interna.

Borrando que la línea de demarcación principal –independientemente de la orientación política o ideológica- es la posición ante el imperialismo, y la primera premisa para un futuro de progreso y libertad es precisamente acabar con el dominio del imperialismo.

10.- Frente a la idealización y glorificación de la IIª República como un régimen modélico de pluralismo y libertad con el que identificarse, el cambio del centro de gravedad en la situación política del país que supone, y la regresión histórica que, objetivamente significa. De estar la lucha por la independencia política de España en el centro de la actividad del país, la vuelta a la lucha anticlerical, contra las castas aristocráticas y militares, por el laicismo… Haciéndolo, además, debido a la influencia de una pequeña burguesía errática y masónica, con tal grado de sectarismo que producirá la división del país en dos mitades cada vez más irreconciliables.

  • Si durante los seis años de régimen primoriverrista el centro de la política nacional ha sido el desarrollo de un proyecto nacional, que obligaba a la ruptura de los lazos de dependencia con las principales potencias, la dirección imprimida a la IIª Republica por las organizaciones de la pequeña burguesía (especialmente vinculadas a las ramas francesas de la masonería), junto a la histórica ceguera de las fuerzas revolucionarias respecto al imperialismo, entierran cualquier horizonte de conquista de la independencia nacional, sustituyéndolo por una estéril confrontación contra los sectores más retrógrados de la reacción interna.
  • Si en 1917 un escritor cercano a Cambó afirmaba: “Se presentan para España dos caminos: o recibir, aceptar humildemente agradecida el capital extranjero, más o menos disimulado o suave, y por ende el dinero extranjero, la técnica extranjera, y que sean los embajadores extranjeros los que gobiernen con su baraja de ministros, ministrables y presidentes, con sus cortesanos adictos y sus generales afectos y sus magistrados agradables y sus periodistas e intelectuales a sueldo, o España tiene que buscar ardientemente el camino del trabajo, del estudio, de la austeridad y el deber, la reconquista de su casi perdida independencia política, de su riqueza monopolizada por la banca extranjera, haciéndose su técnica propia, su banca propia, su cultura propia para llegar a ser nación independiente de pleno iure”; en 1932, la dirección política de la pequeña burguesía colocará a la iglesia como blanco principal, recuperando incomprensiblemente las banderas de la leyenda negra.
  • El grado de radicalidad y sectarismo impreso por la pequeña burguesía a la república, especialmente en la política antirreligiosa, dividirá al país en dos mitades irreconciliables en torno a un combate erróneo, entregando una base de masas a la reacción, e impidiendo que pudiera unirse al 90% del país en torno a un proyecto patriótico y democrático.11.- Frente al desarrollo del régimen republicano como fruto exclusivamente de la lucha popular o de la actuación de las elites republicanas, la debilidad de las potencias tradicionales –que no pueden influir de forma decisiva en los acontecimientos internos- y la falta de corporativización de la oligarquía como un elemento que –al dividir a la clase dominante e múltiples fracciones políticas distintas y enfrentadas- permite que pueda desarrollarse a un nivel desconocido hasta entonces el aumento de la conciencia y organización popular y la irrupción y el crecimiento de las fuerzas revolucionarias.
  • Las potencias imperialistas que tradicionalmente habían ejercido su influencia en España se encuentran a partir de 1931 en una situación de extrema debilidad. Inglaterra se enfrenta a la crisis terminal de su imperio, obligando a la burguesía inglesa a adoptar durante siete años gobiernos de concentración nacional, y Francia esta inmersa en una profunda crisis económica y sometida a una profunda inestabilidad interna. Aunque conservan una importante presencia en España –especialmente Inglaterra- no pueden imponer una influencia decisiva sobre el rumbo de los acontecimientos internos.
  • Aunque se ha desarrollado espectacularmente en el terreno económico, la oligarquía no se encuentra todavía corporativizada políticamente como clase no se han establecido las relaciones y mecanismos internos que le permitan marchar de forma unificada en torno a un mismo proyecto político. Por el contrario, la falta de conciencia de sus intereses corporativos como clase, la primacía de los intereses de cada sector o clan, imponen una considerable atomización política que determinan la incapacidad de la oligarquía para controlar los acontecimientos internos.

Durante los 14 meses de transición entre la defenestración de Primo de Rivera y la proclamación de la República, y especialmente durante los años del nuevo régimen, diferentes sectores oligárquicos impulsarán proyectos no sólo diferentes sino antagónicos entre sí, y ni siquiera en las mejores condiciones –con el triunfo electoral de la CEDA- serán capaces de unificarse.


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