Denunciar y aislar al nazi-fascismo de Arzallus

Editorial del periódico quincenal  De Verdad.  2ª quincena de marzo de 2001

Hace ahora diez años, un grupo de destacados intelectuales vascos de izquierdas anunciaban, en un artículo firmado colectivamente, «en Euskadi se está formando una cruz gamada». Entonces, a la mayor parte de la sociedad española nos costaba verlo. Hoy, en Euskadi, se vive «un clima de terror»  por las «agresiones contra aquellos que, en privado o en público, han tomado posición a favor del orden constitucional (…) o hayan podido emitir o escribir opiniones críticas sobre el nacionalismo».  Agresiones «contra ellos, sus familias y sus bienes» que transcurren «en un clima de impunidad casi total» y que tienen como objetivo, «no sólo la vida, la libertad y la seguridad de las personas»  sino también «la libertad de pensamiento, de reunión y de asociación». En Euskadi, hoy, el sistema educativo roza la «incitación a posiciones racistas y xenófobas». En este «clima general de miedo» se puede apreciar la «responsabilidad del gobierno vasco en la falta de una protección suficiente y eficaz de los derechos fundamentales».

Las frases entrecomilladas bien podrían describir la situación de Alemania en 1933-34, los años iniciales del régimen nazi. Sin embargo corresponden, textualmente, al Informe presentado hace unos días por el Comisario Europeo para la protección de los Derechos Humanos, Alvaro Gil Robles.

Algunos sectores, sobre todo en la izquierda, han considerado hasta ahora un «exceso» caracterizar como nazi-fascista la línea impuesta por Arzallus. El informe del Comisario Europeo zanja esta discusión para trasladarla a un ámbito superior. ¿Por qué en la España democrática del siglo XXI puede aparecer una línea nazi-fascista de estas características? ¿Qué condiciones políticas hacen posible su existencia? ¿Qué intereses materiales de clase la sostienen y empujan su desarrollo? Y, sobre todo, ¿qué hacer para aislarla y derrotarla?

Entre el racismo y la mimetización

Desde sus orígenes, los núcleos dirigentes del PNV –no sus bases o sus cuadros intermedios que, en lo principal, se agrupan en él para luchar por unas justas reivindicaciones contra la opresión nacional– han tenido un marcado carácter racista. El racismo propio de quienes se consideran a sí mismos los etxekojaunchu (el señor del caserío) de Euskadi, que necesitan señalar y aislar a los de fuera, cuando los trabajadores inmigrantes empiezan a crear sus propias organizaciones sindicales y políticas de clase cuestionando su histórico dominio sobre la sociedad vasca.

Este racismo originario siempre ha estado subordinado a la vinculación de la dirección peneuvista  con una u otra potencia imperialista en cada período histórico. Uno de los rasgos  estructurales del PNV consiste en su capacidad de mimetizar las formas ideológicas y políticas del imperialismo de turno con el que se alinea. Del vínculo vaticano adquirió la doctrina social-cristiana que dio origen a ELA-STV. De los largos períodos de vinculación con los imperios anglosajones (Inglaterra hasta la II Guerra Mundial, EEUU tras ella) la línea dominante en el PNV mimetizó las formas democrático-parlamentarias, hasta el punto de oponerse con las armas a Franco. Aunque eso no le impediría, años después, trabajar para la CIA en Iberoamérica.

Sin embargo, existe un sector de la dirección del PNV dispuesto a apostar radicalmente por la independencia y que, de acuerdo con ello, dependiendo de la situación internacional va cambiando de alianzas y de alineamiento con las potencias imperialistas, poniéndose al servicio de aquellas que más puedan favorecer sus objetivos y mimetizando en cada cambio las formas de la nueva potencia en que buscan cobijo.

La línea nazi-fascista que hoy domina la dirección del PNV no es sino el reflejo del alineamiento de este sector con lo que podemos llamar el sector bávaro del hegemonismo emergente alemán, la fracción de la burguesía monopolista alemana gracias a la cual son posibles en Europa personajes como Haider o Arzallus.

Kosovizar Euskadi para balcanizar España

Si hoy un sector del empresariado y la iglesia vasca puede encabezar una alternativa nazi-fascista que pone en grave peligro la unidad de España, es porque Arzallus ha visto la ocasión de lanzarse a aprovechar las contradicciones existentes entre los dos hegemonismos que tienen intereses de dominio sobre nuestro país. Mientras España se mantenga como un peón inactivo en el tablero mundial y la política española de alianzas esté fija, en lo principal, en la órbita de Washington, EEUU -aunque le convenga que la herida de Euskadi no se cierre para utilizarla como factor de debilitamiento e intervención- no optará por el fraccionamiento ni estará interesado en impulsar y sostener el proyecto de división y enfrentamiento étnico nazi-fascista de Arzallus.

Precisamente por ello la línea capiteanada por Arzallus ha buscado la connivencia, el alineamiento y la vinculación con el emergente hegemonismo alemán. Particularmente con la fracción de la burguesía monopolista alemana más voraz, agresiva y expansionista que no ha dudado en la última década, para avanzar en su proyecto de hegemonía sobre Europa, en provocar la interminable guerra en Yugoslavia o la partición de Checoslovaquia. Un sector bávaro del hegemonismo alemán que ha desempolvado el viejo proyecto de la Alemania de Hitler de la «Europa de los pueblos», con formas distintas adaptadas a las nuevas condiciones y al nuevo tiempo histórico pero idéntico en cuanto a su naturaleza y contenido.

La idea básica de la «Europa de los pueblos» en que hoy se apoya Arzallus para llevar adelante su línea nazi-fascista consiste en la creación de múltiples grupos tribales, de múltiples comunidades étnicas fragmentadas y enfrentadas entre sí y, consecuentemente, guiadas y sometidas por la «etnia superior» que posee un proyecto de conjunto y la capacidad material para llevarlo adelante: la nación étnica alemana. La reaparición en Europa  de la división racial, los éxodos y genocidios étnicos, el enfrentamiento civil, la fragmentación de los Estados nacionales son,… indisociables del desempolvamiento de este viejo proyecto.

Para esta línea de la clase dominante alemana no se pueden dar saltos cualitativos en la hegemonía germánica sobre Europa sin alterar sustancialmente el orden político, la cadena de alianzas y dependencias y el sistema de estructuras sociales y nacionales europeas heredadas de la Guerra Fría y que están pensadas y diseñadas para preservar y fortalecer la hegemonía yanqui sobre el Viejo Continente.

Kosovizar Euskadi para balcanizar España. En esta imagen se encierra la naturaleza de los planes de penetración, intervención y dominio del sector bávaro de la burguesía monopolista alemana que ha apostado decididamente por la Europa de los Pueblos.

La singularidad vasca
 
Llevar adelante un proyecto de este alcance exige, en cualquier lugar que se busque la fractura y la división, una línea de fragmentación social, de división étnica, de enfrentamiento cívico. Pero si, como en el caso de España, la unidad se asienta en sólidos lazos creados durante siglos de convivencia, cruce y mestizaje, entonces se hace necesario multiplicar la ferocidad para provocar el desgarro. Y obliga, al mismo tiempo a dotarse de un brazo armado como complemento indispensable de la estrategia política.

En tanto que sólo puede imponerse por la fuerza y el terror sobre la parte de la población que se opone a ella, es preciso utilizar métodos nazis, inculcando en la sociedad una ideología y una cultura nazis. Esto es lo que está ocurriendo hoy en Euskadi.  Pero, a diferencia de lo ocurrido en los años 30 en Alemania, donde la enorme presión provocada por los Tratados de Versalles permitió la confluencia de la plutocracia alemana y las masas obreras en un mismo partido con una alternativa nacional y un programa socialista, al nazismo en Euskadi le está imposibilitado actuar del mismo modo.

Las bases de Batasuna, esencialmente revolucionarias y anticapitalistas, no pueden confluir en una misma organización con el sector del empresariado especialmente reaccionario y del Vaticano que representa Arzallus.  La fusión del programa nazional con el contenido socialista en un mismo partido se hace por ello imposible en Euskadi, lo cual es un factor de debilidad  para la línea nazi-fascista de Arzallus. Y obliga, también, a la dirección de Batasuna a mantener en un grado de desmovilización importante a sus bases, pues activarlas significa, de una u otra manera, que éstas entren inmediatamente en contradicción con los intereses que representa Arzallus.

En la alianza de la línea nazi-fascista, ETA y la dirección de Batasuna juegan el papel, respectivamente, de brazo armado y brazo «izquierdo»  de Arzallus. No es Arzallus el cómplice de ETA, sino ETA y la dirección de Batasuna quienes ocupan un papel subordinado y complementario, aunque decisivo, en la estrategia de Arzallus. Papel que, de conquistar Arzallus sus objetivos, no tiene otro futuro, como ocurrió en Alemania con la parte socialista del partido nazi, que el de acabar en una nueva «noche de los cuchillos largos».

Aislar a la línea nazi-fascista de Arzallus uniendo a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas contra ella. Derrotarla en las próximas elecciones, poniendo en tensión todas las fuerzas de la sociedad organizando Plataformas contra el fascismo y por la Libertad en Euskadi. Perseguirla para que no pueda, nunca más, volver a levantar cabeza el nazi-fascismo en nuestro país. Y liquidar los planes del hegemonismo por fragmentar y dividir España.

Esta es la tarea y el reto más urgente que tiene ante sí el pueblo vasco y del resto de las nacionalidades y regiones de España.

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